José Lazcarro reconstruye en este texto de la Doctora Emma Yanes Rizo su vida en la Colonia Guerrero. Recordamos así el cumpleaños 85 de este el más importante pintor poblano vivo.

José Lazcarro Toquero nació en la ciudad de Puebla el 27 de febrero de 1941. Alegre e incansable es un artista que ha desarrollado su oficio en disciplinas como el grabado, la pintura, la escultura, el arte-objeto, la arquitectura, el diseño de mobiliario y la experimentación con materiales diversos, así lo demuestra en su última exposición Peltre (agosto 2016), realizada en base al esmaltes al fuego, que se exhibe en su galería en La Noria, ciudad de Puebla. Lazcarro inició su formación como artista en 1958 en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la Academia de San Carlos en la ciudad de México. En 1964 se integra al Organismo de Promoción Internacional de Cultura y es cofundador en 1965 del Grupo de Experimentación Plástica Fray Servando. Desde 1961 ha realizado murales en distintos edificios, como la Sala de Lectura de la Biblioteca Central de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Departamento de Artes de la Universidad de Nuevo México en Alburquerque, el edificio de Humanidades de la Universidad de las Américas Puebla, la Biblioteca Central de la Universidad Popular Autónoma de Puebla (UPAEP) y el del Mercado de Sabores en la misma ciudad.
Fue director del proyecto escultórico del Parque metropolitano del estado de Puebla; miembro del Consejo ciudadano de cultura de dicha ciudad y fundador del taller de arte Washi-Zokei de la Universidad de las Américas, en Cholula.
En 2009 fue ganador de la IX Bienal Monterrey FEMSA, en México, en la categoría tridimensional, con la pieza Naturaleza muerta #4, realizada a partir de troncos de árboles talados para construir la ampliación de la carretera al aeropuerto de Huejotzingo. En 2009 recibió el título de Maestro Emérito por parte de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP), además del Premio Quetzal por su trayectoria artística.
En el verano de 2010, como parte del reconocimiento por su pieza ganadora en la IX Bienal Monterrey FEMSA, realizó una residencia artística en el Instituto de Arte y Diseño, Saint-Etienne, Francia. En 2010 recibió el premio ALUX a la excelencia por parte del grupo editorial Síntesis. El mismo año, su obra El último de los justos fue denominada pieza icónica del Bicentenario Mexicano en el Museo Nacional de la Estampa de la Ciudad de México. Su trabajo ha sido expuesto en Guatemala, Colombia, Chile, Argentina, Estados Unidos, Canadá, Rumania, Italia, Japón y Puerto Rico.
Es maestro de pintura y grabado en la Escuela de Artes Plásticas de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Tiene su propio taller en Cholula. Actualmente se encuentra preparando la exposición “A la manera de Lazcarro” para el Museo Internacional del Barroco en la Ciudad de Puebla.
Sin embargo sus primeras inquietudes como artista surgieron durante su juventud en los años cuarenta y cincuenta en la emblemática colonia Guerrero, en el centro de la ciudad de México, en el apogeo de la liberación de las costumbres y del acercamiento de la cultura a las clases populares, que encabezaron entre otros Diego Rivera, Frida Kahlo, Francisco Zuñiga y María Izquierdo, motivo por el cual la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y grabado La Esmeralda, fue ubicada justamente en ese barrio obrero. El joven Lazcarro, sin saberlo en esos momentos, sería testigo del paso de lo que se conoció como “la escuela mexicana de pintura” a “la generación de la ruptura,” encabezada a finales de los años cincuenta por algunos alumnos de La Esmeralda, como Pedro Coronel, Manuel Felguérez, Vicente Rojo y José Luis Cuevas, entre otros. Este texto recoge la vida del joven Lazcarro en aquéllos sus primeros años en la colonia Guerrero.
La colonia Guerrero, los primeros años.
Nací en Puebla en 1941, en la 14 Oriente muy cerca de donde está la Casa Aguayo[1], como a cien metros ahí. Luego nos fuimos a México porque mi papá consiguió trabajo como distribuidor en el periódico el Universal, allí en la calle de Bucareli, donde también estaban el Excélsior y la Prensa[2]. Mi padrino era el líder de los trabajadores del Universal, se llamaba Félix Aguilar. Mi papá era repartidor de los periódicos que se llevaban al aeropuerto. Su trabajo empezaba a las cuatro o a las cinco de la mañana, luego hasta logró comprar su propio camión y así trabajó mucho tiempo. Cuando nos fuimos éramos cinco hermanos, tuve una hermanita que se murió antes.
Llegamos a la Guerrero en 1945, cuando yo tenía cuatro años, todavía era presidente Manuel Ávila Camacho, al año siguiente subió Miguel Alemán.[3]
Primero nos fuimos a vivir a la calle de Zaragoza y luego nos pasamos a Degollado. En Zaragoza estábamos casi enfrente de la casa del general Urquizo, en el número 103, y posteriormente en el 119 interior 5; después llegamos a la calle de Degollado 169 interior 1. La residencia del General Urquizo estaba a una calle de la Escuela Bartolomé a la que yo iba. Siempre supimos que era de un militar, del Comandante del escuadrón 201. Él había sido General de la Defensa. Después la casa se la dejaron a los estudiantes, tenía un letrero que decía Casa del Estudiante Sonorense y ahí vivían un montón de jóvenes, más tarde se convirtió en una vecindad infecta.
En esa época La Guerrero era una colonia muy bonita, de entrada sí nos conocíamos entre los vecinos. Por cierto frente a mi vecindad había una accesoria y ahí puso su estudio un pintor, yo me asomaba a ver lo que estaba haciendo, me fascinaba observar cómo pintaba sus vírgenes de Guadalupe, ahora me doy cuenta de que no era malo sino lo que le sigue pero en esa época sí me apantallaba. Lo que son las cosas, ese cuate casi casi es el causante de mi vocación, un día dejó para la basura en un poste de teléfono una cajita de pinturas ya secas; salí a jugar y sin querer le pegué a la cajita, salieron un montón de frasquitos; los recogí y vi que eran pinturas de agua, estaban resecas pero las pude reutilizar. En esa época yo sólo dibujaba con pinturas de palito o sea con colores de madera o de lápiz. Pues les eché agua a esas pinturas y las empecé a batir como si fueran un licuado; descubrí que al pintar ya se veía todo parejito, dije, “hay están repadres”, y desde ese momento me aficioné a pintar y nunca dejé de hacerlo. Tenía como ocho años. Me gustaba pintar las burritas del Poli, era yo fanático del Poli, así como paisajes que le gustaban a mi mamá, estilo rococó, así todo muy acá, iglesitas. Después empecé a pintar volcanes, también dibujaba la casita tradicional; de esa época hasta tengo un original que hice el diez de mayo, como no tenía nada que darle a mi mamá me fui a Chapultepec y copie un árbol con nescafé y agua, ahí lo tengo todavía, mi doña olvídate guardaba todo.
Ella también me dejó otro cuadro que hice cuando estaba más chiquito, era un zarapito de tela, lo corté y se lo pegué a dos cabecitas, una de niña y otro de niño para aparentar que se estaban cobijando frente a una iglesia, mirando al horizonte y al campo. Clásico. Ese lo tengo porque estaba en una hoja de cuaderno del kínder. Y es que mi mamá almacenó hasta mis rizos.
En esa época en La Guerrero había muchas vecindades que estaban en las calles de Moctezuma, Degollado, y Zaragoza, a una de esas vecindades le apodaban El Glorioso. Nosotros vivíamos en Degollado y Guerrero. Entonces nos peleábamos con los de El Glorioso por las chavas. Si una de El Glorioso se llevaba con alguno de nosotros, los cuates de allá nos iban a buscar para armar pleito. No podías ni pasar por ahí porque ya sabías que te iban a madrear. Todo era parte del cotorreo. Nada más que a mí nunca me pasó nada, de que yo fuera de pleito así, no. Pero aprendí a pelear, a mi hermano y a mí nos decían los Macana. Nuestra vecindad se extendía a lo largo en colindancia al fondo con otra calle, ahí vivían muchos puesteros del mercado Martínez de la Torre.

Casa del general Francisco L. Urquizo (1891-1969). Urquizo fue militar, general revolucionario, escritor e historiador mexicano. Luego de la revolución vivió en la colonia Guerrero, en la calle de Zaragoza, entre Pedro Moreno y Violeta.
Degollado, la Calle donde yo vivía, entre Héroes y Guerrero, era muy interesante. La manzana estaba llena de personajes y lugares con historia. Por ejemplo, junto a mi vecindad había un taller de coches, como garaje, que había sido arena de boxeo. Allí habían peleado boxeadores como el Chango Casanova, todos ellos. El Kid Azteca también, al Kid Azteca sí lo conocí porque era guía de turistas allá en el Hotel Regis. Pasó 10 años siendo campeón peso gallo de la república y al mismo tiempo era guía de turistas. Era un gran campeón. El Chango Casanova ¿sabes dónde lo vi la última vez?, resulta que él tenía un puesto de jugos de naranja en frente de la Basílica de Guadalupe y cuando ya no peleaba siempre andaba ahí. Fue muy buen boxeador, el primer ídolo que tuvo el boxeo mexicano, lástima que acabó muy mal, de teporochito. Igual que el Pajarito Moreno, terminó arreglando llantas, pobre Pajarito.

El Chango Casanova contra Sixto Escobar, junio de 1934. Foto: Repicante, cultura crítica y periodismo digital.
El Chango Casanova. Rodolfo el Chango Casanova, nació el 21 de junio de 1915 en León Guanajuato. Fue el mayor ídolo del boxeo mexicano entre 1932 y 1942, se convirtió en estrella tras haber peleado entre otros contra el Kid Azteca y Speede Dado, filipino al que venció en el cuarto asalto. De ahí viajó a Los Ángeles California, donde venció a Young Tonmy. En 1934 ganó el título nacional pluma venciendo a Juan Zurita y el título nacional de peso ligero contra Manuel Villa. En 1937 el Chango perdió el título ligero por nocaut contra Joe Conde y ese mismo año la Comisión de Boxeo le retiró el título de Peso Pluma. En junio de 1935 venció en 10 asaltos a Baby Arizmendi. Luego de la muerte de su manager Luis Morales en 1939, el Chango decayó víctima del alcoholismo. Murió en noviembre de 1980.
Kid Azteca
Kid Azteca. Su verdadero nombre era Luis Villanueva Páramo, nació en junio de 1913 en Tepito, en el Distrito Federal. Peleó de 1932 a 1957, es el boxeador con más años en el pugilismo. Fue campeón nacional de peso Welter. Entre los grandes rivales a los que venció están “El Jaibo” Ortega, Tony “El Chino” y el rielero Ramírez. Le ganó dos veces a Ceferino García, el retador número uno al cetro del mundo. Nunca se casó. Fue un hombre de éxito y supo hacer fortuna


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Hotel Regis. Ubicado en la calle de Azueta y Juárez en el centro histórico de la ciudad de México. Inaugurado en 1910. Fue uno de los más lujosos de la época, contaba con cine, salón de recepciones, y con el famoso cabaret Capri. El edificio se desplomó durante el terremoto del 19 de septiembre de 1985.

