El rechazo al CABLEBÚS no solo debe sostenerse por el daño ambiental que provocará sino, fundamentalmente, por lo que muestra de la realidad política del Estado de Puebla: un gobierno autoritario, opáceo, sin argumentos, que hace uso del espacio público como si fuera privado
Diario de trabajo, 30, de marzo, 14.00 Hs.
Democracia, Estado de Derecho y racionalidad política
Retomo y parodio una idea de Sartori que, su vez, cita Víctor Reynoso en su artículo de hoy en e- consulta “ ¿ las elecciones son indispensables para la democracia ? Sí, sí lo son. ¿Son buenas para la democracia? No, no lo son”
La mayoría, como el pueblo, es uno de los conceptos que puede prestarse a mayores manipulaciones y equívocos en la vida de un país. A diferencia de lo que defiende la 4T, sus voceros y los herederos de Rousseau, ni una ni otra son el basamento de una verdadera democracia, si esa mayoría o ese pueblo no están acotados y significados por la racionalidad, el Estado de Derecho y la ética de la responsabilidad.
El hecho de que la mayoría de poblanos (64% ) apoye la construcción del CABLEBUS (según la encuesta del CISO, y de la cual tampoco sabemos nada de la metodología que utilizó para llegar a esos resultados) no garantiza, automáticamente, una mejora a la movilidad, en términos de lo que Weber entendió por racionalidad moderna: la relación de medios a fines, marcada por un mínimo de inversión que garantice un máximo de ganancia. Los datos sobre los beneficiarios reales de esa modalidad ya han sido suficientemente expuestos y no hace falta repetirlos una vez más. Tampoco, esa mayoría excusa la violación a las leyes que rigen el uso del suelo en Puebla. Y, por último, esa mayoría no disminuye las consecuencias que la decisión política traerá tanto al medio ambiente como a la propia calidad de nuestra vida democrática. El rechazo al CABLEBUS no solo debe sostenerse por el daño ambiental que provocará sino, fundamentalmente, por lo que muestra de la realidad política del Estado de Puebla: un gobierno autoritario, opáceo, sin argumentos, que hace uso del espacio público como si fuera privado.
Recordemos que la mayoría de las dictaduras, desde la de Hitler hasta la de Pinochet –o la de los bolcheviques hasta la de Castro u Ortega– han echado raíces en el suelo propicio que una mayoría les ofreció para legitimarse.
Es obvio que, desde la Comuna de Paris, y de ahí a Praga, París y MÉXICO, la ciudad ha sido el principal escenario de las luchas democráticas. La resistencia contra el CABLEBUS hay que verla como parte de un movimiento que trasciende un proyecto concreto y se inscribe en el rechazo a un gobierno que arrastra – y nunca quiso sacudirse- la herencia priista de la que proviene. Decir no al CABLEBUS es otra forma de apropiarnos de esta ciudad después que los poderes fácticos como la especulación, el ambulantaje, la violencia, la corrupción, etc., nos han despojado de ella