Publicamos aquí la introducción del libro Ética para el poder, del escritor F. Humberto Sotelo Mendoza, recientemente presentado en la Fenali 39 de la BUAP. El autor planta las bases de la propuesta de fondo de su análisis: entender las causas de la degradación moral del partido en el poder en México al que dio vida el movimiento creado por Andrés Manuel López Obrador.
“Sotelo no escribe como un observador externo –dijo al presentarlo en la feria el analista social Ivanhoe García Islas– , se asume como alguien identificado con la 4T, y es esa adscripción precisamente la que da peso a su crítica. Muestra que la izquierda se define por su conducta y no por sus proclamas, y aplica esa vara a casos concretos que el partido preferiría no discutir. Nombra con precisión el mecanismo por el que el poder dominante recicla a los adversarios históricos de la izquierda, disfrazándolos de aliados. Describe cómo la corrupción, una vez instalada casi como norma de partido, convierte la honestidad en marginalidad y aísla a sus militantes críticos.
El título de este libro me vino a la mente al escuchar la entrevista que sostuvo Ernesto Ledesma Arronte, director del Portal Rompe Viento, con Federico Bonasso, el 17 de julio de 2024. La entrevista lleva el título de La ética en la 4t.
Confieso, no sin rubor (aunque en mi descargo admito que suelo navegar poco en las redes sociales, debido a mi incapacidad para desenvolverme en internet) que desconocía a tales personajes. Di por casualidad con dicho portal, y al abrirlo me llamó la atención que sus protagonistas se dispusieran a abordar una problemática que brilla por su ausencia en los ámbitos políticos de nuestro país, esto es, la cuestión de la ética, refiriéndose en concreto a la 4t. Antes de proseguir me di a la tarea de investigar quiénes eran los personajes mencionados, enterándome que el director de Rompe Viento ha sido Coordinador del Centro de Análisis Político e Investigaciones Sociales y Económicas; Coordinador de Global Exchange en México, y miembro de la Comisión Nacional de Intermediación (CONAI), instancia que desempeñó un papel importante en los diálogos de paz entre el EZLN y el gobierno mexicano. En cuanto al entrevistado, supe que es un compositor argentino-mexicano, que reside en nuestro país desde 1980. Es fundador de la banda El Juguete Rabioso, donde fue autor y vocalista durante varios años (1987-1999). Actualmente compone música para películas y dirige Estudio Yubarta, compañía que aglutina a diversos músicos y técnicos y brinda servicios de música para imagen. También ha manifestado una vocación literaria y ha publicado en diversas revistas. En 2007 editó su primera novela Regreso a México.
Como puede verse, no nos encontramos precisamente con personajes ampliamente conocidos, por lo menos en el mundo de la política, y menos en los ámbitos de la 4t. Tal vez por ello se desenvuelven con tanta soltura en un terreno que pareciera ajeno a los líderes y dirigentes, no sólo de Morena, sino de la mayoría de los partidos. Y esto no es casual: la cuestión de la ética se les antoja un asunto que sólo le compete a los filósofos o los intelectuales “refinados”, por lo cual reaccionan –perdón por la exageración, o, mejor dicho, por la broma— como el general Älvaro Obregón cuando se le preguntó qué opinaba de la cultura: dice la leyenda que estuvo a punto de sacar la pistola.
Sin embargo, le guste o no a la clase política de Morena hablar de ética, lo cierto es que, como subrayan Ledesma y Bonasso, si hay una razón poderosa por la cual el pueblo mexicano se ha pronunciado por la 4T ha sido precisamente por los postulados que enarboló AMLO desde mucho antes de haberse convertido en Presidente de la República: no mentir, no robar, no traicionar. Otro postulado fundamental, en apariencia político pero en el fondo ético, es “primero los pobres”.
Este trabajo persigue el propósito, precisamente, de reivindicar los postulados morales de la 4T, ya que pareciera que los mismos se han olvidado, en particular por la nomenkatura de Morena.