El Pajarito Moreno. Foto: artículo Edgar Valero, revista El mundo del deporte.
Ricardo Moreno, alias “El Pajarito”, nació el 7 de febrero de 1937 en Chalchihuites, Zacatecas. Fue campesino y minero. Se abrió paso en la vida con los puños, al calor del trabajo en las minas. Su mánager Guadalupe Sánchez, lo convirtió en una de las grandes figuras del pugilismo mexicano en la década de los cincuenta, conquistó el título nacional de peso Pluma. De gran popularidad su fama trascendió al boxeo y filmó dos películas: Policías y ladrones (1956) y La Sombra del otro (1957). Le gustaba vestirse como Pachuco al estilo Tin-Tan: zapatos blancos, camisa roja, anillos de diamantes. En sus buenos tiempos ganó mucho dinero, fue despilfarrador y generoso con casas de beneficencia. Según su amigo Julio Coria ( Wikipedia), “le gustaba prender billetes de 100 pesos para prender cigarros”. Luego de la derrota por el peso Pluma contra Hogan Kid Bassey, se refugió en el alcohol. Le quitaron su licencia de boxeador luego de una trifulca en un cabaret de mala muerte donde le robaron su anillo de diamantes. Luego de su divorcio con Rebeca Juárez, se refugió aún más en el alcohol y en la droga. Estuvo un tiempo internado en el hospital psiquiátrico Campestre, en la carretera a Puebla, para tratar de curar su alcoholismo. Luego se dedicó a vagar por la ciudad de México y la gente al reconocerlo le daba algunas monedas. Después regresó a Zacatecas donde vivió en unos baños públicos. Finalmente se trasladó a Durango, le dieron refugio en el gimnasio El refugio, donde los dejaban dormir. Murió en la miseria a los 71 años.
Luego enfrente de mi casa había una tintorería que se llamaba Iberia, era de Don Abel, un español con una hija muy guapa, América, le decíamos Mere, todo mundo quería con Mere pero era inalcanzable.
Que tiempos, en la esquina de mi vivienda vivía Ángel Fernández cuando empezaba a ser famoso. En la calle de atrás, en Camelia, residía Ferrusquilla, el hombre de las mil voces, imitaba desde Agustín Lara hasta Pedro Vargas. Después se volvió un compositor con mucho éxito.

Ángel Fernández y Pelé, 1970.
Ángel Fernández, uno de los más populares cronistas deportivos de la ciudad de México, vivió su infancia en la en la calle de Magnolia en la colonia Guerrero, “en medio de trompadas y valedores, de la fuerza y la amenaza.” Cuentan que su madre hizo del niño todo un currutaco, lo vestía con “pantalones de terciopelo, chaleco muy mono y corbata de rayitas.” Cursó la primaria en escuela Belisario Domínguez en la misma colonia, luego en la Jaime Nunó y posteriormente a la secundaria 4, de la que se escapaba para jugar futbol, béisbol y ver entrenar a los boxeadores de la época en los propios gimnasios de la Guerrero, donde admiró el estilo de Rodolfo Casanova. A los trece años entró a trabajar en el taller mecánico de sus tíos en la calle Constancia, en la Peralvillo. Para entonces usaba un suéter de dubetina, que es como un terciopelo ralo y suave. También jugó en diversas ligas de béisbol con el equipo Bedón, que pertenecía a los señores Osés. A los dieciséis años ingresa al Excélsior a cubrir eventos en la sección de deportes. En 1954 lo contratan en la XEB donde presenta a los tríos y grupos musicales. Posteriormente, en 1957, debido a su gran voz, narra la pelea entre Raúl Ratón Macías y Alphonse Halimi. Fue la época en que lo conoció el joven José Lazcarro. A la par Ángel Fernández inicia la conducción del programa El Juego de Hoy, de gran éxito. De ahí fue contratado por Emilio Azcárraga para trabajar en la XEW. En 1960 comienza a narrar partidos de futbol en radio y televisión, con su peculiar estilo que incluía apodos a los jugadores y a los equipos e incorpora en la locución su célebre frase:¡A TODOS LOS QUE QUIEREN Y A TODOS LOS QUE AMAN AL FUTBOL! Su maratónico grito de ¡Goooooooool! nació en 1968 luego de la anotación del “Chololo” Díaz a la portería brasileña en el estadio Maracaná, que dio la victoria a la selección mexicana 2-1.
Ferrusquilla

José Ángel Espinoza Aragón, mejor conocido como Ferrusquilla, el hombre de las mil voces, nació en Sinaloa en 1919, fue cantante, compositor e incluso actor de la conocida época de oro del cine mexicano. Llegó a la ciudad de México, a vivir a la colonia Guerrero en 1937, con la intención de estudiar medicina. En 1938 entró a trabajar en la XEQ primero como mandadero; luego le dieron la oportunidad de ser locutor y posteriormente se convirtió en Ferrusquilla, en el programa Fifirifas cuando el programa se había quedado inesperadamente sin elenco en una transmisión, José Ángel tuvo que hacer ocho voces distintas para sacar a flote la producción, por lo que fue bautizado como El hombre de las mil voces. En 1941 ingresa al Conservatorio Nacional de Música, donde conoce a Manuel M. Ponce y Silvestre Revueltas. Durante la Segunda Guerra Mundial dobló varias películas de Disney y a finales de los cuarenta participó como actor en algunas cintas mexicanas como Las puertas del presidio, de 1949. En 1951 dio a conocer su primera composición Los amigos que tengo, interpretada por Pedro Infante. En 1957, sale a la luz la canción que lo haría famoso: Échame a mí la culpa.
En la otra esquina, al final de Degollado, estaba una pulquería y luego el resto de la cuadra era una vecindad enorme a la que le decíamos el Palomar, porque tenía tres pisos y cada vivienda contaba con sus ventanitas. Ahí residían el Chico Casasola y su hermano Mani, eran luchadores, de pronto yo llegué a ver ahí hasta a el Santo, por dios. Al chico Casasola le llamaban el Rudo Científico. Peleaba entre otros contra El Dientes Hernández, ese luchaba descalzo, también contra el Cavernario Galindo que se paseaba por el ring justamente como cavernario, y contra el propio Santo, también fue la época de Blue Demon. Hasta Pérez Prado llegó a ir a esa vecindad ahí varias veces.
El Chico Casasola

El 11 de febrero de 1951, la Arena Coliseo programó un estelar de máscara contra cabellera, que fue ganada por el Santo, contra el novato del año, Chico Casasola. A pesar de lo cual, según el testimonio de José Lazcarro, ambos luchadores eran amigos.
El Santo.

El Santo,nombre artístico de Rodolfo Guzmán Huerta, nació en Tulancingo Hidalgo en 1917, uno de los luchadores más famosos de México. Su familia se asentó en la ciudad de México, en la calle Belisario Domínguez en el centro histórico en los años veinte. En 1935 inicia su carrera deportiva como luchador en el Deportivo Islas, en la colonia Guerrero. En 1942, el 26 de abril, peleó por primera vez en La Arena México como Santo. En sus inicios, combatía en el bando de los Rudos, posteriormente se cambió a los técnicos. Bajo el nombre de El Santo, el enmascarado de plata desarrolló un estilo propio, su agilidad y versatilidad lo hicieron muy popular. A mediados de la década de 1950 entrenaba también en la arena coliseo de Guadalajara. A partir de 1952 el artista y editor José Guadalupe Cruz inició la publicación de la historieta Santo, el Enmascarado de Plata, convirtiéndolo en el primer personaje luchador de la historieta mexicana. A finales de los años cincuenta inició su incursión en el cine.
Dientes Hernández
Dientes Hernández, sobrenombre de Eduardo Hernández Calderón, nació en 1908 en Huichapán, estado de Hidalgo. Fue un luchador amateur de 1925 a 1932. Ganó popularidad porque se enfrentaba descalzo contra sus contrincantes. Obtuvo el título nacional de peso ligero por primera vez el 28 de junio de 1937 golpeando al luchador italo-mexicano Jack O’Brien. En noviembre de 1953, realizó un debut show, con un espectáculo mixto donde venció al Profesor Avendaño, Chico Veloz y Pedro Bolaños. Fue profesor de educación primaria.
Cavernario Galindo

Rodolfo Galindo Ramírez, mejor conocido como el Cavernario Galindo, nació en Chihuahua en 1923. Fue miembro del Consejo Mundial de Lucha Libre de los años 30 a los hasta 1990. De muy joven sobrevivió a un severo accidente automovilístico que le dejó cicatrices en el rostro y el cuerpo por el resto de su vida. Debutó en la lucha libre a los quince años con el seudónimo de Rudy Valentino. Posteriormente por su temperamento y aspecto físico pasó a llamarse el Cavernario Galindo, ya en el ring actuaba como tal. En 1949 derrotó al Tarzán López con lo que ganó el título del Campeón Nacional Semipesado, que perdió ante Enrique Llanes en diciembre de 1950. En 1951 en un enfrentamiento contra Gory Guerrero, un luchador técnico violento y muy querido por él público, le ocasionó una lesión en la garganta que dio origen a su voz ronca, como otra de sus particulares características.
Fue junto con El Santo, Blue Demon y Black Shadow, uno de los luchadores más famosos de su época. Su popularidad se prolongó durante décadas y siguió luchando hasta la década de 1990.
Blue Demon

Alejandro Muñoz Moreno, Blue Demon,nació en Nuevo León en 1922. Dejó la escuela desde la primaria e ingresó a trabajar a los ferrocarriles en Monterrey. El luchador Rolando Vera lo incorporó al deporte de las máscaras. Debutó en 1948 en la ciudad de México contra Benny Arcilla.Empezó su carrera teniendo como pareja a Black Shadow. En 1952 en la Arena México el Santo derrotó a Black Shadow, en un enfrentamiento de máscara contra máscara. Pero un año después Blue Demon derrota al Santo, vengando así a Black Shadow y además conquistando así el título de los welters, lo que equiparó al también conocido como el Demonio Azul con la popularidad del Santo. La rivalidad y popularidad de ambos los llevó a actuar juntos en la pantalla grande donde protagonizaron juntos más de diez películas.
Dámaso Pérez Prado

Dámaso Pérez Prado, nació en Matanzas, Cuba en 1917. Músico, compositor y arreglista cubano, conocido como El Rey de Mambo.
Estudió música en Cuba. Durante los años cuarenta trabajó en diversas orquestas, en la misma época fue pianista de la Sonora Matancera y de la Orquesta Casino de la Playa. En 1948 cambió su residencia a la ciudad de México y creó su propio grupo musical, que tocaba en entre otros en el Salón Los Ángeles. El diciembre de 1949 saca un disco de 78 revoluciones con Que rico el mambo en una cara, y Mambo Nº 5 en la otra, con gran éxito popular. En 1958 consigue gran éxito con su obra Patricia, la piezafue utilizada en 1960 por por Federico Fellini en su película La dolce vita.
Mi calle era empedrada y colindaba directamente con el mercado Martínez de la Torre y La Parroquia del Inmaculado Corazón de María. En ese mercado en la época de navidad mi hermano y yo vendíamos pesebres. Teníamos nuestro puesto, pagábamos el piso y todo; también ofrecíamos casitas, hasta llegamos a vender fraccionamientos completos. Las casitas eran de cartón pero les poníamos su arbolito, con papel corrugado le hacíamos su techito y los decorábamos. Tendría yo como unos doce años. Y no me daba pena, hasta que ya más grandecito empecé a interesarme por las chavas y como que no me gustaba que me vieran vendiendo casitas en el mercado, entonces las empecé a vender por mayoreo y a domicilio. Luego también hacíamos piñatas o le poníamos las patas a los árboles de navidad y las llevábamos a la casa del comprador.

