septiembre 10, 2026, Puebla, México

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Mal de amores y de cine: la Angelópolis como escenario / Moisés Ramos Rodríguez 

Férrea memoria

I.- Poblano chicharronero, exhibidor y director

En la primera película mexicana de éxito, El automóvil gris, de 1919, aparecen tomas de las más antiguas, si no es que las más vetustas de la Angelópolis: policías de la Ciudad de México persiguen a un ladrón español, cabeza de la banda que “carranceó” la capital del país en 1915, y muestra una panorámica, tal vez desde el templo de La Concepción, la Plaza de Armas y el Hotel —hoy Edificio— Arronte. Y, tal vez en un homenaje del director poblano Enrique Rosas Aragón a la cinematografía a la que estaba entregado, la entrada al Cine Olympia, uno de los primeros de la urbe.

La cinta de suspenso policial, una de las mejores de la cinematografía nacional, hecha originalmente en doce capítulos (¿la primera serie en nuestro país, en castellano?) y después unida en un filme de 1.45 horas, puso parte de la antigua Ciudad de los Ángeles en la pantalla: fue un éxito en sus dos formatos —el original mudo, en capítulos, y el sonorizado, con diálogos adaptados a los gestos de los actores silentes en las décadas de los años treinta y cincuenta del siglo pasado— y aún se puede ver en internet (https://www.youtube.com/watch?v=sD81zgf08Fg).

En el Estado de Puebla se han rodado cerca de cien filmes, algunos totalmente; otros, sólo en parte; con Arráncame la vida, estrenada en el 2008, la Angelópolis se convirtió en un personaje, fácilmente reconocible, aunque le anteceden otros filmes del siglo pasado.

Este mes se ha estrenado la serie Mal de amores que, como la cinta anteriormente referida, está basada en una novela de la poblana Ángeles Mastretta, en la cual, nuevamente, la angélica urbe es protagonista: la Biblioteca Palafoxiana, el Museo Casa de alfeñique, el Palacio Municipal, la antigua sede del Tribunal Superior de Justicia, la Capilla del Rosario… totalmente angelopolitana porque aquí es “donde sucedieron los hechos” en la primera década del siglo XX. 

En el año 2002, Frida, en parte, fue rodada en la Angelópolis, simulando que era Coyoacán; para Man on fire, en el 2004, varias calles, incluidas las de Los Sapos fueron zona de persecución; Vantage point (2008) tomó como escenario calles del Centro Histérico para simular que se trataba de Sevilla, España, en una trama —¡otra vez…!— de intento de asesinato del presidente estadunidense. Incluso en el año 2007 también, La leyenda de La Nahuala, cinta de animación, presentó una Angelópolis virreinal, no del todo lograda.

Conacine advierte: en seis años, se han producido catorce películas poblanas; sólo cuatro han llegado a los cines. Es decir: la antigua Ciudad de los Ángeles desde hace casi 130 años, cuando los representantes de los hermanos Lumiére llegaron al país con su cinematógrafo, tuvo sitios para exhibir las “vistas” del flamante invento, que originalmente quiso ser ofrecido para usos científicos; y ha rodado y producido filmes aquí, y sigue en la brega.

Rosas Aragón es el primer director poblano recordado y reconocido; desde el tiempo en que comenzó a trabajar (1898), decenas de directores han filmado, desde el Estado de Puebla, o fuera de él, y ahora Catalina Aguilar Mastretta, con Mal de amores, se suma a esa lista. Ojalá las diez cintas rodadas aquí en los últimos seis años y que no lo han hecho, pronto lleguen a la pantalla grande.     

Lo cierto es que cortometrajes poblanos como El cortejo, dirigido por Gerardo García León y producida por Jorge Rojas Tzompa, han ganado premios en la Ciudad de México y ya se han podido ver en Europa.

II.- Que 130 años no son nada…

De Enrique Rosas Aragón, al que se suele recordar como exhibidor, fotógrafo y director de cine nacido en la ciudad de Puebla, no se conoce el día de su nacimiento, sólo el año: 1875, aunque otros dan 1877 para el evento. Murió el 9 de agosto de 1920 a los 44 o 45 años de su edad, en la Ciudad de México al parecer, a causa del agotamiento que, un año antes, le había dejado la filmación de los doce capítulos (36 partes exhibidas en tres jornadas) de la serie El automóvil gris (los carranceadores protagonistas viajaban en el único Fiat Lancia que había en la Gran Tenochtitlán, entonces y la gota que derramó el vaso fue el secuestro y violación múltiple a la hija de un empresario francés.)

