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12 Junio 2024, Puebla, México.

Peñas Blancas: viaje al territorio de la flor, la piedra y el agua / Sergio Mastretta

Cultura /Naturaleza y sociedad /Sociedad | Reportaje | 16.MAY.2024

Peñas Blancas: viaje al territorio de la flor, la piedra y el agua / Sergio Mastretta

En Zautla la cañada del río Apulco. Pensar en retazos la transparente contradicción del agua perdida

 

Peñas Blancas le dicen, así, en plural, aunque de lejos asemeja una fortaleza medieval, un baluarte de diez torres prendido en el fondo de la cañada que se perfila contra el denso bosque de la montaña. La roca, la nombro, aunque por el rumbo de plano la miran como la Roca Madre. La roca, digo, porque cuando la contemplas entre el follaje se te viene encima el monolito de doscientos metros al pie de la cueva milenaria que se mete en su entraña, y casi buscas refugio en ella para salvar del vértigo al espíritu que busca con la mirada alcanzar la cima. Un arroyo seco se perfila a sus pies, es el arranque del río Ixtactenango, una barranca que sin un hilo de agua en este mes de mayo se atranca en el río Apulco ocho kilómetros abajo.

 

Inexpugnable, el monolito soporta el asedio de los árboles encaramados a sus faldas.

 

A la roca sube la gente en peregrinación. Por ello la ermita dedicada a un San Juan que reposa enrejado al fondo de la cueva, un socavón de cuarenta metros de ancho cuya bóveda alcanza los quince metros en su vértice. La arena volcánica de la explanada de la caverna recuerda que aquí ardía la lava en la era geológica; el macizo mismo de la roca en la desnudo vertical de sus paredes confirma la petrificación de la roca hirviente.

 

A San Juan le llegan las plegarias campesinas por el agua.

 

Este fotograma en youtube da una idea de la dimensión del hueco al pie del monolito.

 

Se aprecia también la enorme abertura en la piedra con esta imagen tomada desde el interior de la cueva.

 

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Por la roca fuimos a este oculto rincón de la cañada del río Apulco, reseco y constreñido al fondo en un cañón de treinta metros cuando lo cruzas desde la comunidad de Ocotzingo hacia Ixtactenango. El Apulco es una rajadura en la piedra geológica sin torrente en mayo que se descuelga en mil arañazos desde los tres mil metros que forman el bordo sur poniente del municipio de Ixtacamaxtitlán y que corre al norte ya en el territorio de Zautla hacia Xochiapulco y, más adelante, la cascada de Apulco. No corre el agua en la rotunda seca. Los paredones que lo cercan son testigos mudos de la sobrevivencia de la vida acuática en los fosos al fondo del barranco.

 

La cañada del río Apulco es un cuenco árido que corre por decenas de escurrideros primero de poniente a oriente en Ixtacamaxtitlán para quebrar hacia el norte rumbo a Zautla. En su tranco alto alcanza los 50 kilómetros lineales desde los 3,500 metros que alcanza el monte fronterizo con Tlaxcala hasta los linderos entre Zautla y Xochiapulco. El bosque de las escarpadas montañas resiste impávido los vientos secos del norte que han olvidado cargar hasta ellos la humedad del mar; en el lomerío que circunda la línea del río los pinos y encinos le dejan el campo libre a los agaves, los cactus y los izotes en un paisaje semidesértico que mejor recuerda la florida aridez de la mixteca.

La cañada del río Apulco.

 

 

En 1909 inauguraron este puente. Eran los estertores del porfiriato. Pero en la sierra se esforzaron para enfrentar la más grave de las contradicciones que sufre cualquiera que vive en estas montañas: el aislamiento. El camino que lleva hacia Ixtactenango es de terracería y se desprende de la carretera que comunica a Zautla con el vecino municipio de Xochiapulco. 18 pesos cuesta la combi que lleva desde la cabecera municipal de Zautla hasta Ixtactenango La política va de la mano de la obra pública, así que a Marco Alejo, actual alcalde en Zautla y candidato de morena para repetir en la elección del 2 de junio, le urge que, de últimas en su mandato, se termine de adoquinar el tramo que va de Acatzacata a Ocotzingo. Hace 115 años los serranos ya habían construido este puente.

