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17 Enero 2022, Puebla, México.

Triunfalismo de la élite burocrática de la UAP: ¿agotamiento de su poder? / Germán Sánchez Daza

Universidades | Opinión | 27.AGO.2021

Triunfalismo de la élite burocrática de la UAP: ¿agotamiento de su poder? / Germán Sánchez Daza

Germán Sánchez Daza

Obligado debatir la problemática educativa de la Institución y su vínculo con la sociedad

 

Al final de su funcionamiento, la Comisión de Auscultación para definir a lxs candidatxs a la rectoría de la UAP ya habrá recibido decenas de miles de expresiones a favor de la candidata oficial, dando continuidad a un proceso que ha sido gestado en la ilegalidad, pero también en un contexto de agotamiento del poder de la élite burocrática.

La magia de la unanimidad (o mayoría abrumadora) se ha hecho presente desde hace ya varias décadas, expresión del poder y voluntad de dicha élite; en su embelesamiento e instinto de conservación ahora hace un uso extremo de ella, para su autoconfirmación y resguardo, así como para la reiteración de su estatus de “autónoma” (frente a los conflictos con el gobierno estatal). Autonomía que le permite violentar las normas y periodos de gestión de los consejeros universitarios; emplea esa magia para construir un escenario pandémico que imposibilita la elección presencial (aunque lo desmiente lo acontecido en el proceso electoral nacional de junio y la reciente consulta sobre el juicio a los expresidentes), y para delinear e impulsar una candidata. La magia funciona.

Sin embargo, el acontecer social y político del país, así como las tendencias en la educación superior y la producción de conocimiento, cuestionan y ponen en jaque dicha magia. El largo periodo de conformación de la candidatura oficial tuvo que ir enfrentando no solo los conflictos con el gobierno del estado, sino también el desgaste del ejercicio del poder y de la dudosa transparencia del uso de los recursos públicos en nuestra Universidad. La valoración llevó a dejar de lado a personajes (funcionarios) pertenecientes a dicha élite y optar por un perfil menos burocrático y más académico. Sin embargo, la candidatura se debe a esa élite, a su mágico poder, algo que nadie puede olvidar.

A lo largo de sus tres décadas de existencia, se han dado diferencias y puntos de quiebra; algunos aspirantes no pudieron pasar de eso y fueron debidamente colocados en offside. En el trayecto reciente, se han generado fisuras; precandidaturas que han mantenido vínculos directos con la élite burocrática, con intensidades, características, temporalidades y motivaciones diferentes. Una peculiaridad de la coyuntura actual es que estas fisuras ponen en entredicho las mismas prácticas de ejercicio del poder y amenazan con abrir un impasse que iría más allá del término de la actual administración rectoral. Ejemplo de esto es precisamente la crítica al funcionamiento ilegal del Consejo Universitario, que se da a partir de su sesión en el mes de abril y que en ese momento no fue impugnado ni por la Secretaria General, ni por ningún otro consejero … al no ser favorecida por el gran elector, la exfuncionaria optó por la denuncia.

Sin embargo, esas fisuras se han ido extremando y se pueden convertir en expresiones más amplias, que rebasen tanto la coyuntura electoral como el ámbito estrictamente universitario (con el involucramiento de los poderes judicial y ejecutivo, en sus niveles federal y estatal); en este sentido reitero las dudas sobre la profundidad, consecuencia y alcance de las rupturas.

La incertidumbre generada, ha impulsado la conformación de espacios de diálogo entre académicos y estudiantes, que han iniciado a profundizar en la problemática y lanzar algunas propuestas que buscan avanzar en la democratización de la vida universitaria y el restablecimiento de la legalidad. Si bien son iniciativas con poca difusión y participación, son indicios del agotamiento (¿hartazgo?) del modelo académico y laboral existente, así como del poder de la élite burocrática.

