marzo 17, 2026, Puebla, México

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Los enredos de Oaxaca. Esperanza y tragedia de México

 

El viaje a Oaxaca es una vuelta por los acomodos de una tierra calcárea, tepetatera, rojiza, verde, negra a las usanzas de sus pueblos. Una tierra de pliegues y espinas al sol de infierno, de bosques espesos en desfiladeros sombríos. Una tierra rotunda de montes vastos y encierro. Una tierra de tragedia y esperanza. Y tal vez donde mejor se entienda por qué sobrevive México.

A partir de la cañada de los cactos gigantes, en la Reserva de la Biósfera Tehuacán-Cuicatlán, una vez más me dejo llevar por la permanente sorpresa que me provoca este antiguo país de montes en laberinto que nunca domarán las carreteras. Acompaño a Emma Yanes a una premiación de maestras y maestros artesanos en la capital. Ahí encontraré ese milagro antiguo que produce la alianza entre las manos finas y la naturaleza pródiga. Por un par de días dejo los enredos poblanos para contemplar de refilón los vecinos difuminados en sus miles de comunidades en el claustro de sus propios destinos. Será las voces de la tierra las que nuevamente me asombren en la belleza simple del totomoxtle, el copal, el barro, el ixtle y la flor inmortal. 

El mundo sostenido en la gravedad de la iguana en una jícara. Foto de Mundo Nuestro.

 

1.- Coixtlahuaca sí es posible un país distinto. Al paso de la carretera contemplaré lo que logran para la reforestación la organización social de los pueblos y su tequio, la posibilidad de un mejor Estado.

Es posible un país distinto. Es una afirmación, no una pregunta que se sustenta siempre en la posibilidad imaginada, en la certidumbre de que no lo atestiguaremos nunca. La certeza la tengo al confirmar la reforestación en gran parte del territorio de la Mixteca Alta de Oaxaca. Cuando la carretera termina su mudanza de mil metros cuesta arriba desde el puente que cruza el río frontera con Puebla para adentrarse en la cañada de los cactos, después de trepar pasmada ante el abismo hasta el llano de Coixtlahuaca, lo que la vista confirma es que la realidad depredada del mundo, por más inhóspita y estéril que nos parezca, puede cambiarse con la misma fuerza con la que un proyecto de reforestación asumido por decenas de comunidades campesinas logra recuperar un bosque que se creía perdido para siempre. Ahora, en esa antigua llanura árida tras la profunda barranca del más espléndido de los desiertos en México, la vista ya no se deslumbra por el reflejo calizo del sol, y son los pinos los que reciben al viajero.

 

 

 

 

¿Cómo pudo pasar esto? Tan incomprensible es la devastación que alcanzó la tierra hasta quedar convertida en tepetateras blancas y amarillas, como increíble la recuperación que ha ocurrido durante los últimos veinte años. ¿Qué sociedad arrasó de tal manera el bosque? ¿Y qué sociedad es la que lo recupera?

 

Coixtlahuaca en el año 2013

 

Coixtlahuaca en el año 2020

 

La vista de pájaro en el satélite y las fotos que alcanzo a tomar en la carretera se asoman a una compleja trama urdida para un lado y para otro igual en centenas de años que los que se cuentan recientes con los dedos las manos.

El territorio lo controlan más de treinta comisariados de bienes comunales de una veintena de pueblos que se propusieron, al menos desde el año 2002 la regeneración de suelos por la vía de la construcción de miles de metros lineales de bordos-zanja y la plantación de miles de árboles de las especies  Pinus Oaxacana y Gregii y árboles endémicos como el ramón (Brosimum alicastrum).

