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19 Septiembre 2021, Puebla, México.

Cuando denunciar salva a otros

Sociedad | Opinión | 25.ABR.2021

Cuando denunciar salva a otros

Verónica Mastretta

Vida y milagros

 

La mamá del  adolescente que acusó de estupro al diputado federal Benjamín Saúl Huerta decidió apoyar a su hijo desde el momento en que supo lo que había sucedido. Cuando recibió la primera llamada del menor en la madrugada del martes de la semana pasada, le dijo que pidiera ayuda y llamara a una patrulla. No aceptó ningún tipo de negociación económica ni se dejó intimidar por  el presunto agresor; se mantuvo firme en que solo querían que se le procesara y castigara. Apoyado por su mamá, el adolescente, que aún no cumple quince años, ratificó su denuncia ante la fiscalía de la ciudad de México, que hasta donde sé, actuó de manera diligente y pronta. Dos agentes de la policía detuvieron a Huerta y lo presentaron en el ministerio público, con todo y  que sacó su charola de diputado. El diputado Huerta, que por cierto, el año pasado desde la tribuna de la Cámara de Diputados defendió con vehemencia la extinción del fuero, no dudó en  echar mano del mismo y muy pronto un abogado de la Cámara se presentó a la Fiscalía de CDMX y logró su liberación.  El coordinador parlamentario de los diputados de Morena, Ignacio Mier, subió un tuit señalando que el  desafuero no era procedente porque los hechos denunciados pertenecían a la vida privada del señor Huerta. El espíritu del fuero es proteger a los legisladores para que puedan legislar con libertad, no para que puedan delinquir sin ser molestados. Tocará a la fiscalía probar la denuncia del menor y solicitar o no el que se le quite el fuero al diputado Huerta. De fuero en fuero, Félix Salgado Macedonio ha logrado evadir las denuncias de las distintas mujeres que lo han acusado de abuso sexual desde hace muchos años. La Comisión de Honor y Justicia de Morena, al contrario que con el caso de Salgado Macedonio,  esta vez sí respetó sus reglamentos internos y  debido a la gravedad de los hechos denunciados, canceló los derechos políticos de Huerta y le retiró la candidatura para reelegirse por el Distrito XI de Puebla sin mayor reticencia, así que en breve enfrentará los cargos sin fuero.  

 

Después de la denuncia  y a lo largo de la semana pasada, otros dos jóvenes han salido a contar su amarga experiencia con Saúl Huerta cuando aún eran menores de edad. El modo de abuso que describen fue el mismo que describe la victima de la semana pasada: acercarse a la familia, actuar como un amable político y adulto mayor que quiere ayudar de alguna manera a la familia o al adolescente al que pretende seducir. La conducta que describen está tipificada como estupro en el artículo 262 del Código Penal. Comete el delito de estupro  quien tenga cópula mediante seducción o engaño con persona menor de edad que sea mayor de trece años. De acuerdo a su etimología, el estupro es un delito, un engaño sexual cometido por un adulto que manipula a un menor para obtener favores sexuales. Sin embargo la ley señala: "No se procederá contra el responsable del delito de estupro sino por queja del menor o de quienes ejerzan la patria potestad, o a falta de estos, de sus legítimos representantes."  Por eso es tan importante la denuncia de los menores apoyados por sus padres o tutores. El artículo 266 Bis, en el apartado III,  señala además los siguientes agravantes en el delito mencionado:

 

-que el delito sea cometido por quien desempeñe un cargo o empleo público-

-que el delito sea cometido por la persona que tiene al ofendido bajo su custodia, guarda o aproveche la confianza en él depositada.

-que el delito sea cometido previa suministración de estupefacientes o psicotrópicos a la víctima en contra de su voluntad o sin su conocimiento.

 

En la denuncia de la semana pasada, todos estos agravantes han sido mencionados. En los relatos de los jóvenes que se han atrevido a hablar esta semana, también existen estos agravantes. La diferencia es que en el último caso sí se interpuso una denuncia que ya ha empezado a tener consecuencias para el acusado.

 

Los dos jóvenes que ahora relatan lo vivido con Huerta dicen que en su momento no se atrevieron a denunciarlo por muchas razones: por pena, por miedo, por desconfianza en el sistema judicial, por presiones del abusador y por no enfrentar a una figura de autoridad de la que temen represalias. Es absolutamente comprensible  la resistencia a denunciar este tipo de delitos, y por eso es admirable que alguien denuncie  y se sostenga. Cuando alguien finalmente denuncia, ayuda a detener la cadena de abusos e impunidad que a veces se mantienen por años por parte de un abusador. 

 

Denunciar un delito de acoso sexual o violación, cualquiera que sea la edad o género de la víctima, requiere de un enorme valor, pues en el proceso el acusado y su defensa pueden echar mano de argumentos que volverán a victimizar a la víctima. También pueden incurrir en amenazas y presiones cuando son figuras de poder. Cuando se trata de un menor de edad, el  dilema será aún peor, tanto para la víctima como para sus padres o tutores. El camino a recorrer en una demanda de este tipo es sumamente penoso y difícil para las víctimas, porque entre otras cosas, tienen que relatar lo sucedido y corren el riesgo de sufrir burlas, acoso, estigmas.  Si hoy es difícil, ni què decir hace treinta años en que los protocolos para proteger a las víctimas de abuso eran casi inexistentes. 

 

Se merecen un enorme respeto y apoyo  quienes se atreven a enfrentar a los abusadores. Son actos de valor y fortaleza que evitan daños futuros a otras personas.