Diario de trabajo, 3 de Abr. 19.00
No debe confundirse nunca la ciudad con el discurso que la describe. Italo Calvino ( 1)
Todas las ciudades son imaginarias; algunas, producto de la nostalgia por una ciudad que creemos haber perdido , pero nunca existió ; otras, por la extrapolación de esa ciudad a un futuro inasequible . Y si acaso la ciudad real existe es solo como el intersticio donde los relatos de esas ciudades imaginarias se cruzan, se superponen, chocan , hasta conseguir una polifonía o un ruido ensordecedor, o tal vez, un nuevo sueño o una nueva pesadilla o un relato más. Por eso, algunos viajeros afirman que la única ciudad realmente existente es Marrakech y la plaza Jemaa el Fna , mandala del universo, donde todos los relatos del mundo, y todas las lenguas, coinciden, con sus dioses y sus demonios tutelares.
1. Pero Calvino apuesta, en ese libro lleno de ingenio y belleza, que es “Las ciudades invisibles” todo lo contrario : las únicas ciudades reales son las ciudades reimaginadas en las narraciones de Marco Polo al Gran Kan ; igual que Cervantes apuesta en el “Cautivo” a la ficción como el único vínculo posible entre él y el jeque y como la única realidad de la propia novela.¿ Y no es ese el principio que rige “Las mil noches y una noche” ?
La ficción le tuerce el cuello a la realidad. No hay nada más que relatos. Nosotros mismos, somos las ficciones que contamos y cuentan de nosotros . En honor a Borges, un texto solo remite a otro texto, un relato a otro relato. El tigre del poema no es el tigre de las selvas, ni el de las sabanas.
(Imagen de portadilla tomada de “Las ciudades invisibles de Italo Calvino ilustradas (nuevamente)”)