marzo 5, 2026, Puebla, México

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La izquierda y el tamaño de la culpa / Juan Carlos Canales

Diario de trabajo, 6 de enero, 19.00 Hs.

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El problema de toda ideología es la discrecionalidad con que aplica criterios morales y, aun así, intenta otorgarles un estatus de universalidad. En el caso de la izquierda, la cuestión es todavía más notable al considerarse el recipiente del espíritu absoluto y, hecha estado, la totalidad ética. Toda empresa, por descabellada que sea, hasta el terror mismo, se legitima en esos dos pilares. La captura de Maduro es un evento atroz, pero no es menos atroz la persecución a que ha sido sometida la disidencia venezolana toda, también aquella parte de la izquierda que rompió con Chávez y, especialmente, con Maduro, ¿ o alguien cree que, moralmente, son distintas las dictaduras de Castro y Pinochet; fue moralmente superior el estalinismo al nazismo ? Hitler mandó a matar a 6 millones de judíos, más un millón y medio de otras minorías étnicas y culturales ( religiosas, sexuales,etc.) Stalin, asesinó, por represión, a 20 millones. Durante la Guerra civil española, los comunistas fueron tan responsables de la debacle republicana como los facistas. En Vietnam murieron alrededor de dos millones y medio de personas en 20 años; de ellas, 58 mil eran soldados americanos. En cuatro años los jemeres rojos asesinaron alrededor de un millón de camboyanos. En nuestro continente, durante las dictaduras, la izquierda envió al matadero a miles de militantes, cuya muerte pudo haber sido evitada, y si no se reconoce la responsabilidad de la izquierda por esas muertes es porque se atribuyen exclusivamente a los milicos, pero ahí está el debate abierto por Del Barco y continuado por Silvia Labayru en “ La llamada”, de L.Guerriero o en ese otro libro, “ El dolor”, de M. Duras que da cuenta de los excesos de la “resistencia” francesa. No se trata, desde luego, de aplicar criterios cuantitativos para concursar por el tamaño de la culpa – la muerte de un hombre es una tragedia; la de un millón, estadística- ni, tampoco, hacerse eco del fantasma del anticomunismo que recorre el mundo. Pero sí de asumir la responsabilidad que le corresponde a una parte de la izquierda y con ello sacudirse el marasmo que vive (Traverso lo calificaría de melancolía) y se desdobla entre la impotencia y la petrificación.