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25 Mayo 2022, Puebla, México.

Crónicas de guerra 17: Ignacio Zaragoza, General de 4 estrellas

Cultura /Sociedad | Crónica | 1.MAY.2022

Crónicas de guerra 17: Ignacio Zaragoza, General de 4 estrellas

Oscar Ernesto Hernández López

Las claves de la victoria del 5 de Mayo

El 5 de mayo de 1862, el Ejército de Oriente al mando del general Ignacio Zaragoza venció en los fuertes de Loreto y Guadalupe al ejército invasor francés comandado por Charles Ferdinand Latrille, conde de Lorencez. El cuerpo expedicionario galo contaba entre sus filas con un gran número de los mejores guerreros del siglo XIX, eran reconocidos por ser los vencedores de Sebastopol, Crimea en el antiguo imperio ruso, veteranos condecorados de las batallas de Magenta y Solferino en Italia. Los zuavos eran aguerridos soldados originarios de África del Norte, sumamente disciplinados y agresivos, formaban una unidad de élite experta en el combate cuerpo a cuerpo, muy hábiles atacando con bayoneta, venerados por sus compatriotas y temidos por sus enemigos.

Según el historiador norteamericano Brian Pohanka, para pertenecer al regimiento de zuavos era un requisito indispensable tener una estatura mínima de 1.75 m, medida no fácil de poseer incluso para el común de los europeos. ¿Cómo fue posible que este contingente del ejército francés, considerado hasta entonces invencible, se encontrara con una estrepitosa derrota en los muros del fuerte de Guadalupe frente a un ejército improvisado, mal armado, mal vestido, mal alimentado y muchos de ellos descalzos?

            Además del coraje, patriotismo en la lucha por la defensa de la libertad de cada combatiente y de las atinadas estrategias de defensa de los mandos militares, tuvo que haber ciertos factores que se conjugaron para que la victoria mexicana fuera posible. Sin restarle un ápice al mérito de los combatientes del sexto batallón de la Guardia Nacional formada básicamente por habitantes de la sierra poblana, fundamentalmente de Tetela y Xochiapulco, reconociendo el arrojo y valentía de los batallones de Toluca y Veracruz, los tres batallones de San Luis Potosí, el de Puebla, uno de Querétaro y tres de Morelia y tantos otros patriotas sumados a la defensa en numerosas guerrillas y cuerpos de voluntarios, son cuatro los principales factores que influyeron de manera determinante para que el tan poderoso y arrogante ejército invasor fuera derrotado en esa memorable fecha. Estas fueron las cuatro claves de la victoria a las que llamo “Las cuatro estrellas del General Ignacio Zaragoza”, fueron los cuatro acontecimientos que sumados a lo anteriormente señalado y muchos otros factores y hazañas, hicieron posible el milagro del 5 de mayo de 1862.

 

Trayectoria militar de Zaragoza

 

Ignacio Zaragoza Seguín, nació en la Bahía del Espíritu Santo, Texas hoy Goliad el 24 de marzo de 1829. Estudió en Matamoros, Tamaulipas y fue alumno del seminario de Monterrey, N.L. Su padre fue militar de infantería de nombre Miguel Zaragoza Valdés, originario de Veracruz, y su madre fue María de Jesús Seguín Martínez, nacida en San Antonio de Béxar, Texas en la época que era territorio mexicano. Miguel Zaragoza se mudó a Matamoros cuando Ignacio tenía 5 años, diez años más tarde, en 1844 la familia Zaragoza se fue a vivir a Monterrey, Ignacio ingresó al seminario de la ciudad siendo un adolescente de 15 años, 24 meses más tarde abandonó los estudios sacerdotales.