Enrique Rosas Aragón, el primer fotógrafo y director de cine nacido en la Angelópolis.

Tenemos, así, que Rosas Aragón es el primer fotógrafo y director de cine nacido en la Angelópolis, y el primero en hacer una serie, tal vez la que inauguró el género en castellano; aunque la historia que de él se cuenta suele iniciar en su trabajo con los proyectores de cine y no sobre dónde y qué estudió, o quiénes eran sus padres, y si también eran poblanos.

Lo que se sabe es que, desde la llegada de los representantes de los hermanos, Lumiére a nuestro país, Gabriel Veyre y Louis Bon Bernarden agosto de 1896, cuando hicieron las primeras exhibiciones —el día 6 privada para el dictador Díaz y su gente en el Castillo de Chapultepec; el día 15 pública en un local de la Ciudad de México— cundió el interés por el cinematógrafo que los franceses habían inventado y mostraba imágenes en movimiento, 24 cuadros por segundo, “vistas”, el inicio de lo que hoy es el cine.

Los galos se fueron, pero vendieron aquí los aparatos reproductores de “vistas” que los Lumiére habían fabricado, y luego incrementaron sus trabajadores, y hoy llamaríamos micrometrajes. Mexicanos adquirieron esos reproductores y pronto el nuevo invento fue llevado a los más diversos poblados de la nación. El poblano Rosas, para 1899, ya tenía su primer local en la capital del país para proyectar vistas (“un jacal”), pero, en el mismo año, ya filmaba para Guillermo Becerril, exhibidor también, Toros en el Saltillo, quizá su primer trabajo como fotógrafo, director y documentalista.    

El trabajo de Rosas Aragón tiene, por lo menos, tres características: la de un viajero impenitente que en sus 44 o 45 años de vida, hizo, entre otras cosas fotografía para cine, dirigió documentales y ficción y, antes llevó el ahora llamado séptimo arte a todos los lugares que pudo; el otro rasgo de su vida adulta fue su cercanía al ferrocarril —casi “nacieron” juntos—, el gran medio de transporte, flamante en su época; y, finalmente, le distinguió el ser testigo, con su inseparable cámara portátil, de la Revolución Mexicana.

Se sabe que al estallido de la guerra civil en 1910, conforme cambiaban los jefes, los bandos y las direcciones de la primera revolución del siglo XX, los líderes, los caudillos y los buscadores de todo tipo entrados en la revuelta, tenían un director de cine con ellos; y Rosas se unió al carrancista Pablo González, quien fue “gobernador” de la capital del país, donde se hizo famosos, como otros militares de su grupo, de “carrancear” (saquear) a la urbe y sus habitantes.

Cuando Rosas Aragón se acercó a González, ya tenía una larga y fructífera carrera, no sólo como exhibidor, sino como fotógrafo, documentalista y director de historias de ficción.

Fue con Agustín Jiménez con quien, en 1904, en Orizaba, inició la toma de sus primeras “vistas”, y aprendió rápidamente el oficio, a tal grado que su maestro, en un entrevista décadas después, recordaba que muy pronto el poblano ya sabía los quehaceres cinematográficos y él poco le corregía o ayudaba.

Así, apenas dos años después, es el iniciador del documentalismo mexicano al rodar Fiestas presidenciales en Mérida. Con él, Salvador Toscano es el otro fundador de ese tipo de cine mexicano. Ese año de 1906 se va a Cuba a exhibir los trabajos de siete compañías, lo cual le gana respeto en su área; viaja a Europa —una noticia asegura que estuvo con los Lumiére en Lyon, Francia— y a su regreso vuelve a las Antillas; en 1907 está en Tampa, Florida. A partir de entonces, sus negocios lo mantienen entre México, las Antillas y, especialmente Cuba.

Fiestas presidenciales en Mérida.

En 1907 tiene ya su Salón París en la Ciudad de México, para proyectar cine; se asocia con los hermanos Ávila para producir “actualidades”, especie de noticiarios que se mantendrían hasta muy avanzado el sigo XX con los “rollos cortos” vistos previamente a la proyección de los largometrajes. Para 1909, Rosas regresó a Cuba donde fundó la Compañía Anónima Polyteama, hecha para presentar variedades y proyecciones del cinematógrafo.

