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12 Junio 2024, Puebla, México.

Elefante reumático sin colmillos (también elefanta) / Carlos Figueroa Ibarra

Política | Opinión | 7.MAR.2023

Elefante reumático sin colmillos (también elefanta) / Carlos Figueroa Ibarra

Según Armando Bartra, la sociedad civil no ha aparecido sino circunstancialmente en estos 4 años

(Foto de Daría San)

El sábado 4 de marzo se realizó el primer conversatorio del ciclo El presente de México y lo que sigue, con la presencia de Elvira Concheiro y Armando Bartra. A mi juicio el tema principal del mismo fue el de la soberanía. El de la soberanía del Estado y el de la soberanía de la sociedad o la soberanía popular. Como titular de la Tesorería de la Federación, Elvira comenzó abordando este tema informándonos a lo/as asistentes al evento, el hecho asombroso de que la dependencia a su cargo no tiene el manejo de los tres billones de pesos que constituyen el presupuesto nacional, sino que el mismo le corresponde a los 24 bancos, que reciben directamente los impuestos que pagan la ciudadanía y los causantes fiscales en México.

Son esos 24 bancos los que no solamente reciben el dinero que constituye el erario, sino que son los encargados de dispersar los fondos en los distintos rubros que constituyen el presupuesto aprobado por el Poder Legislativo mexicano. El corregir esta anomalía no está en la potestad del Poder Ejecutivo sino en el Banco de México, el cual es una de las instituciones autónomas del Estado que existen en el país.

El planteamiento de Elvira Concheiro es revelador de la gobernanza que la Cuarta Transformación ha heredado del periodo neoliberal. Esa gobernanza no es otra sino la de conferir a poderes privados y/o autónomos funciones que le deberían corresponder al Estado. He aquí el diseño de gobernabilidad que los grandes poderes fácticos construyeron a lo largo de cuarenta años y que en determinadas áreas tienen al poder político amarrado.  Con ello escamotean a la soberanía popular que ejercida a través del voto, confiere a los gobernantes electos el que gobiernen plenamente.

A las instituciones autónomas [INE, la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE), y el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) etc.] deben agregársele los fideicomisos que enquistados en las diversas instancias estatales también son manejados con autonomía. Si a esto agregamos el burocratismo y la corrupción oculta en los diversos pliegues estatales, el elefante no solamente es reumático sino tampoco tiene colmillos.

Lo del elefante sin colmillos lo agregó Armando Bartra en su intervención. Pero también dijo que no solamente habría que hablar del elefante reumático y sin colmillos, sino también de la elefanta reumática y sin colmillos. La elefanta es según Bartra, la propia sociedad civil, que no ha aparecido sino circunstancialmente en estos cuatro años de la 4T. La ausencia de un significativo poder social autónomo y protagónico tiene consecuencias perversas. Una de ellas sería la anulación de la democracia participativa en la que la participación ciudadana se reduciría a salir a votar, tal como lo soñó el ideólogo de la democracia neoliberal Joseph Schumpeter.

La otra perversidad la mencionó Elvira Concheiro. Una sociedad civil pasiva, es decir la ausencia de una soberanía popular ejercida de manera participativa, crea el peligro de una ciudadanía oportunista que termina siendo clientela de los distintos partidos políticos y los ve como oferentes de dádivas, constituyéndose como mercados electorales de agencias mercantiles y demagógicas. El “a ver quién da más” sustituye al electorado que discierne cuál de las fuerzas políticas encarna de mejor manera lo que Gramsci llamó el “espíritu estatal”, es decir, el interés de la nación en su conjunto.

Así como la Tesorería de la Federación no puede ejercer la soberanía del Estado para el manejo y distribución de los dineros públicos, en México como bien lo señaló Armando Bartra todavía falta mucho por hacer para ejercer otras soberanías: la soberanía energética, la alimentaria, la científica y tecnológica etc., Siendo cierto esto, me parece que las dos grandes soberanías que hay que construir son las del Estado y la popular. Y deben ir unidas. Porque una sin la otra, terminará siendo la repetición de lo que ya hemos vivido: el régimen del partido de Estado.