enero 28, 2026, Puebla, México

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Minera Autlán, la contaminación de siempre / Sergio Mastretta

En redes sociales teziuatecas se ha hecho este martes 21 de septiembre esta denuncia: “Intensa humareda sale de los hornos de la empresa Minera Autlán, me parece que es tiempo de que las autoridades correspondientes verifiquen si existe algun riesgo para la salud, sobre todo de quienes habitan en esa zona de Teziutlan.”

Pasan los años y las condiciones ambientales negativas que provocan los residuos industriales permanecen. Presentamos este reportaje escrito por Sergio Mastretta en 1989 sobre la situación que prevalecía en Teziutlán por la contaminación generada por la empresa Minera Autlán:

Minera Autlán, progreso y contaminación

Sergio Mastretta

Mecheros

Lunes, 30 de enero de 1989. Muchas certezas tienen los teziutecos: el señorío de Chignautla, el mal tiempo proverbial, la cosecha del frijol, la cadena 5-10-15, los pastizales para la engorda, los tráileres de maquila, los agarrones entre priistas y pepinos (así llamados los del Partido Popular Socialista), la tozudez de los panistas, el agua que baja de Xiutetelco, las muchachas en minifalda en el desfile del 20 de noviembre. Pero, sobre todo, los cuatro mecheros al sur, en el barrio de Francia, negros, grises, inagotables, más necios que la neblina al ritmo del viento de norte dominante, seguros como un llamado de auxilio a la costa y el aire caliente que ignoran la asfixia de la sierra.

Las cuatro chimeneas de la Minería Autlán.

Cualquiera las mira en un día de sol, igual si sube de Martínez, se baja de Zaragoza o se aproxima de Perote. Una realidad que domina la montaña se olvida de quiebres y barrancos y sobrepone a la ciudad, como si la habitara desde siempre; lo sabemos los serranos, está presente en el bolsillo de muchos de los empleos que genera y el movimiento económico que produce. Pero a la vista de todos, los problemas que crea en el medio ambiente.

Fue a partir de enero de 1974 cuando el nombre de un pueblo de Jalisco se lo grabaron los teziutecos: la Compañía Minera Autlán a fin de cuentas rima– absorbió las instalaciones de Ferrocarriles de Teziutlán, antes The Teziutlán Cooper Co. En su camino a convertirse en la principal empresa productora de aleaciones básicas para la fabricación de acero en el país, con la instalación en esos años de una planta para la producción de ferromanganeso en Tamós, Veracruz.

Ocho  hornos eléctricos –cuatro, en lo que llaman Unidad Cooper y cuatro en Aire Libre–, y 450 obreros en tres turnos para la producción de 38 mil toneladas anuales según el Contador Ortiz — más de 63 mil según las estadísticas de los censos económicos de 1985– de ferromanganeso, ferrosilicio, silicomanganeso y ferrocromo que en trailers o en góndolas de ferrocarril salen hacia las funciones de Altos Hornos, Las Truchas, HYLSA, TAMSA, Aceros Nacionales, etc. Una industria única en su género en el estado de Puebla y matriz de la empresa más importante en México en la producción de ferroaleaciones.

Picando piedra

Tres hornos de la Unidad Cooper están trabajando cuando visitamos la planta unos días antes de navidad. El horno 4 está parado por problemas técnicos. En el horno 6 la cuadrilla se afana por destaparlo. Contiene ferrocromo y pronto dejará escurrir la materia ardiente. Normalmente –nos explican- es una operación rápida, pero por algún motivo el obrero que destapa con un soplete la boca del horno batalla de más. Siete hombres esperan tras él. Cuando la piedra fundida escurre finalmente entre todos impulsan la varilla hacia la boca del horno para remover el producto. Otro trabajador vigila la trampa de la escoria. El ferrocromo, cual lava industrial, se asienta en la arena.

Al fondo, casi sobre el barranco que esconde la represa para el agua de enfriamiento de los hornos, una decena de peones pica a mazo el mineral de cromo traído de Turquía. Por allá de viejas góndolas del Ferrocarril Interoceánico varios muchachos descargan cuarzo de Acatlán, en el sur del estado, al parecer de menor calidad que el del otro montón que está a un lado, importado de Estados Unidos. El manganeso lo trae la Compañía desde Molango, Hidalgo, en la Huasteca, de yacimientos que explota desde 1958.

Una placa mecánica va y viene de los montones de materia prima a los hornos en operación. Los alimenta de su boca como a un crió. Un pequeño tractor con su largo tope empuja la piedra hacia el fuego. Hay dos tipos de hornos: de electrodos y de pasta electrónica. En la Minera convirtieron algunos hornos al segundo sistema, que representa más de la mitad de ahorro en costos de producción en relación al primero. Cobijados en un solo galerón, los hornos de la Unidad Cooper impresionan al novato en fundiciones. Para la gente de Minera Autlán, sin embargo, son menores. Una y otra vez se refieren a la inmensa planta de Tamós, en el distrito de Pánuco, “esos hornos son de los más grandes del mundo”.