Y en 1912, ya de regreso en México, filmó Revolución en Veracruz, donde muestra a Félix Díaz contra Madero e incluye hechos de la Decena Trágica.

Pero Enrique Rosas es demasiado inquieto: en plena revolución, en el mismo año del 12, en el Teatro Principal capitalino establece una compañía de variedades, tandas y funciones del cine silente, que dura un año. Son tiempos de viajes en ferrocarril, capturando con su cámara portátil todo lo que ve, hasta que se encuentra con Pablo González,

Así, el poblano fundó, con la bailarina, cantante, actriz, guionistas, productora y directora cinematográfica (pionera en todas esas áreas cinematográficas, y en otras)

Mimi Derba (María Herminia Pérez de León), Azteca Films (Rosas, Derba y Compañía), la primera productora de cine en México. González está detrás, pero no se deja ver; mantiene una relación con Derba, entonces tiple de zarzuela y opereta.

[Derba, permítaseme la digresión, tuvo una vida muy activa: se inició en los escenarios anotados, fue pionera en el cine mudo y en el sonoro (“la voz de México” a partir de su participación en Santa, de 1931); incursionó en la radio, como una de las primeras —o la primera—  en esa área; escribió en periódicos, redactó y publicó un libro; apareció en televisión, no participó en el cine a color, pero actuó en películas hasta poco antes de morir: sus últimas aparición fueron como la burguesa millonaria en Ustedes los ricos, y como madre de Jorge Negrete en Dos tipos de cuidado; este último rol, con tal actor, lo hizo varias veces, como si realmente fuera hijo y mamá.]   

Mimí Derba

Entonces, la empresa de Rosas es el nacimiento de la producción y exhibición de cine con un sentido industrial. Con el apoyo y dinero de ella, dos directores hicieron películas donde Derba es la protagonista y, en dos ocasiones guionista; y llega a dirigir; su filme es La tigresa.

Rosas, por su parte, entre marzo y noviembre de 1919 rodó los doce capítulos de El automóvil gris que, en un tiempo récord, estrenó el 11 de diciembre del mismo, en “el elegante” Cine Olimpia. Al parecer fue su último trabajo, pues como se ha dicho murió en agosto del año siguiente; por el tiempo de rodaje y estreno, se ha hablado del agotamiento que ello le produjo lo que lo llevó a la muerte.

La cinta es excepcional por muchos motivos: la gran producción, la primera del cine y la primera serie, todavía en la época silente; la calidad y coherencia de la narración, de los encuadres, de las actuaciones, de la mezcla acertada del documental y la ficción recreada, a tal grado que el fusilamiento de siete miembros de la banda con el que finaliza el filme, fue grabado por Rosas “en el lugar de los hechos” y con ello culmina la cinta donde Pablo González aparece como el “implacable” defensor de los ciudadanos y orquestador de la detención de los ladrones.

Se ha escrito ya que ése era el verdadero sentido de la serie: “limpiar” el nombre de González, quien se creía presidenciable.

A Enrique Rosas Aragón, para ese gran trabajo que hizo —del cual fue censurada una parte, por lo que se presume se perdieron secciones completas— en la dirección le asesoraron Joaquín Coss y Juan Canals de Homs; en el guion el periodista Miguel Neocoechea y el policía Juan Manuel Cabrera quien, por cierto, actúa muy bien en la película, como él mismo; y en la edición, le apoyó Miguel Vigueras.

En el año 2019, cuando se cumplieron cien del estreno de la serie de Rosas Aragón, el Festival Internacional de Cine Silente, en el Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos, en la Angelópolis, montó una exposición de carteles, fotogramas y postales relacionados con El automóvil gris, del cual los descendientes del director, Alfonso Rosas Priego y María de Lourdes Priego, presentaron la versión en disco Blu-ray de la cinta, con base en la restauración que Cineteca Nacional presentó en el 2012 y fue estrenada en Italia en el 2014. Aurelio de los Reyes ofreció una conferencia magistral sobre Rosas en antedicho festival.         

La página electrónica Diccionario de directores de cine mexicano (https://diccionariodedirectoresdelcinemexicano.com/directores-cine-mex/rosas-aragon-enrique/) es la que más y mejor información da sobre Rosas Aragón.

