Profesora-investigadora INAH
Conozco al abogado Arturo Mendoza desde 2017; nos encontró un interés y espacio en común, el Taller por la Defensa de los Territorios, organizado por la Dirección de Etnología y Antropología Social del INAH. A través de la articulación del activista Gerardo Pérez Muñoz y del Colectivo Hermanos Serdán, inició un vínculo que continúa y ha ido creciendo con el tiempo.
Desde entonces, como perita en Antropología Social, he participado con él en algunos de los litigios que ha llevado a cabo en favor de los pueblos indígenas y originarios del estado de Puebla. El trabajo y el compromiso compartido me han permitido conocer a Arturo Mendoza no solo como abogado, sino también como amigo y persona.
Razón por la cual, cuando me enteré de que la Fiscalía General de Puebla lo había apresado por violencia familiar, no solo provocó la preocupación por su estado y condición —pues hasta este momento lo mantienen incomunicado—, sino también la indignación al saber que su expareja lo había acusado, cuando ella misma agredió a su pareja actual y él actuó para separarlas. Me indigna no solo que la expareja, bajo el argumento de su condición de mujer y de salud, acuse a quien la cuidó y quien no solo como pareja, sino también como abogado la acompañó en su tratamiento y recuperación, a ella y otros pacientes de cáncer, a quienes a través de amparos y recursos legales aseguró un trato médico digno y la disponibilidad de medicinas.
El abogado Arturo Mendoza no solo es alguien solidario y comprometido; quienes hemos trabajado junto a él conocemos de primera mano su compromiso con la justicia social y la defensa de los derechos humanos y colectivos.
En la actualidad, es uno de los abogados que ha interpuesto amparos ante la obra del Cablebús en la ciudad de Puebla. Una obra que, como lo han mostrado múltiples colectivos y estudiosos, no responde al bien común y tampoco a las necesidades de los ciudadanos. En esa coyuntura política no solo es evidente que se están falseando los hechos, sino que se está utilizando un discurso de violencia de género que no corresponde a lo acontecido, y que lo que se busca es silenciar a quien, junto con múltiples colectivos, conjuntando la movilización social y la acción legal, ha logrado detener la obra hasta la fecha.
Hoy expreso mi solidaridad con Arturo Mendoza, con su familia y con las organizaciones y comunidades que han encontrado en él un aliado comprometido. Asimismo, hago un llamado a las autoridades para que actúen con objetividad, imparcialidad y respeto irrestricto a los derechos humanos, y a la sociedad para mantenerse atenta ante cualquier intento de criminalizar la labor de quienes defienden el territorio, los bienes comunes y los derechos colectivos.













