Notas sobre el libro El Espartaquismo Armado de México, de Enrique Condés Lara
¿Qué impulsó a miles de jóvenes mujeres y hombres a lanzarse a la lucha armada contra un régimen dictatorial como el que representaba el del PRI de Díaz Ordaz y Luis Echeverría? De ello hablaremos en la presentación del libro de Enrique Condés Lara “El espartaquismo armado de México (1967-1975)”
Mi primera postura: estos jóvenes que se fueron a la guerra para transformar la realidad de su país tenían mi edad. Son de mi generación. ¿Fueron más valientes, más arrojados que muchos otros que buscamos esa misma transformación social por una vía pacífica?
Pienso en mi propia experiencia, pues en el filito, muchos de quienes nacimos a mediados de los cincuenta y buscamos la transformación de las condiciones de injusticia social prevalecientes en el país tuvimos en algún momento esa disyuntiva: ¿puede lograrse un cambio de la realidad social desde la lucha por la democracia o no hay más remedio que el de la acción armada? A esa conclusión llegaron muchos de quienes como yo, fuimos claramente influenciados por la teología de la liberación, la del Jesucristo histórico, la de la compasión y la indignación por la dramática situación de miseria en la que vive la mayor parte del pueblo en ese momento de la historia nacional.
La narración de Enrique Condés me obligó sin duda a confrontar esta pregunta que me hice a mis 23 años, cuando después de una experiencia religiosa de cinco años vivida en la Compañía de Jesús como joven estudiante jesuita me decidí por la inmersión en el movimiento obrero en búsqueda de una participación directa en la transformación de la realidad. Cuatro años pasé como miembro de una célula obrera como trabajador ferroviario. Al contrario de los jóvenes guerrilleros cuyas historias se cuentan en este libro, en mi planteamiento de origen estaba el hecho de que nunca me consideré con el derecho de imponerle a alguien una dirección en sus vidas. Una realidad, eso sí, que cambió el rumbo que tomaría después como profesional de la comunicación en un México de fines de siglo que encontró en el periodismo uno de los caminos más fértiles para la democratización del país.
Y en todo momento de la lectura la confrontación con la realidad de violencia de hoy en día: ¿qué lleva a miles de personar jóvenes a involucrarse en la violencia armada del crimen organizado que azota al país en todos sus rumbos? ¿Cómo explicar el hecho de que la principal condición de muerte entre los jóvenes mexicanos es la del asesinato por arma de fuego? No tengo una respuesta para esta deriva.
Enrique Condés lo deja claro en cada una de las reseñas sobre los grupos espartaquistas que se arrojaron a la lucha armada desde distintas trincheras: no había otra salida frente a la brutal represión de los movimientos sociales ejercida por el Estado y su gobierno priista. Y lo hicieron con un discurso asentado en la versión del mundo que en esa coyuntura de los años sesenta avizoraba la posibilidad de construir el socialismo a partir del marxismo leninismo.
Ubiquemos el propósito del libro: la narración de los sucesos en los que se enmarcaron las acciones de los grupos que encontraron en el espartaquismo diagnosticado por el escritor José Revueltas a inicios de los años sesenta.
“El Espartaquismo Armado de México (1967-1975) –escribe Condés-– es un examen de las organizaciones y personas que incursionaron en la lucha armada revolucionaria procedentes de una corriente de pensamiento y acción política que pretendía, desde una muy particular interpretación marxista, construir el verdadero partido o conciencia organizada del proletariado.”
Inspirados en Rosa Luxemburgo, ella tomaron el nombre pero no la perspectiva democrática que demandaba para la revolución la luchadora alemana, para seguir mejor los pasos de José Revueltas y su Proletariado sin cabeza.
El libro entonces es un recuento pormenorizado, con personajes identificados por su trayectoria particular y con el registro concreto de sucesos que determinaron su destino como guerrilleros en este momento de la historia nuestra
En 1967 evolucionan y se suman a la lucha armada por derroteros distintos.
