El crimen, las pandillas y las drogas han robado demasiadas vidas y han robado a nuestro país muchas potencialidades no realizadas.Donald John Trump
Como van las cosas, al menos en tres meses (sólo es un plazo imaginario), pueden ser más meses o pueden ser menos; lo seguro es que no será mañana, ni la semana próxima, pero el añejo y vetusto hombre que gobierna los Estados Unidos tomará la decisión de interferir directamente en la vida cotidiana de los mexicanos, a menos que la señora que preside de nuestro país, decida entregar al gobierno gringo al señor Rocha Moya.
La actual titular del poder ejecutivo (con minúsculas) de nuestro país, tiene que tomar pronto, la decisión: o extradita al todavía gobernador de Sinaloa, o expone al país entero a una crisis de enormes dimensiones.
No es una decisión fácil.
La tal Sheinbaum sabe que, en caso de entregar a Rocha Moya, después tendrá que entregar a varios/as (muchos/as) más.
¿Y por qué tres meses? Pues porque para mediados de septiembre estará en pleno la lucha por el congreso norteamericano y Trump está obligado a conservar y refrendar su mayoría en noviembre.
Trump (a pesar de todo) perdió credibilidad ante el mundo, en su fallida guerra contra Irán.
Como sea, detuvo parcialmente la guerra de Israel contra los palestinos.
Detuvo a Nicolás Maduro y para sorpresa de Corina Machado y la derecha venezolana, mantiene el mismo aparato de gobierno, a excepción de Maduro; eso sí, tiene a todo ese gobierno haciendo lo que él ordena.
Tiene ahogado al gobierno y pueblo cubano y la amenaza de entrar por Raúl Castro.
¿Entonces? Entonces le queda para tratar de levantar su maltratada popularidad, dar golpes de efecto mediático, y es el caso que México viene a modo para ello.
Muy pocos mexicanos estarían de acuerdo con una intervención norteamericana.
Y muy pocos mexicanos estarían dispuestos a enrollarse en la bandera nacional y pelear por una causa que además de absurda está perdida.
¿Por qué digo absurda? Pues porqué la amenaza de Trump es ir en contra del crimen organizado. Es ir en contra de los narcotraficantes y de los gobiernos que los protegen.
Y quiero creer que hay que estar muy dañado mentalmente para defender (aunque sólo sea de palabra), a alguien que extorsiona, secuestra, asesina y trafica drogas.
La presidenta no tiene salida y el margen de tiempo se acorta. Tiene que decidir entre su movimiento (partido Mo.Re.Na) y el futuro de 130 millones de mexicanos. Pueden ser tres meses o menos, pero antes de noviembre habrá noticias.