 

 Los pueblos reforestadores de la comarca árida de la Mixteca Alta (Foto google Earth)

Son algunos de los pueblos reforestadores. Hay muchos más. Y el territorio que encierra el polígono que presentamos refiere tan solo, con sus más de 1,600 kilómetros cuadrados, una parte del que se reforesta en todo esta región mixteca del norte de Oaxaca. (Foto de Google Earth)

Ese es el hecho histórico en México: un numeroso grupo de comunidades en el distrito de Coixtlahuaca tomaron en los primeros años de este siglo XXI la decisión de recuperar el monte. Nombro algunas: San Juan Bautista Coixtlahuaca, Santa Cruz Capulalpan, Santiago Tepetlapa, San Mateo Tlapiltepec, San Cristóbal Suchixtlahuaca, Santa María Nativitas, Tamazulapan Villa del Progreso, Teopan, Santiago Tejopan, Tlacotepec, Yihuitlán, Concepción Buenavista, Santa Cruz Corunda, Tequixtepec, San Miguel Astatlam Tepelmeme, La Unión Reforma Soyaltepec.

 

¿Cómo lo lograron?

 

Una búsqueda en la red identifica algunos de los proyectos y sus actores. Por ejemplo San Juan Bautista Coixtlahuaca, con 521 hectáreas recuperadas, según cuenta Rafael Juárez Lara, presidente del Comisariado de Bienes Comunales, quien tiene dos versiones sobre lo que pudo haber ocurrido hace mucho tiempo y que llevó a la devastación de la flora en la región: “De acuerdo con la historia de las comunidades, la aridez de las tierras posiblemente se debió a una invasión de pueblos vecinos que pretendían dominar a la comunidad chocholteca-mixteca en Coixtlahuaca, y que terminaron quemando y arrasando todo. Otra versión es que ante el crecimiento poblacional de esta ciudad –donde se estima pudieron habitar hasta 100 mil personas–, la siembra para asegurar la alimentación terminó con el bosque, hasta que los habitantes tuvieron que irse por falta de recursos naturales.”

Bernardo Serra Santiago, presidente de Bienes Comunales de Villa de Tamazulapan del Progreso, cercana a Coixtlahuaca, explica cómo fue que los pueblos se comprometieron a realizar este esfuerzo: “Nos organizamos los comisariados de bienes comunales y se nombró un comité de gestión para buscar cómo restaurar nuestra tierra. Nos integramos en cada localidad y con nuestras familias; los jóvenes y los niños también se han sumado a estos esfuerzos”.

 

En la Revista Mexicana de Ciencias Forestales encuentro un estudio sobre una comunidad en particular en el municipio de San Bartolo Soyaltepec: La Unión Reforma Soyaltepec, de no más de cien habitantes y alrededor de 35 viviendas enclavada en una loma a once kilómetros al oriente de la autopista.

Foto y ubicación de La Unión Reforma Soyaltepec

Realizado por los investigadores del Colegio de Posgraduados Alejandro Ramírez López1, Hermilio Navarro Garza, Antonia Pérez Olvera y Víctor Manuel Cetina Alcalá, publicado en agosto de 2011. El estudio da una idea de lo que en México puede llevarse a cabo cuando se produce una alianza seria entre las comunidades campesinas y los centros de investigación:

La organización comunitaria del poblado La Unión Reforma Soyaltepec, ubicado en la Mixteca Alta oaxaqueña, ha realizado durante los últimos 10 años un proyecto social para la reforestación en tierras degradadas, las cuales fueron abandonadas para su uso con fines agrícolas. Los objetivos de la presente investigación son identificar, describir y contribuir a explicar la génesis y desarrollo del proceso social de organización para promover y realizar la reforestación y alcanzar el bienestar común, con base en una iniciativa de búsqueda de tierras abandonadas y su cesión a la comunidad. Para tal fin, dicha iniciativa se conceptualizó como reapropiación territorial. Se utilizó un enfoque mixto cualitativo y cuantitativo, mediante el primero se describieron 10 organizaciones intracomunitarias como coadyuvantes para las actividades de reforestación y vinculación con organismos civiles, instituciones educativas, gubernamentales y comunidades. El análisis cuantitativo permitió estimar la productividad de las plantaciones forestales de Pinus oaxacana. Los resultados muestran el interés comunitario para continuar con el proyecto de reforestación y mejora ambiental a partir de un comité de reforestación. La disponibilidad para la cesión de tierras con fines de reforestación ha promovido al fortalecimiento organizativo y búsqueda de arreglos que motiven la donación de 40.7 ha, concedidas por 12 personas. La superficie plantada con Pinus oaxacana corresponde al 64% en tres sitios, donde predominan suelos de tepetate blanco y tepetate amarillo.