Casi en un rincón, abandonada a pesar de que la pinten una vez al año, descansa una de las dos locomotoras de vapor a base de engranes –no de bielas-, que dieron servicio en el ramalito de Teziutlán al Mineral de la Aurora. La otra luce orgullosa a la entrada de la Estación Buenavista de la ciudad de México. A las dos las vieron subir y bajar los abuelos teziutecos por esos 17 empinados kilómetros hasta el poblado de Aire Libre. Como quiera, ambas sobrevivieron a la guillotina del presidente Miguel Alemán contra las máquinas de vapor a fines de los cuarenta.

Aquí les dicen las “Peruanas” y quienes conocen de esto afirman que sólo con ellas podía treparse pendientes de más de cinco grados como las que ese ferrocarrilito tenía, evitando las “chorreadas” y los accidentes. Ahí está oculta para la ciudadanía, como un recuerdo propio de lo que ya no es.

Por el rumbo de Aire Libre se baja al pasado. Del presente algunos vestigios: los camiones verdes que cobran 750 pesos por el viaje; los trailers que pujan para subir a la ciudad; el tiradero de basura del Ayuntamiento en la barranca antes de llegar a San Diego; un veloz automóvil con funcionarios de la Minera. Pero nada más. El curverío de la terracería, la vegetación espesa, la neblina remontan a un espacio de socavones y malacates, de peones difusos y golpes contra la piedra, de carretillas, sudor y gritos de los capataces, de un pueblo gris de piedra y techos de cartón que revive al amanecer y al anochecer, que duerme, como hoy, noche y día, entre la bruma y el silencio.

En este espacio que mantiene activo la Compañía Minera Autlán, con cuatro hornos para la producción de ferroaleaciones, se iniciaron hace más de cien años los trabajos mineros, en otra aventura industrial de esos años porfirianos. En 1887, Vicente Lombardo, abuelo de una de las principales figuras teziutecas en este siglo –las otras, también políticas, llegaron por la vía militar a la cúspide del poder en México-, con la explotación de la mina “La Valenciana” introdujo a la región a la modernidad. Pronto aparecieron capitales ingleses y norteamericanos y la mina La Aurora tuvo como razón social un nombre que la acompañaría en todos sus años de vida útil: The Teziutlán Cooper Co.

En unos cuantos años, cinco mil trabajadores abrieron un sistema solar de fundos: Polaris, Marte, Saturno, Plutón, Mundo, Luna. Dos plantas hidroeléctricas, con dos máquinas traídas de Perú, de sistema de engranes, para trepar una o dos góndolas sin temor a chorrearse, una línea de cable para canastillas que bajaban desde Chignautla, por tres kilómetros de tendido, piedra de cal. Un pueblo entero construido poco a poco, en lo que se conociera primero como Campamento de Aire Libre: los bodegones para el beneficio de metales, las casas de los capataces, las oficinas, los trabajadores. Una infraestructura imponente en esos años pre revolucionarios que hizo que Teziutlán dejara de conocerse tan solo por su vainilla.

Donde quedaron los mineros…

Un monumento al centro del pequeño valle que forma la barranca, entre los galerones de piedra gris que albergan a trabajadores de la Minera y la muralla de desechos minerales del otro lado del arroyo, donde los cuatro hornos funden manganeso. Es un promontorio blanco, en punta, sin chiste, con una placa que guarda la memoria del pueblo: “A los mineros muertos en el inicio de este mineral, Marzo 8 de 1928”. Y luego el recuerdo de dos hombres, Francisco y Miguel Rodríguez, “que sucumbieron por salvar a muchos trabajadores”. Y uno quisiera entrar en ese pasado de los galerones incendiados, de los mineros muertos por asfixia, cerca de treinta, de la locura de Mr. Hunt, quién no soporta el desastre, de los oficios de contables que evaluaron los daños en cien mil pesos, de ese fundo porfiriano que se encaminaba al cierre en los años de auge del nacionalismo.

El problema está en el aire        

¿Continuará la Minera Autlán, la empresa más importante de Teziutlán? Es una pregunta que flota en el aire con la misma ligereza que el humo que despiden las cuatro chimeneas y que delata a la ciudad cuando está despejado el horizonte. Más allá de las apariencias, este es un problema que requiere la participación inteligente y honesta de todos los interesados.

Los puntos de vista: “La SEDUE hizo estudios y encontró bajos niveles de contaminación”, ha dicho la empresa. “Cualquier emisión de humos y polvos es contaminante, se tienen que hacer análisis más detenidos”, afirma el Ingeniero Pablo Loreto, de la delegación estatal de esa Secretaría. “En febrero tienen que entregar resultados, y nosotros ya les mandamos oficios a la Minera para que vieran como están destruyendo las calles”, comenta el alcalde Kuri. “No hay que irse por lo aparente, lo que hay que saber es si los humos rebasan los límites máximos permitidos”, dice el químico Carlos Rojas, del grupo ecologista. Son opiniones que revelan que el asunto preocupa y no se quiere ocultar.

