enero 29, 2026, Puebla, México

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El eco de la ausencia. La interminable búsqueda de Juan José en Pahuatlán

Juan José López Ramírez jamás imaginó que aquel fatídico jueves 9 de octubre sería su último día con vida en #Pahuatlán, el municipio enclavado en la Sierra Norte de #Puebla, donde vivía desde hace 8 años.

Las lluvias torrenciales no sólo arrasaron viviendas y carreteras, también se llevaron los sueños y las ilusiones del joven de 23 años de edad y de lo que queda de su familia: su esposa Aleyda Ciénega y su pequeño de 2 años

Como todos los días, Juan José salió en su pipa a vender gas estacionario junto con su tío. Cuando la lluvia comenzó, se encontraban trabajando en La Cumbre, una comunidad del municipio de #Honey, a 30 minutos en coche de lo que hasta ese día era su casa en Almoloya, Pahuatlán.

Cerca de las 7:30 de la noche la lluvia se dejó caer con todo, la desesperación de que no hubiera luz ni señal telefónica, así como de regresar a casa para ver cómo estaban sus familias, les hizo tomar una decisión que le costaría la vida a Juan José.

Junto con sus acompañantes, sus tres tíos y dos trabajadores más de la empresa de gas en la que laboran desde hace años, intentaron bajar a pie a #Pahuatlán. El camino que, en condiciones normales, se harían hora y media, se volvió toda una pesadilla.

A 20 días de lo ocurrido, cuenta su historia para el @diarioelpopular Lorenzo López, el tío de Juan José, quien iba con él día que la tormenta se lo llevó.

A su lado está Aleyda Ciénega, la esposa de Juan José desde hace cinco años, quien aún no procesa que de la noche a la mañana se haya quedado viuda y, con ella, su hijo, huérfano.

Sumamente delgada y de mirada triste, a Aleyda le cuesta mantener las piernas quietas durante los 40 minutos que su tío político cuenta la historia.

Ese día, el jueves 9 de octubre, todos lograron su cometido de llegar con vida a su casa, excepto Juan José, de quien horas después, a las 10:30 de la mañana del viernes tuvieron noticias: uno de sus brazos había sido encontrado en el pueblo de abajo.

“Nos reportan de ahí abajo del pueblito que habían encontrado el brazo, luego luego la gente del poblado empezó a escombrar su calle y ahí es donde estaba el brazo en el lodo, andaban limpiando y la gente de ahí cuenta que los perros fueron los que le quitaron el brazo”.

Desde entonces no han parado de buscarlo. Ni la policía municipal, ni el
@Gob_Puebla , ni la @GN_MEXICO_, ni los militares ni la propia familia han podido dar con su paradero.

Veintidós días han pasado y lo único que tienen de Juan José es su brazo y un pedazo de su uniforme de trabajo que, gracias al sueño de su esposa, encontraron hace unos días.

Aleyda y su hijo, su suegra y sus tíos políticos tuvieron que conformarse con velar el brazo que, actualmente, yace bajo la misma tierra que lo sepultó en el panteón de #Pahuatlán.

Por el momento, Aleyda no tiene vida, su tiempo y lo que le queda de energía están volcados en encontrar a su marido.

Confundida y todavía en shock, no sabe qué hacer, pues ella y su hijo dependían en gran parte del dinero que Juan José les daba.

Por su parte, Lorenzo pide ayuda al gobierno, una pensión para que su sobrino pueda salir adelante. Ellos, su familia política, ayudarán a Aleyda y a su hijo en lo que puedan, pero no hay dinero que alcance cuando se vive con carencias.

En el silencio de la montaña aún mojada, el eco de la ausencia de Juan José resuena con fuerza. Mientras las autoridades se esfuerzan por reconstruir a Pahuatlán, Aleyda y su familia enfrentan el desafío más grande: encontrar la paz en medio de la incertidumbre.

Aunque la búsqueda continúa, el tiempo sigue su curso inexorable y la esperanza se entrelaza con el dolor. En este pueblo suspendido entre la niebla y la nostalgia, solo queda esperar que la tierra seque, que las carreteras sean reconstruidas y que, de alguna u otra forma, llegue el consuelo que tanto anhelan.

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