Los investigadores detallan el proceso técnico de la reforestación en Unión Reforma Soyaltepec:

“Los primeros intentos de reforestación en el área de estudio datan de 1996, con una supervivencia menor a 5%; sin embargo, en el año 2000 se reiniciaron con una supervivencia promedio de 87%. En el año 2008 se contaba con 55 ha reforestadas, equivalentes a 6.18% de la superficie total de la comunidad, que se localizan en parajes diferentes.

 

“Se destaca para el sitio 1: el suelo es un tepetate amarillo, muy seco y caliente en la temporada de sequía, con pendientes de 30 a 65%, exposiciones N y NW, y se tienen identificadas las prácticas de cajetes y podas (Figura 3).

 

“En el sitio 2 se establecieron las primeras plantaciones en suelo de tepetate blanco, que tiene la característica de ser húmedo y fresco durante la temporada de sequía, lo cual podría favorecer la supervivencia de las plantas. Como desventaja, se reconoce que es muy duro y compacto para la penetración de las raíces. Además es el menos inclinado, ya que la pendiente varía de 15 a 35%, con una exposición N y NE, y las prácticas que se realizan son los bordos y podas” (Figura4).”

 

 La reforestación documentada por la comunidad de La Unión Reforma Soyaltepec en Facebook

 

La comunidad de Unión Reforma Soyaltepec tiene su muro en Facebook, y ahí se documenta todo cuanto ocurre en ella: sobre todo las fiestas y los funerales, pero también la política y la organización comunal. Encuentro entre las numerosas fotografías estas vistas de la reforestación de uno de los parajes rescatados en los últimos años:

No hay ninguna descripción de la foto disponible.

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Los investigadores explican también las características de la comunidad y la organización que se dieron:

“La comunidad de La Unión Reforma Soyaltepec cuenta con 35 familias, de las cuales 25 participan de manera directa en las actividades de reforestación, 44% son hombres y 56% mujeres. La edad promedio de los jefes o jefas de familias entrevistadas corresponde a 56 años, con una escolaridad promedio de 3.76 años, equivalentes al cuarto grado de primaria. Como consecuencia de la fuerte migración, el número de miembros por familia es muy reducido, ya que 14 están integradas por una sola persona y el resto, en promedio, cuenta con 2.48 integrantes (Cuadro 6). El tamaño pequeño de la comunidad les ha permitido tener una nueva estrategia de organización, como es el caso de la creación específica del Comité para la Reforestación, resultado que coincide con lo citado por Wade (1994) quien atribuye al número pequeño de integrantes de una asociación como un requisito para que tenga éxito.”

Así que el antiguo tequio es lo que explica esta recuperación histórica de la tierra. Identifico las diez organizaciones intracomunitarias:

Extraigo tres frases más del estudio y que revelan la importancia de esa antigua palabra tequio:

“Los cargos o actividades relacionadas con la reforestación se realizan sin recibir incentivo de ningún tipo, solamente se obtiene el reconocimiento y aprecio de los miembros de la comunidad.”

“Se señala la permanencia de una forma organizativa tradicional estructuradora, que funciona como patrimonio organizativo, y se le considera como un compromiso social y sin remuneración alguna para actividades comunitarias, es decir de participación ciudadana.”