Fotografía del mercado Martínez de la Torre en 1930 (esquina de Mosqueta y Zarco). Inaugurado el 1 de junio de 1901, construido donde estuviera la Plaza Martínez de la Torre, entre las calles de Mosqueta, Zarco, Degollado y Héroes, en la Col. Guerrero. El nombre corresponde al que fuera el propietario de los terrenos donde se asentó la Col. Guerrero en 1874.

La Parroquia del Inmaculado Corazón de María (o Iglesia de Martínez de la Torre) es una edificación neogótica, construida entre 1887 y 1902. Actualmente sólo se conserva la fachada principal con sus dos torres, ya que los terremotos de 1957 y 1985 acabaron con el interior.
Paquita la del Barrio también llegó a vivir en la colonia Guerrero, pero después. Originalmente su comedor estaba sobre la calle del Lerdo creo cerca de la calle de Estrella. Su vida fue un drama. Tenía un marido que era “una rata de dos patas”. La hizo sufrir y luego otros igual. Pero lo más popular entonces también sobre la calle de Lerdo era una fonda que se llamaba el Arbolito, donde atendía Don Isidro, el barbacolero estrella. Por cierto, la primera vez que invité a mi actual esposa Olga a un desayuno, fue ahí. Nos acompañó mi primo que tenía una novia muy acá, le decían la Coquis. Fuimos con las dos al Arbolito y lo más natural para nosotros fue pedir una cabeza de borrego y como Don Isidro ya nos conocía que saca la cabezota de borrego con pelo y todo y la pone al centro de la mesa. Y ellas dos estaban horrorizadas. No sé cómo al final las dos se casaron con nosotros. Lo más horroroso es que tú le quitas el pelo y se ve la calavera del borrego. A mí me gustaba sacarle la bolita y comerme el ojo de borrego. Todavía lo hago, la caniquita es lo único que no me gusta, todo lo demás sí. También Don Isidro vendía todo lo de la vaca, tacos de paladar, bofe, machitos (intestino de la res), piquitos, palitos, cachete, sesos, trompa, libio que es la pancita, de nana que es de la matriz, el buche también de la matriz, el nenepil que es todo lo anterior picado, también está la tripa gorda, la tripa de leche. Yo la tripa la compro en crudo y la lavo, la pones en el agua y luego las volteas completa, la dejas a marinar toda la noche con su salecita y todo eso y en la mañana ya está. La cabeza de vaca al vapor simplemente la ponían en una ollota con su rejilla y agua abajo, como los tamales y ya se cose. Cuando quieras vamos, aquí venden tacos de cabeza los domingos. Compro la maciza y ya no más le picas cebollita y cilantro, tomate verde, y queda riquísimo, unos súper tacos. El ojo es de lo más limpio que puede tener una vaca. Se le quita la bolita que queda dura y la órbita es blandita, de lo mejor que hay, es muy rica.
También en Camelia estaban los Baños Ofelia, que eran los favoritos de los lilos, ahora les dicen gays.[4] Yo veía la alberca de los lilos desde la azotea de mi casa, y decía “ah pues mira son un montón.”
Nosotros íbamos a los baños San José, estaba en la calle de Camelia y Zarco. Su alberca era bastante grande. Iba con mi papá al vapor general, como venados andábamos todos ahí, encuerados. Las mujeres en cambio entraban a los baños de placer y regadera, a los que podías ingresar con tu pareja o tu familia. Las tinas eran de mosaico de cemento, anchotas y el agua salía de chorro. Te daban tu estropajo y jabones perfumados, el Rosa Venus y Jardines de California. Vaya si llegabas oliendo a Jardines de California te delatabas con tu pareja y te mandaba a volar. Y estaban los baños Regis, del hotel Regis, y ahí llegabas y te daban tu masaje y toda la cosa, estaba atrás de la Alameda.
Por si fuera poco también en La Guerrero vivió un tiempo Humberto Zavala, era un herrero que trabajaba en la Casa Redonda o taller de los ferrocarriles que estaba en Nonoalco, creo empezó como trabajador en Apizaco. Pero resulta que alternaba su chamba de rielero con el box. Fue el primer pugilista mexicano que peleó en el Madison Square Garden en Nueva York, un día hasta me enseñó sus fotos con Frank Sinatra.[5]
Humberto Zavala.

Humberto Zavala nació en septiembre de 1913 en Chihuahua, su familia se trasladó a vivir a Apizaco, donde Humberto pasó su infancia. A los trece años se inició en el deporte de los puños. Poco después ingresó a los talleres del Ferrocarril Mexicano en esa misma ciudad. Posteriormente se trasladó a Nonoalco en la ciudad de México, época en la que vivió en la Colonia Guerrero.
Su debut fue en la Arena Nacional donde contendió contra Enrique Rodea y Panchito Villa; en Yucatán se fajó con Julio César Jiménez y “Babe Yucatán”. Durante la Segunda Guerra Mundial, Zavala ofreció exhibiciones para los soldados norteamericanos concentrados en las bases de la Unión Americana, por lo que obtuvo el título de paracaidista honorario. Llegó a Nueva York en 1944, donde debutó contra el welter Joe Peralta a quien venció. Humberto alternaba el boxeo con su empleo en una imprenta neoyorquina; además continuamente hacía viajes a México para continuar trabajando en el ferrocarril, lo que alternaba con el retorno a los Estados Unidos para seguir con su carrera de pugilista.
A partir de 1945 Zavala sacude el boxeo norteamericano en Nueva York, ya que siendo peso pluma y ligero solía enfrentarse sin escrúpulos con púgiles en peso welter y medio. La campaña de Zavala en Estados Unidos se extendió de 1944 a 1952; se desarrolló principalmente en las arenas de Manhattan, Brooklyn, Saint Louis, San Nicolás y Búffalo. Uno de sus grandes combates fue contra Dusty Brown, al que sacó del cuadrilátero, lo que le abrió las puertas del Madison Square Garden.
Total que a pesar de eso como ferrocarrilero se unió al movimiento que encabezó Demetrio Vallejo en 1958, entonces lo corrieron.

Bandera de huelga en las instalaciones ferroviarias en la colonia Guerrero en 1958.El movimiento ferrocarrilero de 1958 se inició por aumento salarial, posteriormente ante la negativa de la empresa Ferrocarriles Nacionales de México derivó en la exigencia de democracia sindical, con Demetrio Vallejo y Valentín Campa como líderes. En 1959 se desata la huelga, los principales líderes fueron encarcelados y despedidos cientos de trabajadores. Fue una gran derrota obrera.
Ya luego que fue despedido de los ferrocarriles Zavala abrió una herrería en la colonia San Pedro el Chico, en la calle del Ferrocarril de Hidalgo, muy cerca de La Guerrero. Para entonces por ahí todavía estaba el río del Consulado, que sí era río, ahora ya es calle. En ese hasta navegábamos en antiguos barcones ya desechados que habían sido del ejército, nombre todos los días encontrábamos muertos por ahí flotando, hasta que lo entubaron. En esa misma zona del Río Consulado estaban las colonias de Rio Blanco, Peralvillo, la Abondojo, Tepito, La Guerrero, Nonalco, la Morelos, y más adelantito la Moctezuma.

El río Consulado antes de ser entubado.
El río Consulado es un cauce artificial que se formó después de la desecación del valle de México, a partir del siglo XVII, siguiendo aproximadamente la antigua ribera norponiente del lago de Texcoco. A finales del siglo XIX el río marcaba los límites de la urbe hacia el norte y constituyó un límite natural. Fue límite hacia el poniente con la colonia Santa María la Ribera, construida en 1861 a partir de la división de la Hacienda de la Teja. En sus márgenes existían ranchos que fueron urbanizados paulatinamente, como el de Santo Tomás de los Tepetates y el de Santa Julia. La obra para entubarlo se inició en 1944, como parte de las obras de modernización de la capital, y ante las constantes inundaciones y condiciones insalubres que presentaban sus márgenes. En 1976 su trazo se incorporó al Circuito Interior.
Zavala era un hombre muy fuerte, usaba un chaleco sin camisa para mostrar su musculatura, era buena persona y súper ingenioso. A la entrada de su casa, puestas en la banqueta, tenía unas barras paralelas y un punching bag: un costal con rueditas y cuando tú le pegabas se movía y parecía que estabas con un contrincante de verdad. El gimnasio estaba en la calle, lo hizo con piezas inservibles del ferrocarril y con los desechos que había encontrado en el Río del Consulado y en el Río Blanco. Con esos desperdicios construyó su casa y luego hizo las paredes. Para entrar a su vivienda tocabas la campana y si te quería recibir hacía bajar mecánicamente una escalera elevadiza, la misma servía de pasillo para entrar al inmueble, era la única forma. Abajo estaba su herrería. Era un inventor. También tenía una bicicleta con la que hacía servicios, pero en lugar de manubrio usaba un volante de coche y así conducía, muy simpático.
Ya después él me hizo el horno de esmalte de la Esmeralda, como herrero sabía hacer las estructuras metálicas, fue mi asesor en la fabricación del horno. Cuando llegó a la Esmeralda con su bicicleta y sus lentes rotos (decía que veía mejor así), lo vieron muy estrafalario, y el director se lo quiso bacilar, ya luego se dio cuenta que era uno de los líderes ferroviarios de 1958. Ese horno posteriormente lo alabó José Luis Cuevas[6] un día en que llegó a visitar el taller. Me dijo que se le antojaba trabajar con ese horno maravilloso, que parecía un instrumento de la Inquisición, porqué tenía una puerta con una cadena de bicicleta y un contrapeso de plomo.
En la época de Luis Echeverría Zavala le puso un letrero a la bicicleta que decía “Abajo y atrás”, que se contraponía al lema de Luis Echeverría que era “Arriba y adelante”.
Luego la Casa de Rivas Mercado estaba en Magnolia y Héroes; acaba de ser restaurada, estaba a la otra calle de la escuela Belisario Domínguez, de la Biblioteca Cervantes y de la Esmeralda, era una casa divina, preciosa, toda una residencia.[7] En contra esquina había una delegación, la quinta delegación de policía. Esa casa era la más bonita de todas, ocupaba toda la manzana. Yo no sabía quién vivía ahí. Ahora la inauguraron como museo. Está muy cerca de Bellas Artes. Y también cerca de la Santa Veracruz, donde estaba el salón King Kong, el salón México, el Mariscala.[8]
De la casa de Rivas Mercado nosotros sólo veíamos los jardines a través de la herrería, era estilo porfiriano.

