enero 28, 2026, Puebla, México

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¿Elecciones en la UAP? Continuidad de la élite burocrática / Germán Sánchez Daza

En 1993, hace ya 32 años, se ratificó la continuidad de una forma de gestión institucional, basada en procesos electorales que anularon la votación universal, directa y secreta de la comunidad universitaria; imponiendo los votos sectoriales, que garantizaron los intereses y políticas de lo que hemos denominado élite burocrática. A través de la normatividad, la instrumentalización de las relaciones laborales y el control del funcionamiento escolar se aseguró la reproducción de esa élite, usando también distintas prácticas clientelares y, cuando fue necesario, se ha recurrido a la fuerza directa; todo ello ha permitido la permanencia de esa también denominada “burocracia dorada”.

De esta forma, los procesos electorales universitarios son una trágica reproducción de la época gubernamental priista, partido al cual se ampararon los rectores de 1990 a 2013, y después se acercaron amorosamente al PAN y a Morena. Estos vínculos partidistas y gubernamentales también han sido condición de la continuidad, permitiendo su estabilidad y seguridad, siendo un respaldo tanto de sus políticas institucionales como de sus intereses pecuniarios -muestra de esto último son los cuestionamientos al enriquecimiento “inexplicable” de los dos últimos rectores, sin que se haya consolidado un proceso legal.

Una exposición amplia de lo anterior se ha hecho en otros espacios (Pansters, https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=26700910, Sánchez y Martínez, https://conahcyt.repositorioinstitucional.mx/jspui/bitstream/1000/55/1/La_politica_publica_en_ciencia.pdf), por el momento queremos comentar la manera en que se ha dado esta continuidad a través de las elecciones.

 

La sucesión rectoral y reproducción de la élite burocrática

Hablar de candidato oficial implica que el elegido además de ser una continuidad de las políticas y prácticas de la administración que está por concluir, gozará de todo el respaldo del rector saliente, incluyendo la movilización del aparato burocrático institucional y de los recursos pertinentes para ello. Es más obvio cuando se trata de la reelección, como es la situación que hoy vivimos. Así, se puede apreciar como se transmite la simpatía hacia el/la candidata/o oficial desde la cúpula de esa élite hacia abajo, pasando por las direcciones de los distintos departamentos y facultades. Simpatías que no necesariamente son expresiones voluntarias ni reflexivas.

En el siguiente cuadro presentamos algunos datos de los procesos electorales de 1993 a 2025.

                                   

Desafortunadamente no logramos obtener los votos directos de los primeros procesos, pero se puede apreciar que en los de 1993 y 1997, los candidatos no oficiales lograron importantes votos sectoriales, reflejando así la existencia de propuestas y expresiones político académicas distintas a las de la rectoría. Sin embargo, a partir de 2001, se puede plantear que se había alcanzado la absoluta imposición de la élite burocrática, expresando así los resultados de la estrategia neoliberal impuesta.

Al observar los dos últimos procesos (2017 y 2021), se puede interpretar que se transita de una imposición total (solo candidatos oficiales, aunque hubo anuncios de posibles candidaturas, las cuales finalmente “declinaron”) al surgimiento de propuestas que postulan críticas a las gestiones oficiales, aun cuando no lograron constituirse en una fuerza electoral que amenazara la continuidad. Sin embargo, si calculamos el nivel de abstención, resulta que se ha venido incrementando desde 2009, de tal forma que el porcentaje de votantes respecto al padrón tiene esta tendencia: 86.0, 74.5, 70.5 y 68.1%: es cada vez menor la credibilidad en el proceso y en que sea un medio para que la comunidad universitaria incida en la conducción de la Institución e imprima un giro a sus políticas. Por cierto, es necesario señalar que en el caso de 2017 y 2021, se incluye en los candidatos “no oficiales” a uno de los hoy aspirantes, que en realidad ha formado parte de la misma élite burocrática y ha sido puesta en duda su actuación.

La falta de credibilidad y transparencia de los procesos electorales fue denunciada contundentemente por el movimiento estudiantil del pasado mes de marzo. Al comentar los pliegos petitorios (ver https://mundonuestro.mx/content/2025-03-12/legitimidad-del-movimiento-estudiantil-frente-a-la-presion-de-los-poderes-german-) destacamos que el movimiento cuestionaba toda la estructura de gobernanza y toma de decisiones de la UAP, rechazando la normatividad impuesta y reivindicando la libertad de expresión, la toma de decisiones con base en principios y prácticas democráticas. Lamentablemente, el acuerdo signado, pospuso la discusión e implantación del voto directo, universal y secreto para la elección de las autoridades; posposición sostenida por los representantes institucionales, esperando que el tiempo diluya, desaparezca, tal atrevimiento estudiantil.