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Pensar en el río que fue. Cuenta la maestra Guadalupe Corro Fernández:

Recuerdo que hace más de 40 años pasaba el río caudaloso entre San Andrés Yahuitlalpan y Contla. Crecía tanto con la lluvia que llevaba piedras, árboles, magueyes y hasta animales. Una vez se llevó el puente colgante que era lo único que permitía el paso entre los dos pueblos. Cuando estuve en el verano del 83, tenía que regresar a inscribirme en la UDLA, pero empezó la lluvia más arriba y de repente empecé a oir un tronido, así que salí a ver qué pasaba y es cuando veo la gran cantidad de agua que estaba llenando el lecho del río con total fuerza y tanto ruido que no se oía la voz de alguien que hablara junto a uno. Me dijeron que bajaría pronto y que podría pasar. Así que esperé uno, dos y tres días y tuve que decidir salir cruzando por la Sierra hacia otras comunidades más arriba para poder tomar transporte. Fue impresionante como crecía el río en cuestión de minutos. Que tristeza que eso ya es historia.

 

Otra es la historia del río en estos años de la emergencia por el agua.

 

El fondo seco del río Apulco.

 

El río perdido en la seca se compone de centenares de arroyos y barranquillas que bajan de las montañas. Entender desde el agua la vida de los pueblos. En ello pienso mientras escribo esta crónica. Las aguas de los manantiales escurren en innumerables mangueras hacia las comunidades. En cada uno de ellos una cruz adornada con flores cada 3 de mayo simboliza la importancia que tienen para la sobrevivencia campesina. La vida humana se sacia de la montaña en abrevaderos que ya no corren en arroyos y barrancadas hacia el río. Muchas comunidades de Zautla se asoman al río desde sus campos de cultivo que terminan de golpe contra el precipicio. Otras están colgadas en lo alto del monte, abiertas sus parcelas en el bosque talado. Ahora mismo todas esperan la lluvia.

 

Una cruz alerta el reflejo espiritual del agua de manantial almacenada para escurrir por tubería a todo lo largo de los cuatro kilómetros desde este punto en el bosque hasta la comunidad de Ixtactenango. Las familias campesinas adornan con flores y agradecen el alivio del agua en una ceremonia que realizan el 3 de mayo.

 

En cada rincón del monte alto un manantial y la cruz que implora por la bendición del agua. En la imagen la cruz que guarda el ameyal que surte a la comunidad del Centro de Estudios para el Desarrollo Rural, el CESDER, en Zautla.

 

De camino al monolito encontramos a un grupo de campesinos atareados en la descarga de ladrillos, arena y cemento. Son de la comunidad de Guadalupe Hidalgo, trepada en un monte al norte de Ixtactenango, y trabajan para ampliar la capacidad del tanque que almacena el agua del ameyal que por una manguera baja desde lo alto de la montaña hasta el pueblo. En adelante no queda más que la resignada fuerza de dos burros para trepar el material hasta el más elevado de los manantiales. Muy arriba en el cerro está su manantial.

 

Hora y media de vereda en el bosque para alcanzar con la carga la carga de arena para la obra en el manantial que surte de agua a la comunidad de Guadalupe Hidalgo.

 

Vista satelitall de las comunidades de Guadalupe Hidalgo e Ixtactenango en las inmediaciones de Peñas Blancas.

