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27 Junio 2022, Puebla, México.

Viacrucis en el Zócalo de la Ciudad de México. Un ritual que explica lo que somos / Stella Cuéllar

Sociedad | Crónica | 16.ABR.2022

Viacrucis en el Zócalo de la Ciudad de México. Un ritual que explica lo que somos / Stella Cuéllar

Stella Cuéllar

Fotografías de Miguel Ángel Alvarado/Viceversa

 

Puede ser una imagen de 4 personas, personas sentadas y al aire libre

Fotografía de Miguel Ángel Alvarado/Viceversa

 

Hoy acompañé a Migue al viacrucis que se presentó en el zócalo de la CDMX. Dicen que es el más antiguo, yo no lo sé; pero la compañía que lo montó lleva 19 años haciéndolo, a excepción de los dos últimos años, que la pandemia lo impidió.
Empezó un poco después de las 10 am, y llegamos puntuales. Para mi sorpresa, había poca gente, no los tumultos que hay en otros lados, como en Iztapalapa, por lo que pudimos apreciar el trabajo de los 50 actores y 10 músicos.
A rayo de sol acompañamos a Jesús, el nazareno, en todo su recorrido. Escuchamos con claridad a los sumos sacerdotes acusarlo por proclamarse el rey de los judíos. Vimos a los soldados romanos propinarle 39 azotes, porque su sentencia era de 40.
 
 

Puede ser una imagen de 2 personas y personas de pie

Fotografía de Miguel Ángel Alvarado/Viceversa

 
Uno, dos, tres, y así hasta llegar a 39, ni uno más, ni uno menos, porque los romanos “son justos”. Pilatos intentó persuadir a los sacerdotes, y al no lograr convencerlos se lavó las manos y entregó al condenado, junto con Dimas y Jestas, dos ladrones que fueron condenados junto con Jesús, por haber robado dinero del Estado. Antes Pilatos liberó a Barrabás… hubiera querido liberar al nazareno, a ese soñador a quien no encontraba culpable de nada, pero a gritos los judíos pedían a Barrabás y la muerte de quien consideraban un falso mesías.
Golpeado, humillado y sometido, el hombre tuvo que cargar la pesada cruz hasta el cerro donde sería crucificado. Estaba tan débil, tan desangrado y vencido, que un judío, de nombre Simón, tuvo que ayudarle a cargar la cruz. Las fuerzas le faltaron, sí, y cayó tres veces, pero su espíritu seguía en alto.
Una mujer, María Magdalena, se acercó a limpiarle el rostro, cubierto de sangre, sudor y lágrimas.
Nosotros, los que acudimos a presenciar este montaje, fuimos el pueblo judío. Unos clamaban por el perdón del sentenciado, otros exigían que fuera ejecutado.
Recorrimos, al lado de este joven lacerado, toda la plancha del zócalo, recordando el camino que el nazareno tuvo que recorrer hasta llegar al calvario.
Como está escrito, en esta representación el joven Jesús cayó al suelo con todo y su cruz en tres ocasiones. Muchos se lamentaban con él y por él, otros lo insultaban e increpaban por su lentitud.
Terminado el recorrido, llegamos al sitio de la ejecución, el calvario, donde el hombre, despojado de sus prendas, fue crucificado.
 

Puede ser una imagen de 4 personas, barba y al aire libre

Fotografía de Miguel Ángel Alvarado/Viceversa

 

En esta ocasión el recorrido fue el perímetro del zócalo, que hizo las veces de camino hasta las afueras de Roma.
Nunca había asistido a esta celebración, y me gustó. Es emotivo ver a todos los actores asumiendo sus roles con tal seriedad. El joven Jesús fue, en efecto, azotado, y ciertamente cargó la pesada cruz. Las mujeres lloraron, con lágrimas que no parecían fingidas, y lo arroparon con cuidado y afecto; lamentaron su muerte, seguras de que se entregó por nosotros, por el resto de la humanidad.
Los extranjeros que presenciaron el espectáculo estaban conmovidos, sorprendidos de saber que cada año se repite esta historia. Brincaban con cada azote, y se preguntaban si la cruz era en verdad de madera, si pesaba tanto como parecía, o si la corona de espinas no lastimaría realmente al condenado.
No hubo nadie que no se comportara. Toda la celebración se llevó a cabo con orden y con respeto.
El año próximo repetiremos la experiencia, no sé si en el zócalo o en otro sitio, pero vale la pena ir, sin importar si uno es creyente o no.
Porque este rito explica mucho de cómo somos los seres humanos, y sigue siendo, en mi opinión, muy actual.