Liga Comunista Espartaco y Movimiento de Izquierda Revolucionaria Estudiantil,
Lacandones, la Liga de Comunistas Armados, Los Macías, los seguidores del
pensamiento Mao Tse Tung, agrupados en el Seccional Ho Chi Minh y el Partido de los
pobres (Lucio Cabañas), elFrente Urbano Zapatista y las Fuerzas Armadas de la
Nueva Revolución, todo entre 1967 y 1975 para derivar los sobrevivientes en su
integración con la Liga Comunista 23 de Septiembre, la organización guerrillera más
importante, perseguida con furia por el Estado en el periodo que conocemos como
Guerra Sucia.
No es posible hacer un análisis serio de los movimientos armados en México de los sesenta, setenta y ochenta del siglo xx sin contemplar y valorar este componente espartaquista.
“Cualquier investigación sobre los levantamientos armados en México de la segunda mitad del siglo xx –dice Condés–quedará coja si prescinde de la participación de los ex espartaquistas y no los examina y hace una valoración de ellos.”
El libro, así, “busca analizar hechos, localizar y explicar causas, contextualizar e interrelacionar acontecimientos y procesos, y sopesarlos objetivamente.”
Cómo lo hizo el autor: análisis de las publicaciones originales, investigación en el Archivo General de la Nación y entrevistas con protagonistas.
¿Qué fue el espartaquismo: “El espartaquismo fue el proyecto de una izquierda radical mexicana que no cuajó.” “Ser el Partido Comunista que organizara, encabezara y dirigiera la revolución socialista en México.” “Negaron la existencia histórica del Partido Comunista.” José Revueltas escribe en su Ensayo sobre un proletariado sin cabeza: “La clase obrera mexicana, se proyecta en la historia de los últimos cincuenta años del país como un proletariado sin cabeza, o que tiene sobre sus hombros una cabeza que no es la suya.”
“Forjar la conciencia organizada de la clase obrera mexicana, su cerebro histórico, su cabeza, o como también gustaba decir, ‘la fusión del socialismo científico con el movimiento obrero espontáneo’, sería la tarea central a la que los verdaderos marxistas-leninistas habrían de dedicarse. Tal fue el signo distintivo de lo que en México se llamó espartaquismo.”
El pensamiento de Rosa Luxemburgo fue justo el que no siguieron los espartaquistas mexicanos, que se decantaron por el marxismo de Lenin: “Un partido de revolucionarios profesionales, centralizado, férreamente disciplinado, organizado de “arriba hacia abajo” y supeditado a un núcleo principal de dirección que gozaba de poderes extraordinarios.”
“Tales convicciones, íntimas y fundamentales, constituyeron la clave de su forma de actuar y responder ante otros grupos y partidos, o en el tratamiento de sus diferencias internas, para atribuirse una función y una meta en la vida y para explicarse a sí mismos sus acciones y decisiones.”
Condés describe el devenir de la Liga Comunista Espartaco, radicalizada pero inútil en el movimiento del 68 y diluida después del 10 de junio de 1971. Sus miembros acabarían en el anonimato o en la integración a los movimientos guerrilleros de los años 70.
No habla Condés Lara desde una vista superficial de estos hechos. Aquí una idea de la investigación de largo aliento que ha realizado a lo largo de todos estos años:
Los últimos años del Partido Comunista Mexicano (buap 1987)
10 de Junio ¡No se olvida! (buap 2001)
Los papeles secretos del 10 de Junio (Reflexión Abierta, 2001)
Represión y rebelión en México 1959-1985. T I, II Y III (buap 2007)
La Fundación de la Liga Comunista 23 de Septiembre (INEHRM 2024)
Asalto al Cielo, Lo que no se ha Dicho sobre el 68 (Oceano 1998)
Queda una pregunta simple para Enrique Condés Lara: ¿qué consecuencias para el proceso histórico de democratización en México tuvo la rebelión juvenil armada de los años sesenta y setenta y la respuesta brutal de la Guerra Sucia? Las consecuencias, entonces:
Para una crítica de la izquierda mexicana.
Para romper el cerco del poderío político del Estado mexicano.
Para su resultado concreto: miles de muertos y desaparecidos.
Para la consolidación de un Estado policial represor.
Para el papel jugado por el poder judicial que, sin excusa, queda desnudo.
Para la reducción de la violencia política del Estado.
Para la amnistía y la reforma política?