 

Guadalupe Hidalgo es una de tantas comunidades plantadas sobre las pequeñas planicies taladas para el maíz y el frijol en lo alto de los cerros. Contrasta con Ixtactenago, arrimada abajo en la barranca. Una y otra tienen abiertos desde siempre las parcelas de la economía campesina temporalera. En el municipio de Zautla, con datos de INEGI 2020, viven 20,317 personas dispersas en 32 comunidades rurales, y 15,229 de ellas en caseríos como estos dos pueblos vecinos. 19,448 personas viven en pobreza moderada, pero más de siete mil en pobreza extrema (el 30.8%, cuando en el 2015 solo el 23% de las personas vivía con esa condición). Una de cada cinco personas no tiene acceso al agua potable; 36 de cada cien viviendas carecen de drenaje; 8,900 personas viven en hogares en donde se cocina con leña pero los fogones no cuentan con chimenea; 43 de cada cien viviendas no tienen más que un cuarto. El mestizaje no logra ocultar la raíz indígena: 47 de cada cien personas tienen hablan náhuatl.

 

El templo centenario en la comunidad de Ixtactenango, de 212 habitantes. Imagen de internet.

 

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En marzo se prendió el monte en Peñas Blancas. Uno de tantos incendios que en estas secas han arrasado los bosques serranos, igual en Zacatlán y Tetela que en Ixtacamaxtitlán y Zautla. Las imagenes revelan la dimensión de la catástrofe. Vale el testimonio gráfico para comprender la magnitud de los eventos que año tras año azotan la sierra en la temporada de secas.

 

El incendio en la cañada de Peñas Blancas visto desde la comunidad de Ixtactenango. Foto tomada de internet.

El fuego arraza sin pudor el sotobosque, deja renegridos pinos, ilites y encinos. Foto tomada de internet.

 

Las cuadrillas campesinas enfrentan lo mejor que pueden el incendio. Foto tomada de internet.

 

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El sábado 4 de mayo sólo queda la huella negra de la ceniza en la cañada. Por ahora no pega el viento y se puede escuchar el rumor alegre del jilguero. Un zafiro destella en la serenidad caliente del mediodía. El ojo certero de la bióloga Alicia Mastretta atrapa el vuelo del colibrí en el florido espacio del quiote con el que el maguey rinde el fruto de su existencia en esta tierra.

 

 

De flor en flor el mito. Basilinna leucotis lo identifica con certeza CONABIO: “También se le conoce como zafiro orejas blancas. Es una especie residente de México. Se distribuye en tierras altas desde el noroeste de México al sur a través de la Sierra Madre Occidental y desde la Sierra Madre Oriental al sur, en el Eje Neovolcánico, la Sierra Madre del Sur, las montañas de Chiapas y Guatemala, hasta Honduras y Nicaragua. Vive en bosques de pino y pino-encino y en sus bordes (1 200 -3 500 msnm). Es un colibrí de talla mediana; mide de 9 a 10 cm y pesa de 3.2 a 3.6 g. El macho tiene el pico rojo con la punta negra. Tiene una línea postocular blanca muy notoria que baja hacia el cuello. Mejillas negras. Frente y barbilla violeta brillante. La garganta es azul turquesa iridiscente. La corona, nuca y espalda son verdes y la rabadilla y parte superior de la cola son canela. El pecho y los flancos son grisáceos con manchas verdes, el resto del vientre es gris verdoso. La cola es verdosa, ligeramente bifurcada. La hembra tiene la mandíbula roja. La corona es verde-café. Garganta blanca con manchas verdes. El resto del vientre es blancuzco o ante, con algunas motas verdes. La cola es verde con las plumas exteriores oscuras con bordes blancos. Los inmaduros se parecen a las hembras. Es una especie con vulnerabilidad media. Está incluida en la Lista Roja de la UICN en la categoría de Preocupación menor (Least concern LC) y en el Apéndice II de la CITES.”

Otros vuelos en estas cañadas reconoce la mirada calificada de Alicia.

 

Abejorro Carpintero (Género Xylocopa), un experto ordeñador de nectar.

 

Clarín Jilguero (Myadestes occidentalis). Lo escuchamos camino de Peñas Blancas.

 

Moscas Abeja del Carbón (Género Anthrax). Siempre inevitables golosas, diría Machado.

