Releí “Caracas. La ciudad herida” de Martín Caparrós, su Ñamerica es fundamental para entender nuestra región hoy en día. Las lecturas nunca son lo mismo cuando regresas a ellas. La detención de Maduro, la operación de Trump, las decenas de voces que uno lee y escucha opinando sobre esa realidad, sin duda nos hacen reenfocar las gafas.
En cada crónica, en el variopinto paisaje que retrata Caparrós con cada testimonio, hay siempre una constante: La congruencia, esa que alejó, avergonzó y desplazó a las y los constructores de un movimiento social que se desdibujó. Esa congruencia a la que renunciaron centenares de funcionarios que en nombre de la transformación robaron, mintieron, traicionaron al pueblo y que se pasean abyectos con sus privilegios revolucionarios. Esa congruencia que se pierde al perseguir periodistas, insultar discidencias y refugiarse en la soberbia de la lucha revolucionaria para repetir los patrones de la burguesía.
Me refiero a Caracas.
