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17 Enero 2022, Puebla, México.

 Las nubes de otoño invitan a soñar al caminante

Naturaleza y sociedad /Cultura /Deportes | Crónica | 6.NOV.2021

Las nubes de otoño invitan a soñar al caminante

Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz

Ir de camino por la naturaleza/ decimocuarta crónica

David Le Breton escribe: “Maravillosa definición del caminante atento a todo cuanto se cruza en su camino, del paisaje a los animales, de las flores a los ríos, y sin escatimar medios porque a sus ojos todo se vuelve motivo de interrogación y de curiosidad, como si todo recorrido indujera un retorno a la infancia y a sus interrogaciones infinitas”.

Acompañados de esta definición, una vez más iniciamos un nuevo recorrido y nos desplazamos por los caminos artesanales. Inmersos ya en el corazón del otoño, por un lado, para impulsar el asombro de aquella niñez, llevamos con nosotros la interrogación y la curiosidad que cita Le Breton, por el otro lado, al equipaje del senderista y para despertar fresca y sonriente aquella infancia que vive en el pasado, incorporamos las recomendaciones de Gaston Bachelard, a saber, el arte de esculpir las nubes, el genio de escribir poesías con ellas a través de  sus configuraciones de la especie cúmulo o de cirro y el deseo de soñar despiertos a través de sus caprichosas formas cinceladas por el viento otoñal.

Dicho con otras palabras, al senderista, le sugerimos que, en algunos momentos de su recorrido, detenga su caminata, elija un lugar agradable, y desde ahí, eleve la mirada al cielo y haga suyo el oficio de escultor, poeta y soñador, pero, sobre todo, que vuelva a ser niño al reunir su imaginación con las múltiples formas de las nubes. Para poder llevar acabo esta actividad y así retomar una vez más el anhelado corazón de niño, le recomendamos las siguientes sentencias impresas en el libro El aire y los sueños de Gaston Bachelard:1.  Es momento de acariciar las nubes como un escultor. 2.  La presencia de las nubes nos lleva a esculpir los sueños. 3. El soñador tiene siempre una nube que trasformar. 4.  Las nubes son los objetos de un onirismo en pleno día 5. La nube nos ayuda a soñar la trasformación. 6. Las nubes son una materia de imaginación para el amasador perezoso. 7. Juego de las nubes – juego de la naturaleza, esencialmente poético… Novalis, Fragmentos.”

Hechas estas recomendaciones, los senderistas debemos considerar que una caminata, un instante de descanso en el recorrido, una botella de agua, un buen ánimo, un cielo azul, la blancura de las nubes y los recios vientos de noviembre son los ingredientes necesarios que establecen el momento idóneo para imaginar y soñar, son los elementos básicos que recrean el escenario para volver a ser niños, para repetir las caricias, que, en la tierna infancia, dábamos a las nubes, a través de sus instantes de estabilidad, los cuales nos permitían crear miríadas de esculturas con nuestra imaginación.

Conviene subrayar que éramos poetas y escultores - tal como lo ha dicho Bachelard, - y no lo sabíamos. En aquellos años de la niñez, las nubes renunciaban a ser nubes para escribir en un poema, las nubes desistían de ser nubes para esculpir una estatua, las nubes se entregaban a múltiples metamorfosis y recorrían incontables formas: conejos, perros, osos, aves, peces, flores, árboles, ríos, mares, montañas, bosques y hasta seres mitológicos y de leyendas, para establecer mundos maravillosos, las nubes se entregaban a la imaginación del niño con el único propósito de darle una caricia a su mirada y hacer brotar de su rostro una sonrisa.  

Ya de regreso a casa y para despedir este breve recorrido en el ir de camino por la naturaleza, una vez más miro a las nubes y a mis pensamientos. Sendos horizontes evocan en mi ser las siguientes palabras de Haruki Murakami: “Los pensamientos que acuden a mi mente cuando corro se parecen a las nubes del cielo. Nubes de diversas formas y tamaños. Nubes que vienen y se van. Pero el cielo siempre es el cielo. Las nubes son sólo meras invitadas. Algo que pasa de largo y se dispersa.”

 

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