Cónclave significa “con llave” o “bajo llave”. Es una expresión usada para señalar la secrecía con la que los cardenales de la iglesia católica eligen al Papa. Se ha usado también para referirse a la reunión que dos hijos del expresidente López Obrador tuvieron en un restaurante de la colonia Condesa el 24 de agosto pasado con dos de los empresarios más importantes del país y con un diputado de Morena.
Pero en este cónclave, alguien tuvo la llave. Logró grabar la reunión y filtró el video, no el audio, todavía, al periodista Héctor de Mauleón.
¿Quién grabó? ¿Quién logró que una cámara entrara a esa reunión y grabara las cinco horas que dicen que duró? ¿Con qué intenciones?
Debe haber un autor material, el que físicamente introdujo el aparato, valga la expresión. Quizá alguno de los participantes, quizá alguien del restaurante. Pero interesa más el autor intelectual: el que tuvo el interés y la posibilidad de grabar. Y que hizo llegar el video a un periodista, reservándose el audio.
No nos queda más que especular, pero solo parece haber dos sospechosos, el gobierno norteamericano (mediante alguna de sus agencias) o el mexicano.
El primero es el principal sospechoso, sin duda. De ser cierta esta especulación, mostraría que tiene recursos sofisticados, primero para saber cuándo y dónde sería el cónclave, y la importancia del mismo, dados los participantes.
Y luego tener la capacidad técnica y humana de ingresar la cámara y grabar.
¿Cuál es el móvil? Presionar al grupo en el poder en México. Destacadamente al obradorismo, poniendo al desnudo a dos de los hijos de López Obrador.
Podemos pensar que el gobierno mexicano también tiene los medios para realizar este espionaje y la motivación para controlar al sector más duro de Morena, o del obradorismo, si es que es posible separarlos.
Puede ser. Pero seguramente tanto los medios como la motivación son menores que los del principal sospechoso.
¿Será un episodio más de lo que anunció Christopher Landau cuando nos sugirió “rellenar las palomitas”?
Sin duda la historia continuará.
De entre las cosas que quedan claras es que aquella propuesta de López Obrador de “separar el poder político del poder económico” puede ser vista ahora como una burla cruel. Como una expresión de cinismo, como un desprecio absoluto por el valor de las palabras. Sus hijos reunidos en secreto con dos de las personas más ricas del país.
Nuevamente, la realidad construye sus propios símbolos.











