SUSCRIBETE

18 Septiembre 2021, Puebla, México.

Estados Unidos: el país que crearía naciones y su enemigo íntimo

Mundo | Opinión | 25.AGO.2021

Estados Unidos: el país que crearía naciones y su enemigo íntimo

Héctor Aguilar Camín

 

El país que crearía naciones

 

Varios mitos cayeron por tierra con el fracaso de Estados Unidos en Afganistán, con su retirada caótica del país que querían reinventar, que ocuparon militarmente 20 años, en el que invirtieron un trillón de dólares y del que salieron emitiendo señales de dramática ignorancia, como que el presidente Biden creyera que el ejército afgano de 300 mil hombres, financiado con 83 mil millones de dólares, iba a resistir al menos 18 meses.

 

El mito mayor caído es el que guio la invasión misma de Afganistán y de Irak: la pretensión de intervenir militarmente en esos países para crear nuevos Estados, nuevos ejércitos, nuevas instituciones. En realidad: nuevas naciones, a imagen y semejanza de Occidente. Por lo menos dos grandes escritores sabían desde hace mucho que tal pretensión civilizatoria es no solo imposible sino catastrófica.

 

Uno, Rudyard Kipling, quien desplegó en El hombre que sería rey (1885) la pequeña metáfora perfecta, terrorífica, de la impenetrabilidad para Occidente del mundo que empieza en las montañas afganas.

 

Kipling produjo la historia de dos soldados ingleses decididos a hacerse reyes de un territorio ficticio llamado Kafiristán, situado al norte de Afganistán, del cual, en efecto, llegaron a ser reyes por una confusión cosmogónica de los kafiristaníes, quienes los reconocieron como dioses, y los obedecieron como a tales, hasta que la mordida de una mujer hizo sangrar a uno de los aventureros, desmintiendo así su condición divina y derrumbando su imperio. (Hay película: John Huston, 1975)

 

El otro escritor que exhibió con lucidez la fantasía de rehacer países fue Graham Green en The Quiet American, la historia de un brillante agente de la CIA, más inteligente que los hechos, empeñado en equilibrar el desbalance militar que dejaría en Indochina la derrota de los franceses. (Hay película: Phillip Noyce, 2002)

 

En ese personaje, cegado tanto por sus teorías como por sus buenas intenciones, Green encarnó el espíritu del creciente intervencionismo americano en Vietnam, hasta su derrota en 1975, con 54 mil estadunidenses muertos y una ignominiosa salida de Saigón, cuyas imágenes volvieron a la vida en estos días colgadas de sus dramáticos paralelismos visuales con la salida de Kabul.

 

Estados Unidos y su enemigo íntimo

 

Dice Francis Fukuyama que Estados Unidos ha confiado de más en su poder militar para intervenir en el mundo y de menos en lo que Joseph Nye llamó su “poder suave”, el poder de la economía de mercado, el ejemplo democrático y la influencia cultural en sentido amplio: innovación científica y tecnológica, ideas, arte, modas y entretenimiento (ver aquí).

 

Vietnam no fue ganado por el poder militar de Washington sino, a través del tiempo, por los valores y las estrategias de la economía de mercado y es hoy un aliado de Estados Unidos en el propósito de contener a China.

 

La misma China, en su exitosa versión de capitalismo de Estado, un capitalismo sin democracia, es una adaptación del autoritarismo milenario a las reglas modernas de productividad, innovación y competencia inherentes al capitalismo.

 

Hace al menos medio siglo que EU influye y moldea más a otros países con el despliegue de su poder suave que con el de su establecimiento geopolítico militar, el cual, por otra parte, está lejos de haberse caído en pedazos luego del fracaso en Afganistán.

 

Estados Unidos sigue teniendo 200 mil soldados estacionados en más de 150 países. Aunque la derrota en Afganistán tiente a sus adversarios a desafiarla en otros puntos del globo, la posición relativa de Estados Unidos como primera potencia global sigue vigente.

 

El enemigo a vencer para Washington, piensa Fukuyama, no está fuera, sino dentro del país. Su polarización interna es tan intensa que pone en riesgo la funcionalidad de su democracia, corazón de su poder suave.

 

La democracia americana ha perdido en los últimos años solvencia para manejar su pluralidad y está en camino de polarizarlo todo, desde la guerra de opiniones sobre si las vacunas son una cura o una opresión, hasta el alegato por el año fundador de la nación: ¿1619, año del primer cargamento de esclavos, primer año de la esclavitud? ¿O 1776, año de la independencia, primer año de la libertad?

 

La polarización le roba al país la unidad de propósito en su inevitable necesidad de redefinirse como potencia, eso que Biden empieza a dibujar a sus costillas, empezando por tragarse la derrota de Kabul.