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5 Diciembre 2021, Puebla, México.

La historia de mi papá, que se repite a lo largo de la Sierra de Puebla / Manuel Espinosa Sainos

Sociedad | Crónica | 19.JUN.2021

La historia de mi papá, que se repite a lo largo de la Sierra de Puebla / Manuel Espinosa Sainos

Manuel Espinosa Sainos

Mi padre nos tiene a nosotros

Mi padre nunca ha tenido nada. Siempre trabajó de jornalero y en los lugares donde le daban permiso construir un jacal a los dos o tres años nos corrían, y ahí íbamos de nuevo con nuestros costales de cosas a buscar un nuevo lugar para vivir.
Recorrimos casi todo el pueblo y en ningun lado nos permitían vivir muchos años, aún así agradezco el tiempo que nos permitieron tener nuestra casta ahí. Todos mis hermanos nacieron en lugares distintos, con decir que ni siquiera teníamos donde nacer.
Así era siempre, a cada rato le hacían tumbar su casa y a empezar de nuevo. Fuimos casi nómadas viviendo de un lugar a otro en el pueblo. Pero papá siempre ha sido un hombre de trabajo y cada peso que ganaba era para que a nosotros no nos faltara nada, pocas veces lo vi comprar una camisa o un sombrero nuevo.
También siempre ha sido un hombre creativo, de niño lo veía dibujar con carbón grandes paisajes en un papel de estraza. Me enseñó a construír con piedra y bejuco trampas para los ratones durante la siembra y lo más importante, a construir mis propios sueños, producto del coraje, por él soy quien soy.
Durante el gobierno del PRD en el municipio de Ixtepec, Pue., hace muchos años, cuando ese partido era de izquierda, las autoridades municipales repartieron un terreno para las familias que no tenían donde vivir, a él le tocó un lote.
Lo vi muy emocionado porque por primera vez tendría una tierra para construir su casa o que más adelante alguno de sus hijos lo hiciera, pero recientemente en el municipio volvió a gobernar el PRD, ahora convertido en la más extrema derecha, así que las autoridades decidieron quitarle el terreno y le hicieron firmar un papel sin siquiera leerle el contenido.
El argumento fue que él nunca construyó su casa ahí y que los vecinos que ahí viven asi lo habían solicitado. Las autoridades nunca se tocaron el alma, ni se preguntaron ni entendieron porqué para muchas familias humildes construir una casa no es tan fácil.
Ahora mi papá ya es grande, pero sigue fuerte, aunque en su rostro se reflejan los años entregados al trabajo duro y malpagado para beneficio de los caciques del pueblo: cargar toneles con agua y transportarlos a largas distancias, partir leña, cargar piedras y arena para construcción, limpiar la milpa, cargar bultos de café, etc.
Siempre muy malpagado y a veces ni siquiera eso, o le quedaban a deber y no le pagaban y ni las gracias le daban. Una historia de trabajo y abuso similar en muchos indígenas totonacos de esta sierra.
Aun tengo viva la imagen de mi infancia cuando en una ocasión que mi papá estaba tomado, pasó frente a una de las casas de uno de los caciques (ahora ya difunto) con quien trabajó muchos años, recordó las humillaciones y abusos sufridos por aquel ex patrón.
Así que motivado por el alcohol, le empezó a gritar y a reclamarle los días no pagados y los abusos sufridos por aquel señor que vivía por el centro del pueblo. Yo estaba a su lado y por más que intenté calmarlo pudieron más los recuerdos de los abusos del patrón.
Era una tarde y afuera de la casa había una gran fogata con mucha leña. Aquel hombre alto y de pantalón que usaba siempre una camisola de cuadros, muy enojado y sin decir una palabra salió a recibir a mi papá.
Se acercó a mi padre y lo empujó. Debilitado por el alcohol mi papá cayó al suelo empedrado. Aquel hombre lo tomó de los pies y lo arrastró al fuego para intentar quemarle los pies, tal como le hicieron a Cuauhtémoc para que confesara la ubicación del tesoro, pero en el caso de mi papá, para que callara los constantes abusos.
Yo empecé a llorar y fui corriendo al jacal a avisar a mi abuela para que le viniera a ayudar. Inmediatamente fue y con el apoyo de los vecinos lo rescataron y lo llevamos a la casa.
Los abusos de los caciques hacia los indígenas totonacos en los pueblos son muchos y duelen, dejan siempre una marca.
En otra ocasión, la amiga de mi hermana a quien en su infancia solía visitar para jugar con ella le dijo: Ya no vengas, mi mamá dice que los pobres roban, y si vienes que no nos vea.
Los ricos de los pueblos hacia la gente humilde muchas veces son así. Ahora sé que son ellos, sus descendientes, quienes roban y quieren seguir robando a través de la política.
Yo escribo este texto porque estoy seguro que esta breve historia de mi papá se repite a lo largo de la sierra. Son padres que han trabajado siempre para que a sus hijos no les falte nada, a ellos toda mi admiración y reconocimiento.
Aunque toda la vida trabajó, mi padre nunca tuvo nada, bueno eso de nunca tuvo nada es solo un decir, porque nos tiene a nosotros.
Manuel Espinosa Sainos.
Poeta, traductor y comunicador totonaco.