Puebla requiere soluciones intermodales, sustentadas en datos duros y diseñadas para el beneficio de las mayorías, no obras espectaculares desarticuladas del sistema integral de transporte.
Frente a la desinformación y el manejo mediático sobre la movilidad urbana en Puebla, pongo a disposición de los lectores mi trayectoria técnica para cuestionar un proyecto que carece de sustento integral y transparencia.
Aclaración pertinente:
Nunca he considerado necesario hacer alarde de mis credenciales académicas ni de mi trayectoria laboral; los argumentos técnicos deben sostenerse por sí mismos. Sin embargo, ante el volumen de información sesgada e imprecisa que rodea la propuesta del Cablebús en Puebla, considero oportuno fundamentar el origen de mis puntos de vista.
Soy Ingeniero Civil (Céd. Prof. No. 7507040) y Maestro en Ingeniería de Tránsito y Transporte (Céd. Prof. No.15006746) ambas por la BUAP
Mi acercamiento al tema fue en el sector público que inició en 1984 en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) federal, dentro de la Unidad de Ingeniería de Tránsito de la Unidad General de Servicios Técnicos, desempeñándome posteriormente en la Unidad de Laboratorio. En 1993, como jefe de Departamento de Ingeniería de Tránsito en la extinta Dirección General de Tránsito, entre otras actividades que desarrollé en la dependencia en cuestión, fui capacitado exhaustivamente (12 semanas) en el marco del programa federal de asistencia técnica de SEDESOL en temas de ingeniería de tránsito y transporte, impartido por la consultora británica PTRC Education and Research Services Ltd. en colaboración con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Banco Mundial.
Durante varios años, colaboré en estudios de vialidad y transporte en la firma brasileña con sede en México: LOGIT (logística, informática y transporte), también incursioné en la docencia como catedrático de Ingeniería de Tránsito y Transporte en la UPAEP durante 10 años, y he desarrollado de manera independiente proyectos relacionados con la construcción y supervisión de caminos. Esta trayectoria sostiene de manera rigurosa las observaciones técnicas que he expuesto en otras colaboraciones y que reitero a continuación.
Opacidad técnica y ausencia de un diagnóstico integral
Ante el despliegue publicitario e institucional promovido por el gobierno del estado de Puebla, resulta indispensable señalar una omisión sistemática: aún no se ha presentado el diagnóstico técnico ni la matriz de origen-destino, entre otros estudios necesarios, que justifique realmente las problemáticas de movilidad que este sistema resolvería.
Un proyecto de transporte masivo o semimasivo no se respalda mediante voceros ni campañas de imagen en redes sociales. La literatura especializada en planificación del transporte (Ortúzar & Willumsen, 2011; que fueron mis maestros) demuestra que la viabilidad de cualquier modo de transporte requiere la intervención interdisciplinaria de urbanistas, economistas, ecologistas, sociólogos, ingenieros en tránsito y transporte, arquitectos, abogados, especialistas en logística e informática, técnicos especializados en la recolección de información y muchos más.
A la fecha, las autoridades no han hecho públicos elementos tan importantes como lo son:
- Los estudios de demanda, que soporten el proyecto.
- La integración tarifaria y física con la red existente (como el sistema RUTA).
- La nómina de especialistas o el consorcio responsable del proyecto ejecutivo y su factibilidad financiera.
La «ceguera blanca» de la planificación urbana
En su obra Ensayo sobre la ceguera, el Premio Nobel José Saramago (1995) describe una epidemia de «ceguera blanca» que paraliza a la sociedad y expone la incapacidad de reconocer la realidad colectiva. En el ámbito de la gestión pública y la ciudadanía, presenciamos un fenómeno análogo: una desconexión entre las decisiones unilaterales de infraestructura y las verdaderas necesidades de la comunidad.
Cuando la planificación del transporte prescinde del rigor técnico y se orienta por el individualismo o la agenda mediática, se incurre en una forma de ceguera institucional. La movilidad es un derecho humano y un factor de equidad social (Vasconcellos, 2010); por ello, un proyecto impuesto sin consenso técnico ni participación ciudadana margina el bienestar colectivo a favor del efectismo político.
Conclusión: la responsabilidad ciudadana y técnica
No todo proyecto de infraestructura pública es, por definición, un proyecto de desarrollo sostenible. Es deber de la ciudadanía y de los profesionales del gremio cuestionar las prioridades del gasto público y exigir transparencia metodológica.
Puebla requiere soluciones intermodales, sustentadas en datos duros y diseñadas para el beneficio de las mayorías, no obras espectaculares desarticuladas del sistema integral de transporte.
Referencias:
- Ortúzar, J. de D., & Willumsen, L. G. (2011). Modelling transport (4th ed.). John Wiley & Sons.
- Saramago, J. (1995). Ensaio sobre a Cegueira [Ensayo sobre la ceguera]. Editorial Caminho.
- Vasconcellos, É. A. de. (2010). Análisis de la movilidad urbana de espacio y política de transporte. CAF – Banco de Desarrollo de América Latina.
Los invito a ver los videos de 30 seg para conocer los dispositivos para el control de tránsito en calles y carreteras, las leyes y reglamentos de tránsito (municipal, estatal y federal) con base en un proyecto de Educación Vial propuesto por quien esto escribe e impulsado por el Dr. Román Sánchez Zamora del ICGDE de la BUAP con su personaje “Rommyn Ciudadano”; los encontrarán en estas direcciones:
En X: #romynciudadano