“La organización comunitaria campesina con una visión integral de sus recursos naturales y del territorio ha desarrollado nuevas estrategias que contribuyen a su permanencia y reproducción, entre ellas la dinámica de recreación de sus usos y costumbres mediante prácticas sociales emergentes y específicas, para la autogestión participativa de los suelos, agua y bosque.”

El portal de Facebook ilustra con un gran número de videos la vida cotidiana de la comunidad y el significado que tiene para ella la fiesta: “Festividad XI feria de la tortilla de trigo en honor a nuestra santísima virgen Santa Juanita de los Lagos.”

Baile de los Tilicheros

Procesión

Una interrogante última al dejar atrás la llanura arbolada de Coixtlahuaca y la carretera enfila hacia Nochistlán, y la planteo frente a la catástrofe por la degradación del bosque la Malinche en Puebla: ¿por qué no somos capaces de construir una política de Estado como la que ejemplifican estas comunidades mixtecas de Oaxaca en el conjunto del territorio mexicano?

 

2.- Me acerco entonces a Oaxaca con esta mirada en la tierra. Encuentro así la flor inmortal, la madera del copal, la hoja del maíz, la fibra del agave. Y con ellas, nuevamente, los pueblos.

 

Foto de nvinoticias

Foto de Mundo Nuestro.

Francisca Lidia Sánchez tiene 64 años y hace florituras con sus manos zapotecas. Habla de la Flor Inmortal como quien se refiere a su hija. Y de las blancas y diminutas del templo con el que ha ganado un reconocimiento en el concurso estatal de artesanía con el cariño de quien las ve nacer en el patio de su casa. Porque las siemprevivas con las que cubre a sus borreguitos en el atrio de su florido templo las cultiva su marido y nadie más en el pueblo. Ella nació en San Antonio Castillo Velazco, y a sus 45 años tuvo una hija, la última de siete hermanos, y que siguió sus pasos artesanos. La joven de 18 años ha ganado cuatro concursos estatales, el primero a los siete años, y los premios, unas relucientes bicicletas, le permitieron ir y venir a la escuela muy airosa y feliz. Menos la última, una bicicleta amarilla que cuelga orgullosa del techo en la casa de su madre. “Para que mi nietos recuerden algún día lo que han logrado las flores que nunca mueren para sacar adelante a la familia”.

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Fotos de Mundo Nuestro.

El toro de la pandemia y el árbol de copal. José Fabián Pérez ha pasado su joven vida entera en San Martín Tilcajete apoyando la resiembra de copal, el árbol con el que le dan vida a esos seres alucinantes que llamamos alebrijes. Y ha aprendido a utilizar el machete y el cuchillo para labrar los troncos de una madera a la ver firme y dúctil para darle vida a la visión fantástica de un toro antílope en la que el pincel ha plasmado la tragedia reciente: en el costado izquierdo un muchacho intenta escapar del encierro de la pandemia mientras la furia infernal de manos homicidas ahogan al artista; en el otro, una niña se asoma tímida en la pata derecha del animal y en el corazón dos manos se enlazan para animar la sangre en el puño apretado. Y la paloma levanta el vuelo hacia el caracol de las manos que trazan un conejo figuración de una esperanza posible.

 

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Fotos de Mundo Nuestro.

La virgen de Juquila en la hoja libertaria del maíz. Eva Vázquez Clemente es una mujer de la región de Puerto Escondido, de la comunidad de La Nopalera, en el municipio de Santa María Colotepec. Alta y fuerte, un tiempo fue policía municipal en aquel puerto, así que no le faltó el valor para escapar de la violencia de su marido. Desde hace siete años vive en Oaxaca con la custodia de sus hijas, y encontró en una manualidad aprendida de niña en la escuela la posibilidad de transformar el mundo con la hoja de totomoxtle. Como esta Virgen de Juquila a la que sostiene una colorida base de granos de maíz. Imagino las manos de Eva trenzando la guirnalda de flores y escogiendo los granitos amarillos, blancos y negros de la corona de su patrona. La veo feliz y libre.

 

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Fotos de Mundo Nuestro.