 

Elecciones sin proyecto sustentado

De esta manera el proceso actual parece no tener mayores complicaciones para la continuidad de la élite burocrática, con la reelección de la rectora, quien había fungido como funcionaria designada desde 2004 hasta 2012 (años en que era rector E. Agüera) y previamente directora electa del Instituto de Ciencias (1996-2004). De esta forma, se repiten las prácticas autoritarias y clientelares para lograr el “consenso”, incluyendo el uso de la estructura y recursos institucionales, muestra de ello ha sido el espectacular recibimiento a los nuevos universitarios, un evidente acto de precampaña.

Una revisión al Programa de Trabajo presentado y las noticias sobre la campaña de reelección muestran que no se trata de una propuesta que recupere seriamente los cuestionamientos académicos y de gestión realizados por el movimiento estudiantil, no hay indicios de una reflexión autocrítica, por el contrario. Las propuestas enunciadas adolecen de contextualización, argumentación y solidez para su implementación. En el ámbito laboral, el slogan de “certidumbre laboral y crecimiento” es un enunciado de frases sin contenido, pues no se propone la manera en que se logrará eliminar el trabajo precario de los miles de docentes horas-clase ni el productivismo del conjunto de profesores-investigadores, problemas que forman parte de la política gubernamental; de igual manera, la promesa de “bonos, definitividades y recategorizaciones”, así como la permanencia de los sistemas de estímulos, solo revelan la incomprensión de la problemática laboral y académica de los docentes e investigadores, y exhiben la insistencia en una gestión institucional sometida a las políticas de los gobiernos en turno, sin mayor capacidad crítica y creativa.

La enunciación de campaña del aumento de la matrícula y de becas, y la aceptación de todos los aspirantes son propuestas que no garantizan la gratuidad de la educación universitaria de calidad, dado que los criterios administrativos-burocráticos imperan y, como mencionamos, no se asegura la mejoría de las condiciones laborales y académicas para alcanzar un adecuado ejercicio de las actividades docentes y de investigación; de tal forma que la propagación de “microcréditos” estimula más la universidad de papel -emisión continua de constancias- que la formación actualizada, pertinente y reflexiva de los estudiantes. Es difícil de creer en el compromiso con la formación humanista cuando la Institución no adopta una posición firma y crítica ante la problemática social contemporánea, como son la desaparición forzada de miles de personas en México o ante el genocidio contra el pueblo palestino.

Es posible que la novedad de este proceso sea impulsada desde el quehacer estudiantil, de sus cuestionamientos y reflexiones, de sus expresiones críticas, que podrían dar continuidad a su movimiento y ser un ejemplo para el cómodo silencio de los académicos.

En este contexto, desde mi punto de vista, los documentos del Dr. Cansino Ortiz “Programa de Trabajo” y “Manifiesto por la Refundación de la BUAP” son una invitación al debate, si bien dibujan algunas acciones sustanciales para una transformación de nuestra Institución, habría que desarrollar una propuesta con mayor fundamento y alcance, recuperando los esfuerzos e iniciativas de otros universitarios, (p. e. F. Vélez y C. Figueroa, Los retos de una nueva agenda universitaria en México, y las propuestas que ha impulsado el SUNTUAP).

La ruptura de la continuidad de la élite burocrática no parece ser algo inmediato, requiere de mayores esfuerzos, iniciativas y compromisos de los distintos sectores que componen la comunidad UAP. La construcción de una alternativa al dominio de la élite burocrática atraviesa por impulsar espacios de diálogo, de debate respetuoso, abierto, sin protagonismos, entre los distintos actores de nuestra Institución. Los retos que tienen la educación superior y, en particular, las universidades públicas son complejos, diversos y urgentes de atender. Es pertinente recordar que en este año se han dado fuertes conflictos alrededor de los cambios en las administraciones rectorales en universidades como Autónoma Metropolitana, Autónoma del Estado de México, Veracruzana, entre otras, que muestran el malestar estudiantil y académico.      

Germán Sánchez Daza

Académico del CEDES-UAP