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Todo es Gaza / Ángeles Mastretta

Mundo | Crónica | 17.MAY.2021

Todo es Gaza / Ángeles Mastretta

Ángeles Mastretta

Gaza. Pobre de ti. Y pobres de nosotros, Gaza, contigo en el futuro y en los ojos. Hoy todo es Gaza

Texto publicado en Nexos, febrero de 2009

 

Hoy todo es Gaza. La miel y el pan y las migajas. Gaza. La lectura y la risa, el horizonte, el diablo, la piel y la batuta, los libros y la flor, los niños y su canto. Hoy todo es Gaza. Hasta los narcos presos en Tijuana y las mujeres heridas en España, hasta el perro que ladra en la otra casa y la luna que apenas va creciendo. Hasta la tarde sonrosada y tibia, hasta el avión que vuelve de Cancún: Gaza. Y los cientos dejados en Barajas. Los novios que salieron de una iglesia. Gaza. Todo ahora suena a Gaza, se pierde y se entreteje a la palabra austera en la que cabe tanto espanto como espanto hay: Gaza. La carta que recibo de mi hermana, la escultura de un gato que corre por la barda, las preguntas que se vuelven promesas, las respuestas que ya nada me aclaran. La voz de mis amigas. Shalom. El juego de mis médicos. La fe que yo les tengo y el amor que les guardo. Gaza. ¿Qué les digo yo a ellos que no me diga a mí?  Salaam. Que la paz sea contigo. Shalom. ¿Qué temo yo por ellos que no tema por tantos? As-salaam-alaykum. ¿Qué suplico y a quién? Gaza. ¿Culpa de qué tiene quién? ¿Cuál agravio, cuál pena se pena más que otra? Por donde quiera estás. Gaza. En el futbol, en la estrella, en la foto del hombre que enseñó a su hijo a volverse cohete, en la bandera azul y en la de la del triángulo, en los ojos con que un adolescente mira por el cristal que custodia su tanque. Pero ¿a quién se le ocurre?: entregar los tesoros que uno pare, a la palabra patria. Estúpida palabra, mala palabra: patria. Tierra de todos, tumba de cualquiera. Gaza. En todas partes andas hoy, palabra. Gaza. Te veo en el caramelo cuyo celofán reza shana tova, y en el jocoque que huele a hierbabuena, hoy mismo, sobre la mesa con las lentejas de uno y otro lado. Guzmán, que soy judía y Sauri, palestina. En todo estás palabra: Gaza. Y qué miedo te tengo y cuánto ignoro y cuán ingrata soy y qué incapaz de nada. Como nadie parece muy capaz de nada. Ni el que protesta, ni el que calla. Gaza. Hoy hierves en el agua del café y suenas en la tetera —fuerza proporcional—, y ardes en el papel de los periódicos —mal recibido—. Gaza. Guerra de todos y de casi nadie. Silencio de ninguno y de cualquiera. Espanto que me espanta. Gaza. Hoy todo es Gaza. La sombra de un secuestrador, las vacaciones: Gaza. El desayuno, la voz de nuestros hijos, el silencio en su padre. Gaza. La tele dueña de la noche: Gaza. Este país, febrero, la luna de los lunes. Ni tregua allá ni aquí: todo es Gaza. Rompiéndose en mis manos. Aquella franja enardecida y ésta enardeciendo. Todo es Gaza. ¿De quién son las cenizas y el réquiem, la nada y la morfina, la mariguana creciendo larga para que vengan a quemarla porque si no se vuelve mala? Como en Gaza. La tierra demasiado prometida. Gaza. Ni un remedio le miro y tanto sin remedio. Los pájaros y el frío. Un asesino allá en la sierra norte, ni oírlo, ni saber, estoy en Gaza. Presa de la impávida libertad, segura de que no existen las estrellas. Gaza. Nadie llora a Israel, me dicen ellos, los que también son míos. Como los palestinos son de mi conciencia. Mala conciencia no saber bien quién son. Temo por ellos, temo por Israel y a Israel temo, como a ellos. Gaza. Las letras y la lupa, sobre el mapa, repitiendo: Gaza. Suena en mi cuarto el Agnus Dei de un réquiem para la paz estremecido, estremeciendo. ¿Quién dice un réquiem que no diga guerra? ¿Qué regreso a la nada vale todo? El caramelo, las lentejas, el padre Abraham, la esclava y el azar, la vid y la ira. ¿De quién son estos muertos y estos vivos? Todo es Gaza: sin duda la bandeja en que dejamos los zapatos, Gaza, para cruzar la entrada al aeropuerto, Gaza. Todo —no sólo el Diablo sino Dios, Dios sobre todo— parece suyo: Gaza. El jugo de naranja, tu memoria, la película triste, el mar tragándonos. Gaza. Perplejidad, dislate, fuego y hambre. Un buque que navega con auxilio, un auxilio que no debía existir si no existiera Gaza. Inhóspita palabra. Imposible palabra: Gaza. ¿Imaginar lo ajeno? ¿Quién pudiera? ¿Quién en Gaza? La imposible. Lo que no es mío, ni nuestro: mortaja. Lo que sólo es de ellos. Sólo de los que entienden: Gaza. Y de los que no entendemos. Gaza. Ni calendario, ni silencio, ni asombro. Gaza. Pobre de ti. Y pobres de nosotros, Gaza, contigo en el futuro y en los ojos. Hoy todo es Gaza. La miel y el miedo, el pan, la pena y las migajas. En todo estás palabra, franja, pena, Gaza.

 

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