SUSCRIBETE

27 Junio 2022, Puebla, México.

 México, el Estado del que la verdad se ha ido / Héctor Aguilar Camín

Gobierno /Política | Opinión | 1.FEB.2022

México, el Estado del que la verdad se ha ido / Héctor Aguilar Camín

Héctor Aguilar Camín

Día con día

 México: neoestado y neoliberalismo

 

Podría pensarse que la concentración del poder que intenta el actual Presidente de México es también un intento de fortalecer al Estado.

Y que fortalecer al Presidente es una forma de fortalecer al Estado y de combatir al neoliberalismo.

Claudio Lomnitz ha dibujado en un ensayo, por el contrario, la profunda continuidad que hay entre el Estado mexicano entregado al “neoliberalismo” desde fines del siglo pasado y el Estado del gobierno actual que dice ser todo lo opuesto.

La continuidad de ambos Estados consiste, según Lomnitz, en que los dos han sido incapaces de asumir sus tareas fundamentales: hacer cumplir la ley y administrar la cosa pública.

Han creado un espacio contrahecho y contradictorio, donde el Estado es el culpable de todo y el responsable de nada, a resultas de lo cual los diferentes gobiernos han ido renunciando, paso a paso, a sus facultades y responsabilidades, para entregarse, paso a paso, a un proceso de militarización que gana terreno cada día sobre la retícula ineficiente del gobierno civil.

Los dos grandes momentos de continuidad en la militarización del Estado, nos dice Lomnitz, son la guerra contra las drogas del gobierno de Felipe Calderón y la transferencia de responsabilidades civiles al estamento militar durante el gobierno de López Obrador.   

La historia de esos dos Estados empieza en la decisión, diremos neoliberal, de crear dentro de México una ínsula de derechos efectivos y de cadenas económicas modernas, donde pudiera asentarse el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

La apuesta fue que esa ínsula de derechos efectivos y esa cadena de alta productividad ganarían terreno sobre el mar de la extorsión y la improductividad en que estaba, comparativamente, el resto del país…

Pero esto no sucedió, no podía suceder si el Estado no hacía también su parte y modernizaba su Poder Judicial, su sistema de procuración de justicia y sus policías. No lo hizo.

Resultado: el mar de la extorsión sitió la ínsula de los derechos y de la productividad, y volvió al Estado un ente más débil aún, disfuncional para la sociedad y para sí mismo, incapaz de imaginar otra gobernabilidad que la de militarizarse.

El ensayo de Lomnitz aquí.

 

Nadie sabe, nadie cree, la verdad se ha ido

 

Uno de los rasgos característicos del nuevo Estado del que habla Claudio Lomnitz, al que me referí aquí el martes pasado, es que no produce verdades aceptables, versiones creíbles de los hechos.

En el ámbito criminal, porque la investigación de los delitos apenas existe. En el ámbito judicial, por el descrédito de la justicia. En el ámbito político, por la pluralidad partidaria y por los conflictos de interés entre las diferentes autoridades.

El gobierno de Peña Nieto, recuerda Lomnitz, apostó ingentes recursos en la construcción de la “verdad histórica” del caso de los asesinatos de los normalistas de Ayotzinapa. Logró un tiro por la culata.

En ese mismo laberinto está inmerso desde hace tres años el actual gobierno, sin haber logrado otra cosa que liberar a varios autores materiales del hecho y desaparecer cuanto pueden el caso de la vista de la opinión pública.

“El nuevo Estado mexicano”, dice Lomnitz, “ya no tiene la capacidad de crear una verdad socialmente creíble o compartida, porque no tiene un sistema judicial —jueces, ministerios públicos, policías de investigación, peritos— lo suficientemente robusto y profesional como para que sus hallazgos resulten confiables” (“Neoestado y neoliberalismo", Nexos, febrero 2022).

Es el caso de las fosas con 200 cuerpos sin identificar de la fiscalía del estado de Morelos en Tetelcingo y Jojutla o el de las masacres de San Fernando, Tamaulipas, o el de los 35 presuntos zetas descabezados en Veracruz o el de los miembros de la familia LeBaron, asesinados en una brecha.

La misma nebulosa ausencia de aclaraciones y verdades recorre toda la cadena de familiares de las víctimas que hay en la República, un verdadero ejército de Antígonas queriendo saber lo que pasó con sus muertos para al menos enterrarlos bien.

Todos los días y todas las noches acudimos en los noticieros al mismo espectáculo: hechos espeluznantes, denuncias desgarradoras, sin una sola autoridad capaz de explicar lo sucedido, ya no digamos de investigarlo y castigarlo.

El Estado mexicano mismo, en todos sus niveles y jerarquías, es el reino de la no verdad, el lugar donde nadie sabe, al que nadie cree, del que la verdad se ha ido.

Imagen de portada: Revista Nexos.