La casa de Rivas Mercado, Héroes 45, colonia Guerrero, antes de ser remodelada. Diseñada por el arquitecto Antonio Rivas Mercado, autor entre otras obras del Ángel de la Independencia.
La tía Lola y los yoyos Duncan.
Allá en la Guerrero tenía su negocio una señora a la que le decían “Lola la Chata”, pero su verdadero nombre era Dolores Estévez Zuleta, esa señora, era nacida en el D.F y vivía en Anzures. Bueno, la señora ya desde joven tenía mucho talento para aquello del comercio, no sabía leer pero sabía hacer cuentas, entonces se casó con un tío mío que era primo de mi mamá, se llamaba Trinidad Jaramillo Toquero, era de la Policía Secreta, es decir como de los judiciales de ahora. Y pues se dio una situación muy curiosa. EL Policía, que era mi tío, se enamoró de la delincuente que era Lola, vendía mota, y no sólo se casó con ella, también le entró al ajo y se volvió su pantalla. Es decir, mi tío fue a investigarla y allí hubo amor, tuvieron un gran matrimonio, pero al final pasaron sus últimos días en la cárcel.
Bueno, pues sucedió que yo era un chamaquito como de 7 u 8 años. Doña Lola era una señora fuerte, muy gorda, tenía unas posaderas así grandísimas y siempre se vestía con un delantal. Los días de su santo, hacía una gran fiesta allá en el garaje de su negocio en la Guerrero. La señora no sabía leer, mi tía, la hermana de mi mamá que era maestra, fue contratada por Lola para que le enseñara las letras. Yo acompañaba a la tía a casa de Lolita, siempre la encontraban en las tardes, como era una mujer gorda, tenía una empleada que le arreglaba las uñas de los pies. Ella vivía en Anzures pero tenía su negocio en La Guerrero. Su casa era estilo colonial californiano, que ni era colonial ni era californiano, pero bueno yo me acuerdo de esa casa. Su taller se llamaba autoservicio Jaramillo. Estaba en la calle de Mosqueta, en su garaje se hacía una gran fiesta el día del santo de Lolita. Usaba un delantal grandote y tenía las bolsas llenas de dinero, revuelto todo, nos ponían en fila a los niños y nos decía “ten mijito” y así por tandas nos daba dinero. Nos poníamos muy contentos. Había un grupo de niños que eran una pandilla, que vivían en la misma cuadra de Mosqueta a los cuales les apodaban los “Guaninani”, tenían entre siete y diez años, disque jugaban al yo-yo Duncan, pero en realidad a ciertos clientes les repartían en los propios yoyos la droga. El yo-yo Duncan tenía una manera especial de abrirse y ahí era donde se colocaba la cocaína. Los “Gualinani,” hacían sus entregas a través del yo-yo.

Los yoyos Duncan. Foto: Publicidad de la empresa.
En 1928 el empresario Pedro Flores abrió una fábrica enCalifornia de los yoyos tal y como los conocemos hoy en día. Posteriormente en 1935 el negocio fue comprado por Donald Duncan, quien registró la marca, por lo que el juguete fue conocido popularmente como yoyo Duncan y se volvió de gran popularidad.
Así que esa fue más o menos la historia. Pero entonces, de chamaco, yo no sabía nada, no me metía para nada. De eso te quería platicar, un día doña Lola poquito antes de que la apresaran, habló por teléfono a la casa y me dijo: –“Oye hijo, fíjate que te van a pasar una cajita, que quiero que en cuanto la tengas que la escondas y no le digas a nadie que está ahí, no le digas a nadie.” Yo tenía como diez años u once años. Me trajeron una caja de cartón pero muy bien empacada y envuelta en plástico. Como me dijo que no le dijera a nadie pues no le dije a nadie. Mi papá tenía en la azotea un montón de llantas y ahí la metí. Luego hasta se me olvidó. Pasó el tiempo, como dos meses o tres meses, hasta que me volvió a buscar la doña: –¿Te acuerdas de la cajita?, por favor tírala, destrúyela, entiérrala, desaparécela, y no digas que te la di. Me quedé con la curiosidad y le dije a mi papá lo que había pasado. Abrimos la caja y era una balanza de esas que pesan miligramos, con una bolsa de polvo blanco. Mi papá me dijo que había que tirar todo, todo. Pero a mi pareció que estaba bonita la balanza. Lo único que tiramos fue la droga. Fuimos a Ecatepec, pasaba el río y mi papá me llevó y ahí echamos el polvito. Me imagino a los peces brincando de alegría. Eso sí, yo me quedé con la balanza, y luego se la regalé a un amigo que iba a poner su joyería. Era una joyería ahí por la Esmeralda y no tenía para pesar y yo le dije que yo tenía una balanza, ya se la di, y después le platiqué que era la balanza con la que Lola pesaba la morfina y todo eso. Pues estaba muy feliz porque heredó la balancita.
Ya luego mi tío y su esposa Lola acabaron en la cárcel, los atrapó la policía.

Lola La Chata, presa en 1944. Foto: El Universal, 13 de julio 1944.
María Dolores Estávez Zuleta, conocida como Lola la Chata (1906-1959), fue una de las principales traficantes de marihuana, morfina y heroína en México, en las décadas de los treinta y cincuenta. Su madre tenía un puesto de chicharrones y café en La Merced, donde pronto empezó a incluirse marihuana y morfina como mercancía, camuflada con otros productos y usando a la niña, de entonces trece años, como “mula” o distribuidora de menudeo. Ahí conoció al narcotraficante Castro Ruiz Urquizo, quien se la llevó a Ciudad Juárez, Lola se vinculó entonces siendo todavía muy jovencita, con capos del tráfico transnacional que controlaban el negocio fronterizo. Producto de su relación con Urquizo engendró dos hijas fuera del matrimonio: María Luisa y Dolores, las cuales más tarde también ingresarían al negocio de tráfico de drogas. Al regresar a la Ciudad de México, Estévez puso su propio puesto de comida en La Merced, desde donde distribuía la droga.
Posteriormente se casó con el expolicía, Trinidad Jaramillo Troquero (referido por José Lazcarro como su tío en la entrevista) en cuyo taller de mecánico en la Colonia Guerrero instalaron un centro de distribución, que se vio beneficiado por los contactos de Jaramillo con la policía, la burocracia y la clase política, que le daban protección y eran parte de la red de venta y consumo. A finales de la década de los treinta, el jefe del Departamento de Salubridad Pública del gobierno de Lázaro Cárdenas, Leopoldo Salazar Viniegra (1938-1939), comenzó una campaña para tratar a los adictos como necesitados de un tratamiento médico y concentrarse en la persecución de los traficantes, entre ellos se encontraba La Chata. Lola la Chata fue arrestada siete veces entre 1934 y 1945, encarcelada tanto en Lecumberri, como en la Cárcel de Santa Martha y en las Islas Marías. Sin embargo se dice que durante sus estancias en prisión mantuvo un estilo de vida acomodado, con sirvientes y una estilista que una vez al mes le arreglara el cabello. En sus diferentes estancias solía recibir visita conyugal y algunos testimonios indican que mandó construir un hotel y una pista de aterrizaje en las Islas Marías para la comodidad de sus hijas cuando la visitaban. Pero una y otra vez la Chata quedaba libre. El arresto de 1944 fue por órdenes del presidente Ávila Camacho dado que la narcotraficante ya había sido identificada por el Jefe del Buró de Narcóticos (ahora DEA) de los Estados Unidos. El arresto sirvió también para corroborar el apoyo que recibía Estévez por parte de las mismas autoridades, fue entonces cuando fue internada en las Islas Marías. Sin embargo salió un año después supuestamente por una complicación médica. Regresó así a la ciudad de México donde continuó administrando su negocio. En 1957, en la ciudad de México fue arrestada por última vez en su propia casa, junto con su esposo Jaramillo, mientras procesaban heroína en la misma. En su mansión se encontró dinero en efectivo (5 millones de pesos actuales), joyas, rifles y municiones. Aceptando su responsabilidad, se aseguró de que ningún cómplice fuera arrestado, logrando así proteger el negocio. Fue encontrada culpable y enviada a la Cárcel de Mujeres, donde finalmente murió en septiembre de 1959. A su entierro asistió un innumerable número de personas. (Resumen de Wikipedia).
Si lo ves y lo comparas con lo que hay ahora, era realmente hasta romántico. No era algo como lo que pasa ahora que se matan y se pelean por los lugares y las plazas. Los que fumaban mota realmente eran los soldados, los Juanes, sí, esos eran los que fumaban mota. Los que se tatuaban eran los que estaban en la cárcel, era muy mal visto. No como hoy que ya es una moda. Lo que era para los políticos era la cocaína, para la gente muy importante y eso todo mundo sabía, para los señores de la alta sociedad. Yo era chamaquito. Creo mi tío era amigo de Tony Espino, ese era guarura de los políticos y les ayudaba a hacer tranzas. Lo curioso es que en esa misma época había otro abogado que ayudaba a los más jodidos, le llamaban el Corbatón, lo conocían todos en Lecumberri.[9] Era un idealista que estudiaba los casos que no tenían juicio político y los ayudaba a salir. Traía siempre su corbata.
En Lecumberri acabó su vida el narcotraficante y guardaespaldas de políticos de alto nivel, mano derecha del corrupto abogado Bernabé Jurado.

Bernabé Jurado, El Abogado del diablo.
De él escribió Carlos Monsiváis:
“El abogánster es un término de la década de 1940 que califica a un personaje devastador, bastante menos excepcional de lo que se pensó. El arquetipo, Bernabé Jurado, de vida en el mejor de los casos tumultuosa, disfruta de una “fama-prontuario” de leyendas acumuladas: en un descuido real o inducido de los empleados distrae del expediente un documento comprometedor y se lo come, paga testigos falsos, patrocina torturas que desembocan en la confesión de inocentes, anda siempre con un amparo en la bolsa, golpea salvajemente a sus compañeras, es la imagen del influyentazo, el abogado penalista de la ciudad de México, al que nadie le informó nunca de la existencia de los escrúpulos. De Jurado se desprende la representación demencial del poseedor de un título universitario que desconoce los límites porque las leyes, al radicar con demasiada frecuencia en su interpretación o en la confección mañosa de los expedientes, a eso se prestan, a verse calificadas de papeles ajustables a la voluntad del más hábil. Téngase en cuenta el papel en el imaginario colectivo de los abogánsteres y los abogados huizacheros (por el árbol espinoso que usan los curanderos indígenas) que engañan con la suavidad de los falsos chamanes. ‘Su problema tiene arreglo, señora, su hijo sale pronto, sólo que hace falta un anticipo’… Mi estimado picapleitos, se vio usted muy mal resolviendo el caso por la buena.”

José Menéndez, “El Hombre del Corbatón”. Foto: internet Carpe Diem.
El hombre del corbatón era el sobrenombre de José Menéndez, personaje legendario de los años veinte a los cincuenta, fungía como abogado de los pobres y de las causas perdidas. Nació en 1876 en un pueblo de Asturias, en España. Sus padres deseaban que fuera comerciante e “hiciera la América”, pero una vez que llegó a Veracruz, se trasladó a Tabasco donde se integró a una compañía de teatro ambulante; posteriormente viajó a la ciudad de México donde se mantuvo inicialmente de la caridad. Sin embargo, luego de que la policía detuvo a un amigo suyo, José Menéndez logró liberarlo con su sola simpatía y labia. A partir de entonces inició su vida como litigante, a pesar de no contar con el título de abogado. Sacó de prisión por simple amor a la justicia, a una diversidad de prostitutas, homosexuales, delincuentes menores y gente del pueblo en desgracia. En 1909, después de sacar de la cárcel al banderillero español José Traverso, se convirtió en un personaje famoso y decidió, para acrecentar su fama utilizar un sombrero retomado de un cuadro de Rembrandt, además de una capa negra, una chalina y una particular corbata, por lo que se le conoció como El hombre del Corbatón. Durante el gobierno del presidente Álvaro Obregón un abogado quiso que por ejercer la abogacía sin título profesional se le aplicara el artículo 33 para expatriarlo a España, pero cuando estaba a punto de ser deportado gente del pueblo lo impidió para sorpresa del propio presidente que con anterioridad había expulsado sin reclamo alguno al Delegado Apostólico. El hombre del corbatón continúo litigando a favor de las causas populares. Murió en la pobreza en 1959.
Lolita murió en la prisión pero aún dentro del penal era amiga de todos, hasta del director. El día de su santo se hacía gran fiesta, se cerraba la cárcel y llegaban todo tipo de menesteres, allá en la Cárcel de Santa Martha[10].

