La tercera revelación, quizá la más importante, es que el trasfondo de esta historia parece ser un intento de dinamitar a RUTA. Estas revelaciones sobre el estilo de este gobierno nos pueden dar luz sobre el resto del sexenio
El conflicto social desatado por la construcción del Cablebús en Puebla ha dejado varias revelaciones incómodas sobre el estilo de este gobierno y que pueden darnos luz de cómo podría ser el resto del sexenio. La primera revelación es sobre el comportamiento mediático.
Frente al evidente malestar ciudadano por la tala de árboles, la falta de transparencia y el mal uso de los recursos públicos frente a un transporte público abandonado, se ha activado una defensa del proyecto estatal desde ciertos espacios de información y opinión, acompañada de una movilización de recursos para sembrar ciertas narrativas en las redes sociales, y que retrata muy bien el estado de nuestra conversación pública.
Telediario, por ejemplo, publicó que RUTA “cuesta más de 21mil mdp al año”. Para comparar, el Metro de CDMX recibió para su operación en 2024 unos 19 mil millones de pesos. ¿De verdad piensan que la gente va a creer que RUTA recibe más dinero que el Metro de la capital del país? Se trata de una presentación profundamente irresponsable de mentiras disfrazadas de información, que sólo contamina la conversación pública y empuja una narrativa contra el principal sistema de transporte masivo de Puebla sin el mínimo rigor exigible. Están usando números manipulados que deforman por completo cualquier comparación seria con otros sistemas de transporte.
Así se fabrica propaganda: se simplifican cifras, se tuercen conceptos y se busca instalar la idea de que todo lo relacionado con RUTA es un desastre, para abrirle paso a un proyecto que no resiste una comparación seria en capacidad, integración ni costo de oportunidad. Y frente a eso, los lectores también tendríamos que responder con criterio: a los medios que manipulan, simplifican o falsean datos públicos habría que cobrarles la falta de seriedad dejándoles de regalar vistas y clics.
Además, algunos columnistas, varios de ellos ajenos por completo a la experiencia cotidiana del transporte público, lo defienden con un cínico entusiasmo militante. Otros, quizá más conscientes de que el proyecto tiene deficiencias serias o que al menos tienen reservas importantes frente a lo obvio, prefieren callar. Y otros más optan por alimentar el relato oficialista de los problemas de RUTA, como si desacreditar al sistema troncal bastara para justificar cualquier ocurrencia de infraestructura.
Por fortuna también han aparecido voces críticas y profesionales que han señalado con claridad las deficiencias del proyecto. Ahí está, por ejemplo, la columna reciente de Eduardo Mauricio Libreros en e-consulta, donde advierte que hasta ahora la propuesta no garantiza la viabilidad social y económica del proyecto. También está la entrevista de Juan Manuel Berdeja en Contramáscaras, donde en poco tiempo y con argumentos contundentes analiza el proyecto del cablebús poblano.
La segunda revelación es política. Aunque Morena como partido ha asumido una postura de defensa cerrada, también se percibe incomodidad dentro de su propia coalición. Hay actores que entienden que respaldar sin matices un proyecto cuestionado social y técnicamente puede salir caro. No lo dicen públicamente, pero hay varias personas incluso dentro del propio gobierno estatal, que saben que el proyecto está mal planteado. Rodolfo Ruiz lo advirtió con claridad en una columna, donde afirma con razón que el Cablebús podría convertirse en un problema político para Morena rumbo a 2027, por los tiempos en donde el proyecto estaría en plenas obras durante las campañas.
La tercera revelación, quizá la más importante, es que el trasfondo de esta historia parece ser un intento de dinamitar a RUTA. No necesariamente con una declaración frontal, pero sí con una narrativa persistente: insistir en sus fallas, exagerar sus carencias y presentar al Cablebús como una suerte de sustituto moderno, espectacular y redentor. Ese planteamiento es profundamente equivocado. El gobernador se equivoca (y sus colaboradores más cercanos le están mintiendo) si cree que un sistema de menor capacidad como el cablebús puede sustituir a RUTA como el eje articulador del transporte masivo en Puebla.
Argumentar a favor del sistema RUTA no significa negar sus problemas. RUTA es claramente difícil de defender cuando se piensa en la experiencia concreta de muchas personas usuarias: esperas largas en horas pico, saturación de unidades, cobertura insuficiente y decisiones de operación que con frecuencia frustran a la gente. Pero incluso con todos sus defectos, representa un paso en la dirección correcta: la construcción, todavía incompleta y perfectible, de un sistema de transporte masivo articulado por el estado. Destruir esa lógica para volver a dispersar la discusión en soluciones parciales, deslumbrantes o políticamente rentables sería sin duda un retroceso.
El centro de la discusión es el estándar del servicio y la garantía del derecho a la movilidad para toda la población. La tecnología es accesoria. No es el fin, sino el medio. Un mal sistema eléctrico seguirá siendo un mal sistema si no está bien planeado, bien integrado, bien subsidiado y bien gobernado, como ya sucedió con algunas unidades eléctricas que pusieron a circular bajo el esquema hombre-camión, donde naturalmente no iban a ofrecer todas las ventajas que ofrecen, sólo por el hecho de ser eléctricas. Un sistema BRT puede ser enormemente valioso si cuenta con prioridad, cobertura, frecuencias, accesibilidad universal y una estructura institucional seria.
Por eso resulta tan preocupante escuchar, una vez más, argumentos que naturalizan la precariedad del transporte concesionado bajo el viejo paradigma del hombre-camión. Esta misma semana se anunciaron nuevas unidades de modelos recientes, pero diseños obsoletos, y toda mejora es bienvenida, pero siguen siendo medidas insertas en una lógica fragmentada donde criterios como la accesibilidad universal siguen siendo secundarios.
Cuando la secretaria reconoce que a los transportistas no les alcanza para renovar por sí solos con unidades eléctricas o accesibles a personas con discapacidad, en realidad está diciendo una verdad elemental: la modernización del transporte no puede recaer exclusivamente en operadores y concesionarios precarizados. Tampoco les alcanzaba en otras entidades como Yucatán o Jalisco, y ahí es justamente donde el gobierno decidió entrar a subsidiar, estructurar y liderar modelos de renovación con mayor capacidad institucional.
Como usuarios y como ciudadanía, también nos toca una reflexión incómoda. En medio del ruido, la propaganda y la polarización, tenemos que preguntarnos qué estamos dispuestos a defender. Porque lo que está en juego no es sólo una obra. Está en juego si Puebla apostará por un transporte masivo serio, integrado y digno, o si seguirá acumulando proyectos fallidos, fragmentados y caros que no resuelven el problema estructural. Está en juego si el dinero público se invertirá donde más valor social genera o donde digan los que le hablan al oído al gobernador y que saben de elecciones pero no de transporte público.
Las voces sensatas dentro del grupo político mayoritario deben pronunciarse a favor de verdaderos proyectos de transporte masivo y ser sensibles al evidente malestar ciudadano. Defender lo indefendible sólo profundiza la desconfianza. Y seguir apostando por una obra de capacidad limitada, alto costo y enorme opacidad técnica en una ciudad con tantas necesidades urgentes de movilidad no es visión de futuro sino una mala lectura del presente.
Si la cúpula de Morena en Puebla decide escuchar sólo a los columnistas pagados y repetirse a sí misma que todo va bien, se alejará todavía más de la realidad. Y la realidad, por más propaganda que la cubra, termina siempre por imponerse.
@dobbyloca
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