Cuando recién había llegado a Cuetzalan, hace 30 años, un día me encontré en una de las principales calles de Cuetzalan a doña Inés Méndez Nava, para ser mas específico en la “y” griega.
La vi muy preocupada, así que le pregunté qué es lo que le pasaba.
– Lo que pasa es que encontré esta faja de billetes y estoy aquí preocupada, esperando a que llegue la persona que la extravió para dársela.
– Usted debería de ser presidenta municipal- le dije.
Ella sonrió mientras sostenía entre sus manos el dinero envuelto en una bolsa transparente de plástico.
Desde ese momento me impresionó su honradez, su calidad humana. Después supe que es hermana de Gregorio Méndez Nava, con quien aparece en la foto.
Miembro de una familia de grandes artistas ella siempre ofreció una cálida sonrisa a quien se le acercara.
Fue una gran artista, porque eso fue, no artesana, artista con letras grandes, en mayúscula, con las mismas letras que se escribe el nombre de Gregorio Méndez Nava, quien además de ser mi amigo, fue un gran pintor cuetzalteco que se destacó por plasmar en sus pinturas la vida cotidiana del pueblo náhuatl de la región.
Sus obras aún pueden admirarse en casa de cultura y en los establecimientos turísticos de Cuetzalan.
Durante su paso en casa de cultura como director siempre me ofreció su apoyo para las presentaciones de mi libro y algunas veces organizamos cafés literarios.
Después de su paso por esa instancia jamás ha habido más eventos de café literario.
Hay gente así como Gregorio, grandes, talentosos y nobles.
Hay gente así como Inés, que por sus manos ha pasado mucho dinero pero nunca se ha vuelto rica.
Y también hay gente que entra al ayuntamiento, ve que hay dinero y se vuelve rica, es gente que nunca debió de estar ahí.
