enero 28, 2026, Puebla, México

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Marcelo Katz y su teatro de encantamiento en Puebla   

La Férrea Memoria de Moisés Ramos Rodríguez

Ante el éxito obtenido repetirá función el lunes 13 en El Breve Espacio Foro

La arena estaba de bote en bote, / la gente loca de la emoción:  / en el ring luchaban…

No, no es cierto: no era un ring, mas es cierto que el sitio estaba de bote en bote, y que la gente estaba loca de la emoción.

Bueno, tampoco es cierto: la gente no estaba loca de la emoción, pero sí estaba emocionada, alegre, festiva, sonriente, encantada.

Tampoco es cierto que fuera una arena ni había lucha libre: era el Breve espacio foro; era la noche del jueves 9 de este mes de octubre y parecía que estábamos de regreso a una noche despejada en Bali; entre los zulúes, entre inuit, en el desierto de Wirikuta; en un crucero rumbo a un estrecho del norte Europa, o en el templo de san Miguel, en Tzinacapan en los largos días y noches de danza, de vestuarios vistosos; y de máscaras.

Máscaras —oh comediantes, oh dramáticos griegos— fueron las que nos convocaron: Marcelo Katz iba a hacer una sola, única función de su espectáculo unipersonal Gaspet, cuyo anuncio hizo que el foro estuviera de bote en bote, de bout en bout, de extremo a extremo.

En la calle llovía y el frío del otoño arreciaba a las ocho de la noche. Dentro del foro, en una pantalla se proyectaba un anuncio de la obra que iba a ser representada. Pronto, un agradable clima llenaría el sitio.

Muy rápido se llenó el foro, y después de la segunda llamada, Vanessa Nieto, productora del espectáculo en Puebla y la Ciudad de México, deseó: “Que disfruten la función.”

Entonces todo cambió, como debe ser en el teatro, pero las luces del patio de butacas fueron encendidas de tal modo que, si los espectadores podían ver al actor que apareció en escena, él podía ver a quienes estaban sentados detrás de la cuarta pared.

Un sencillo acto milenario, repetido de forma distinta, con el mismo resultado: “tocar” al espectador, transformarlo, devolverle…  ¿qué?

No voy a contar aquí de qué va la trama de Gaspet, porque el próximo lunes 13 de octubre, a las ocho de la noche, habrá una función extraordinaria en el Breve espacio foro, de la Calle 7 Norte número 8, dado el éxito el pasado jueves 9.

Mas sí he de decir que el actor, solo, con algunas máscaras, pocos vestuarios y algunos artilugios, logró encantar al público, es decir: produjo en ellos un encantamiento tal que, cuando un largo, cálido y sincero aplauso anunció que el espectáculo había terminado, hubo quien sintió que había sido poco tiempo, que la noche podía seguir entre historias donde la imaginación es gran apoyo.

¿Quién no ha visto una máscara, por ejemplo, las de El Santo, el Cavernario, Blue Demon y el Bulldog, a quienes nos referíamos al principio de este artículo…? ¿Quién, en México, desde niño, no ha tenido o tuvo cerca una máscara de madera o de cartón? Incluso hoy, con otros héroes —transculturales— las máscaras siguen presentes en el día a día.     

Pero ver transformado a un ser humano por el simple hecho de ponerse una máscara, a unos metros de uno mismo, ver cómo un artilugio provoca una especie de “posesión”, es otra historia: es la historia del teatro.

Detrás de los ojos azules

Así es que Marcelo Katz vino y cumplió con esa premisa. Y vaya —regreso al término —que encantó a los espectadores: una especie de viejo Gepetto abre la obra y con él termina. Unos ojos azules son la única constante en las transformaciones. En el ínterin, recorren juntos, actor, personajes y público, una vuelta al mundo en cuatro máscaras —y poco más—; unos escasos, pero bien hechos vestuarios, y una música minimalista que casan muy bien con lo interpretado por el argentino —de minigira en México donde también estará ofreciendo talleres de clown— eso es la obra.

La mezcla entre personajes-actor-personajes-actor-persona (otra vez personaje) es uno de los ingredientes del espectáculo de Katz: muy bien logrado, uno ve pasar con éxito a los representados, e incluso a los ancestros con los que dialoga —sin que los veamos— el viejo mascarero en su taller.                                

Máscaras de madera, de cartón, de piel, de papel, de tela, de lo que se tenga a mano; incluso máscara hecha con un solo gesto del rostro —por ejemplo, una mandíbula prominente— un cambio para dejar de ser y, entonces, ser otro: regresar a los piratas de la infancia, a los exploradores que conocimos antiguamente en libros, a la cantante de music hall que coquetea y —nuevamente el adjetivo— encanta a quien la ve y escucha, mientras elonga su lista de “amantes” que tendrá esa noche, y ha empezado a “disfrutar” en el escenario.

Repentinamente nadie recuerda que está en el teatro: está en otro mundo, en algo semejante al sueño donde lo imposible deja de serlo e, inmóviles en su asiento, los espectadores viajan, viven y recuerdan: no tienen más que el momento presente. No hay más, no habrá: lo pasado quedó atrás y el futuro quién sabe si llegará, y cuando llegue será muy distinto a como lo visualizamos, nos ha recordado el Dr. Pero Grullo.  

De la cima a la sima; de la ternura a la tristeza; de la alegría y la sonrisa a la carcajada; de la deformidad a la belleza; de la aparente tontería a la sabiduría transmitida a través de una representación.

Vale el viaje ir al Breve espacio foro a ver Gaspet el próximo lunes 13 de octubre: el espectador quedará de tal manera convidado, que lamentará no poder asistir a otras funciones y, por tanto, no poder invitar a más gente a verlas.   

[Al final, el jueves pasado alguien dijo entre el público: “¡Gracias, Marcelo…! Me has devuelto una fe que creí perdida”. Y con esa felicidad —casi o lleno de gracia—, se fue a casa.]

[Gaspet es una obra de Marcelo Katz y de Martín Joab, quien también la dirige. El diseño y realización de las máscaras, de la escenografía y de la utilería son de Alfredo Iriarte; el diseño de vestuario es Lilli Piekar; la realización del mismo es de Jorge Masselli. Las pelucas son de Gabriela Gustavino;  el coordinador de escena de acción de Hugo “Kato” Quiril; la música original de  Diego Vila; la coordinación de escenas con máscaras de Carolina Pecheny; las coreografías de Valeria Narváez; el diseño de iluminación de Pablo Calmet (y su realización en Puebla de Carlos “Charly” González); el diseño gráfico de Romina Salermo; el video y las fotografías de Matías Silva; el asistente de dirección es Francisco Nuar; y la producción general y prensa de Vagón producciones.]