III.- El Estado como escenario

Una de las películas más exitosas del siglo pasado, fue rodada en 1946 en San Pedro Cholula: Enamorada, la cual hoy pone los pelos de punta a las feministas más tímidas: la decidida e independiente mujer interpretada por María Félix —en el papel de María Félix— yéndose con el charro que la cautivó… pero siguiéndolo, a pie, mientras él va a caballo. En 1956, la actriz iría a la Sierra Norte de Puebla para la filmación de una parte de Tizoc.

Los ángeles de Puebla, ángeles a gogo, es otra cinta rodada, esta vez, en la Angelópolis, en 1967, estrenada en enero de 1968, incluye al grupo de rock local Los Frailes, que intentan hacer una versión de “Zorba, el griego” en una adaptación de Manuel Esperón; destaca el taller del pintor José Márquez, la Casa del torno, que fue destruida para construir una estación del teleférico en el gobierno encabezado por Rafael Moreno Valle Rosas, que fue “reconstruida” por órdenes del INAH.

Algunas escenas de la cinta Macario, de 1960, se hicieron en Puebla: el espectador atento puede reconocer la breve aparición de la Angelópolis, casi en un cameo.  Del mismo año, Pepe, de George Sindey, con Cantinflas, se rodó en escenarios de México y Estados Unidos; hay quien asegura que, entre los primeros estaba Puebla. Las fichas del filme no la mencionan.

Pero, sin duda una de las más impactantes películas que se han hecho en Puebla es Canoa, de Felipe Cazals, de 1975. Recreación casi documental, sin música de fondo, de la masacre de septiembre de 1968 en San Miguel Canoa, junta auxiliar de la ciudad de Puebla, tiene como escenarios la Angelópolis, Santa Rita Tlahuapan y el propio pueblo que da nombre al filme.

En la cinta podemos ver el Edifico Carolino de la BUAP, los ahora desaparecidos “Nevados Hermilo” y algunos otros sitios pero, debido a lo reciente de los hechos y las repercusiones que tuvieron nacional e internacionalmente, Cazals rodó las escenas que correspondían a la junta auxiliar poblana, en Tlahuapan donde, entre su carácter que fue calificado de autoritario como director, la lluvia, los extras y la violencia misma de las escenas, casi se le fue de las manos la filmación, pero la logró.

Hubo muertos, heridos, y unos detenidos que pronto fueron liberados por la masacre de trabajadores de la BUAP, por lo que la película tiene como subtitulo “Memoria de un hecho vergonzoso”. En la Angelópolis, fue proyectada en 1976 durante semanas; en la capital del país, desde 1975, por su estreno y hasta el año siguiente, fue un éxito. Enrique Lucero es el cura sobre el que, en gran medida, Cazals pone el dedo acusador.

La última escena del filme sí fue hecha en Canoa: con un equipo básico, Cazals y un pequeño grupo de ayudantes tomó la escena de la fiesta de San Miguel, frente al templo al que, se dice en el libro, el guion y la película, quisieron pernoctar los trabajadores asesinados y/o mutilados.

Otras cintas rodadas en e Estado son: La ley de Herodes, de 1999, en escenarios de la Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán y Zapotitlán Salinas. Cristiada, del 2012, cuyas escenas poblanas son en Cuetzalan.

De vuelta a casa, se rodó en el 2022 con el tema de la migración como punto focal, en diversas partes del Estado. Este viernes 11 de septiembre, Prime Video estrenará El juicio, miniserie que dirigió el año pasado Roberto Sneider quien, así, regresa a la antigua Ciudad de los Ángeles para rodar: desde el tráiler, la primera toma que ve el espectador es una panorámica de la urbe, con la Matlalcuéyetl al fondo e, inmediatamente después, las torres del templo de la Compañía de Jesús, el del Espíritu Santo pero, dados los tiempos donde un francotirador fue detenido en la Vía Atlixcáyotl y varias personas han sido detenidas en la zona de Angelópolis, éstas dos últimas también se verán en algunos de los ocho capítulos anunciados.     

Actualmente, año 2026, “más de 40” solicitudes para rodar en el Estado han sido presentadas, asegura la Secretaría de Turismo estatal.

Esos son los antecedentes de la llegada, a través de Netflix, de Mal de amores.

IV.- Premio Rómulo Gallegos

Mal de amores, la novela de Ángeles Mastretta (9 de octubre de 1947, Puebla, Pue.) cumple treinta años de haber sido publicada. A un año de su salida a las librerías, recibió su autora el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos en Venezuela, antes recibido por Carlos Fuentes y Fernando del Paso.

