enero 27, 2026, Puebla, México

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Vesania, atacar catedral y a Elena Garro / Moisés Ramos Rodríguez

Férrea memoria

I.- Hace 376 años, el 19 de abril de 1649, la basílica catedral de la antigua Ciudad de los Ángeles, fue consagrada por el obispo de Tlaxcala —y de la Angelópolis— Juan de Palafox y Mendoza.

El templo (iniciado formalmente en 1575, hace 450 años) requirió todavía de muchos años para ser el que conocemos: intervenciones diversas —como las de José Manzo en el siglo XIX— fueron definiendo el cuerpo casi definitivo del edificio, que incluso en su atrio, tuvo intervenciones en la pasada centuria.

Templo, sí, mas también museo; monumento y referente —en más de un sentido— de la Angelópolis y lo angelopolitano ¿de dónde puede provenir un atentado como el de la semana pasada contra el edificio, sino de la vesania?

De Elena Garro, por otra parte, se cumplieron 110 años de su nacimiento el pasado mes de diciembre. Su figura, en bronce, formaba parte del corredor de personas ilustres relacionadas con antigua Ciudad de los Ángeles en la Avenida 5 de Mayo: depositada en el Parque de San Luis, fue de tal forma vandalizada ahí, que académicas, estudiantes y miembros de la llamada “sociedad civil” pidieron su traslado a su actual asiento: una banca en la Plaza de la Democracia, en la Calle 4 Sur, frente al templo de la Compañía de Jesús y el Edificio Carolino, sede y origen de la BUAP.

Entre la noche del miércoles y el jueves, también de la semana pasada, la imagen volvió a ser atacada, y esta vez le cortaron la mano derecha completa con el libro que sostenía.

Lo más probable es que los atacantes de la figura de Garro sean quienes venden cobre, bronce, acero y cables, entre otras cosas a centros de reciclaje donde les pagan irrisorias, sino es que ridículas sumas por ello. No puede ser que la estatua de la escritora vuelva a ser atacada.

Pero ¿quiénes osan, bajo qué lógica—si la hubiera— atentar contra un monumento como el catedralicio? ¿Debemos enloquecer como ellos y cercar nuestra catedral, impedir el paso a ella o realizar extremas medidas de seguridad, irracionales?

Quizás no sea exagerado que, atentados como los de la semana pasada, ponen en riesgo la cordura de cualquier sociedad, no sólo de la angelopolitana.   

 

II.- Señoreando el burgués alineamiento de manzanas y calles, uniformes en su geométrica conciencia —línea recta y escuadra—, se yergue la catedral de Puebla. El enorme atrio le forma escenario. De no ser así, sería demasiada catedral, un exceso de catedral. Pero se ha calculado todo para que el templo se extienda en su anchurosa y acogedora solicitud y se enorgullezca de la ambición lograda en la altura voladora de sus torres.

Así se refiere Manuel Toussaint al edificio de la basílica catedral —“donde está la silla”, sería una traducción— en La catedral y las iglesias de Puebla, publicado por Editorial Porrúa en 1954, en una bella edición especial de bolsillo de pasta dura, con planos y fotografías en blanco y negro.

Si seguimos las investigaciones de Toussaint, el inicio de la construcción de la catedral data de 1575, por lo que el pasado año se celebraron 450 años de ese principio, que aún debería llevar muchísimos años, y tendría en Palafox y Mendoza (que la consagró el 18 de abril de 1649) la dedicación y el empuje gracias al cual tenemos el monumento actual, imprescindible de conocer para cualquiera, local o foráneo en la antigua Ciudad de los Ángeles.

Toussaint recuerda que la orden para construir la primera catedral —cuyo sitio aún se discute— data de 1536, pues su primera piedra fue colocada el 29 de agosto de ese año. Concluida en 1539, la sustituyó la actual, centro no sólo católico sino cultural de la Angelópolis:

“Es así como la catedral existe. Ninguna de sus compañeras en México ofrece igual unidad estilística en el exterior. A la severidad escurialense de sus torres avasalladoras [más de 70 metros] se somete fiel el barroco moderado de sus portadas y la modesta, si bien obediente, decoración de pináculos piramidales a lo largo de los costados” afirma Toussaint impecable.