Dos de los problemas que presenta la compañía Minera Autlán, en sus dos plantas, Unidad Cooper en la ciudad y Aire Libre cuesta abajo: problemas de aire por emisión de humos y polvos, y contaminación de suelos y corrientes por la acumulación de materias primas a cielo abierto, ya que las aguas pluviales pueden arrastrar metales pesados. Un problema que no es nuevo, pues la empresa tiene más de treinta años de operar, primero como The Teziutlán Cooper Co, después como Ferroaleaciones de Teziutlán, y desde enero de 1974 como Compañía Minera Autlán. De 25 mil habitantes que tendría la ciudad a principios de los sesenta, hoy rebasa los 150 mil. La realidad es otra, las preocupaciones son distintas, y la conciencia sobre el deterioro ecológico es cada vez mayor.

La visión de la empresa. Entrevistados en las instalaciones de la planta, dos empleados de la Minera Autlán, el contador Ortiz y el Señor Edgar Ulibarri, Superintendente de Almacenes y Tráfico –delegados por el Ing, Pascual Moreno, gerente de la planta, aceptan tratar el problema-.

“Mire usted –afirma el contador Ortíz– vino la SEDUE en meses pasados, instaló monitores y aunque aún no nos dan los resultados, confirmaron que los humos y polvos no son dañinos ni provocan enfermedades.

“En relación al problema de las aguas, ya se tiene la orden para la instalación de una Planta de Tratamiento de Aguas Residuales con un costo de cien millones de pesos, en un proyecto que forma parte del convenio que se tuvo con SEDUE”.

Edgar Ulivarri, con más de cuarenta años de trabajo en esta fábrica, da su versión: “En los últimos quince años la Compañía ha plantado cerca de tres millones de árboles, de los que han pegado alrededor de un millón. La prueba es Aire Libre, donde no había un solo árbol, ahora es un bosque”. Y el hombre muestra fotografías de los años cuarenta que efectivamente revelan una loma pelona tras las viejas instalaciones de la mina. Y sigue:

“Hemos reforestado la zona de San Juan Acateno. Los humos no son contaminantes, si lo fueran ya se habría terminado la vida ahí en Aire Libre, en San Juan Acateno, en Mexcalcuautla, en San Sebastián, en Hueyapan. Yo mismo soy un ejemplo viviente. Difícilmente puede tratarse de metales pesados lo que contienen los humos, se trata de materia volátil de todo tipo de carbones. Ya hizo pruebas la SEDUE, se va a estudiar hasta qué punto son necesarios esos filtros.”

Lo que dice el doctor Kuri

“Efectivamente –opina el presidente municipal– hace unos meses la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología llamó a varias empresas de la ciudad para tratar el problema de la contaminación. No sólo la Minera, también Cales Teziutecas, el beneficio de Café MIBAR y las vitalizadoras. Aquí en el ayuntamiento fueron las reuniones. Tengo entendido que la SEDUE realizó estudios y que en febrero va a entregar los resultados. Se supone que se van a instalar filtros para evitar la contaminación de Minera. Pero existe otro problema, el de la destrucción de las calles por los trailers pesados que tienen que cruzar la ciudad. Nosotros hablamos con la gente de la Minera, pero todos somos conscientes que esto deriva de la falta de un libramiento en Teziutlán”,

La propuesta de los ecologistas

“La gente lo ve como un problema, es un hecho –dice el químico Carlos Rojas, miembro del Grupo Ecologista de Teziutlán-. Lo que a nosotros como ecologistas nos interesa es que se responda si realmente hay un problema de salud. No podemos irnos por lo aparente, lo que hay que saber es qué tanto se rebasan los límites permitidos”.

Coordinador de Preservación del Medio Ambiente en este grupo civil que se preocupa por la situación ecológica de la región, Carlos Rojas delimita la amplitud del problema: “No se trata simplemente de que nosotros presionemos y digamos que se quite a la Minera Autlán, sabemos de la importancia económica de esta empresa. Creemos que el problema existe y hay que enfrentarlo, sin afectar la economía de Teziutlán”.

Y analiza lo hecho por SEDUE: “Pusieron monitores y encontraron niveles bajos de contaminación. Eso dijeron. Nosotros creemos que los pusieron poco tiempo, en lugares inadecuados y en época de lluvias, que limpian el ambiente. Los monitores los pusieron al norte y aquí los vientos dominantes corren de norte a sur.”.

Y propone: “Nosotros buscamos alternativas, no somos inspectores. Acordamos con SEDUE la instalación de monitores en esta temporada de invierno. Va a capacitar a estudiantes de la Facultad Agrohidráulica de la Universidad Autónoma de Puebla para el monitoreo. Esto es algo que acordamos con el Lic. Francisco Castillo Montemayor, delegado de esa Secretaría. A partir de ese estudio, tiene que ser las autoridades las que dialoguen con la Minera Autlán y de manera imparcial se tomen determinaciones”. Si, es un problema que está en el aire.