Aclaraciones y precisiones: en este lugar hablaremos indistintamente de ética y moral, aunque estamos conscientes de que –sobre todo en términos filosóficos– son cuestiones distintas.
A este respecto, Gabriel Vargas Lozano escribe: “Un hecho moral implica lo que los individuos hacen ad libitum en ese campo, es decir, siguiendo las normas morales o no… En segundo lugar tenemos a la moral. Aquí nos encontramos con diversos códigos existentes en la sociedad que implican principios, normas o valores que explican cómo deben conducirse las personas en una determinada sociedad. La guía ética del gobierno considera que ética y moral serían intercambiables. A mi juicio, no debería ser así ya que la Ética es una rama de la filosofía que busca explicar las causas de que existan contradicciones entre los hechos morales y las morales prevalecientes en una sociedad; las causas por las cuáles existen diversos códigos morales: las características de la responsabilidad moral, la explicación sobre los valores y los desvalores; las concepciones deontológicas y teleológicas, la naturaleza de los juicios morales, etc. De igual forma, la Ética explica por qué debemos conducirnos de x o y modos con el auxilio de las ciencias naturales y sociales 1.
Aquí pasaremos por alto tal distinción (respetando, desde luego, las consideraciones del autor de referencia). Creemos que el pueblo sabe muy bien que hay normas morales que rigen (o deberían regir) las relaciones entre los seres humanos, más allá de las religiones, naciones, credos filosóficos, ideologías, etc.
El maestro Antonio Esparza Soriano escribe: “Debemos entender como valores morales todos los que se desprenden de las virtudes morales, como la veracidad, la tolerancia, la bondad, la prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza, la humildad, el altruismo y la solidaridad.”2
Es decir, no es necesario que la gente se vea ante la necesidad de estudiar intrincados tratados u obras clásicas (como la Ética Nicomáquea de Aristóteles) para comprender la moral o, si se quiere, la ética. Coincidimos, a este respecto, con Abelardo Villegas, cuando escribe: “Al pueblo no puede ofrecerse como norma de acción tratados abstrusos de filosofía”3. Empero, este autor, invocando a Antonio Caso, observa que la gente suele pensar que la moral es algo que nos enseñan los hombres superiores, porque “son quienes mejor han realizado la naturaleza humana. Los héroes, los mártires, los santos son más hombres que los demás. Si queréis realizar lo intrínseco de la humanidad obrad como ellos. Sed, a vuestra vez, santos, místicos y héroes”.
Tal vez sea cierto lo anterior, pero, reiteramos, nuestros conciudadanos piensan que la moral es algo así como un principio fundamental que le permite a las sociedades no sólo superar el “estadio” animal, sino además crear las condiciones necesarias para la coexistencia y la convivencia de sus miembros.
Por esa razón, pues, damos por hecho que nuestros conciudadanos entienden qué es la moral (o si se quiere, la ética).
Para Søren Kierkegaard, la ética representa “lo general” en tanto constituye el reino de las normas universales, leyes sociales y deberes racionales válidos para todos. En este estadio, el individuo subsume su particularidad en la comunidad, buscando la responsabilidad y la vida seria 4.
Alfonso Reyes, en su Cartilla Moral, escribió: “El hombre debe educarse para el bien”. Y agregaba: “La conducta moral, esto es, movida por el bien, nos permite vivir en paz con nosotros mismos y en armonía con los demás. Por eso es importante. El bien es una cuestión de amor y de respeto. Es amor y respeto a lo que es bueno para todos y aversión a lo perjudicial” 5.
No es casual que Andrés Manuel López Obrador se haya basado en ese texto para elaborar su Cartilla Moral, que presentó en 2019, poco tiempo después de arribar a la Presidencia de la República. De esto hablaremos más adelante. Mientras, nos limitaremos a subrayar que AMLO, incluso ante de su triunfo electoral en 2018, le concedió una gran relevancia a su planteamiento acerca de la “Revolución de las conciencias”, mismo que a todas luces dista mucho de un “leit-motiv” de tipo político: es una idea central en su discurso, mediante la cual se pretende un cambio profundo en la mentalidad del pueblo mexicano, enderezado a fomentar su participación en la vida política y social del país; sólo así, considera, se podrá consolidar la 4 Transformación.
