No hay una discusión seria sobre qué modelo de movilidad queremos para la ciudad de Puebla
La discusión pública sobre el cablebús en Puebla ha dejado de ser una conversación seria sobre las necesidades de movilidad de la población y se ha convertido en un escaparate de contradicciones. La más evidente es la doble vara ambiental, social y financiera con la que la administración estatal parece conducir su defensa del proyecto.
Mientras se cuestiona el subsidio a RUTA, que mueve a casi 300 mil viajes al día, al mismo tiempo se habla con entusiasmo de un posible tren de cercanías entre Puebla, Atlixco e incluso Izúcar, planteado como proyecto por prestación de servicios con inversión privada. Es decir, bajo un esquema PPS, el mismo tipo de instrumento financiero usado para la construcción del CIS o del Museo Barroco. Lo que para un sistema troncal de transporte urbano se presenta como gasto injusto, para otros proyectos se vuelve un esquema deseable.
La crítica al subsidio de RUTA, repetida por el coordinador del gabinete José Luis García Parra el lunes 6 de abril y por el gobernador al día siguiente, parte además de una idea equivocada de lo público. El nuevo relato en el argumentario es señalar que incluso quienes no usan RUTA lo pagan. Pero así funcionan prácticamente todos los bienes públicos.
Pagamos educación pública aunque ya no estemos en la escuela. Pagamos servicios de salud aunque no estemos hoy en un hospital. Pagamos alumbrado, banquetas, drenaje o parques que no usamos todos de la misma manera ni con la misma frecuencia. También pagamos viajes en helicóptero de periodistas que entrevistan al gobernador. La pregunta no es si todos los contribuyentes usan directamente un servicio pagado con dinero público, sino si su existencia genera beneficios colectivos.
Un sistema de transporte público masivo sí los genera: reduce congestión, disminuye la dependencia del automóvil, mejora el acceso a oportunidades y puede contribuir a bajar emisiones y siniestros viales. El subsidio a RUTA ayuda a que el costo para el usuario sea menor y a mí me beneficia indirectamente que más gente pueda usar el transporte público a menor costo.
Otra contradicción se hizo evidente el pasado Viernes Santo cuando Arturo Rueda entrevistó al gobernador desde el helicóptero oficial y desde ahí se puso a hablar de la huella ambiental de los autobuses. La imagen es casi perfecta como metáfora de la doble vara con la que se aborda la discusión pública. Se quiere cuestionar al transporte colectivo desde una de las formas más exclusivas, costosas y ambientalmente injustificables de moverse.
Los autobuses, cuando operan en condiciones adecuadas y con buena oferta, no son el problema: son parte de la solución porque permiten reducir la dependencia del auto. Resulta cuando menos hipócrita criticar la supuesta huella de los autobuses en una entrevista hecha innecesariamente desde un vuelo en helicóptero y sin una discusión seria sobre qué modelo de movilidad queremos para la ciudad.
En medio de todo este ruido y concurso de decibeles hubo, sin embargo, una afirmación acertada del propio García Parra el pasado lunes: hoy el transporte público concesionado en Puebla es poco confiable. Muchas personas usan una combi, un microbús o una autobús de transporte concesionado sin tener certeza real sobre horarios, frecuencias o tiempos de espera.
Ese diagnóstico habla de un problema real. Pero justamente por eso preocupa que la conversación pública se limite al cablebús. Porque si el problema principal es la baja confiabilidad del transporte que usa la mayoría de la gente, el cablebús se queda corto. La discusión debería ser cómo mejoramos integralmente el sistema de transporte público en toda la ciudad: cómo conocemos y ordenamos frecuencias, cómo informar con precisión los horarios, cómo mejoramos la cobertura para todas las colonias donde no pasa el proyecto del cablebús, cómo invertimos los recursos y articulamos rutas e integramos mejor los recorridos y cómo damos a las personas información suficiente para planear sus viajes.
El cablebús, incluso en el mejor de los escenarios, no resolvería por sí solo esa crisis. Según mis cálculos atendería 2% de los viajes en transporte público para 3% de las colonias del municipio. La enorme mayoría de los viajes en transporte público seguirán dependiendo del transporte concesionado. Se habla mucho de los beneficios del cablebús para un recorrido de los estadios y Amalucan hacia el CIS, pero nada sobre cómo vamos a mejorar el sistema cotidiano que usan miles de personas para ir al trabajo, a la escuela o a una cita médica en el resto de la ciudad. El gran ausente en la conversación es un proyecto serio para la transformación profunda del transporte público que ya existe.
A esto se suma una contradicción más: la mala calidad de la información pública. El gobierno estatal tilda a los críticos de panistas y se queja de una supuesta campaña de desinformación. La administración se presenta como víctima del desprestigio cuando ellos mismos no han informado adecuadamente y hasta reservaron documentos relativos al proyecto.
Si no se presentan estudios y no explican con claridad el alcance del proyecto y sus impactos, entonces la discusión se llena inevitablemente de versiones encontradas. La mejor manera de combatir la desinformación no es descalificar a las personas críticas ni insinuar que toda objeción tiene color partidista. Es informar bien, a tiempo y con evidencia. La desinformación se combate con transparencia, no con ataques.
Y ante esa falta de información, luego de haber faltado a la promesa de hacer una presentación para el 31 de marzo, el gobierno promete que ahora sí presentará el proyecto del cablebús el 13 de este mes. Al respecto dejo algunas dudas: ¿Se harán públicos los estudios de demanda para justificar la prioridad de intervenir ese corredor? ¿Existió un estudio de mercado que permitiera determinar que esta tecnología era la más adecuada para atender ese corredor? ¿Se va a presentar una justificación técnica frente a otras alternativas tecnológicas? ¿Se conocerá el análisis costo-beneficio? Preguntas mínimas para cualquier proyecto que aspire a sostenerse como política pública seria.
Es urgente llevar la discusión hacia un terreno serio y dejar esta doble vara con la que el gobierno descalifica a sus críticos. No tiene sentido condenar el subsidio de un sistema como RUTA que ya mueve cientos de miles de viajes mientras se normalizan otros gastos para muchos menos beneficiaros, como el proyecto del Cablebus. No tiene sentido hablar de huella ambiental desde un helicóptero. No tiene sentido denunciar desinformación cuando no se informa y se reservan estudios.
Ojalá que la autoridad pueda tener la apertura para dar espacio a la necesaria discusión de fondo: cómo mejorar la cobertura, la calidad y la confiabilidad de todo el transporte público en toda la ciudad, y cómo hacer que cualquier inversión pública contribuya realmente a ese objetivo.
@dobbyloca
[email protected]