Diario de trabajo, 17 de Sep., 8..00 Hs
El desmentido que ha hecho el Colectivo VOZ DE LOS DESPARECIDOS EN PUEBLA, respecto a la instrumentación y capitalización de su lucha por parte de Alejandro Armenta, gobernador de Puebla, el pasado 15 durante el grito de Independencia, nos coloca frente a algo más que un político cuya capacidad de mentir y manipular ha quedado demostrada una y otra vez, amén de su supina ignorancia del ejercicio de gobernar.
Nos coloca frente a un ser carente de la más elemental empatía por el dolor de los otros, acercándolo a esa forma de barbarie que es la antesala del terror.
Se trata, sin duda, de un peligroso quiebre ético sin parangón en los dos años de gobierno de Alejandro Armenta, que muestra la incapacidad del gobernador poblano para distinguir la más elemental frontera entre el bien y el mal; eso, que H. Arendt llamó la “ banalidad del mal” , producto a su vez, de la sistemática renuncia a la tarea de pensar, por la cual la ambición, la estupidez, y la ignominia, encuentran límites claros y nos enfrenta a los dilemas morales como parte de la condición humana.
Alejandro Armenta sabe, lo ha aprendido bien a lo largo de su carrera, que la política está hecha de traiciones, afrentas, servilismo, simulación pero, sobre todo, de ignominia, de oprobio. Esa ignominia y oprobio que se ejercen, en primer término, contra sí mismo.
Sin la menor señal de pudor, de vergüenza, sin escrúpulo alguno, Alejandro Armenta medra con el dolor de otros, con tal de afianzar su debilitada imagen y apuntalar su carrera política. Medra. Juan Carlos Canales