La visión de la vida tejida en el ixtle del agave. María Mendoza Contreras nació en Teotitlán del Valle. Ella no deja de participar en los concursos, y en el de este martes 17 de agosto es la ganadora con su obra “Visiones de la vida”, un tejido con el ixtle que extrae de las pencas del agave y que ella misma tiñe con la grana cochinilla que le da los tonos morados, rosas, naranja y guindas, el añil para los tonos azules, la yerba pericón para los ocres y amarillos, la nuez para los cafés y el zapote para los tonos cafés fuertes. El monte entero en su tejido que realiza en un telar de madera zapoteco del siglo XVI adaptado a las técnicas que trajeron los españoles. Y sus ojos pícaros listos para el próximo concurso.

 

3.- El mezcal tobalá, el boom comercial y la desgracia de la selva. Yautepec.

 

Estoy a punto de dar el primer sorbo al tarrito de mezcal tobalá que he pedido en un restaurante cercano al Convento de Santo Domingo. Juan X es un experto y me ha traído aquí para que lo pruebe. Y bien que sabe para qué me ha traído. En la cabeza traigo la imagen pícara de María Mendoza Cabrera y sus tapetes tejidos con el ixtle de los agaves. Y casi huelo el humo del copal con el que se acompañan las ceremonias de bendición y luto en cualquier festejo o funeral, y divago con la fantasía de los alebrijes que con esa madera tallan maestros como José Fabián. Vaya manera de celebrar tanta maravilla que con un tobalá en la garganta.

Pero mi amigo ha dejado sobre la mesa el suyo, pues tiene otros planes para acompañar el mezcal. Me dice: “¿Tienes idea de lo que está ocurriendo con la selva baja por el boom mezcalero? Te invito a que bajemos al istmo, conozcas lo que ocurre en pueblos como Camarón Yautepec y lo que le está pasando a la cuenca del río Tehuantepec…”

 

Camarón Yautepec. Foto de Google Earth.

 

No, tengo idea. He ido al istmo por la ruta de Yautepec, pero no recuerdo cuándo, y por supuesto no identifico al pueblo de Camarón Yautepec por el que pasa la carretera. Pero dejo mi tarrito en la mesa y me dispongo a escucharlo.

Empezamos por identificar lo que se quiere decir con selva baja. En el sitio de CONABIO encontramos con el celular lo que este territorio de selvas secas significa para la biodiversidad en México:

Ocupa aproximadamente el 11.7% (226, 898 km²) de la superficie nacional, y recorre toda la costa del Pacífico desde Sonora hasta Chiapas, pero barre casi por completo la cuenca del Balsas y por entero buena parte de Campeche y Yucatán. Hay que contar en ella a la Reserva de la Biósfera de Tehuacán-Cuicatlán, y por supuesto, gran parte de la carretera que desde la región de Mitla baja por Yautepec hacia el Istmo de Tehuantepec. En ella se cuentan importantes áreas naturales protegidas: Reserva de la Biosfera Chamela-Cuixmala, Jalisco, Reserva de la Biosfera Sierra de Manantlán, Jalisco y Colima, Reserva de la Biosfera Sierra de Huautla, Morelos, Parque Nacional El Tepozteco, Morelos y Ciudad de México, Parque Nacional Huatulco, Oaxaca, Parque Nacional Laguas de Chacahua, Oaxaca, Parque Nacional Cañón del Sumidero, Chiapas, Reserva de la Biosfera La Sepultura, Chiapas.

“En las selvas secas viven alrededor de 6,000 especies de plantas –sigue Conabio–. Casi el 40% de sus especies son endémicas, es decir solamente se encuentran en estos ecosistemas y están adaptadas a la sequía. Entre las especies que la habitan hay una gran variedad de copales como el copal chino (Bursera bipinnata) y el copal santo (B. copallifera), además de especies como chupandía (Cyrtocarpa procera)tepeguaje (Lysiloma spp.)bonete (Jacaratia mexicana)cazahuate (Ipomoea spp.)clavelina (Pseudobombax palmeri)colorín (Erithryna spp.) y pochote (Ceiba aesculifolia). Un componente muy vistoso y característico son las enormes cactáceas como tetechos (Neobuxbaumia spp.)candelabros (Pachycereus spp. y varias especies del género Stenocereus), la jiotilla o quiotilla (Escontria chiotilla).”