Artículo referente a la muerte de Lola la Chata en septiembre de 1959. Foto: internet.miguelangelmorales-bitacora.
La vida alegre.
De los cabarets, cantinas y burdeles, sí que me acuerdo, tenían muy buen ambiente. En las calles de la Guerrero, en la esquina había una cantina que se llamaba La Hija de Moctezuma y en la otra esquina estaba la pulquería La Unión de los Amigos. Luego venía toda la fila de Cabarets de la Guerrero, La Locomotora estaba pegada a la calzada de Nonoalco, seguía El Olímpico, entre Degollado y Camelia, después estaba El Jardín, en Violeta y sobre la calle de Guerrero el Atzumba.

El cabaret el Olímpico ya en los años setenta.
A mí el que más me gustaba era El Jardín, ese estaba en Pedro Moreno y Guerrero. Entonces fíjate lo que me pasó en El Jardín, yo era muy bailador y tenía unos amigos que eran estudiantes de pintura. Bailábamos danzón, tropical, zumba. Estaba en cuarto o quinto año ya en San Carlos. Pues de suerte vendí unas esculturas que fueron para una feria mundial, con esa lana me compré un coche. Mis amigos me veían bailar y les decía que si querían aprender tenía que ir a los cabarets. Entonces mis cuates me dijeron que querían aprender y nos fuimos al Jardín. Llegamos, puse el coche enfrente a la entrada del cabaret y me bajé con mis tres amigos. Costaba 1.20 pesos la tanda de bebidas, de a “barrilito”. Pagamos las chelas, cuando salimos ya era tarde. Y entonces vimos a alguien dentro del coche. Eran nada menos que mis primos con mi mamá, habían ido a comprar unas cosas, y al ver mi coche se subieron a esperarme. Menudo susto. Así fue como se enteraron mis papás de la parranda.
Te digo que La Guerrero en esa época era de mucho ambiente. Por ejemplo Zaragoza era una calle muy bonita, no había vandalismo ni nada. Sólo las cuadras que estaban pegadas al mercado Martínez de la Torre ya eran colonias más proletarias. Toda la parte de Pedro Moreno, más hacia la Alameda, eran bonitas. Pero otras calles que ya colindaban con Tepito, como la calle del Órgano eran muy marginadas. Y ahí sí pasaban muchas cosas. El Órgano era la calle roja por así decirlo, ahí estaban las prostitutas, trabajaban todo el día. La tradición era que ponían el radio. Te decían: –Pásale, tengo radio. Y además eran devotas de un santo al que había que echarle una moneda para el perdón. Era un santo católico, ya no me acuerdo cuál. Yo no entraba, no más me asomaba porque me daba miedo. A sus cuartitos les llamaban accesorias. Para dar el servicio había ambientación, música de la W, y la XEQ. Para ellas era de buena suerte tener radio. La condecoración para las chicas era desvirginar a algún muchacho, eso era de muy buena suerte para ellas. Lo que sí era horrible, era la decoración. Eran unos cuartos inmundos pero eso sí siempre tenían su altar y además ponían el radio para darle más catego. Obvio en el radio se escuchaba mambo y bolero. Y cuanto veían que eras chavito, luego se iban “sobres”, porque estrenar un muchacho era de buena suerte. Y decían: –“si eres virgencito, te la doy de cachucha” y hasta te pagaban. Pero imagínate que a veces te topabas con alguna que no era nada agraciada la persona. Yo tenía un primo que quería echarse a alguna de color, se consiguió una que además estaba mugrosita. Realmente eran como fantasías, uno era muy inocente. Esa calle ya estaba colindando hacia Peralvillo y Tepito, la calle del Órgano, creo que todavía existe, le decíamos la calle chueca porque estaba muy curveada.

Héctor García, La calle del Órgano.
También quedaba el Tívoli, que era el único teatro de burlesque y otro cabaret que se llamaba Los Amores de Cupido, luego estaba una carpa que se llamaba le Petit. Esa tenía muy buenos cómicos, pero en el Tívoli había otro actor que usaba sombrero, le decían Willy y era un gran alburero.

De los teatros de revista estaba el Iris. El Tívoli era teatro, pero también se exhibían desnudos. Ahí el grito tradicional era: “Pelos, pelos”. Nosotros íbamos a gayola, a la parte de atrás. Y ahí pasaba una viejita que rentaba binoculares, decía: “Chichis, pelos, chichis, pelos”, refiriéndose a qué así podíamos ver esas partes de más cerquita. Era muy chistoso. Los rentaba como a 2.50 pesos, según me acuerdo. Los camiones costaban 35 centavos, así que los binoculares sí eran caros, pero la renta era para toda la función.

El teatro Tívoli, ubicado en el centro de la ciudad de México, en la calle Libertad número 9, fue inaugurado el 12 de septiembre de 1946 y cerrado el 10 de noviembre de 1963, debido a la ampliación del Paseo de la Reforma. Originalmente los empresarios Américo Mancini y Paco Iracheta transformaron una pequeña arena de box y lucha libre llamada La Libertad, en el referido teatro. Lo inauguración la vedette Rosita Fornés y el actor cómico Manuel Mendel. Pasó también por ahí Libertad Lamarque y en 1947 debutó Yolanda Montez, “Tongolele”. A la izquierda cartel de 1950, a la derecha cartel de la película de 1974, dirigida por Alberto Issac.
Más adelante en la calle de Perú estaba la Arena Coliseo. Ahí nos íbamos gayola, nos bajábamos por una columna y llegábamos hasta abajo para ver la pelea. Tenía un ambientazo pero ya se ha perdido todo eso caray. También había un cabaret atrás de mi casa, en Camelia, se llamaba El Golpe:tenía un ring al que se subían a los borrachos con unos guantes muy grandotes, a darse en la torre. Claro que salían algunos bien madreados y todo pero era muy divertido, hasta se les bajaba la borrachera. Por eso se llamaba El Golpe, ibas te echabas tu chupe y entonces era muy simpático porque se caían de borrachos. Esa estaba en Camelia entre Guerrero y Héroes.

Teatro Esperanza Iris. Foto: México desconocido. Ubicado en el centro histórico de la ciudad (Donceles 36) e inaugurado en 1918 por su propietaria la célebre actriz y cantante mexicana Esperanza Iris. Se trata de un edificio neoclásico con teatro de calidad por el que pasaron personalidades como la propia Iris, Palmer, la Zuffoli, Pertini, Titta Schippa, Hipólito Lázaro y Enrico Caruso. Por su parte, en el Teatro principal a su vez tomaron fama María Conesa, Lupe Rivas Cacho, Celia Montalván, el Cuatezón Beristaín, Polo Orín y el “Panzón” Roberto Soto. También conocido actualmente como el Teatro de la ciudad.

La arena Coliseo para lucha libre y boxeo, fue inaugurada en 1943, por Salvador Lutherot, está ubicada hasta la actualidad en el centro histórico de la ciudad, en la calle de Perú # 77, entre las calles de República de Brasil y República de Chile. Ahí se efectuó noviembre de 1952, el emblemático combate de la lucha de máscaras entre El Santo y Black Shadow. Hacia 1950 la afición por la lucha libre creció tanto que en 1956 se inauguró la Nueva Arena México, para tal efecto. Y la Arena Coliseo se quedó como el escenario principal del boxeo.
Luego estaba el Salón los Ángeles, hacían una fiesta que era el 2 de Agosto, había feria en todo el jardín, era muy famosa. El salón sólo habría los miércoles y era para puro bailar, tenías que llevar tu pareja o te conseguías a alguien adentro. Era clásico ir con zapatos de bigotera, los de doble tono. El Salón los Ángeles era para mí más tranquilo y decente, al igual que el California que estaba en la colonia Portales.
El California Dancing Club
El California Dancing Club, es un salón de baile inaugurado en 1954 con la actuación Larry Son, Chucho Rodríguez, Galileo Dennis y la orquesta doble de Alfredo Castañeda. Desde un inició se caracterizó por presentar a las mejores orquestas de mambo, danzón u chachachá. Permanece en funciones hasta la actualidad, es un sitio exclusivamente de baile donde no se venden bebidas alcohólicas.
Y claro también estaba el Salón Colonia, en la Obrera. En ese había una cara inmensa de un negro con la boca abierta que era donde se ponían las orquestas.
Salón Colonia.
El Salón Colonia, que se ubicaba en la colonia Obrera, abrió sus puertas en los años veinte del siglo pasado, en su interior como parte fundamental del escenario, había una enorme máscara frente a la cual tocaban las orquestas. El salón desapareció luego del terremoto de 1985 en la ciudad de México. La enorme máscara fue rescatada por el Museo del Juguete Antiguo.
El Salón los Ángeles era más decente, se bailaba todos los miércoles y no vendían alcohol, puro refresco. Sus sillitas eran muy rústicas, casi casi como del mercado, eran de madera. Las señoritas se sentaban ahí y esperaban que las sacaran a bailar. En esa época no bailaban mujer con mujer, no se usaba. Las muchachas esperaban a que alguien la invitara, había algunas que no se paraban en toda la noche. Entonces la onda era que te la tenías que ligar desde lejos y luego te ibas acercando.

El Salón Los Ángeles fue inaugurado el 2 de agosto de 1937, ubicado en la calle de Lerdo en la colonia Guerrero. “El que no conoce los Ángeles no conoce México”, dirá con razón un dicho popular. El Salón Los Ángeles es hasta la actualidad un salón de baile de etiqueta de gran popularidad. El 2 de agosto de 1937, abrió sus puertas, mismas que han permanecido abiertas hasta la actualidad. El baile inaugural correspondió a la Danzonera de Toto y a la Orquesta de Luis Arcaraz. Desde sus inicios el Salón Los Ángeles ofrece baile de salón, música de grandes bandas, mambo, son cubano y cha cha cha, entre otras.
En cambio en el cabaret ahí sí pagabas por ver el espectáculo y tomarte una copa con alguna joven, era por ficha. La otra modalidad era el burdel, pero ese ya era otra onda completamente distinta, ahí ya ibas a ejercer.
Hasta donde me acuerdo otro cabaret clásico era el Waikiki, ese era más nice, estaba pegadito a Reforma muy cerca de donde está la Lotería Nacional. En frente de ese cabaret estaba el restaurant Ambassador[11], que era básicamente para los políticos y gente con dinero. El Waikiki era algo así como falso elegante, con doraditos y rojos, entre art decó y art nouveau, por las formas. Ya si te internabas en la Guerrero o te ibas hacia Bucareli, al fondo estaba el Reloj Chino y desde ahí llegabas a la avenida Cuauhtémoc, que ya eran otras colonias. Todo el juego estaba en ese eje: Bucareli, Reforma, la Guerrero, la Avenida Juárez.

