Una vez más, compruebo lo que he sostenido desde hace varios años: nuestra mayor crisis es moral, caminamos hacia un precipicio del cual no habrá retorno.
Diario de trabajo, 4 de Nov., 8.30 Hs.
A Rosario Herrera Guido, en Michoacán
Ahora resulta que el principal responsable de su propio crimen fue el alcalde de Uruapan, al haber excedido todos los límites, entre ellos, ser un líder natural, llamar las cosas por su nombre, enfrentar al crimen organizado y aspirar a una carrera política al margen- o contra- del oficialismo. Así, Carlos Manzo no solo es el culpable de haber perdido la vida sino, fundamentalmente, gracias a esa falta de límites- la hybris- se descarga al estado de su responsabilidad elemental de garantizar la seguridad pública. Lo inexplicable, lo verdaderamente inexplicable, es que son los mismos los que culpan al alcalde y defienden a Adán Augusto, a Rocha Moya, a Cuauhtémoc Blanco, a Monreal, a Noroña, etc. Y eso no es una apología de la violencia; la violencia, el caos, son propiedad exclusiva de los conservadores, de los neoliberales, de todos aquellos críticos de la 4T.
También, las manifestaciones que están ocurriendo en Michoacán deben estar motivadas por la fantasmal mano del prianismo, de la reacción, no del hartazgo de una sociedad cuya única exigencia es el derecho a la vida, al trabajo, frente a la impotencia -o corrupcion- del estado . Y para aplacarlas, no hay fuerza de ley suficiente.
Como nunca, los gobiernos de la 4T han igualado a la víctima y al victimario; los han hecho intercambiables. Se abraza, se protege, a los victimarios, no a las víctimas; se abraza, se protege, a los feminicidas, no a las mujeres violentadas; se abraza, se protege la corrupción no a los defraudados. Se abraza, se protege a los peores gobernantes, no a los ciudadanos. A las víctimas, como en el antiguo derecho romano, se les coloca en la condición de “Homo Sacer”, en la nuda vida.
La profecía nietzscheana sobre el último hombre y la llegada del nihilismo se ha cumplido. Vivir y morir es lo mismo; dejar vivir y dejar morir en función de la razón de estado, de la voluntad de poder, es la condición de la biopolítica . Como lo ha señalado Jorge Calles en un mensaje privado, el asesinato de Carlos Manzo marca un punto de inflexión del crimen organizado; ahora no solo se trata de aplicar una fuerza irracional, masiva, contra objetivos no identificables- víctimas con cuerpo pero sin voz- sino otra forma de violencia, selectiva, precisa, contra objetivos reconocibles, y cuya finalidad ya no es solo la de los cuerpos sino, especialmente, las voces. La pregunta es cuántos aprovecharán esa nueva estrategia en su favor para acallar cualquier voz que les parezca insoportable.
Una vez más, compruebo lo que he sostenido desde hace varios años: nuestra mayor crisis es moral, caminamos hacia un precipicio del cual no habrá retorno. La barbarie. Un país que ha perdido todos referentes, la vida en común es imposible.