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17 Enero 2022, Puebla, México.

Me quedé encerrada en el panteón, pero no tuve miedo de los muertos / Diana Hernández Juárez

Sociedad | Crónica | 3.NOV.2021

Me quedé encerrada en el panteón, pero no tuve miedo de los muertos / Diana Hernández Juárez

Diana Hernández Juárez

No hay ninguna descripción de la foto disponible.Anoche me quedé encerrada en el panteón. No es broma ni ficción.

Es el panteón de San Lorenzo, por el rumbo de Chachapa, un lugar apartado, despoblado, sin pavimentación ni electricidad. Ahí descansan mis viejos.

A diferencia de otros años en que iba  con mi familia desde temprano a limpiar y llevar flores a la tumba de mi abuelita, en esta ocasión tuve que ir al caer la tarde. Llegué cerca de las 6 y pregunté a qué hora cerraban las puertas del cementerio. La señora que vendía flores me dijo que a las 6:30, le compré un gran ramo y entré apresurada. Encontré en el pasillo a un limpiador de tumbas y lo contraté.

Pronto todo oscureció, le pregunté a qué hora cerraban y me aseguró que permanecía abierto toda la noche. Cortó la hierba y lavó la lápida. Le pagué, me dijo que iba a estar afuera con sus compañeros tomando unas cervezas. Enseguida yo prendí las veladoras y coloqué las flores. A lo lejos vi una numerosa familia haciendo lo mismo. Entonces recé y platiqué con mi gran madre como nunca lo había hecho, le conté de la tristeza y del dolor que ahora me agobian. Lloré y lloré, en medio de la tranquilidad de los sepulcros. El frío del viento hizo darme cuenta que ya no había nadie alrededor. Me despedí y apresuré mis pasos a la salida, pero ¡oh sorpresa! El portón estaba cerrado con cadenas y candados. Pedí ayuda pero ya no había nadie, absolutamente nadie, ni adentro ni afuera. Me puse nerviosa, pero traté de mantener la calma.

Puede ser una imagen de árbol y cielo

Busqué la manera de salir, brincar la barda, apoyada en alguna lápida o cubeta, pero me dio temor caer. Pensé pedir auxilio por teléfono, pero no sabía cuánto tiempo tardarían en llegar, entonces recordé la otra puerta del Panteón, lejana, pero que por poco conocida tal vez estaba abierta. Prendí la lámpara de mi teléfono y caminé lo más aprisa que pude. Las velas alumbraban varias tumbas, mientras las flores inundaban de olor la noche, escuchaba el rechinido de los rehiletes, de las puertas de las criptas y el ladrar lejano de los perros. No tuve miedo de los muertos.

Puede ser una imagen de pared de ladrillo

Llegué a la puerta de mi salvación, también estaba cerrada, pero sólo amarrada con  cintas blancas. Me costó trabajo pero las desaté y salí de prisa. Tuve que cruzar el antiguo Camposanto frente a la pequeña iglesia de lo que fue una hacienda. Entonces sí sentí miedo, pero de los vivos, de algún malandro. Recordé que esa zona es huachicolera, que por ahí han dejado tirados cuerpos ejecutados.

Corrí y llegué a mi camioneta, temí que ya no estuviera. Arranqué y regresé a mi casa.

Otra vez mis Ángeles y mi abuelita me protegieron.