Y continúa CONABIO: “Varias palmas como el coyul (Acrocomia aculeata), el soyatl (Brahea dulcis), la palma de guano (Sabal japa), el coco introducido (Cocos nucifera) entre otras. También abundan las leguminosas como el quebracho (Lysiloma divaricata), el guayacán o palo de totole (Conzattia multiflora)el chaparro (Acacia amentácea) y el huizache (Acacia constricta), entre otras. Otras especies de importancia por su consumo son l cocuite (Gliricidia sepium), el ojite (Brosimum alicastrum), el nanche (Byrsonima crassifolia), la guayaba (Psidium guajava) y la ciruela (Spondias mombin).”

Y luego hace la cuenta de la fauna: “Algunos de los mamíferos que habitan estas selvas secas son brazo fuerte (Tamandua mexicana)armadillo (Dasypus novemsinctus)mapache (Procyon lotor)comadreja (Mustela frenata)tejón (Nasua narica), sobresaliendo el venado cola blanca (Odocoileus virginianus)jaguarundi (Herpailerus yagouaroundi)ocelote (Leopardus pardalis), puma (Puma concolor)jaguar (Panthera onca)coyote (Canis latrans) y pecarí de collar (Tayassu tajacu). Entre las aves encontramos guacamaya verde (Ara militaris), varias cotorras y pericos, el trogón citrino (Trogon citreolus)cacique mexicano (Cacicus melanicterus), también  cojolitas (Penelope purpurascens) y chachalaca pálida (Ortalis poliocephala). De los reptiles sobresalen la iguana verde (Iguana iguana) y la iguana negra (Ctenosaura pectinata), el lagarto de chaquira (Heloderma horridum), las tortugas casquito (Kinosternon integrum), culebras y víboras como la boa (Boa constrictor) y las coralillo (Micrurus spp.).”

CONABIO remata con un breve video que da cuenta de la enorme riqueza de estas selvas, y el grave peligro que afrontan en todo el país justo por procesos económicos como los que ocurren en Yautepec.

Cierro la liga a CONABIO con la frase que remata su descripción de las selvas bajas en México: “Es uno de los ecosistemas más amenazados del país y del mundo. Los artículos 101, 101 BIS, 102 de la Ley General de Equilibrio Ecológico incluye como prioridad la preservación y aprovechamiento sustentable de ecosistemas selváticos.”

Por un momento pienso en Puebla, en su cálido sur de cañaverales y sierra baja, todo el distrito de riego de Izúcar de Matamoros está plantado sobre lo que algún tiempo fueron selvas bajas caducifolias.

Terminamos de leer todo esto y es imposible no confirmar el alcance de nuestra ceguera. No tenemos idea de lo que significa la magnitud de la biodiversidad en México. Vamos por la carretera con la vista en el cerco del camino, ajenos a nuestra profunda ignorancia. Tarareo con mi amigo por los caminos del sur, jaguares en la maraña y pájaros en el río.  

A donde mire uno en México, estas selvas han sido devastadas. Empiezo a entender lo que mi amigo quiere decirme. El tarrito de mezcal espera.

“Justo lo contrario de lo que dice la ley –comenta mi amigo– ocurre en la región de Yautepec. Si algún día viniera alguna organización como Green Peace o WWF –me dice–, e investigaran lo que significa esto que llaman la ‘fiesta del mezcal’, ¿qué cara pondrían los funcionarios del gobierno y los industriales que la presumen?”