La vocación militar de Ignacio Zaragoza se manifestó por primera vez durante la invasión de los Estados Unidos a México entre 1846 y 1848 que terminó con el despojo de más de 2 millones de kilómetros cuadrados de tierras mexicanas. En medio de este conflicto, el joven Ignacio Zaragoza solicitó su ingreso a las fuerzas armadas como cadete, pero no fue aceptado. Su sueño de servir a la patria empuñando un arma se hizo realidad a los 24 años de edad cuando en 1853 fue admitido en el ejército de Nuevo León con el grado de sargento. Su vertiginoso ascenso inició cuando Santa Anna, en su último periodo presidencial, dispuso incorporar las guardias nacionales al ejército regular, en este cambio y debido a su buen desempeño como soldado, Zaragoza se hizo acreedor a un ascenso, fue promovido a capitán y tuvo como destino Tamaulipas.

Cuando estalló la revolución de Ayutla para derrocar a Santa Anna en 1854, Zaragoza se unió a ella y de inmediato se identificó con los liberales y se sumó a ellos; era un liberal convencido, su militancia en esta ala ideológica la mantuvo vigente hasta su muerte. Como militar combatiente liberal, tuvo un papel destacado en la toma de Saltillo en 1855, por sus méritos en campaña, fue ascendido a coronel y con este grado participó en la defensa de Monterrey. A la caída de Santa Anna y triunfo de la revolución de Ayutla, emprendió la férrea defensa de la Constitución de 1857, partió al norte donde se unió a Santiago Vidaurri, en 1859 tomó la ciudad de Monterrey. El ejército de Ignacio Zaragoza se unió al de José López Uraga para tomar Guadalajara, ciudad a la que le tendieron un sitio en 1860. En la refriega, cayó herido López Uraga quien comandaba el ataque, Zaragoza ocupó de inmediato su puesto, Miguel Miramón se aproximaba con la intención de romper el cerco y combatir a los liberales, Zaragoza tuvo que ordenar la retirada. Hubo otros combates en los que participaron las fuerzas de Zaragoza, una de ellas fue la batalla en el camino a Manzanillo, después de esta batalla, las fuerzas de Zaragoza se unieron a las de Jesús González Ortega y juntas se dirigieron a Guadalajara que estaba bajo el control de Leonardo Márquez, esta fuerza conjugada combatió a Miramón en Silao, vencieron al conservador cuyo ejército quedó diezmado, Guadalajara cayó en manos liberales el 29 de octubre de 1860.

Zaragoza se hizo merecedor de ascender a General, nuevamente González Ortega y el recién ascendido a general texano marcharon juntos, ahora hacia la Ciudad de México. El 22 de diciembre, en Calpulalpan, se desarrolló la última batalla de la Guerra de Reforma con el estruendoso y definitivo triunfo liberal. La entrada a la capital mexicana fue el 1 de enero de 1861. Benito Juárez asumió la presidencia definitiva de la República, y designó como ministro de Guerra y Marina al ya prestigiado general Ignacio Zaragoza en abril de 1861, cargo que ocupó hasta octubre del mismo año pues en diciembre se hizo cargo del recién formado Ejército de Oriente para enfrentar a los soldados intervencionistas franceses.

 

Firma del tratado de la Soledad

 

La moratoria en el pago de la deuda a Inglaterra, España y Francia provoco que las tres naciones desembarcaran sus fuerzas en Veracruz, las negociaciones encabezadas por Manuel Doblado lograron que Inglaterra y España aceptaran las condiciones pactadas y regresaran a Europa. Los franceses pensaban que los tiempos de negociar ya habían pasado y que ya era necesario tomar una decisión firme frente a México y no seguir perdiendo el tiempo en más negociaciones, por esa razón decidieron violar los tratados de la Soledad. Ignacio Zaragoza, ya con el rango de general y al mando del Ejército de Oriente, enfrentó a los invasores en la llamada Batalla de Las Cumbres de Acultzingo el 28 de abril de 1862, el Ejército de Oriente fue obligado a retroceder. Información localizada en la propia correspondencia de Zaragoza demuestra que el comandante mexicano no pretendía dar una batalla decisiva en las Cumbres, ya había decidido que la gran batalla se daría en la ciudad de Puebla. Hacia la una y media de la tarde, el comandante Arteaga fue herido y cayó del caballo, sus hombres se desmoralizaron y se dispersaron, Zaragoza no quería comprometer a su ejército y ordenó la retirada sabedor de que la posición defensiva y favorable que tenía en la ciudad de Puebla, paso obligado para ir a la Ciudad de México.

