Para Alekos
Lo recuerdo como un viejo vaquero arrastrando las espuelas. Arrastrando el polvo del desierto en Sonora. Cobarde, después de una estúpida bronca con unos apostadores.
Pudo más el miedo que el amor, más que la dulce voz que, en la lengua del amor, le dijo en una rápida despedida: “Adiós, mi corazón…”
Andrajoso del corazón, el corazón andrajoso, el viejo trovador, cuando se siente solo, completamente solo, recuerda esa despedida: “Adiós, mi corazón”,
¿Puede el corazón hacer promesas y no romperlas…?
¿Puede un hombre romper una promesa y seguir siendo un hombre…?
Oh, Bob, arrastrando las espuelas en el espinado desierto sonorense de la frontera, a punto de cabalgar hacia el norte. Oh, Bob… “El español es la lengua del amor”, la que mejor expresa el amor. “Spanish Is The Loving Tongue”… “her loved words…”, recuerdas, “Mi amor, mi corazón…”
A caballo, a caballo hacia el norte, para cruzar otros desiertos, ciudades derrumbadas sobre sus propias incumplidas promesas, abriendo una enorme puerta que no abriste en México, allá, Living down Sonora way… “Mi amor, mi corazón”.
“Aún escucho sus amorosas palabras”, dices, aferrado a la astillada montura mojada por una lluvia que sólo cae tras tus párpados. “in her sweet and quiet tone: “Mi amor, mi corazón”.
Huye, viejo vaquero, huye, que el corazón no miente. Sigue confiando en tus apuestas y huye cuando te vayan a atravesar el rostro con un cuchillo de hoja de plata, que pueda abrir tu corazón, y te haga regresar, regresar sobre tus pasos, al espinoso y polvoriento momento de tu promesa, porque desde aquella despedida furtiva no la volviste a ver.
¿Qué lamento de coyotes puede semejar al tuyo en la negrura del sol del desierto, aun de día…? ¿Crees que escuchará tu destartalada guitarra y tu oxidada armónica alemana, mojada por viejas lágrimas de amante arrepentido? Pero tienes buen oído. Cuando cruzas por Nevada escuchas, en la dulce lengua del amor, en español, gringo angloparlante, una y otra vez: “Mi amor, mi corazón”.
Encenderás otro cigarro. Mirarás las viejas flamas, que alumbraron tu pasión. Aspirarás rancio tabaco, que manchará tu pantalón, pues mezclado, humedecido, desde tu muy congelado rostro, escucharás una vez más, en la dulce lengua hispana: “Adiós, mi corazón…”. Ella, morena, Mex, mexicana. Tú un blanco más, otro que huyó.
Te escuché, entre montañas, cabalgar hacia otra lengua, que no sea “suave como la música, brillante como el rocío”, Rocío, 24 de mayo y cabalgas, dejas atrás la fiesta de Nuestra señora del Rocío “living down Sonora way…” viejo relator asustado, apanicado ante el amor, escuchando aún “Adiós, mi corazón”.
Viejo bardo, de cantinas, de caminos sin lustrar. Estás ahí, vas apostando, con un revólver más cerca del corazón. Y recuerdas a la muchacha morena de Sonora, “Mi amor, mi corazón…”.
Quieres ver otra vez sus ojos risueños, que pase el tiempo volando, sintiéndola suspirar sobre tu pecho, sin adelantarse esas palabras, las del adiós que arrojarás, cual cartas viejas, de jugador que ya perdió. Cartas ajadas, más nuevas que el corazón…
“Adiós, mi corazón…”. Spanish is The Loving Tongue, “Mi amor, mi corazón”, le rompiste el suyo, perdiste el tuyo, y el estribillo te repites como el rodar del tambor vació del revólver: “Adiós, mi corazón”.
Todo fue, en el pasado, y esos días no volverán, Living down Sonora way, Living down heart way…
¿Descansarás, vaquero, después de haberte traicionado? ¿Cuántas lunas más escucharás, el ritornelo “Adiós, mi corazón…”?
¿Puede un hombre romper una promesa y seguir siendo un hombre…?
[Bob Dylan, 24 de mayo de 1941, ochenta años. Bob Dylan cantando el poema “A Border Affair” de Charles Badger Clark, como “Spanish Is The Loving Tongue”. Bob Dylan huyendo de su corazón en Sonora, hacia el norte poeta, hacia el norte].