El Wuaikiki en los años cincuenta. Centro nocturno que ganó gran popularidad entre otras razones por realizar transmisiones de radio nocturnas, a partir de las 10 de la noche, a través de la “X-E-K La voz del Comercio”, con lo que llevaba música y canciones de moda hasta la madrugada, a los hogares de México.
También en la Guerrero había varias pulquerías. En la mera esquina de Degollado estaba La Inspiración y enfrente La Unión de los Amigos. Había de todo, pulque curado, de guayaba, alfalfa, piña y de tuna. Había otra muy famosa cerca de la Academia San Carlos, se llamaba El Rataplán[12], quedaba en la calle de la Academia y Soledad, cerquita del zócalo. Esa estaba tapizada de dibujos porque llegaban los estudiantes de San Carlos[13] y los cambiaban por unos tragos. Había cuadros de autores que luego se hicieron famosos, como Héctor Ayala, Antonio Ramírez y Héctor Cruz[14]. Muchos eran dibujos de desnudos de las modelos de San Carlos. Y entonces ibas y lo cambiabas por pulque. Yo no sé qué habrá sucedido con esos dibujos, fue ya hace muchos años.

Hacia Tlatelolco estaban las pulquerías la Locomotora y la Camelia, hacia el Caballito el Atzumba , El Olímpico, El Jardín y el Saturno, que desaparecieron cuando Uruchurtu modificó la ciudad, se echaron lo mejor de la Guerrero.[15] Yo y mi hermano teníamos que pasar por ahí temprano todos los días por las calles donde estaban esos cuando íbamos a la prepa del Poli. Salíamos de la casa a las seis de la mañana para tomar el camión hasta Puente de Alvarado y de ahí a Popotla, a nuestra clase.[16] Ya conocíamos a todos los borrachines.
En la Guerrero lo que podíamos pensar como prostitución era desde Nonoalco hasta Puente Alvarado y toda la Calle de Guerrero, que era toda la línea de los bares. En esa calle había hoteles, el hotel Ero, el Hotel Grijales, que era unas tías mías primas de mi mamá, las Madrigal. Ahí en los años cincuenta hubo un asesinato, un cuate mató a una mujer, fue un crimen pasional. Clausuraron el hotel.
Las mujeres
Hablando de las mujeres de entonces te diré que ninguna era como de gimnasio, eran naturalitas, caderonas con piernotas y con cinturita como Tongolele, a ella sí la conocí. Tongolele también pintaba y creo hasta la fecha sigue. Ella es legendaria, su cuerpo en aquella época era natural, nada de operaciones, en ese tiempo eso ni se usaba. Desde que yo era niño Tongolele ya era Tongolele, mi papá me llevaba a verla al Iris. Pero después ya cuando Tongolele estaba retirada se dedicó a pintar. Participé en una exposición en Valle de Bravo, por eso la conocí, creo todavía vive ahí. Era muy tratable, una señorona muy buena onda. Aunque en su época conoció a Pedro Infante, a Jorge Negrete y a todos los grandes, se casó con un músico.[17] Creo era afroamericano o cubano y ella blanca de ojo verde, tuvo dos hijos, dos cuartitos, y realmente eran igualitos. Había un dicho en el que cuando te decían: –“Oye tu mi cuate”, les contestabas: –“Cuates los de Tongolele”. Era una mujer muy seria y decente. Luego de tener a los cuates se retiró un tiempo. Pero después volvió y siguió siempre sorprendentemente muy bien conservada. Yo la veía y decía: “Hay híjole”. Siempre fue muy amable y creo hasta la fecha todavía sigue pintando.[18]
Tongolele.

Yolanda Yvonne Montes Farrington, “Tongolele”, nació en Estados Unidos en 1932. Su particular forma de bailar y belleza la convirtieron en la bailarina estrella de México en los años cuarenta y cincuenta. Tuvo un gran éxito teatral en los principales salones de baile y cabarets de la ciudad de México y participó en una diversidad de películas en la época de oro del cine mexicano, con figuras como Germán Valdés, “Tin-Tan” y Pedro Infante.
También por esa época había una bailarina de cabaret que se llamaba Su mu key, y otra a la que le decían la Kalantán.[19] A las bailarinas las conocíamos porqué andaban en el ambiente y era fácil acceder a ellas. El taller de pintura de la OPIC (Organismo de Promoción Internacional de Cultura), estaba en la esquina de Fray Servando y San Juan de Letrán y ahí estaba el famoso Siglo XX, donde había variedad todas las noches con la vedet Maevel Luna, entre otras. En la película de Los Caifanes[20] ahí sale el Siglo XX. Mi taller estaba cerca, en el callejón de Fray Servando, por eso generalmente íbamos ahí a tomar una copa.

Su Muy Key. Su nombre real era Rosa Su López, de ascendencia china, fue una de las principales bailarina exóticas de los años cuarenta y cincuenta y participó en algunas películas de la época de oro. Era conocida con el sobrenombre de “La Muñequita China.” Hermana de Margo Su, actriz y propietaria del Teatro Blanquita. El espectáculo nocturno de Su Muy Key consistía en pintarse el cuerpo de plateado y quedarse inmóvil como una estatua, para después bailar frenéticamente danzas orientales. Fue asesinada en extrañas circunstancias al lado de su pareja, el empresario Roberto Serna García, en la Ciudad de México.
Los músicos
De chamaco, en Navidad, iba a tocar las puertas de las vecindades para la coperacha de la fiesta que era en la vecindad, hacíamos los adornos y toda la cosa. Luego los sábados también sacábamos un tocadiscos y a bailar. Bailábamos mambo, danzón. Era la época de Bienvenido Granda. También en la colonia había un trío se llamaban Los Fantasmas, fueron los que hicieron la canción “Página blanca”, pero en realidad se la volaron a un cuate que se llamaba Gonzalo. Gonzalo era de mi cuadra y Los Fantasmas eran de la otra cuadra. Entonces Gonzalo compuso la canción y la tocaba a la orilla de la banqueta. Él me enseñó a bailar los pasos básicos al estilo de la época. Era flaquito, flaquito, su papá tenía un conjunto musical que se llamaba El Jorobadito que tocaba en las cantinas, el papá tocaba la mandolina, era como un conjunto de cuerdas y Gonzalo la guitarra, por cierto él siempre estuvo pelón. Entonces Gonzalo hizo “La página blanca”, lo vieron los otros, los Fantasmas y se la apropiaron. Hubo un concurso y se presentaron en la tele, con esa canción y ganaron. La canción era de Gonzalo así que prácticamente se la volaron. Luego se hizo famosa y la cantaban todo el tiempo ahí en la cuadra. Y también otra que se llamaba “Linda muñequita”, decía: “Ay te quiero linda muñequita”, algo así. Esa también era de Los Fantasmas. Y eran de la Calle de Degollado donde yo vivía.
Los lilos
Se les decía Lilos a los muchachos homosexuales de entonces. Había un grupo de los mismos que tocaban y bailaban por las calles siempre los martes, eran como siete u ocho. Al principal le decían Mangolele, porque dizque imitaba a Tongolele, mientras otros tocaban la guitarra, el tambor y uno de ellos una maraca que era con la botella de vidrio del Orange Crunch, que si te acuerdas tenía un diseño como con llantas.[21]
A los lilos les gustaba vestirse de manera exótica, pero no eran travestis. Mangolele era un muchacho blanco, maquillado siempre con chapas y con sus los labios muy pintados, usaba pañoleta, pelo suelto, pantalón muy apretado y sandalias. Todo su grupo usaba las camisas abiertas y amarradas, para dejar ver el pecho, eran realmente muy afeminados pero no se vestían de mujer. Iban bailando y haciendo alboroto, les daban dinero en un bote.
En general los lilos no eran muy aceptados. En San Carlos por ejemplo había un joven lilo muy bonito, alto, güero, tenía una cara como de muchacha. Lo molestaban mucho. Un día estábamos en clase de escultura y llegó a burlarse de él uno al que le decíamos el Tamaulipas, le empezó a decir “Ay mi nena” y no sé qué tanto, hasta que el joven le dijo “ah, ya no me estés molestando” y el otro seguía y seguía hasta que el muchacho sacó de su bolsa una pistola, se la enseñó y le dijo: “a ver si con está me sigues jodiendo”, entonces el Tamaulipas sí que se quedó callado. Luego también había una que iba a todos los bailes de San Carlos, le decían la María Félix[22], era una verdadera belleza, llegaba con una escuadra de otros lilos vestidos de mariachis y hacían un baile maravilloso. Era un show a cambio de dinero.
La escuela
Estudié la primaria en la escuela Fray Bartolomé de las Casas. Entonces la ciudad no era tan grande, casi casi terminaba en la colonia Guerrero, había una academia lejana que se llamaba Gustavo P. Mar. Y cerca de la nuestra en Zaragoza, otra con la que siempre teníamos pleito. Era muy frecuente que se enfrentaran escuela contra escuela. Acabé la primaria en la Bartolomé. De ahí me fui a la Normal de Maestros, en la calzada México-Tacuba. Todavía está. Después ya no quise estar en la Normal y me cambié a la pre vocacional 3 del Politécnico.
De niño iba a hacer la tarea en la Biblioteca Cervantes, arriba tenía una sección dedicada a los chamacos como yo. Había un libro que me encantaba, mi papá me había comprado cuatro tomos, pero ya no tenía dinero para los demás, era El Tesoro de la Juventud[23], esos me los archileí. Además en la biblioteca había una ventana que daba al patio de la escuela de pintura que era La Esmeralda. Yo veía ahí esculturas de piedra y unos cuates ahí picando. Y me encantaba, iba a la biblioteca y de paso me quería meter a la Escuela pero no me dejaban. Estaba prohibida la entrada a los niños. Un día salí de la biblioteca, vi que no había nadie en la puerta de la entrada y me metí a la Esmeralda. En ese momento la escuela estaba como sola, empecé a caminar y oí voces al fondo, me metí por una puerta que estaba entreabierta; era un taller y había gente trabajando. Entré y para mi sorpresa vi una modelo desnuda, me quedé pasmado, la mujer estaba posando para los estudiantes pero al verme tan chamaco se rio conmigo, me quedé sorprendido, me impactó muchísimo. Y ahí fue cuando dije: –creo que yo quiero estudiar esto. Se me quedó esa idea en la mente.

Escuela La Esmeralda, 1958. Foto: Memoria de labores, 1954-58. México, INBA, 1958.

La Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado (ENPEG), se inició en la etapa posrevolucionaria
en talleres abiertos a todo público, principalmente para obreros y campesinos y era gratuita. En 1927 se funda formalmente como Escuela Libre de Escultura y Talla, en el Ex convento de La Merced. En los años treinta se traslada al centro, muy cerca de la colonia Guerrero, al callejón La Esmeralda, de donde viene su nombre. En 1943 la escuela es rediseñada y se establece el primer plan de estudios aprobado por la Secretaría de Educación Pública. En 1945 es aprobada de forma oficial como Escuela de Artes, con maestros de la talla de Diego Rivera, Francisco Zúñiga, Frida Kahlo y María Izquierdo. En 1994 se traslada de la colonia Guerrero al Centro Nacional de las Artes, en el sur de la ciudad.
Taller de talla en piedra La Esmeralda, 1958. Foto: Memoria de labores, 1954-58. México, INBA, 1958.
Después ya estando en el poli, en la prevocacional 3, entré a jugar fútbol americano. Eso a mi mamá no le gustaba que porque me iban a madrear. Y mi papá me dijo: –el día en que te rompan una costilla o algo se acabó para ti el fútbol americano. Jugábamos en el estadio de Ciudad Universitaria[24] allá en CU, contra un equipo que se llamaba Bachilleres, yo era tackle, los zapatos Spaks, los tacos eran de fierro, entonces en una tacleada tiré a un cuate que se apellidaba Jaramillo, pero resulta que cuando se cayó, me pegó con los tacos de fierro, todavía tengo la cicatriz, me atravesó completito. Fue un accidente. Llegué en la noche a mi casa y mi papá me preguntó cómo me había ido, le respondí que bien. Y me dice: “A ver que tienes”, y que me ve la herida. Me gritó: “Se acabó el futbol para ti, se acabó”. Faltaba el último partido de la temporada y ya no me dejaron jugar ese partido. Entonces me enojé muchísimo y me dije a mi mismo: “Eso creen” y que me meto al Pentatlón,[25] estuve ahí 5 años. Ese momento coincidió con una huelga en el Poli. Fue en 1957 cuando me inscribí en el Pentatlón Militar Universitario.
Entonces a los chavos les gustaba vernos a mi hermano y a mí pelear porque hacíamos exhibiciones de box y de lucha en la calle, nos agarrábamos a madrazos; y a los chiquillos los dejábamos muy impresionados. En realidad lo teníamos todo muy bien ensayado y sabíamos cómo caer. Nos sentíamos tú sabes muy Juan Camaney.[26] Éramos como quien dice medio gandules, pero en buena onda. Mi hermano era un año menor que yo y teníamos una pandilla muy canija. Había a uno de los nuestros que le decían el Frijoles y su novia era la Chalupa. Esos dos eran buenísimos bailadores y es que allí en la Guerrero lo del baile era especial.
Del Pentatlón a la Academia de San Carlos
En el Pentatlón practicaba lucha olímpica, tiro al blanco, natación. Ahí dormía era carrera para ser militar. Duré cinco años y ya se me hizo fuera de lugar querer demostrarles a mis papás que era muy machito. Estaba adscrito al campo militar número 1, ya era sargento segundo; tenía una tropa completa de novatos, como cien. Los ponía a correr en la pista de asalto, eran novatos, novatos. Tenía un superior que creo veía el programa Combate[27], y quería aplicar todo lo que miraba en la tele. Un día empezó a hacer que mis muchachos brincaran desde cuatro o cinco pisos, a pesar de que todavía no sabían caer. Y entonces le dije: “Mi teniente, estos cuates se van a madrear”. Y dijo: “No, no que no sé qué”, y dicho y hecho, se nos accidentaron dos. Fuimos a hablar con el capitán que era el que nos había mandado a hacer la pista de asalto: había alambradas, lodazales, cuerdas, cuevas, de todo, medía como dos kilómetros. Como yo tenía el mando les iba diciendo a los muchachos lo que tenían que hacer. Pero el otro los pateaba, les decía leperadas, y entonces fue cuando se lesionaron dos. Cuando al fin llegamos ya todo mundo estaba ya formado, nos dice el capitán: “¿Terminaron bien?” y contesta el otro: “Si mi comandante, pero el teniente arriesgó a dos muchachos que ya se lesionaron.” Yo me quedé callado. Luego que se voltea ese mentiroso y me dice: “¿Te echas un recorrido conmigo?” Le decían Atila a ese hijo del mal y a mí Macana. Le respondí que sí. Empezamos muy tranquilos en el lodazal, ya después lo alcancé y lo rebasé, en las escaleras ya andábamos echando el bofe, cuando terminamos lo esperé y me quité la guevera que es la camisa militar. En ese momento me arrebaté las insignias y se las di al capitán. Sin decir más me fui del Pentatlón.
Por ahí de 1958 fui a San Carlos a pedir informes, acompañado de mi papá y mi mamá; me conmovió entrar al patio que es maravilloso. Al centro estaba La Victoria de Samotracia, [28] luego reparé en las tumbas de los Medicis,[29] en el Moisés de Miguel Ángel[30], todas eran de vaciados originales. Carlos III de España, se los regaló a la Academia cuando se fundó. Por eso se llamaba la Academia de las Tres Nobles Artes de San Carlos, que era en honor del rey Carlos III. El Museo del Vaticano y del Louvre y todos, hicieron el vaciado y lo enviaron a la Academia. También estaba la Venus de Milo,[31] y siguen ahí. Me quedé helado. Uno tomaba la clase de historia ahí mismo en San Carlos y en las salas del museo.

La Academia de San Carlos pertenece a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y alberga los estudios de Posgrado de la Faculta de Bellas Artes y Diseño. Está ubicada en la calle de la Academia número 22, esquina con Moneda, en el Centro Histórico. La especialidad de los estudiantes fueron la arquitectura, la pintura y la escultura.
Entramos al recinto de la Academia buscando el área de admisiones y nos dicen: “Allá arriba”. Subiendo la escalera nos encontramos con un maestro, un señor ya grande con sombrero iba saliendo de la oficina de la dirección, unas muchachas lo saludaron, él las vió y se quitó el sombrero. Eso me impresionó. Pensaba que era algo que ya no existía. El maestro se llamaba Luis Sahagún[32], era restaurador, como la biblia de los restauradores, su taller estaba repleto de cuadros antiguos que él arreglaba. Y así como Sahagún había otros maestros también muy respetuosos. Por eso dije, recordando lo que me había pasado unos años atrás: Sí, yo quiero ser de la Academia”. Tenía 19 años.
Las mujeres del cabaret y de los burdeles y todo eso, pues era así como una parte de morbo y de juego, pero a las modelos yo nunca las vi de otra forma que no fuera como modelos. Ojo aquí la modelo de Diego
Hasta mi esposa Olga que era más jovencita las iba a ver. La hermana de Olga estudiaba ahí y la llevaba de compañía, incluso con modelos hombres, ella tendría trece o catorce años.
Olga: Si, yo recuerdo un día que estaban todos los alumnos preparándose para la clase y de repente llega un señor un poco ya mayor, se llamaba Melchor. Y estaba muy bien el señor.
Pepe: ¿Y sabes quién era ese Melchor? El que posó para El Hombre de Fuego[33] para la cúpula de Orozco[34] en el Hospicio Cabañas. Ya era grande pero tenía cuerpo como de muchacho de veinte años. Melchor se paraba de cabeza y la movía, era muy simpático. Olga: –Les platico ese día, llegó el señor se quitó la ropa en ese momento y se quedó desnudo. Y todos muy tranquilos se pusieron a verlo, yo como que me volteé, esquivé la mirada, y me dice mi hermana: –“¿Por qué te volteas?”, –“Pues no quiero ver al señor porqué está desnudo”. Y me dice: –“Pues eso no tiene nada de malo, es arte es un modelo”. Y ella me dijo que no lo viera con morbo, que era un artista y me explicó todo, y pues yo lo empecé a ver de reojo. Y sí tenía muy buen cuerpo. Y lo volví a ver de reojo y mi hermana me decía que no tuviera pena. Los estudiantes se acercaban a dibujarlo. OJO. Melchor
Pepe: Para entonces Olga tenía dieciséis años y me gustaba mucho.
Olga: Yo estaba muy chiquita y Pepe era un ojo alegre.
P: Ella tenía dieciséis años y yo veintiséis.
Olga: –Él fue espantando a todos mis pretendientes y como era amigo de mi hermana tenía acceso fácil a la casa. Hasta que tuve que quedarme con él, ja, ja.

La Esmeralda. El modelo masculino, 1958.
Las primeras clases en San Carlos fueron una delicia. En el primer año éramos 300 alumnos y sólo había cuatro maestros. De estudiantes había de todo, eran unos salones gigantes. Al segundo año éramos 150, total al final quedamos sólo 13. Uno de mis primeros maestros de pintura fue Antonio Ramírez, alumno directo de Diego Rivera y de Frida Kahlo. También tuve un maestro cubano muy bueno, Luis García Robledo, pero lamentablemente murió un día antes de inaugurar su exposición. Tenía su estudio en La Guerrero, en Jesús Terán, cerca de Zaragoza. Estaba en su taller cerca de la ventana celebrando que al otro día era su exposición y de repente gritó: “Soy un comando”, se aventó y se mató. Dicen que fue más bien un accidente porque estaba muy borracho. La que sí se suicidó fue Celia Calderón, una grabadora muy famosa.

Mujer en su caballo, Antonio Ramírez (1926-2010), discípulo de Diego Rivera y de José Chávez Morado.Foto: periódico Crónica, 12 de agosto 2006.
Era muy buena maestra. Fue miembro del Taller de Gráfica Popular[35], junto con Fernando Castro Pacheco[36], entre otros. Un día llegamos a la clase de grabado y la maestra se metió a su oficinita que estaba junto al salón de clases y “pum” escuchamos el balazo. Fue muy impactante para nosotros, luego se armó el revuelo. Para entonces no había antidepresivos ni nada de eso. En San Carlos había muchas pasiones.

Celia Calderón (1921-1969), fue una distinguida artista mexicana destacada por su trabajo en grabado, óleo y acuarela. Obtuvo numerosos reconocimientos. Formó parte de la Sociedad Mexicana de Grabadores, del Taller de la Gráfica Popular y del Salón de la Plástica Mexicana. Fue maestra de la Academia de San Carlos donde enseñó grabado y dibujo. Se suicidó en la propia Academia de un balazo en la cabeza el 9 de octubre de 1969. Junto a la foto su obra Niña, de 1956.
Otro maestro que también fue director se llamaba Roberto Garibay. Le dio muy buen nivel a la escuela; se rodeó de varios secretarios, cuates muy guapos, muy acá.