 

Primera estrella: Las enfermedades tropicales

 

Hubo una vez un inglés que en los años 1861 y 1862 viajaba por la tierra caliente de Veracruz y reportaba que la fiebre amarilla también conocida como vómito negro era uno de los mayores peligros a los que se enfrentarían los combatientes europeos, pero aclaraba que, pasando algunas leguas contadas desde la costa, se estaba a salvo siempre que no se hubiera contraído la enfermedad antes de llegar a las partes más elevadas como Jalapa y sus alrededores.

Existía la creencia entre los habitantes de la región de que las enfermedades que padecían los invasores era un castigo divino. Los antiguos pueblos nahuas como los mexicas consideraban al guajolote como comida ceremonial por excelencia. Sacrificaban este animal al dios Chalchiuhtotolin ( ‘guajolote de jade’ en náhuatl chalchihuitl, jade; totolin, guajolote’) que lo convertía en alimento divino; el guajolote sacrificado era un nutriente no sólo del cuerpo, también del espíritu y del alma. Se le reconocía además, por su carácter real y noble que lo colocaba como el ave señorial del patio de los palacios. Es en la mitología nahua el dios de las enfermedades, las pestes y el caos, mensajero de Tezcatlipoca. Fue un símbolo poderoso de la hechicería que aterrorizaba aldeas, causante de la pérdida de salud que llevaba a la muerte. 

 

Chaltiutotolin, Dios de la enfermedad

 

La Tierra Caliente era una línea de la costa con junglas y pantanos, abundaba la malaria, los mosquitos transmisores de múltiples enfermedades y azotada por el temido “vómito negro”, mejor conocido como fiebre amarilla. Veracruz se hallaba infestado de zopilotes y hurracas.  Los invasores de inmediato empezaron a pagar por su intromisión en tierras ajenas. El General Prim, comandante español, a las pocas semanas de su arribo a México había enviado a unos 800 hombres a los hospitales cubanos. En ese mismo tiempo, los franceses ya tenían 335 enfermos que representaban el 12 % de su personal militar que al momento se encontraban en México.

El comandante francés procuró avanzar lo más pronto posible y sacar al cuerpo expedicionario de la zona insalubre, quería evitar la temporada de lluvias que se presenta de los meses de mayo a septiembre, época en la que toda la parte plana y baja se convertía en zona de pantanos, con gran cantidad de emanaciones pestilentes y las consecuentes enfermedades peligrosas. Los franceses tenían prisa por alcanzar el río Chiquihuite a unos cien kilómetros de Veracruz, se consideraba este río como el límite de la tierra caliente, la zona era peligrosa incluso para los habitantes originarios.

En 1963 Gloria Grajales publicó citas de documentos de la intervención en México de Inglaterra, Francia y España que se conservan en la Public Record Office en Londres. En el archivo con el título French Expedition se hace referencia a la fiebre amarilla y a las dificultades que tuvieron los franceses para contrarrestar dicho problema, dice, por ejemplo, que en 1862 llegaron 300 marinos en la fragata Ifigenia y se contagiaron de fiebre amarilla en Veracruz. Ese mismo año un tal Johnson informa al conde Russell sobre la mortalidad entre las tropas francesas a causa de la fiebre amarilla; agrega una nota sobre el alistamiento de mil negros egipcios para servir en las fuerzas expedicionarias de México, y más tarde, el 6 de enero de 1863 en mismo Johnson informa al conde Russell sobre los posibles motivos para enviar refuerzos a México, se trataba de cubrir las bajas por enfermedad y muerte, había que reemplazar a 1500 soldados y 62 oficiales muertos. Información confidencial obtenida a través del capitán Hore da cuenta de las medidas tomadas por el gobierno francés para sufragar los gastos de la expedición, un memorándum anexo al documento anterior dice: “Datos obtenidos a través del señor Xavier Raymond sobre el estado del ejército francés en México: Fuertes bajas por la fiebre amarilla y otras enfermedades. Mal estado de los caminos, necesidad de transporte para la expedición a Tampico”. Los gastos mensuales para transporte terrestre en México resultan insuficientes. Es muy claro que el ejército francés se veía diezmado sensiblemente por bajas y muertes por la fiebre amarilla, pero la información se mantenía confidencial, tal vez con el ánimo de no alimentar aires victoriosos en las tropas mexicanas. La fiebre amarilla, si bien afectó a los invasores, no evitó que al final cumplieran su objetivo.

