Movimientos oportunistas y cínicos se ven en Puebla en vísperas de la elección que viene. Es el caso de Antonio Gali, brazo derecho del nefasto morenovallismo, que hoy se acomoda para un nuevo salto al poder. Lo cobija Movimiento Ciudadano, ese membrete cazador de oportunistas que recluta trepadores por el país.
Si alguien sufrió los efectos del morenovallismo fue el gobernador Armenta. Y al llegar al poder, lo denunció reiteradamente, exhibiendo el derroche en obras suntuosas con el museo barroco como emblema.
Gali heredó el poder como un gobernador de facto. Fue una designación directa de Rafael y el aval del PAN. Entró y mantuvo casi todo el gabinete de su padrino político y se le consideró como un gobernador sin proyecto propio.
En su periodo de gobierno de casi dos años explotó el huachicol en el “triángulo rojo”, Puebla llegó a ser el estado con más tomas clandestinas de Pemex. En esa etapa en Puebla subieron homicidios, ejecuciones, robo a transporte en la autopista México-Veracruz y linchamientos.
Una revisión somera sobre su gobierno revela que no auditó ni transparentó los proyectos millonarios de Moreno Valle —que dejaron al estado encadenado a una deuda escandalosa que ha sido el dolor de cabeza del actual gobernante— como el referido museo, el CIS y la segunda plataforma de Audi.
(Paréntesis: recuerdo haber escuchado al entonces presidente municipal de Puebla, Luis Banck, quejándose de su exiguo presupuesto para obras públicas y citar específicamente algo así como “si yo hubiera contado con los 8 mil millones de pesos del barroco, y suponiendo que fuera posible una operación gigantesca en corto plazo, habríamos conseguido esa ocasión llevar alumbrado a todas las colonias del municipio de Puebla”.)
Otra “joyita” de ese muy aventajado y leal discípulo de Moreno Valle es que varias obras públicas se asignaron por adjudicación directa, hubo señalamientos de opacidad en el gasto de comunicación social.
Duró su mandato solo 22 meses y se consigna que casi todo lo que inauguró ya estaba en proceso; no hubo reformas estructurales en salud, movilidad o el campo. En la sucesión estatal, ganó la esposa de Moreno Valle y la elección fue impugnada por el presunto uso de recursos del estado y terminó en el tribunal federal.
Ese minigobierno también es recordado por una enorme cantidad de casonas en ruinas de la capital del estado, que misteriosamente fueron “ocupadas” o adquiridas mediante triquiñuelas. Esas propiedades ruinosas, a los pocos meses recibieron capital fresco de extraños inversionistas prestanombres, y al poco tiempo se convirtieron en hoteles boutique y restaurantes lujosos y caros.
Nadie siguió la pista de la mano que desde la oscuridad del poder bendijo tales operaciones. Fue un blanqueo que en Puebla, entre grandes propietarios de casas y edificios del centro histórico, se comentaba en voz baja, pero todos apuntaban con el dedo hacia la cúspide del poder, como el beneficiario de millonarios negocios.
Hoy florecen por diversos rumbos, otros siguen en vía de reconversión, pero todos, invariablemente, despiden un asqueroso olor a corrupción.
Hoy retorna Gali nuevamente con un insaciable apetito de conquista de poder. Se sirve de un partido útil para operaciones en las que los negocios se disfrazan de promoción política, lucha democrática o competencia electoral.
Todo es simulacro y cinismo galopante. No hay posiciones ideológicas, principios y compromiso auténtico de servicio, solamente trepadorismo descarado y ambición lucrativa descarada.
Así cocinan las cosas los de siempre. Son los mismos, mafias insaciables que nadie parece frenar.
Por si faltara, aseguran 39 autos de lujo en una agencia vinculada al crimen organizado y el establecimiento opera en un predio que pertenece a los hijos de Antonio Gali. Alguien tendría que seguir la pista del dinero, ¿o no?
MÁS DERROCHE
Parece que cada semana algún conspicuo integrante de la familia de Morena brota de un pantano de corrupción. A la figura de la gobernadora de Quintana Roo y sus viajes por el mundo, sucede ahora la multipresencia de la secretaria de Turismo federal, Josefina Rodríguez Zamora, quien con su derroche en joyas, ropa de marca y viajes de placer, que equivale a contar millones delante de los pobres, da un rotundo golpe a la austeridad que pregona la presidenta Sheinbaum en sus discursos. Bonitas palabras, pero la realidad no se corrige ni se sanciona.














