Migró la cabeza fría. Cruzó la frontera norte. La presidenta Sheinbaum la abandonó en su discurso del 31 de mayo, con fuertes descalificaciones a lo que llamó la ultraderecha en Estados Unidos y sus perversas intenciones para México. Más lejos fue el expresidente López Obrador con su carta del 3 de junio, agresiva y prepotente como pocas veces se ha expresado en público un político mexicano.
La primera mandataria hizo, por cierto, reconocimientos importantes, que explican que haya perdido el tono mesurado de otros mensajes: que la lista de los presuntos delincuentes entre políticos mexicanos es muy larga, y que lo que está en juego son las elecciones mexicanas del 2027 (aunque no en el sentido en el que ella lo planteó).
¿Cómo respondieron los norteamericanos? Con cabeza fría, y en varios ámbitos. En el oficial, con las declaraciones cuidadosamente diplomáticas del embajador Ronald Johnson, llamando la cooperación entre los dos gobiernos y reconociendo buenos resultados en el mexicano. Un reconocimiento que hizo también el secretario de Seguridad Interior de ese país, Wayne Mullin.
En un ámbito muy distinto se envió un mensaje diferente: el periódico Los Angeles Times publicó que a los gobernadores de Sonora y de Tamaulipas se les había retirado la visa estadounidense y que estaban siendo investigados por las autoridades de aquel país por presuntos vínculos con el crimen organizado. Una filtración de las que acostumbran las autoridades de nuestro vecino para mandar mensajes.
Fue ese mensaje el que dio lugar, de inmediato, a la carta de AMLO. En ella tendrá Gabriel Zaid, o quien quiera, elementos para actualizar la lista de insultos de López Obrador a sus adversarios (https://letraslibres.com/politica/amlo-poeta/). Pero en este caso el tono de los mismos es muy distinto.
Ya no es el de aquellos insultos que tenían algo de juguetones (como “Ricky Riquín, Canallín” o “ternurita”). Son ahora directos y agresivos. Y no sólo insultos, sino fuertes descalificaciones de la política de Estados Unidos hacia México. Fuertes aunque ciertamente simplistas, y por lo mismo, desatinadas.
La venganza, dicen, es un plato que se cocina en frío. Frente al calor de las declaraciones de Sheinbaum y López Obrador los norteamericanos han respondido con la cabeza fría. No se “engancharon”. Algo están preparando.
Y al parecer, los norteamericanos tienen en estas acciones dos políticas distintas. Una mano suave hacia Sheinbuam, reconociendo la cooperación de su gobierno. Y una mano dura hacia López Obrador, poniendo en la lista de los “presuntos” a varios de sus políticos más cercanos. Una distinción que probablemente intenta dar lugar a una división.
La macro extorsión
La extorsión en una de las acciones más graves de la ola de criminalidad que vive el país. En estos días hemos visto, en la Ciudad de México, una extorsión de dimensiones que no conocíamos.
El Diccionario de la Lengua Española define extorsión como la “Presión que se ejerce sobre alguien mediante amenazas para obligarlo a actuar de determinada manera y obtener así dinero u otro beneficio.” Es lo que ha hecho la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación con el gobierno de Claudia Sheinbaum.
Mediante acciones violentas e ilegales (es violento e ilegal bloquear calles para impedir que los ciudadanos ejerzan su derecho al libre tránsito) están extorsionando al gobierno federal, para obtener dinero y prebendas.
La agenda educativa, que es lo que justifica la existencia de esa Coordinadora y de sus integrantes, está prácticamente ajena a sus demandas. Buscan sólo sus intereses particulares.
Recuerdan la idea de patrimonialismo: ven a los recursos públicos dedicados a la educación como su patrimonio. Y los utilizan como patrimonio propio.
Con graves consecuencias para el país, y sobre todo para los más pobres. Hay que repetirlo: el futuro del país, de cualquier país, se juega en la educación. Y el medio más viable para combatir la pobreza es dar a los pobres una educación de calidad y las condiciones para ponerla en práctica.
La extorsión que hemos visto es, entre otros males, una reproducción de la desigualdad: se niega una educación de calidad a los más pobres, los niños de Oaxaca, Guerrero y Chiapas. Y de nuevo la pregunta: este patrimonialismo tan dañino para el interés público ¿es de izquierda, de derecha o de centro?