Lamentablemente los principales núcleos de la nomenklatura de Morena no parecen entender dicha propuesta. Por lo general se limitan a jactarse de los avances de la 4T en los terrenos del combate a la pobreza y de los aspectos más sobresalientes de la marginación, perdiendo de vista que el principal factor que provocó la adhesión de nuestros conciudadanos al proyecto de AMLO fue su llamado a la regeneración moral. No es de ningún modo casual que al romper con el Partido de la Revolución Democrática (PRD) haya decidido bautizar con el nombre de Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) a la nueva organización.
En México, a raíz del triunfo de la 4T, los núcleos desplazados de las viejas élites dominantes (identificadas con el PRIAN) que esperan mantener sus privilegios y canonjías, despliegan todo un cúmulo de maniobras encaminadas a “metamorfosearse” (perdón por el vocablo) como aliados o “nuevos partidarios” del movimiento obradorista.
No pocos de los principales líderes de la 4T respaldan tales maniobras, arguyendo que esto se torna necesario para frenar a la derecha. Estas posturas no encierran solamente desviaciones o inconsecuencias políticas personales, sino representan expresiones o fenómenos inherentes a todas las grandes transformaciones sociales. Es el caso, por ejemplo, del fenómeno que el célebre marxista italiano Antonio Gramsci caracterizó como “transformismo”, para distinguirlo de “transformación”. Para decirlo en términos muy simples –si es que no esquemáticos– el “transformismo” es una estrategia por medio de la cual las clases dominantes se las ingenian para cooptar a las élites que les disputan el poder, lo cual incluye no sólo a los intelectuales sino también a los núcleosdirigentes de los sectores que amenazan con desplazarlos del poder. Este fenómeno se manifiesta principalmente en etapas de agudas crisis políticas, en las que se vislumbran transformaciones revolucionarias. En su célebre El Gatopardo (escrita por Giuseppe Lampedusa), el sobrino del príncipe Fabricio (quien percibe que soplan vientos de cambio que amenazan con exterminar el viejo régimen) exclama: “Hay que cambiar para seguir igual”. Este es el lema de quienes enarbolan el “transformismo”.
Gramscicaracteriza el “transformismo” como «la absorción gradual, pero continua y obtenida con métodos diversos según su eficacia, de los elementos activos surgidos de los grupos aliados, e incluso de aquellos adversarios que parecían enemigos irreconciliables. En este sentido la dirección política ha devenido un aspecto de la función de dominio, en cuanto la asimilación de las elites de los grupos enemigos los decapita y aniquila por un período frecuentemente muy largo» 6.
Un ejemplo clásico de “transformismo” lo tenemos en la unificación del Estado italiano, en la que la burguesía se las ingenió para cooptar a no pocos de sus adversarios y líderes revolucionarios.
NOTAS
1 Vargas Lozano, Gabriel, La “Guía ética para la transformación de México”, en Ensayos Filosóficos sobre la Cuarta Transformación de México, Guillermo Hurtado, José Alfredo Torres, Editorial Torres Asociados, 2021, págs.. 13, 14).
2 Esparza Soriano, Antonio, “La Ética profesional”, en Obra Histórica, BUAP, 2012, pág. 280.
3 Villegas, Abelardo, El pensamiento mexicano en el siglo XX, Fondo de Cultura Económica, México, 1993, pág. 48.
4 Kierkegaard, Sören, Estética y Ética en la formación de la personalidad, editorial Nova, 1959, pág. 38.
5https://fundaciontorresyprada.org/principios-eticos-en-la-cartilla-moral-de-alfonso-reyes/).
6 Gramsci, Antonio, Cuadernos de la Cárcel, V, 387.