Pero mi amigo va al grano: “Si tú bajas a la costa por la carretera que va al Istmo vas a pasar por la región de Yautepec, ya en la cuenca del rio Tehuantepec. Ahí la gente está devastando la selva baja sin consideración alguna, tumban, queman y plantan agave, y es que hacen cuentas de lo que les dejan 2,500 plantas con un promedio de 25 kilos por piña a un costo de al menos 20 pesos por kilo pesos cada una la cifra supera el millón 250 mil pesos por hectárea si la logra vender a los siete años. Por esa simple razón de pesos y necesidades de la gente puedes entender que estén arrasando la selva”.

Lo entenderé cuando mire las fotos satelitales de la región que enmarca al pueblo de Camarón Yautepec:

 

 

Lo escucho y  le digo que no tenía idea de lo que encontrarían un periodista extranjero, pero que bien haríamos si lo investigáramos los periodistas mexicanos. Lo comprenderé mejor después cuando averigüe algo sobre el mezcal en Oaxaca, y la importancia que tiene para la economía del estado y para la realidad de una inmensa mayoría de pequeños productores. Que la elaboración de mezcal involucra ocho especies y diecisiete formas protegidas o silvestres de agave: El maguey espadín (Agave angustifolia), el que más se cultiva; el maguey mexicano (Agave rhodacantha), el papalomé o tobalá (Agave potatorum), como el que me aguarda en mi tarrito; el biliaá (Agave seemanniana), el tepeztate (Agave marmorata), uno con varios nombres, cirial, barril, bicuixe, tobasiche (Agave karwinskii), el arroqueño (Agave americana var. americana) y el maguey Sierra Negra (Agave americana var. oaxacensis).

Y mucha información más que ayuda a entender lo que me cuenta mi amigo: que en la principal zona de cultivo y producción de agave y mezcal, que abarca 7 distritos de Oaxaca (Centro, Ejutla, Miahuatlán, Ocotlán, Sola de Vega, Tlacolula y Yautepec), existen en el año 2017 al menos 895 palenques que elaboran mezcal; 87.5 por ciento de los productores lo venden a granel; 63 por ciento utiliza la molienda tradicional llamada tahona (rueda de piedra movida con tracción animal), 89 por ciento utiliza tinas de madera y 84 por ciento alambiques de cobre. Y más: siete de cada diez de los productores no pasaron de la primaria, cuatro de cada diez son indígenas.

Y ya en la búsqueda de información (Forbes, 16 de abril de 2020) encuentro que en el 2019 se produjeron 7.4 millones de litros –una cifra mínima si se le compara con los 351 millones de litros de tequila producidos en México–, de los cuales el 63.1 por ciento con valor de 5,433 millones de pesos fueron para la exportación principalmente a Estados Unidos (70%) y Europa (19.7%), con una generación total de 23 mil empleos directos y 105 mil indirectos. Buena razón para la fiesta, entonces.

La información que encuentro en internet confirma lo que la vista descubre en Yautepec: los campesinos no han dudado en pelar la cubierta de selva baja para plantar agave. El minifundio en Oaxaca se vuelca hacia ese cultivo: el 84 por ciento de la producción de la planta mezcalera se realiza en predios de menos de cinco hectáreas y con el 68.2 por ciento de esos productores con una producción de subsistencia.

Tumba, roza, quema, entonces, es la práctica en la que se sostiene esta fiesta mezcalera. En el norte de Oaxaca los campesinos recuperan el monte pore su cuenta. En las sierras del sur la explotaciín industrial provoca la devastación de la selva por otras comunidades campesinas con las instituciones del Estado y la ilusión económica que las alientan,

Esperanza y tragedia de México.

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Al final, mi amigo y yo brindamos y de un sorbo apuramos el mezcal. El tobalá no me raspa la garganta. Me sirve imaginarlo silvestre y feliz, abierto al sol denso y transparente, como Oaxaca.

 

Maguey Tobalá (Agave potatorum) · NaturaLista