Giovanny Aguilera-Durán, Ma del Refugio Cuevas-Flores
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El cáncer es una de las enfermedades con mayor incidencia y mortalidad a nivel mundial. En 2018 se reportaron aproximadamente 18.1 millones de nuevos casos y 9.5 millones de muertes, situándose como la segunda causa de defunción global después de las enfermedades cardiovasculares (Malekinejad et al., 2022). En esta enfermedad, las células normales pierden la capacidad de controlar su división celular, generando problemas en la salud de los pacientes. Existen diferentes tipos de cáncer, pero algunos destacan por su agresividad. Entre los más relevantes se encuentran el cáncer de pulmón, mama, cervicouterino, colorrectal y el melanoma, siendo este último uno de los de peor pronóstico. La alta incidencia, su elevada mortalidad y la complejidad de los mecanismos que permiten a las células tumorales evadir la apoptosis, un mecanismo de la propia célula para destruirse de manera controlada cuando hay daño o errores, y desarrollar resistencia terapéutica hacen del cáncer uno de los principales retos de la medicina contemporánea.
Dentro de este panorama, el cáncer de pulmón de células no pequeñas (NSCLC, por sus siglas en inglés Non-Small Cell Lung Cancer) constituye aproximadamente el 85 % de los casos diagnosticados de cáncer pulmonar. Se trata de la forma más prevalente de esta enfermedad y presenta una tasa de supervivencia a 5 años de apenas 8 % en la etapa III y 2 % en la etapa IV.
El tratamiento para el cáncer suele concentrarse en quimioterapia y radioterapia y, dependiendo del tipo de cáncer se necesitan diferentes concentraciones del tratamiento. En el cáncer de pulmón, a pesar de los avances en quimioterapia, como el desarrollo de inhibidores de tirosina cinasa (TKI, por sus siglas en inglés) e inmunoterapia, la mayoría de los pacientes presenta resistencia a los tratamientos, lo que limita su eficacia clínica y favorece la progresión tumoral y metástasis, que es el resultado de la migración de células tumorales a diferentes tejidos del cuerpo (Ko et al., 2018).
Por otro lado, el cáncer de mama es la principal causa de muerte en mujeres, con una prevalencia de 24.2 % y una mortalidad cercana al 15 % a escala mundial (Malekinejad et al., 2022). Este tipo de cáncer se puede clasificar en tres tipos principales debido a la presencia de receptores (proteínas presentes dentro de la célula) en las células cancerígenas, que son aprovechados por las células para dividirse y sobrevivir, pero que en el diagnóstico nos permite identificar el tipo de cáncer y proponer tratamientos dirigidos:
- Cáncer de mama dependiente de estrógenos o progesterona y negativo para HER-2, que corresponde a cerca del 70 % de los casos.
- Cáncer de mama positivo para HER-2, presente en 15-20 % de los pacientes.
- Cáncer de mama triple negativo (TNBC, por sus siglas en inglés Triple-Negative Breast Cancer), que carece de los tres marcadores principales (receptores hormonales y HER-2) y representa alrededor del 15 % de los casos (Malekinejad et al, 2022).
El TNBC es especialmente complicado de tratar, pues al no expresar alguna de las proteínas antes mencionadas, dificulta un tratamiento dirigido y eficaz. Esto deja a la quimioterapia no dirigida como la única opción viable, con el consiguiente impacto negativo en la supervivencia del paciente (Guerra et al., 2020).
Tanto en cáncer de pulmón como en cáncer de mama, existen ciertas vías de señalización, una red de comunicaciones que se activa como una cascada cuando se activa la proteína inicial (puede ser un receptor de membrana o citosólico) se promoverá la participación de otras proteínas que derivarán en la expresión de genes y síntesis de proteínas, que son activadas por diversos ligandos (moléculas pequeñas o proteínas) promoviendo la proliferación de las células cancerígenas, metástasis e inhibición de la actividad del sistema inmune. Entre las vías de señalización que se sobreactivan en estos dos cánceres, está la vía del receptor al factor de crecimiento epitelial (EGFR) promoviendo proliferación y metástasis. Inhibir estas vías de señalización ha permitido el estudio de nuevas moléculas que puedan ser de utilidad en el tratamiento del cáncer, un ejemplo de esto son los triterpenos.













