enero 28, 2026, Puebla, México

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No, no voy a leer “Grandeza” de López Obrador / Juan Carlos Canales

Diario de trabajo, 1 de Dic., 8.30 Hs.
Levantando la biblioteca
No, no voy a leer “Grandeza” de López Obrador, y no lo voy a hacer solo por razones políticas. Por suerte, siempre me he nutrido de la diferencia, siempre y cuando escape del fanatismo y maniqueísmo y arroje alguna luz sobre algún tema que no había visto o valorado en su justa medida, y así he reivindicado, una y otra vez, los artículos de Viri Ríos, pese a la distancia ideológica que me separa de ella.
En primer término, el mundo precolombino nunca despertó mi interés, y apenas lo conozco. Sumergirme en él implicaría un esfuerzo que ya no estoy dispuesto a hacer, para poder distinguir los aciertos y errores de una obra así, como tampoco me aventuraría a estudiar lenguas eslavas o Física, pese a lo mucho que me interesan; en segundo lugar, no leería el libro de un advenedizo o diletante en un tema que exige un conocimiento tan especial y profundo como ese. Y López Obrador está muy lejos de poseer los instrumentos para un abordaje mínimamente serio del asunto . Después de todo, vivimos el mundo de la posverdad y ninguna hipótesis exige el más elemental sustento empírico o conjetural para validarse o rechazarse. Así que, López Obrador, puede lanzar las hipótesis más descabelladas y no solo mentir ilimitadamente como siempre lo ha hecho sino, también, echar al suelo, sin ningún pudor, años y años de investigación, sostenidos en los más básicos principios científicos. Según algunos extractos del libro a los que he tenido acceso solo le faltó al expresidente defender la vigencia de los derechos humanos, la equidad entre hombres y mujeres, la dulzura y prudencia con las que eran educados los niños, o el igualitarismo que promovían frente a la muerte principalmente, en el mundo mexica. Un tercer motivo que me desalienta y me deja clara la motivación puramente demagógica con la que fue escrita la obra, es el empeño, más que ideológico de AMLO y sus seguidores, por suscribir “el Humanismo mexicano “ al mundo precolombino, cuando no hay nada más alejado de este que lo que conocemos por Humanismo y, pese a la irritación que pueda provocar en el expresidente, subrayar, en último caso, las fuentes europeas de las que se nutren los humanistas mexicanos siglos después del Descubrimiento y Conquista del continente, encontrándose, en mucho , en las antípodas de los valores reales que promueve la 4T.
A López Obrador le ocurre algo parecido de lo que les ocurrió a los criollos novohispanos (pero sin la inteligencia de ellos ) al intentar trazar una ecuación entre las prácticas discursivas precolombinas y el corpus de la literatura y el arte occidentales, como parte de la legitimidad politica que buscaban frente a la Corona, o cuando muchos han intentado, para hacernos contemporáneos del “banquete de Occidente, incorporar el pensamiento mítico-religioso de ese mundo al estatuto de Filosofía . Otra razón que me provoca desconfianza de este y otros tantos libros es que, desde el título mismo, buscan inducir al lector a una interpretación predeterminada del tema que abordan. Sin duda, el pasado se ha utilizado al antojo del poder como fuente de legitimidad política, pero nunca había sido tan obvia la manipulación de ese pasado como con los gobiernos de la 4T, al grado que parecieran una extensión de 1984, de Orwell, o de esa otra gran novela, de corte kafkiano, “El palacio de los sueños” de I. , Kadaré, en la que el régimen inventa todas las noches los sueños que los ciudadanos deben soñar. Juan Carlos Canales