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15 Julio 2024, Puebla, México.

Elecciones: un recordatorio sobre la operación electoral / Sergio Mastretta

Política | Ensayo | 30.MAY.2024

Elecciones: un recordatorio sobre la operación electoral / Sergio Mastretta

Del libro Dinero ilegal, elecciones y operación de estado en Puebla. Episodio 3: 1988 – 2019

Presentación

Con los testimonios que se presentan en este libro escrito por Sergiio Mastretta y publicado por Puebla Contra la Corrupción y la Impunidad, A-C. –el tercero del conjunto que llamamos Dinero ilegal, elecciones en Puebla 2018-2019–, queremos cumplir con el propósito de describir los mecanismos de la manipulación del voto en el estado de Puebla durante los procesos electorales de 2018 y 2019. Son las voces de algunos actores que han formado parte de una acción compleja de intervención en la construcción de lo que los políticos llaman la estructura y la operación electoral en Puebla. Los testimonios se presentan anónimos, salvo en un caso. Tal fue la condición que exigieron. Los informantes son actores con cargos públicos en gobiernos y organizaciones políticas en Puebla, y hablar pone en riesgo su chamba y su seguridad personal. El propósito fundamental es exponer procesos y estructuras determinantes para comprender los procesos electorales en nuestro país, y por ello nuestra decisión de publicarlos.

Introducción

Una operación de Estado 

¿Qué es el clientelismo electoral? ¿Y su consecuencia, la compra del voto? ¿Una mera sucesión de hechos impredecibles y arbitrarios, desconectados entre sí, despojados de las redes que los sostienen?, ¿una trama enmarañada de hilos sin nombres ni intereses, objeto de procesos al final inasibles e irracionales? ¿O una operación sistemática, organizada, estructural, que responde a una planeación estratégica de personas y grupos que se disputan el poder político del Estado en una sociedad concreta como la mexicana? Dos extremos, entonces, alumbran el clientelismo electoral como una categoría analítica fundamental para entender las erráticas instituciones de la democracia mexicana y el Estado que las contiene: o la visión de un proceso caótico inmanejable rematado siempre por la frase al final de cualquier contienda electoral, “se robaron las elecciones”; o la perspectiva sistémica, racional, de un aparato del Estado (“la estructura”) diseñado con la función estratégica de la conservación del poder político por la manipulación (“la operación electoral”) a través del control de los organismos institucionales dispuestos por la ley para la organización, el ejercicio y la calificación de las elecciones. Analizarlo entonces como una construcción histórica compleja a cargo del Estado. Una realidad que obliga a una descripción rigurosa de los procesos sociales que le han dado forma a lo largo de los últimos cuarenta o cincuenta años, los que van de la era de la hegemonía absoluta del partido de Estado, el PRI, a los de su desmantelamiento por la vía de una competencia real de partidos por el poder político, con una recomposición de los fundamentos legales de las instituciones democráticas en México a través de sucesivas reformas a la ley federal electoral entre 1991 y el 2014.

El clientelismo electoral, entonces, es el mecanismo vital de un engranaje construido desde el Estado priísta con el propósito estricto del control de los organismos y procesos electorales. Esa es la explicación de raíz de la existencia del llamado partido de Estado. El análisis tiene que partir de lo sucedido en Puebla a partir de los años ochenta y hasta la crisis institucional sufrida en la coyuntura 2018-2019. A cargo del gobierno del estado de Puebla se construye sistemáticamente una estructura orgánica, operativa y financiera, con el control directo por parte del gobernador en turno, diseñada para la manipulación de las elecciones a favor del partido del gobierno. Tiene su punto de partida como acción consciente del grupo en el poder del aparato estatal en el fraude electoral ocurrido en la elección municipal de la ciudad de Puebla en 1983. Se construye y desarrolla como respuesta a la movilización popular contra el autoritarismo del Estado priísta en los años 80, y ocurre sin contratiempos mayores que pongan en riesgo la existencia de los grupos de poder en el estado a lo largo de los gobiernos de Guillermo Jiménez Morales, Mariano Piña Olaya, Manuel Bartlett y Melquiades Morales, pero se rompe en el sexenio de Mario Marín, comprendido en los años de la presidencia panista en el gobierno de la república, con el advenimiento del régimen morenovallista.

Se pueden identificar así algunos elementos fundamentales de la existencia de un aparato de Estado para la operación de los procesos electorales en Puebla:

  • El clientelismo electoral forma parte de una estructura orgánica del Estado en Puebla, organizada desde el gobierno estatal y el pri como partido de Estado. Se visualiza y construye racionalmente en el contexto de la coyuntura electoral de 1983, cuando el gobierno de Puebla a cargo de Guillermo Jiménez Morales se ve obligado a cometer lo que, en palabras del propio gobernador entonces, se denominó “un fraude patriótico” en la elección de la alcaldía poblana en aquel año, cuando con la participación del ejército y la policía “se levantaron las casillas”, para utilizar una expresión a cargo del propio mandatario decidido a enfrentar el masivo voto ciudadano en contra del candidato del pri.
  • El gobierno del estado de Puebla construye entonces un aparato del Estado, ilegal en su fundamento jurídico, pero funcional y orgánico, soportado operativa y financieramente desde la Secretaría de Gobernación. El gobierno encarga a un grupo de políticos profesionales la construcción de una maquinaria de operación electoral diseñada para enfrentar a la creciente oposición política al régimen priísta. Una acción estratégica que incluye la creación y control de origen de los nuevos organismos electorales que surgen de las reformas a la ley federal electoral tras el fraude en la elección presidencial de 1988 y la elaboración de las normas operativas de los propios partidos políticos en sus procesos internos. Un diseño estratégico que se asegura también la administración de los mecanismos legales para la distritación de las secciones electorales. Es el llamado “reseccionamiento” de las casillas en todo el estado con el objetivo estratégico de romper el crecimiento regional del voto opositor al pri.
  • Es una estructura que se asegura de que, más allá de las modificaciones legales para la conformación de los organismos electorales autónomos, no se pierda el control de la autoridad electoral, igual la operativa que la judicial. • Es una estructura en movimiento permanente, que se transforma en paralelo a los cambios políticos y sociales que ocurren por una creciente movilización social en pro de la democratización de las instituciones del Estado, en particular las que corresponden a los procesos de trasmisión del poder.
  • Esta estructura, que se construye por la mano del gobierno estatal en las décadas 70 y 80 del siglo pasado, sufre una descomposición en la coyuntura del cambio de siglo, explicada por la ruptura interna de los grupos de poder que controlan el aparato del gobierno priísta, que enfrenta a los grupos políticos de Manuel Bartlett y Melquiades Morales en la sucesión para la gobernatura en 1998, conflicto que se reproduce en la coyuntura del 2004 entre el propio Melquiades y el bartlista Mario Marín, que encuentra una solución temporal que favorece el ascenso de este último ala poder en el 2004, pero que deriva en ruptura total con el protagonista principal de esta historia, Rafael Moreno Valle, un político priísta de perfil tecnócrata ligado a Melquiades Morales que encuentra en su conversión al panismo en el 2006 la ruta para plantar su marca propia. Este rompimiento lleva aparejado la “despriízación” del aparato estatal de operación electoral.
  • El poder nacional representado por la figura del presidente de la república, un elemento fundamental sin el que no se puede explicar la existencia histórica del partido de Estado, también ha sufrido una transformación sustancial en este proceso de descomposición de la maquinaria de control y manipulación electoral. A su deterioro como fuerza de poder en las regiones del país en los sexenios de Zedillo, Fox, Calderón y el propio Peña Nieto, ha correspondido el empoderamiento de los gobernadores como fuerza hegemónica, con Moreno Valle como ejemplo extremo en Puebla.
  • Esta estructura, en su complejidad, no se explica sin analizar los procesos locales y regionales existentes en las disputas entre los grupos de poder fáctico a lo largo del estado. Es decir, la ruptura del priísmo en la capital lleva en paralelo rompimientos, desmarques políticos y reconfiguraciones de los cacicazgos de tradición priísta en los centros de poder como Tehuacán, Matamoros, Texmelucan, Sierra Norte y Sierra Nororiental. Al parejo también, el empoderamiento de nuevos grupos de poder regional asociados a las alianzas que en Puebla se generaron con el ascenso al parejo del morenovallismo y la imparable ola obradorista.

Por ello, es fundamental entender este proceso de descomposición de la estructura del partido de estado y su maquinaria de manipulación electoral. Podemos identificar tres momentos específicos que devienen en ruptura del aparato estatal diseñado y organizado para el control de las elecciones. 1. En los años 90, con el desmantelamiento del grupo operativo de la estructura a cargo del político Pepe Alarcón Hernández, operador principal del aparato en los años 80. 2. En la primera década del siglo, con la toma de la estructura por Rafael Moreno Valle ya convertido al panismo. 3. En el 2019, con el desmantelamiento y fragmentación del aparato morenovallista y su recomposición en la abigarrada alianza entre grupos de poder priista y morenovallista con la marca morena-López Obrador y que encabeza hoy Miguel Barbosa.

  • Este análisis debe permitir comprender entonces lo ocurrido con el llamado partido de Estado. La debacle del PRI, la pérdida del aparato de gobierno y la descomposición de su maquinaria electoral, ha derivado en la fragmentación de los grupos de poder, en la recomposición de fuerzas, en creación de nuevas redes y alianzas en las distintas regiones del Estado. Si con Rafael Moreno Valle ocurrió una vuelta al poder absoluto en la figura del gobernador del estado, su muerte confirmó el proceso de fragmentación política. La bajísima votación obtenida por morena y la dependencia del candidato Barbosa respecto de las alianzas con grupos de poder priístas y morenovallistas, lo confirman.
  • Esta descomposición del aparato hegemónico en el estado de Puebla, acelerada tras la muerte de Rafael Moreno Valle, se ha manifestado también a nivel regional y local con la figura de los partidos membrete o mercenarios (pt, Verde, mc, pccp y psi) dispuestos al servicio de los grupos de poder fáctico locales y regionales.
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Dinero ilegal, elecciones y operación de estado en Puebla. Episodio 3: 1988 – 2019