septiembre 16, 2026, Puebla, México

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Deudas. Otra historia verdadera / Günter Petrak

Dedicada a mi querido amigo Alfonso Álvarez Grayeb quien amó la música y la vida y ha partido a la Eternidad.

A lo largo de mi vida he acumulado deudas de gratitud porque he sido muy afortunado. No llevo un registro contable de mis acreedores; a muchos no pude corresponderles, o no me permitieron hacerlo; solo me dijeron: “Haz el bien a otros, esa es la mejor forma de pagar”. Hoy recuerdo a un par de ellos, que en paz descansen: el Dr. Roberto Olivares y a su esposa Gayle Phillip Olivares (GPO). Quizá a los lectores de mi edad, que no hayan sido mis compañeros del Colegio Humboldt, no les digan nada estos nombres; pero tal vez recuerden a Amanda Beatriz Olivares Phillip, Miss México 1987 y segundo lugar en Miss Universo. Su tía fue mi maestra, su tío operó de forma gratuita a mi mamá y se hizo cargo de los gastos hospitalarios en un momento crucial de mi existencia. Era 1975, tuve que dejar de asistir a la escuela para sostener a mi madre y a mis dos hermanos menores (quienes pronto se agregarían a esa lucha). Las autoridades y maestros del colegio me permitieron presentarme solo a los exámenes y a las actividades extracurriculares, como la presentación de una obra de teatro en la cual me habían asignado un papel. En mis “historias verdaderas”, compartidas en Facebook, he referido de forma breve algunos episodios de mis inicios en el mundo laboral. HYLSA (Hojalata y Lámina S.A.) ya no existe con ese nombre, aunque la siderúrgica permanece. Comencé siendo obrero, pasé a auxiliar administrativo y llegué a ser encargado de Comunicación Interna. Mi paso por la empresa inspiró un cuento de CF que obtuvo una mención honorífica en un concurso nacional. En el 76 todavía usaba casco y botas reforzadas y no sabía manejar bien un auto (solo había recibido un par de clases de mi tío Germán, superintendente de obra con quien iba y venía todos los días al trabajo). Así que el “viaje” desde Xoxtla hasta el Hospital Latinoamericano para acompañar a mi madre durante la cirugía sumó la preocupación por su salud y los nervios de subirme solo, por primera vez, al volante del vocho de mi tío. En febrero de ese año había recibido una carta en inglés de GPO (el año previo había regresado a Estados Unidos) que me informaba que su esposo viajaría a México y con el Dr. González Cuesta harían la cirugía el 14 de ese mes. La autopista México-Puebla en aquella época sólo tenía dos carriles y la Avenida Hermanos Serdán ya existía. Mi primera experiencia en solitario, como conductor de un auto, fue en carretera; comprendió una avenida amplia y algunas calles transitadas de la Angelópolis. Durante el trayecto, una y otra vez me venía a la cabeza el diálogo en inglés que me tocó cantar en la obra “Man of la Mancha” dirigida por GPO y mi compañero Efraín Rojas:

Hail, Knight of the Woeful Countenance,

Knight of the Woeful Countenance!

Wherever you go

People will know

Of the glorious deeds

Of the Knight of the Woeful Countenance!

Farewell and good cheer

Oh my brave cavalier

Ride onward to glorious strife.

I swear when you’re gone

I’ll remember you well

For all of the rest of my life.

… (En YouTube puede escucharse el soundtrack completo de la obra con traducción)

El 30 de octubre del 75 mi maestra me había escrito: “You all did quiet well at rehearsal (and Günther, don´t worry about you singing, you do so well) just speak louder and your part is perfect.” (Todos ustedes lo hicieron bastante bien en el ensayo -y Günther, no te preocupes por tu canto, lo haces muy bien sólo habla más fuerte y tu parte está perfecta-)

Mientras manejaba no tenía en mente el comentario referido, ni canté más fuerte, pero hoy lo hago en mi memoria y eso alivia la angustia vivida. Afortunadamente la cirugía de mi mamá se realizó sin complicaciones.

Para preparar la obra de teatro, vimos previamente una puesta en escena en la UDLA, vienen a mí imágenes del ambiente nocturno de esa universidad, donde nunca había estado antes, lo vistoso del vestuario de los actores, la música que ya conocía; pero no recuerdo en particular la actuación de quien ejecutó el papel de inkeeper (posadero) y el cual me había asignado GPO.

Lo que siguió flota en el tiempo como un barquito de papel hecho de reminiscencias: el acomodo de la tramoya en el salón de actos del colegio, la espera en el cuarto de tiliches por el que se salía al escenario, la carta de mi maestra donde me decía: “y remember you in your ‘camisón, gorrita y descalzo’ with such happiness y sus buenos deseos: “we would like to see you study at a university as son as yo can. You have so many talents, don´t let your talent go to waste…”

Tuvieron que pasar siete años para que los deseos de mi maestra para mí se cumplieran. En 1983 ingresé al Colegio de Psicología de la UAP (aún no “Benemérita”) y me gradué con mención honorífica en 1988.

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