Roberto Garibay, Maestro de Artes Plásticas de la UNAM y profesor de dibujo y pintura por el INBA, la Escuela Nacional Preparatoria y Escuela Nacional de Artes Plásticas; dirigió el Museo del Palacio de Bellas Artes de 1974 a 1979, y fue Presidente de la Comisión Dictaminadora de la Carrera de Artes Visuales, durante 9 años. Autorretrato. Foto: Sonia Guerrero.
Era la época de Salvador Novo, cronista de la ciudad[i][37]. Tenía tremenda corte. Cuando yo trabajaba en Bellas Artes me pegaba contra la pared por si las moscas. Decía un chiste: “Los que mueren en pecado mortal se van al infierno, los que mueren sin bautizo se van al limbo y los de doble bando se van al INBA”. El Instituto estaba lleno de lilos que eran grandes intelectuales. Los Incas decían que los homosexuales son seres de dos espíritus y eran muy respetados porque para ellos esas personas conocen las dos naturalezas. Según esa cultura son muy buenos sobre todo para dar consejos, los valoraban mucho. Yo estoy de acuerdo, muchos de mis grandes amigos pertenecen a ese selecto grupo y son gente fantástica.
El Reencuentro
Después de que me casé con Olga, nos regresamos a Puebla. Yo entré a dar clases a la Universidad de las Américas, la UDLA. Y en una ocasión me fui a México, al centro, con unos alumnos a comprar materiales de pintura, porque ahí eran de los mejores. Y de repente me entró una nostalgia y les dije a los chavos: “Saben qué, yo por aquí viví”, si me permiten voy a pasar por mi casa. Me fui a Degollado y me paré frente a la vecindad y que me bajo del coche. La vecindad tenía 18 apartamentos, entonces era un patio central largo, al fondo estaba el número 15 y nosotros vivíamos en el 1 que estaba a la entrada luego, luego y tenía balcones a la calle. Éramos como los “rotos”, mi papá tenía un coche que era su taxi, Chevrolet 52. Le decíamos “el criquet”, siempre llegaba a su destino, no sabía fallar. Volviendo al tema, entonces que me bajo en la vecindad y los alumnos conmigo bien asombrados. El corazón me latía muy rápido. De aquella dimensión mental que tenía de lo que había sido mi casa, mi vecindad, había cambiado la construcción completa. En mi época la veía grandísima ahora estaba muy deteriorada, como si fuera hasta más pequeña. Me paré frente a la puerta del departamento 1. Y les digo a los muchachos: –fíjense que yo aquí viví. Qué ganas tengo de poder entrar y que me den chance de verla. Y allá al fondo vivían unos cuates míos. Entré y empezó a ladrar un perro, atrás venía una señora y me dice: –“¿Quién es usted? ¿A quién busca?” Le dije lo primero que se me ocurrió: –“Busco a Jaime”, que era mi cuate de entonces. Se me quedó viendo y contesta: “¿El papá o el hijo?”. -No pues el papá. -No está aquí. Yo soy amigo de la infancia de Jaime. – Ah, ¿Y cómo se llama? – Pepe Lazcarro- y dice: – Ah tú eres Pepe. Era la esposa de Jaime, que conocí siendo chamaquito. – Pues si lo quieres ver está en el departamento uno con su compadre. Ósea donde yo vivía. Fui para allá, sale un cuate y me dice qué quieres, le digo: –“Es que me dijeron que aquí está Jaime”, –“Espérese” y me cerró. –Dice que si lo quiere ver que entre. –Uy no me lo dijeron dos veces que entro, híjole que impresión, qué barbaridad, qué nostalgia, lo que había sido la salita de la entrada donde yo había puesto un cuadro muy bonito, un San José del siglo XVII precioso, ya no era tal. Claro cuando yo vivía ahí era como un contrasentido porque vivíamos en una vecindad pero en la vivienda entrabas y te sorprendías porque me gustaba la buena vida, mis muebles eran de reposet que eran muy elegantes; y pues sí ese día que llego y encuentro la habitación toda pelona, con una mesa de madera sin nada y un tipo gordo sentado al fondo, con una botella de ron marca libre y otra de Coca Cola, enfrente dos vasos de plástico. Se me quedó viendo, estaba con un compadre. Me dice: –¿Quién es usted?: –Soy Pepe Lazcarro. Jaime se levantó, me abrazó, hubieras visto que alegría le dio. Los muchachos viendo, sorprendidos. Entonces Jaime le dijo a su cuate: –Compadre, mira él era como mi hermano. Luego me comentó: –Mira Pepe yo ya acabé de estar. Había sido herrero, se había jubilado, ya había casado a sus hijos y estaba muy feliz en el chupe. Por cierto para que a mí no me hiciera beber le dije que estaba “curado”[38], y entonces ya no me insistió, me preguntó: –“¿Y tú en que trabajas?,” –“Fíjate que soy profesor en la Universidad de las Américas”, le contesté. Se me queda viendo y comenta: “Sí, siempre supe que eras un cerebrito.” Y luego me vuelve a platicar de él: –“Pues a mí no creas que me va mal, voy a la parada del metro Sevilla, voy sacando las salidas de las combis y gano hasta 15 pesos”. Y entonces caí en la cuenta de todo lo yo había logrado y al mismo tiempo de cuánto extrañaba mi barrio tan lleno de vida.
[1] Casa Aguayo, ubicada en la 14 oriente 1204 en el barrio del Alto. Data de finales del siglo XVI o principios del XVII y lleva el nombre de su primer propietario el capitán y regidor Juan Martínez de Aguayo, que llegó a Puebla a mediados del siglo XVI. En 1987 el gobernador Mariano Piña Olaya, convirtió la casa en oficinas administrativas del gobierno. Y durante la gestión del gobernador Melquiades Morales, se convirtió en sede del gobierno del estado.
[2] El Universal nació el primero de octubre de 1916 a iniciativa del ingeniero Félix Fulgencio Palavicini. Y estaba ubicado en la esquina de las calles de Madero y Motolinía. El Excélsior se fundó el 18 de marzo de 1917 por Rafael Alducín, el segundo periódico más antiguo de México. La Prensa fue fundado en la ciudad de México en agosto de 1928.
[3] Manuel Ávila Camacho, presidente de México de 1940 a 1946; Miguel Alemán Valdez, presidente de México de 1946 a 1952.
[4] Siguen funcionado como tales hasta la fecha.
[5] El estadio Madison en el que peleó Zavala fue el tercero de su tipo, construido en 1925 y funcionó hasta 1968. Por su parte, Francis Albert Sinatra, Frank Sinatra, nació en 1915 en Los Ángeles. ApodadoLa voz,fue una de las principales figuras de la música popular del siglo XX en los Estados Unidos, en particular en las décadas de los años cuarenta y cincuenta. Su repertorio se basó en la obra de los más destacados compositores norteamericanos como Jimmy Van Heusen, Cole Porter, Sammy Cahn y George Gershwin. Su atribución personal consistió en su capacidad artística para transmitir las emociones y los sentimientos implícitos en las letras de las canciones.
[6] José Luis Cuevas Novelo, nació en la ciudad de México en 1934, murió en julio del 2017. Fue pintor, dibujante, escritor, grabador, escultor e ilustrador mexicano, máximo representante de lo que se conoce como la generación de la ruptura contra la corriente del muralismo.
[9] La cárcel o Palacio de Lecumberri, ubicado en el noroeste del centro de la ciudad de México, fue la penitenciaría de la propia ciudad desde el 29 de septiembre de 1900, fecha en que se inauguró, hasta 1976. Posteriormente pasó a ser el Archivo General de la Nación.
[10] La cárcel de Santa Martha Acatitla fue inaugurada el 14 de octubre de 1957, constituida exprofeso para internos ejecutoriados, es decir, aquellos que ya agotaron todos los recursos legales para demostrar su presunta inocencia.
[11] Ubicado en el centro histórico de la ciudad de México, en Humboldt 39.
[12] El nombre alude al cabaret parisino fundado en 1865 y se deriva de Ba-ta-clan, una opereta de temática oriental estrenada en París en 1855 por Jaques Offenbach. En la parte baja funcionaba como café-teatro y en el primer piso contaba con pista de baile.
[13] La Academia de San Carlos pertenece a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y alberga los estudios de Posgrado de la Faculta de Bellas Artes y Diseño. Está ubicada en la calle de la Academia número 22, esquina con Moneda, en el Centro Histórico. La especialidad de los estudiantes fueron la arquitectura, la pintura y la escultura.
[17] Se trata de Joaquín González con quien contrajo nupcias en New York en 1956. Fue su compañero de toda la vida. Murió en 1996. Tongolele aún vive.
[19] Bailarina de la misma época que solía ser la competencia más cercana a Tongolele.
[20] Película mexicana de 1967, dirigida por Juan Ibáñez, en la que como parte de la trama los novios Jaime y Paloma, hacen un recorrido por las zonas proletarias de la ciudad de México.
[21] Damaso Pérez Prado en honor a las vedettes compuso un mambo llamado Mangoleles, título que recuperó también Beny More en una de sus obras.
[23] EL Tesoro de la Juventud, Enciclopedia de Conocimientos en veinte tomos, que se convirtió en la referencia cultural infantil más importante de principios a mediados del siglo XX en América Latina. Es una adaptación de la enciclopedia The Book of Knowedge, editada por el estadunidense M-W. Jackson en 1910. La versión en castellano empezó a circular en 1920, en los conocidos tomos de pasta dura color verde.
[24] Ciudad Universitaria. La Universidad Nacional Autónoma de México, conocida como Ciudad Universitaria, en el sur de la ciudad, fue inaugurada a finales de 1946 por el presidente Miguel Alemán Valdez. El 2 de junio del 2007 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNSECO.
[25] Pentatlón o Pentathón militar es una disciplina que combina cinco pruebas deportivas básicas como parte del adiestramiento de los batallones de paracaidistas, comandos y buzos. Se originó en los Países Bajos, luego de la II Guerra Mundial. En México el Pentatlón Deportivo Militarizado Universitario, era una institución con disciplina militar vinculado a las Fuerzas Armadas, que se fundó el 9 de julio de 1938, con el objetivo del desarrollo integral de los jóvenes, con base en la disciplina, el sacrificio y el honor.
[26] Juan Camaney era un personaje de la época interpretado por el actor Luis Alba García, que actuaba como el hijo presumido de un millonario. Otras fuentes indican que es un modismo de cuando los mexicanos se empezaron a ir a los Estados Unidos: Juan Come on hey.
[27] Combate era el nombre en español de una serie de televisión norteamericana, transmitida entre 1962 y 1967. La serie consistía en la vida de un grupo de soldados estadunidenses durante la Segunda Guerra Mundial, incluía el desembarco en Normandía, la liberación de Francia y la invasión del oeste de Alemania.
[28] La Victoria alada de Samotracia, ícono de la cultura griega, es una escultura perteneciente al período helenístico. Representa a Niké, la diosa de la victoria. Tiene una altura de 2,45 m y se elaboró en mármol aproximadamente en el año 190 AC. Procede justamente del santuario de los Cabiros en Samotracia. Actualmente el original se encuentra en el Museo del Louvre en París.
[29] Tumba realizada por Miguel Ángel entre 1524 y 1534, en la iglesia de San Lorenzo, en Florencia.
[30] El Moisés es una escultura de mármol blanco realizada por Miguel Ángel en 1513-1515, y retocada en 1542. Está inspirada en la figura bíblica de Moisés. Originalmente fue concebida para la tumba del papa Julio II en la Basílica de San Pedro. Finalmente tanto la tumba como el Moisés se colocaron en la iglesia de San Pietro in Vincoli, en la zona del Esquilino.
[31] La Afrodita de Milos, generalmente conocida como Venus de Milo, es una de las estatuas más representativas del período helenístico de la cultura griega. Fue esculpida entre los años 130 y 100 AC. Probablemente represente a Afrodita o Venus en la mitología romana, diosa del amor y la belleza.
[32]Luis Sahagún Cortés (1900- 1978) fue un restaurador y pintor mexicano. Considerado el pintor oficial de la Presidencia de la República y embajador oficial de México en diversos países. Además de director de la ya citada Academia de San Carlos en la ciudad de México.
[33] Obra maestra de José Clemente Orozco, pintado en la cúpula del Hospicio Cabañas en Guadalajara, México.
[34] José Clemente Ángel Orozco Flores, nació en Zapotitlán Jalisco en 1883 y murió en la ciudad de México en 1949. Fue uno de los grandes exponentes del muralismo mexicano.
[35] El Taller de Gráfica Popular fue un colectivo de grabadores fundado en 1937 en la ciudad de México, por destacados artistas como Leopoldo Méndez, Pablo O Higgins y Luis Arenal Bastar, con el objetivo de usar el arte para fomentar causas sociales revolucionarias.
[36] Fernando Castro Pacheco (1918-2013), nació en Mérida, Yucatán. Fue pintor, muralista, escultor, grabador e ilustrador. Siguió también la corriente del muralismo.
[37] Salvador Novo López (Ciudad de México 1904, enero 1974), cronista, poeta y ensayista, miembro del grupo Los Contemporáneos y de la Academia Mexicana de la Lengua. Uno de los primeros intelectuales mexicanos en reconocer abiertamente su carácter homosexual.
[38] Expresión popular para referirse a un juramento ante la virgen de no beber, muy común y digna de respeto a nivel popular.