junio 18, 2026, Puebla, México

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México ante Corea: evaluar el verdadero alcance / Jorge Calles Santillana

México juega hoy, en Guadalajara, contra Corea del Sur un partido en el que nuestra selección no sólo estará midiendo sus reales posibilidades de avanzar, sino en el que su competidor le exigirá identificar y reconocer su realidad: mientras que a principios del siglo México superaba abiertamente a Corea, hoy ha sido ya alcanzado por ella y, tal vez, rebasado. El partido, además, reclama especial interés porque, al desarrollarse dentro de la segunda ronda de la fase de grupos, el desempeño del equipo y el resultado permitirán evaluar, con mayor claridad, sus verdaderos alcances. Éste está siendo un torneo en el que la primera ronda de enfrentamientos ha dejado en claro que viejas potencias mantienen vivas sus capacidades y aspiraciones, en tanto que otras siembran dudas, algunas parecen estar en franco declive y otras, potencias medias, muestran avances que podrían ubicarlas en el grupo élite. México y Corea pertenecen a esa categoría de equipos llamados a sobresalir en este nueva era del futbol más globalizado que nunca. México deberá, pues, dejar constancia hoy de que está decidido a librar el nivel de mediocridad en el que ha esta sumido desde hace varias décadas.

La historia de enfrentamientos entre las dos selecciones favorece ampliamente a México. Han sostenido quince enfrentamientos, de los cuales México ha ganado ocho, perdido cuatro y empatado tres. Los 31 goles que México ha conseguido en esos encuentros superan por once a los recibidos. México y Corea han jugado un par de veces en Copas del Mundo, en 1998 y en 2018. Ambos partidos, jugados en fase de grupos, los ganó México por 3-1 y 2-1, respectivamente. No sólo la historia juega del lado mexicano esta noche, sino también la localía, si bien no estará indisputada, pues en Guadalajara existe una colonia coreana importante y, adicionalmente, unos 20 mil aficionados han llegado a la ciudad para apoyar a su selección.

Corea participó por primera vez en un mundial en 1954. Su desempeño fue catastrófico: Hungría y Turquía la golearon, 9-0 y 7-0, respectivamente. Pero en esos tiempos, el futbol tenía un papel muy marginal en la vida deportiva coreana. No fue sino hasta 1983, coincidentemente con la etapa de modernización y despegue económico del país, cuando el futbol se volvió importante en Corea. Se creó la liga profesional y se propusieron como meta ser participantes asiduos de las Copas del Mundo. Lo consiguieron de inmediato. Vinieron a México en 1986 y desde entonces no han quedado fuera de ninguna de las siguientes versiones del certamen. La cosa no ha sido sencilla, pues en el área asiática Japón, Irán Arabia Saudita y, ahora, Australia son equipos que han elevado sus niveles de competencia. En 2002, cuando compartieron la organización de la Copa con Japón, alcanzaron la semifinal. La afición creció al igual que los negocios alrededor del futbol y, por supuesto, el interés mediático. Corea y su futbol han crecido significativamente en el escenario internacional desde la década de los 80s, en tanto que México y su futbol han dado bandazos. Corea ha sabido desarrollar su potencial. México ha sido timorato y errático. El juego desplegado por nuestras selecciones describe puntualmente la realidad del país.

Pero las realidades de los niveles futbolísticos mexicano y coreano no sólo son producto del interés económico de sus élites y la emocionalidad de sus aficionados. Factores culturales juegan papeles importantes. Los jugadores coreanos son muy disciplinados, desarrollan estrategias y tácticas colectivas fuertes, son forjados con mentalidad competitiva, a través de una fuerte organización y planeación, con el objetivo de emigrar al futbol europeo y viven bajo una narrativa nacional que estimula la modernización y la superación. Los nuestros —en cambio— tienen una relación irregular con la disciplina, dan más importancia al talento individual que al colectivo, su formación transcurre más por la improvisación, la organización blanda y con la mira puesta en la adquisición inmediata de grandes capitales, al grado de que no muchos priorizan el desarrollo y la ambición de jugar en el extranjero; crecen futbolísticamente, además, envueltos en una narrativa de identidad popular, victimización y sufrimiento heroico.

La mayoría de los pronósticos apuntan a una victoria mexicana, Me sumo a ellos. Pero aun si se confirmaran, México no podrá dormirse en sus laureles. Frente a Corea, México —el país, junto con su selección— tiene mucho que aprender esta noche. Veamos si es así.

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