 

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Otros incendios amenazan estas montañas. El del acoso industrial por ejemplo. Río arriba, los ejidatarios de Tecoltemi ganaron un amparo contra la intención de la minera canadiense Almaden Minerals de implantar a cielo abierto la expliotación de oro y plata. Ya más cerca de Zautla, en la otra orilla del Apulco, la amenaza vino por unos mineros chinos.  Recupero las voces de una asamblea popular realizada el 7 de noviembre de 2012, cuando las 32 comunidades del municipio de Zautla expulsaron del territorio a la empresa de origen chino JDC Minerals:

 ¿Cómo se expresa el rechazo a un proyecto minero en la región serrana? Fueron muchas las voces el miércoles 7 de noviembre en el auditorio de la cabecera municipal de Zautla que lo muestran:

“¡Despertemos, los afectados somos todos! ¡Somos indígenas, tenemos derecho a la consulta!”, ha dicho una alfarera de san Miguel.

“¡Nos organizaremos hasta las últimas consecuencias!”, concluyó el Juez de Paz de Buenavista.

“¿Y quién se lleva toda la riqueza? ¿Lo sabe el gobierno? Recuerden que las mafias están arriba", reflexionó el presidente del comité de agua Potable de Huitzilzilapan.

“¡No a la minería, pero no porque sean chinos. No queremos minas, ni de extranjeros ni de mexicanos!”, afirma el director de la primaria de Tlajcomulco.

“Algún día los mineros se irán, y dejarán las sustancias tóxicas, y los pueblos quedarán olvidados”, razona el director de la primaria de Cruz Blanca.

“¿Ofrecen un hospital? ¿Y ustedes creen que ahí van a curar el cáncer?”, cuestiona un padre de familia de Tepeyac.

Pero también una voz crítica, la de la directora del bachillerato Juan Escutia, en San Migel tenexttiloyan: “Aquí debe estar la contraparte, y saber lo que dicen en el gobierno estatal y en el federal. Debemos conocer los riesgos, pero también los beneficios. Nosotros también contaminamos, y por la carretera vemos pasar los camiones cargados de madera de la tala. Gracias a dios tenemos esas minas, si no se explota el oro no dejará ningún beneficio”.

PUEDES LEER AQUÍ: 

¿Cómo se construye el rechazo a un proyecto minero?

 

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El joven encuestador es la única alma viva en las calles de Ixtactenango. Lo más inteligente es resguadarse del sol de infierno que quema las calles de tierra. Pero él se ve contento enfundado en la gorra y con su tabla de interogantes con las que barre casa por casa la intención del voto popular del próximo 2 de junio. En las bardas compiten fieramente Marco Alejo por Morena --quien busca la reelección como alcalde-- y Vìctor Iglesias que esta vez por el Verde busca volver al cargo que ocupó entre 2011 y 2014, cuando encabezó las 32 asambleas comunitarias que decidieron la expulsiòn de la minera china JDC Minerals. Entonces era un niño el encuestador de Data Cívica.

--¿Y cómo anda por aquí la intención del voto? --le pregunto bajo el sol que nos calcina.

--¡Uh, aquí la gente no quiere saber nada de los candidatos! --me dice--, aqui de plano no van a votar por ninguno.

--Pero ese tal alejo se anuncia en todas las bardas a la vista...

--Por ese es por el que menos van a votar aquí.

Lo dejo seguir su camino.

 

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Llevo de regreso a Puebla estas imágenes serranas. Meros retazos desde un paraje desconocido para intentar comprender la emergencia del agua en los montes de los pueblos originarios. En la carretera me sorprende un bloqueo organizado por los campesinos de Ocotepec por el enojo que les produce el uso de cañones antigranizo por las industrias y los campos de producción agrocapitalista en los llanos de San Juan. Los mismos campesinos nos indican una ruta alterna por una terracería anegada de un polvo fino que se levanta en remolinos densos al paso de los vehículos. Es una niebla de polvo hirviente. Me pregunto si los nubarrones que se alzan sobre la cordillera del Apulco anuncian el socorro del agua en la Sierra.