agosto 19, 2026, Puebla, México

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Pelear con la justicia por un derecho humano elemental / Tuss Fernández

Hoy después de 4 años gané un amparo. A partir de ahora soy dueño de mi información personal que, por una falla de interpretación de la ley me había quitado la titularidad en 2015 cuando accedí al reconocimiento de identidad.
Sucede que, la ley en la CdMx donde yo hice mi trámite expresamente reserva toda información del acta primigenia salvo excepción de mandato judicial.
Técnicamente obedece una lógica jurídica excepto por el hecho de que bajo ciertas circunstancias -como fue mi caso-, requieras tu propia información para otro trámite y no puedas tenerla sin un juez que lo autorice.
¡Pero ES MÍA! La realidad social se ve rebasada entonces por la lógica jurídica. Yo sé cómo me llamaba, dónde nací, en qué fecha y el nombre de mis padres. ¿Cómo es que necesito que un juez que ni me conoce, me de permiso para tener esa documentación que me identificaba? ¿Y cuál es el macanismo para que eso ocurra? ¿Y cuánto cuesta? ¿Y cuánto tarda?
Bueno, a todo eso me enfrenté cuando tuve que defenderme de un despojo y buscar caminos nunca -NUNCA- recorridos para lograrlo.
A veces, cuando iniciamos la lucha por un derecho y ello implica construir los mecanismos para ejercerlo, se nos escapa que detrás de cada persona hay una historia y una realidad que se configura diferente a otras. Creamos recetas genéricas que no siempre funcionan bajo cualquier circunstancia. En el afán de blindar nuestra información personal, terminamos poniéndonos a merced de desconocidos, con escritorios atiborrados de expedientes que a veces “resuelven” o “interpretan” la ley con criterios bastante pobres.
Mi abogado calculaba que por ser algo relativamente sencillo, este amparo nos tomaría máximo 90 días; transcurrieron 4 años para este fallo pero 11 años en total para lograr que el sistema -CIStema- no sólo reconozca mi derecho a existir sino que se ajuste a la realidad que vivo dentro de mi identidad autopercibida y mi libre determinación.
Gracias a todas las personas que día a día sostienen las luchas colectivas y abren camino a las personas LGBTIQ+.
Sobre todo, gracias a mi abogado chingón, por acompañarme con su enorme conocimiento y gran calidad humana a lo largo de más de una década. Ojalá pronto lo canonicen, San Bernardo

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