La campaña mediática para el lanzamiento de la candidata oficial, la descalificación contra algunas de las precandidaturas y el triunfalismo de la burocracia, son complementados con las viejas y nuevas prácticas que favorecen a dicha candidatura, la cual se vino construyendo desde hace meses, utilizando las prácticas del “convencimiento” hacia abajo: iniciando desde la cúpula, con el cierre de filas de los funcionarios de alto nivel (previo ejemplo de exclusión de la Secretaria General), quienes se encargaron de dar a conocer sus simpatías hacia los mandos medios y administrativos; quienes a su vez difundieron que los de “arriba” ya habían indicado quien vendría a ocupar la oficina rectoral. Los apoyos de la administración central a directores y consejeros universitarios también fueron “recordados” (cobro de facturas), por lo que ellos a su vez transmitieron la resolución a sus respectivas facultades e institutos.

Por su parte, los tutores iniciaron la campaña con los estudiantes, invitándolos a conocer el curriculum de la que será la próxima rectora y solicitando su firma en apoyo. Asimismo, de manera “casual”, se emitió una convocatoria para otorgar definitivas a los académicos que cubran requisitos, que, junto con las contrataciones temporales, se convierten en formas de clientelismo y presión laboral; en este mismo sentido, está también la emisión de la convocatoria para participar en el Programa de Estímulos al Desempeño del Personal Administrativo. Tampoco es sorpresa que el sindicato de académicos (ASPABUAP) ha sido uno de los primeros que declaró su beneplácito con la candidatura. Funciona el corporativismo clientelar.

A estas alturas es imposible que la rectoría enmiende el proceso ilegal, el triunfalismo y las medidas para resguardar sus intereses, colocan a la Institución en un sendero muy peligroso; con toda razón, cualquier universitario puede reclamar la violación a los derechos amparados en las normas vigentes (Ley Orgánica, Estatuto, etc.). De tal forma que esto no concluirá el 4 de octubre. Apelar a la intervención del poder judicial y a los poderes ejecutivos,  podrían cuestionar la misma autonomía (la capacidad de autogobernarse, de definir sus objetivos, prioridades y funciones), pero esto es resultado del uso y abuso de ella por parte de la élite burocrática, que surgió con el padrinazgo de Piña Olaya, se desarrolló al amparo de Bartlett Díaz, Morales Flores, floreciendo con Marín Torres, mostrando su capacidad de mimetización (camaleónica) con el morenovallismo y ahora con la 4T.

No puede haber duda, existe una candidata oficial que tiene asegurado su triunfo. La exaltación de su vida académica contrasta con la trayectoria de los últimos rectores, el énfasis en ser la primera mujer en llegar a ser rectora forma parte del posicionamiento discursivo de la administración universitaria como garante de las diferencias de género.

También es de reconocer que la postulación de la Dra. Lilia Cedillo ha generado expectativas y simpatías en parte de la comunidad universitaria; sin embargo, en sus declaraciones no ha hecho ninguna propuesta sobre la problemática de nuestra Institución, y mucho menos ha manifestado alguna posición crítica sobre su conducción.

Para cerrar, me parece que, a pesar del triunfalismo, la situación en la UAP tendrá que cambiar, siendo fundamental la generación de espacios de interacción y diálogo entre los universitarios, que debatan profundamente la problemática educativa de la Institución y su vínculo con la sociedad, que recuperen y amplíen las propuestas académicas y políticas planteadas, que modifiquen las prácticas antidemocráticas y autoritarias en las distintas dependencias y órganos de gobierno; que reconstruyan y resignifiquen la identidad y autonomía universitaria, convirtiendo a la Institución en un espacio social que tiene la capacidad de reflexionar y dialogar críticamente con los poderes políticos y económicos, a partir de sus actividades docentes y de investigación, contribuyendo en la formación de ciudadanos y profesionistas con convicciones democráticas, progresistas, solidarios y participativos.

(Foto de portadilla tomada de Angulo 7)