Diario de trabajo, 27 de octubre, 0, 25 Hs.
Para Lalo Rodríguez
La condición histórica del poder es la sordera, agravada en unos momentos más que otros. También, la ceguera. Edipo no hizo caso del oráculo y su castigo, pareció objetivar su sino, la ceguera, y el destino de su prole: Antígona. Medea construye su historia sobre un campo de cadáveres . El propio Ulises es castigado por haber provocado la furia de Poseidón, obligándolo a naufragar una y otra vez, por casi 10 años, antes de volver a Ítaca y acabar con los pretendientes de Penélope que saqueaban su palacio.
Para los griegos, no hay mayor peligro que la hybris, la desmesura , deviniendo, invariablemente, en tragedia. Y, a su vez , la desmesura es consecuencia de la soberbia, del orgullo. Si en la literatura los ejemplos sobran, en la historia se multiplican, de Calígula a Stalin; de Castro a Pinochet. De Carlomagno a Franco, de Luis XIV a Ortega.
El poder no escucha, es sordo, sea por soberbia o porque alguien lo encierra en una burbuja de cristal, dándole la espalda al mundo, sin otros interlocutores que aquellos que lo ensalzan; sin otros interlocutores que aquellos que lo adormecen, o lo hipnotizan. El poder es hipnótico , bajo el peligroso efecto del narcisismo, hasta que un estallido largamente anunciado le arrebata el sueño y rompe la frágil burbuja en la que por fatalidad o estupidez se había mantenido. La frágil burbuja de cristal, engañosamente recubierta por la dureza de los metales.
Lo que hoy ocurre en la UAP es resultado de años y años de sordera y ceguera y de la negativa de la presente administración a atender el aviso de incendio que fue el paro estudiantil del año pasado. Lo que ocurre hoy en la UAP es resultado de cientos de agravios no resueltos, y la administración de la Dra. Cedillo quiso ocultar bajo alfombra, con el único objeto de salvar la reelección. Lo que hoy ocurre en la UAP es resultado de la entrega de la Dra. Cedillo a los poderes fácticos que verdaderamente dirigen la institución. Pero el sol no se tapa con un dedo, ni se puede esconder el elefante en la sala, y salvo las respuestas superficiales de la rectoría, ninguna de las demandas estructurales de la comunidad tuvo lugar en el segundo periodo de gobierno. Todo lo contrario , la reelección pareció una patente de corso para mantener la misma verticalidad, los mismos privilegios de la burocracia dorada, la misma opaceidad el mismo despotismo, los mismos gastos suntuarios, la misma banalización de la vida universitaria, el mismo culto a la personalidad ,las mismas prácticas caciquiles, las mismas obras faraónicas, la misma falta de insumos, etc. Pero la Dra. Cedillo pasó por alto que la legitimidad se reconoce, no se impone, como apuntó H. Arendt. La Dra. Cedillo paso por alto que la legitimidad es algo más que la fabricación artificial de una imagen. La Dra. Cedillo no se percató que la legitimidad no es equivalente a la postración de sus funcionarios.
Ahora, nadie se llame a sorpresa; de haber tomado con seriedad la conducción de una institución como la universidad y no como la de una escuela de párvulos; de haber organizado un equipo de trabajo más allá del pago de facturas o dudosas lealtades; de haber realizado a tiempo los cambios más apremiantes que la comunidad exigía, es seguro que no se hubiera llegado a este punto; de haber informado y consultado, democráticamente, sobre la necesidad de reformar el régimen de pensiones, se hubiera evitado un agravio más a la comunidad universitaria; si la administración hubiera mostrado la más elemental voluntad para recortar los privilegios de unos cuantos, repito, no hubiéramos llegado hasta el punto donde nos encontramos hoy. De haber escuchado las advertencias de muchos universitarios , alertando sobre el malestar prevaleciente en la institución se hubiera podido detener a tiempo un conflicto que día a día irá escalando. Si se hubiera realizado un verdadero debate sobre el fututo de la universidad, en lugar del sin fin de eventos circenses, el espíritu de la comunidad se hubiera fortalecido. Si se hubiera reconocido a la institución como una verdadera universidad, plural , y no como un rebaño, el clima de respeto sería otro. Si se hubiera respetado la dignidad de los universitarios en lugar de sucumbir al poder como ocurrió en el desfile del 5 de Mayo. Pero, como siempre, en política las decisiones a destiempo se convierten en un error. Pero, como siempre, las legítimas demandas de la comunidad se estructuran en la lógica de la concesión que el poder brinda como una dádiva , o en la de el palo y la zanahoria. Como siempre, se siguen los mismos preceptos para estigmatizar y deslegitimar al movimiento universitario inconforme. Como siempre, aparecen los oportunistas como los operadores ideales, empapados de un tono porril y amenazante y cuyo único interés es ascender por los escalones de la corte. Como siempre , lo que a la administración le interesa es el mantenimiento de su estatus y no el bien de la universidad. Como siempre, como siempre, hasta que un día digamos , “ No más “. Y ese día es posible que haya llegado hoy.









