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19 Agosto 2022, Puebla, México.

Los caminos pedregosos -Porfirio Tepox Cuatlayotl

Cultura /Naturaleza y sociedad | Crónica | 8.ABR.2022

Los caminos pedregosos -Porfirio Tepox Cuatlayotl

Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz

Ir de camino por la naturaleza/ vigésima sexta crónica

Antes de iniciar su marcha, el caminante piensa en los caminos que ha de recorrer. Ciertamente los senderos más deseados, al llegar a los escenarios naturales, son aquellos que son transitables, aquellos que el bosque reviste con su aroma peculiar a madera, aquellos que, en su periferia, la vegetación favorece, pintando viñetas en cualquier estación del año. Asimismo, es de sobra conocido que muchos caminantes no desean transitar los caminos pedregosos, porque caminar estos senderos requiere más esfuerzo, además, los pies sufren cada paso en el avance, a todo esto, le podemos agregar que los caminos pedregosos dan la sensación de que estos espacios son inhabitables.

Pero no todo en las piedras es símbolo de esfuerzo, sufrimiento y soledad, ya que después de una larga caminata, una piedra colocada en la base del tallo de un árbol se convierte en la silla y en la cama del caminante, se trasforma en un espacio de quietud en donde puede sentarse, recostarse, establecerse, dormir y hasta soñar al abrigo de la sombra del árbol, del mismo modo el caminante es cobijado por todas las formas que constituyen a este ser vivo: raíz, tallo, ramas, hojas, flores y frutos. En este sentido, las piedras ahora son una atmosfera de confianza, un espacio de comodidad que da sosiego a los pasos del caminante tras una larga jornada.

Otra perspectiva de las piedras es su paz, ese silencio que nos dice mucho, que nos habla y comunica mensajes sin decir palabras, ese silencio que el caminante tiene que aprender a escuchar y leer. Dicho de otra manera, el viajero de los caminos artesanales tiene que estar atento a las notas que proporcionan las piedras calladas. Pongamos algunos ejemplos para iluminar nuestro propósito. Hay piedras sagradas y curativas, piedras que evocan formas de animales y de leyendas, piedras que su presencia se convierte en la razón de la denominación de algunos parajes como es el caso de “Hueyaltetl”, la piedra grande, piedras que han sido consideradas el punto límite entre dos parcelas o la marca que divide a dos comunidades. En este sentido, las piedras denominadas linderos proporcionan una división para dar orden a un espacio geográfico regional, nos ayudan a comprender la cartografía de los pueblos y la convivencia de sus habitantes. Estos y muchos otros mensajes nos comunica el silencio de las piedras.

Un aspecto más de las piedras es el tiempo que trascurre en ellas, es el atesoramiento de acontecimientos que da origen a su historia, la cual el caminante puede leer en cada marcha hacia los escenarios naturales. Para iluminar esta nota, nos apoyamos en las siguientes palabras de M. Amos Clifford: “las piedras han hecho largos viajes durante cientos de miles de años; algunas han cruzado hasta varios continentes. Han estado sometidas a continua remodelación, bañadas en fuego, retenidas en las profundidades en el abrazo de la tierra e inspeccionadas en la superficie por la luz del sol, de la luna y de las estrellas. Unas pocas han viajado desde otros planetas. Hay un número infinito de piedras en el planeta Tierra y sin embargo cada una de ellas es única”.  Una vez más citamos a M. AMOS Clifford para coronar este párrafo, éstas son sus palabras: “Imagínate el viaje que una piedra ha vivido y que la ha traído hasta este momento, tal vez tiene una larga historia que contarnos, si sabemos escuchar.”

Para conocer estas y otras historias de las piedras, únicamente tienes que ir de camino por los bosques, los parajes y los senderos artesanales. Caminante de la vida, no olvides hacerte acompañar de una pequeña libreta y un lapicero, porque seguramente en tus primeros pasos encontrarás la primera piedra que te recuerde una de las letras de José Alfredo Jiménez: “Una piedra en el camino, me enseñó que mi destino, era rodar y rodar”. Unos pasos más adelante, otras piedras traerán a tu memoria las palabras del Poeta Esquilo: las piedras son los huesos de la tierra”.  Y unas horas más tarde, en la caminata, abrazados por el atardecer, podremos entonar la siguiente canción de Alex Lora: “las piedras rodando se encuentran y tú y yo algún día nos habremos de encontrar…” Todos estos acontecimientos, uno en continuación del otro, podrán ser resguardado en tu pequeño diario de viaje, en tu pequeña libreta de caminante. 

Ahora bien, así como las piedras imprimen el tiempo y los acontecimientos en su ser, también se resisten a cambiar a través de él, pues es de sobra conocido que muchas rocas rechazan la alteración de sus formas, provocada por el paso del encadenamiento de los años, por el transitar de una estación tras otra, por la presencia de la lluvia, el sol, el viento y las gélidas mañanas de invierno, todos estos acontecimientos no modifican la forma, ni el color, de las piedras, pareciera como si su existencia nunca terminara, como si estuvieran hechas para la eternidad.  

Casi para terminar este recorrido, el caminante debe saber que la dureza y la rigidez son características propias de las piedras, y aunque, parezca contradictorio, esta característica las hace un buen lugar para atesorar el recuerdo,  ya que esta estabilidad presenta a las rocas como el libro en el que se escribe con dificultad, pero lo escrito toma una hondura difícil de borrar, asimismo, su solidez hace que el escritor redacte con esfuerzo, trabajo y sacrificio, mas estos condimentos de la escritura proporcionan eternidad a las letras.

Caminante de los senderos artesanales, si no tienes la oportunidad de cincelar o de escribir en las rocas para eternizar los momentos de la vida, únicamente sitúate sobre una de ellas que te permita ver un paisaje hermoso, no tiene que ser una roca que exija que la escales y te pongas en riesgo, puede ser una roca pequeña que te ayude a elevarte un poco más, quizá un metro o dos son suficientes para ver el horizonte anhelado, luego lanza tu mirada hacia cualquiera de los cuatro puntos cardinales, acompañada de tus pensamientos y tus sentimientos, enseguida la estabilidad y la solidez de las rocas, integrada con el horizonte, te darán la sensación de que tus pasos tienen frente a ellos un sendero infinito.  

Para finalizar este escrito y después de recorrer algunos de los elementos que atesoran las piedras, queremos agregar que la marcha en los caminos artesanales y los caminos pedregosos se convierte en el instante para recordar un par de pensamientos del escritor Juan Rulfo: Primero: “Y a mí se me ocurre que hemos caminado más de lo que llevamos andado.” Segundo: “Camino y camino y no ando nada. Se me doblan las piernas de la debilidad. Y mi tierra está lejos, más allá de aquellos cerros.”

 

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