septiembre 16, 2026, Puebla, México

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La fresa y su lenguaje químico / Revista Elementos BUAP

Neby M. Mérida-Torres, Samuel Cruz-Esteban
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La fresa (Fragaria spp., Rosaceae) es uno de los frutos más apreciados en todo el mundo, no solo por su sabor y aroma característicos, sino también por su relevancia económica en países productores como México. Sin embargo, su cultivo enfrenta serias amenazas derivadas de plagas que afectan tanto el rendimiento como la calidad del fruto. Entre las más importantes destacan la araña roja de dos manchas (Tetranychus urticae Koch, Acari: Tetranychidae) y el trips occidental de las flores (Frankliniella occidentalis Pergande, Thysanoptera: Thripidae) (Figura 1), cuya presencia puede ocasionar pérdidas significativas para los agricultores.

Lejos de atacar al azar, estas plagas utilizan un sofisticado sistema de localización basado en la detección de compuestos orgánicos volátiles (COVs), pequeñas moléculas orgánicas que las plantas liberan para interactuar con su entorno (Figura 1) (Dudareva et al., 2006). Estos infoquímicos cumplen funciones esenciales en la ecología de las plantas: pueden atraer polinizadores que aseguren la reproducción, repeler herbívoros indeseados o incluso convocar a los enemigos naturales de las plagas. Sin embargo, este mismo lenguaje químico puede convertirse en una vulnerabilidad, pues ciertos herbívoros lo aprovechan para localizar más fácilmente a sus hospederos (Bruce y Pickett, 2011).

En el caso particular de la fresa, investigaciones recientes han demostrado que los perfiles de compuestos volátiles emitidos por la planta cambian de acuerdo con su estado fisiológico, es decir, si se encuentra sana o dañada. Esta variación en las emisiones influye en el comportamiento de plagas como T. urticae y F. occidentalis, que ajustan sus preferencias en función de dichas señales químicas (Zhang et al., 2022; Mérida-Torres et al., 2023). Además, se ha confirmado que la composición de COVs emitidos por las plantas de fresa no solo depende de su estado fenológico (brotación, floración o fructificación), sino también de las condiciones agroecológicas locales, lo que añade un nivel extra de complejidad a la interacción. Este conocimiento ha permitido identificar una posible secuencia de ataque de ambas plagas. Los cultivos pueden ser invadidos de manera independiente por cualquiera de ellas, pero cuando coinciden, se ha observado que T. urticae tiende a colonizar primero, generando daños iniciales que posteriormente favorecen la atracción de F. occidentalis. Este último es igualmente atraído por plantas sanas y por aquellas previamente infestadas por la araña roja, lo que crea un escenario de infestación más rápido y difícil de manejar (Mérida-Torres et al., 2024).

Estos hallazgos amplían nuestra comprensión de la ecología química en la fresa y abren nuevas oportunidades para el diseño de estrategias de manejo basadas en contextos regionales, como el desarrollo de trampas cromáticas y selectivas (atrayentes) que imiten compuestos volátiles específicos, reduciendo así la dependencia de insecticidas de amplio espectro y promoviendo un control más sostenible de las plagas (Mérida-Torres et al., 2023 y 2024).

EL LENGUAJE INVISIBLE: COMPUESTOS VOLÁTILES DE LA FRESA

Las plantas cuentan con un sofisticado sistema de comunicación química basado en la liberación de COVs. Estas moléculas son emitidas por hojas, flores y frutos, y su producción se intensifica en condiciones de estrés como sequías, heridas mecánicas o ataques de herbívoros (Dudareva et al., 2006). En el caso de la fresa, este lenguaje químico cumple múltiples funciones: atraer polinizadores, repeler insectos herbívoros y, en algunos casos, convocar a depredadores o parasitoides naturales de las plagas (Bruce y Pickett, 2011). Este sistema de defensa, sin embargo, también puede convertirse en un arma de doble filo. Plagas como la araña roja (T. urticae) y el trips (F. occidentalis) han desarrollado la capacidad de interpretar estas señales químicas para identificar y localizar a sus plantas hospedantes, aumentando la probabilidad de infestación (Figura 1) (Zhang et al., 2022; Mérida-Torres et al., 2024). Comprender cómo estas plagas se “aprovechan” del lenguaje de las plantas revela la complejidad de las interacciones ecológicas y abre la puerta al diseño de estrategias de manejo más inteligentes y sostenibles, basadas en manipular o imitar estos compuestos volátiles.

LA ARAÑA ROJA DE DOS MANCHAS (TETRANYCHUS URTICAE)

La araña roja es un ácaro diminuto que se alimenta de las células de las hojas de fresa, causando manchas cloróticas, debilitamiento general de la planta y, en infestaciones severas, incluso su muerte (Figura 2B). Investigaciones recientes revelan que T. urticae no solo es atraída por plantas sanas, sino que muestra una marcada preferencia por aquellas previamente dañadas por sus congéneres, debido a la composición específica de los COVs que estas liberan (Figura 2A). Este comportamiento facilita la colonización y rápida expansión de la plaga (Mérida-Torres et al., 2023). Entre los compuestos asociados a esta atracción se encuentran moléculas como el α-pineno, el pseudocumeno y el limoneno, que actúan como señales químicas detectables por el ácaro (Figura 1) (Mérida-Torres et al., 2023). Por otro lado, se ha demostrado que los machos de T. urticae muestran una fuerte atracción hacia el color amarillo, además de responder de manera sensible a compuestos como el farnesol, el nerolidol y el citronelol, los cuales han sido propuestos como posibles componentes feromonales (Figura 1) (Royalty et al., 1993). Sin embargo, la efectividad de esta feromona aún requiere ser confirmada bajo condiciones de campo para validar su función ecológica. Este tipo de hallazgos abre la posibilidad de diseñar trampas cromáticas de nueva generación, que integren de forma sinérgica señales visuales y químicas para mejorar la captura y el monitoreo de la plaga en sistemas agrícolas.

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