Ante esta pequeña muestra de lo que es el edificio de nuestra sede catedralicia —la sede la silla episcopal— ¿cómo preguntar a qué grado de vesania hemos llegado con el atentado a este templo?

No hace falta ser especialista como Toussaint o José Manzo para descubrir, a distancia, la belleza, importancia y majestuosidad de nuestra basílica. Lo que no hallo por lado alguno, es el sentido de quemar una puerta “de barroco moderado” durante tanto tiempo (más de diez minutos de fuego es un exceso). Pero ello no implica que tengamos que “cerrar” nuestra catedral, sino al contrario:

Instalar un sistema de iluminación en el derredor del templo (la Avenida 5 Oriente, entre la 16 de septiembre y 2 Sur) es tan escasa, que al atardecer, y sobre todo al anochecer ya nadie quiere circular por ahí.

Y bien merece un cuerpo de vigilancia municipal o estatal el sitio emblemático (nunca será demasiado repetirlo) descollante en la Angelópolis.

Si hubo un acuerdo para reparar la fuente de San Miguel en la plaza principal de la ciudad; si se ha dado mantenimiento a los edificios después de pintas varias ¿qué merece la basílica catedral después del atentado de la semana pasada…? 

 

III.- En julio de 1979, Elena Garro le escribió, en una carta a Emmanuel Carballo: “…te cito como el único crítico favorable que tuve en ese mentado México tan asombrosamente enredado y tan terriblemente cortés, aunque otros escritores (los buenos) lo juzguen vulgar.”

Carballo publicó en 1986 esa carta en Protagonistas de la literatura mexicana, número 48 de la segunda serie de “Lecturas mexicanas”, dado a la imprenta por Ediciones del Ermitaño y la SEP, como versión corregida y aumentada de la primera, de 1965.

Garro se queja del México “tan asombrosamente enredado” pero, el que lo fuera (y lo pueda seguir siendo) ¿justifica que no se respete la efigie de doña Elena en pleno Centro Histórico, en una urbe que acaba de ser nombrada “Capital de la cultura 2026”?

En su texto sobre Elena Garro, Carballo reproduce, literalmente las palabras de Garro, por lo que es más de ella que de él el escrito. Ahí la escritora habla de cómo se convierte a los apestados, a los excluidos en “no personas”, categoría subhumana en la que, aseguró la narradora, estaba incluida, y de la cual Carballo —y después René Avilés Fabila y otros— comenzaron a sacarla.

Finalmente se trata —como lo hicieron ellos— es mirar a quienes nos dieron patria literaria y nos sostienen; sin ellos no estaríamos aquí en esta materia. Y al mirarlos, respetarlos, no importa si la imagen suya está en un corredor, en una ruta peatonal, o en una plaza donde, por cierto, cada vez con más frecuencia, se instalan vendedores de todo tipo, cubriendo su estatua.

Doña Elena escribió Felipe Ángeles¸ obra de teatro sobre cuyo tema —la libertad, la lealtad, la traición, el asesinato del contrincante— comenzó a investigar en 1954 y la concluyó, en tres actos en 1956. En 1961 la corrigió en Paris hasta dejarla como la conocemos.

La obra sobre el general nacido en Hidalgo, provocó la furia de los militares que habían tenido que ver con el asesinato de Ángeles, o se habían beneficiado por ello.

Ya del 68, ni hablar: hubo quienes decidieron hacer de Garro una no-persona, como ella lo indicó a Carballo.

El ataque a su imagen la semana pasada ¿es un modo de decir que estamos de acuerdo con ello? Esperemos que no. Y que en los centros de reciclaje no acepten pedacería proveniente de placas oficiales, monumentos públicos (como las alas de ángel que estaban en la Avenida 6 Oriente, la “Calle de los dulces”) e incluso tapas del sistema hídrico de la ciudad.

2026, la antigua Ciudad de los Ángeles es “Capital de la cultura”. Gran oportunidad para defender el patrimonio que nos ha dado patria cultural.