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14 Junio 2021, Puebla, México.

Este es el México que yo amo... / Stella Cuéllar

COVID 19 en 2021 /Sociedad | Crónica | 30.MAY.2021

Este es el México que yo amo... / Stella Cuéllar

Stella Cuéllar

La verdad, desde el sábado estaba nerviosa por el asunto de la vacunación.
Entre el pavor que de por sí me da que me acerquen una aguja, y que en Tlalpan iban a poner Pfizer, como en la mayoría de las delegaciones en que están vacunado, me sentía estresada, incluso con insomnio.
Hablé con mi doctor y me tranquilizó. Me recetó Allegra de 120 mg, que es un antistamínico, y comencé a tomarlo desde el sábado y hasta hoy. Además, por aquello de no te entumas, me dijo que fuera preparada con una inyección de High Pack Solustone, por si llegaba a tener una reacción, y eso hice.
Me tocó en Prepa 5, y ahí fuí, como a las 2:15 de la tarde.
Me estacioné un poquito lejos de la entrada principal, porque había muchos carros, pero la entrada para lo de la vacuna era un poco más lejos, pero como llevaba mi muleta, pues ahí fuí... Ya me estaba cansando cuando por fin llegué. Me pidieron mi IFE y lo entregué.
-Es de Puebla, por favor, fórmese en los “especiales”, detrás de la señora de gris...
La cola era bastante larga... pero mientras caminaba hacia allá, se acercó una chica con una silla de ruedas, y me dijo: ¿señora, quiere que la ayude?, porque aún tiene que caminar bastante... Acepté.
El chico que me había mandado a formar se acercó y le dijo: -Es que su INE no es de aquí... Ella contestó: -No importa. La vi venir desde la Calzada, y trae su comprobante de domicilio a su nombre, y usa muleta... yo me la llevo.
La amé.
Me llevó a la zona de registro y otra chica me hizo mi ficha. También muy amable. Enseguida me llevó a la zona de vacunación. Estaba bastante, pero bastante lejos. Y más la amé por ir empujando la silla en un caminito largo y que no es muy lisito...
Recordé que anocheIrene mi sobrino Sebastián me sugirieron solicitar silla de ruedas desde que llegara...
-Tía, se camina mucho. Mejor que te echen la mano.
-Sí, ma, además, seguro sales más rápido...
-¿Silla de ruedas?, ¡no exageren!, yo puedo caminar super bien, ni que fuera tanto... y yo odio las sillas de ruedas, me da hasta vergüenza usarlas... ¡Nel, yo puedo!, ¡no mamen!
Pero la verdad, fue un parísimo. Sí me habría costado mucho trabajo...
Total, ahí me llevaron. En chinga me pusieron en la fila de “discapacitados”, y sólo había una señora adelante de mí. Pero cuando la pasaron... ¡Aguanten!, ¡se nos acabaron las vacunas!, y la ñora va patrás.
Casi me desmayo... ¿Cómo que se les acabaron las vacunas?... ¡No se preocupe, ya fueron por otro lote... yo creo que de una vez van a traer dos... ¿Y tardarán mucho? ¡No, para nada, máximo 15 minutos, es que tienen que estar refrigeradas y las tenemos en una bodega aquí a la vuelta... los 15 minutos son por el papeleo... es que se lleva un control muy estricto...
A los 20 minutos las vacunas ya estaban ahí. Los chicos amabilísimos nos volvieron a formar en el orden que íbamos, y avanzamos enseguida.
Me recibió un doctor, muy joven y muy amable:
-¿Algo que me quiera reportar que no le hayan preguntado?
Le comenté la versión mega fast de mi rollo. Me agradeció haberle dicho, y me pidió mi High Pack Solustine... ¡Seguro no lo vamos a requerir, pero mejor aquí lo tendremos! La tendré en observación un poquito más de tiempo, después de la vacuna, para estar más tranquilos.
Enseguida la enfermera me enseñó la jeringa con mi dosis; me preguntó que en qué brazo la quería y me la aplicó. No duele, aunque sí arde un poco la entrada del líquido.
Anunciaron que esperaríamos 20 minutos en observación.
El doctor, de nuevo se me acercó:
-¿Le importa que esperemos con usted media hora?
-No, no... para nada.
A los 20 minutos, con puntualidad inglesa, sacaron a los demás. La enfermera que se me acercó a cortar el recibo de vacunación, me dijo...
¡Ay, mire que feo salió el corte... parece que lo hice con los dientes, discúlpeme; ya lo pone guapo con unas tijeritas en su casa! Sonrió y sacó de la bolsa de su delantal una alegría (barra de amaranto), y me la regaló.
Diez minutos después, el doctor volvió: ¡Ahora sí ya se puede ir, le devuelvo su medicamento! Haga lo mismo en la siguiente dosis. ¡Felicidades, todo estuvo muy bien! La chica que me había llevado ya se había ido, y otro jovencito había tomado su lugar. Se acercó y me dijo, ¡yo la acerco hasta el límite que nos permiten, ¿vale? -¡Vale! Y muchas gracias, de verdad. Ofrecen un gran servicio.
-Gracias por decírmelo. De verdad lo valoro, muchas personas ni nos voltean a ver, pero estamos para servirles... yo no vengo de ninguna Secretaría, sino de aquí de la Delegación...
¡Pues muchas, muchas gracias!
Y, en efecto, me llevó hasta el límite que les permiten. Caminé menos de una cuadra, quizá una, y llegué a mi coche.
Me sentí feliz, bien acogida, bien atendida, muy bien tratada.
Todos hacen un trabajo extraordinario: organizados, amables, solícitos. Este es el México que yo amo.
Como dijo el chico: ¡aquí no estamos por color, estamos para servir!
¡De nuevo gracias!
 
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