En 1985, Mastretta había dado a la imprenta su primera novela: Arráncame la vida, por el cual recibió el Premio Mazatlán de Literatura. En 1989 salió a librerías Mujeres de ojos grandes, su colección de cuentos, y su libro más reciente es, del 2019, sun antología Yo misma. La mayoría de sus obras están traducidas al italiano.

Ángeles Mastretta se presenta ella misma en ese sitio electrónico: “Nací en Puebla, una ciudad azul entonces y caótica ahora, dos mil metros arriba del nivel del mar, bajo la luz y el enigma de dos volcanes. Ahí crecí y aún ambiciono el sonido de su nombre como el del territorio donde cupo una infancia febril y una adolescencia consternada, como el del mundo donde viven mis hermanos y sus hijos, donde encuentro a mi larga familia y mis primeros amigos, donde aún busco y añoro a mis muertos.”

Ahí (https://angelesmastretta.com/) y en otros sitios se omite, en la lista de sus obras, el poemario con el cual Mastretta inició su carrera en la literatura: La pájara pinta, de 1978, aunque ella lo menciona, pero no aparece, con portada y todo. ¿Hará, pronto una reedición o dejará ese libro en el olvido?

En el año 2003, la BUAP la hizo doctora honoris causa, y por sus actividades cinematográficas recibió ya dos distinciones: el Ariel por mejor guion adaptado (de su inicial novela), y el Diosa de plata, ambos en el 2009.

El más reciente reconocimiento que recibió la narradora poblana fue el Premio Zaragoza, que le otorgó el Ayuntamiento de Puebla, este año 2026.

En el año 2007 (estrenada en el 2008), Roberto Sneider llevó al cine Arráncame la vida, la novela con la cual debutó en ese género literario, con un guion de él mismo y de la propia autora. La cinta fue bien recibida, sobre todo porque se considera que es fiel al libro que es la historia, novelada, claro está de Maximino Ávila Camacho, sus socios —entre ellos William O. Jenkins— y el ambiente político de finales de los años treinta y principios de los cuarenta del siglo pasado en Puebla y en el país, donde el hermano del político, Manuel, llegó a la presidencia después de Cárdenas.     

Ana Claudia Talancón y Daniel Jiménez Cacho fueron los protagonistas de la cinta que, en su primer fin de semana, recaudó más dinero, convirtiéndose en líder en ese rubro. Sneider y Mastretta recibieron un Ariel por su guion como mejor adaptación. También fue premiada con la misma estatuilla por Mejor Diseño de Arte, Mejor Maquillaje y Mejor vestuario. Canacine le dio los galardones a mejor director, mejor película, y mejores actriz y actor principal.

Hoy, la versión en DVD de Arráncame la vida, es muy apreciada entre los coleccionistas de cine mexicano, aunque se puede ver en alguna plataforma actual.

Mastretta regresa al cine, ahora con su segunda novela, Mal de amores, de la mano de la cineasta y novelista Catalina Aguilar Mastretta, su hija, quien ha hecho una serie—como en 1919 Rosas Priego— para Netflix, como directora, guionista y productora ejecutiva.          

Como se recordará, la protagonista de la novela, y de la serie, es una joven poblana en 1910. Ángeles Mastretta ha escrito sobre ella: “Emilia Sauri: vuelta de carne y hueso en Renata Vaca. Una criatura excepcional, tocada por una gracia extraña y misteriosa. Con la perfecta nariz y el alma noble de su madre, los ojos oscuros y grandes como un enigma de su padre. El fervor incansable de su tía Milagros. Tenía los pómulos levantados, la frente amplia, las cejas altas y precisas. Varias pasiones encontradas en el centro de su vida y su imaginación.”

Desde su estreno, la serie ha sido vista con interés en Puebla. Veremos al final de año en qué lugar se coloca por su número de vistas. Lo que es un hecho es que ha despertado, nuevamente el interés por la antigua Ciudad de los Ángeles, por su historia de inicios del siglo pasado, por la situación de las mujeres de hace más de cien años; por las novelas de Mastretta 

Hoy, Mal de amores (¿tendrá edición del XXX aniversario?) es una miniserie de siete capítulos; 107 años después de El automóvil gris que fue una de doce, hecha y dirigida por un poblano, la poblana Ángeles Mastretta celebra tres décadas de su novela en Netflix, con una historia que dirige Catalina Aguilar Mastretta, su hija, autora de la novela Todos los días son nuestros, del año 2016. 

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