No cabe duda de que Juárez jugó sabiamente con la espera, dejó que el vómito negro ablandara al enemigo, sabía que estarían inmediatamente expuestos a las enfermedades debido a las precarias condiciones de salud de la zona más caliente. Para el día 11 de enero de 1862, los invasores llegaron al poblado de la Tejería con gran cantidad de efectivos afectados por las enfermedades tropicales. La fuerza combativa francesa durante los cuatro años de sus permanencia en México llegó a tener treinta y ocho mil efectivos de los cuales se contaron alrededor de siete mil muertos, la causa de cinco mil de los decesos franceses fue la enfermedad, mil novecientos dieciocho de ellos pertenecían a una misma unidad: le Régiment Étranger.

Muchos de los combatientes franceses de la batalla del 5 de mayo habían sido afectados por enfermedades tropicales o se encontraban bajo los efectos de las mismas. Chalchiuhtotolin era un soldado de Zaragoza. Estas condiciones favorables al ejército mexicano no demeritan en lo más mínimo el heroísmo con el que sus soldados alcanzaron la victoria.

 

Segunda Estrella: La derrota de Márquez que evitó cerrar la pinza

 

Uno de los factores que influyeron en el triunfo del General Ignacio Zaragoza el 5 de mayo de 1862, sumado al valor de las tropas que tenía bajo su mando y al de las atinadas órdenes que dictó en el curso del combate, fue sin duda la derrota de los conservadores en la batalla de Atlixco. El día anterior 4 de mayo, tropas mexicanas integradas al Ejército de Oriente obtuvieron una importante victoria en las cercanías de Atlixco sobre las tropas encabezadas por el traidor general Leonardo Márquez. Con ese triunfo los republicanos impidieron que los derrotados en esa batalla se unieran a los invasores franceses y les ayudaran en el ataque a la capital poblana, fue un hecho de armas sobresaliente pues el valor y sacrificio de los vencedores de ese 4 de mayo en mucho coadyuvó a la contundente victoria alcanzada en Puebla sobre las armas francesas.

 

Héroes del 4 de mayo

 

El día anterior habían llegado a la ciudad de Puebla con sendas brigadas los generales Francisco Lamadrid y Antonio Álvarez, eran en total 1,700 hombres aproximadamente. Habían estado en Acatlán y Tepeji con la misión de interceptar a Leonardo Márquez en su intento de utilizar el paso de Orizaba para reunirse con las tropas de Lorencez, pero los últimos informes de los espías republicanos decían que habían visto a Márquez moverse hacia Chietla. Leonardo Márquez y Marcelino Cobos habían tomado Izúcar de Matamoros y aunque no hay duda de que éstos mantenían contacto con Almonte, parece que Lorencez no los tomaba muy en serio a pesar de los consejos de Saligny. Las tropas de Márquez avanzaron hasta Atlixco donde se aprovisionaron de víveres, bestias de carga, leña y carbón.

El 2 de mayo por la tarde también llegó a la ciudad de Puebla el general Tomás O´Horán al mando de una división de 1,500 efectivos de las tres armas: infantería, artillería y caballería.             Zaragoza hizo sus cálculos, los franceses que iban tras él eran por lo menos 5,500. Veía dos posibilidades, una era que la fuerza invasora se incrementara significativamente si se le sumaban los 1,500 efectivos de Márquez, y la otra, que la ciudad de Puebla quedara atrapada entre dos frentes si el traidor atacaba por el Sur mientras los franceses lo hacían por el Este. Entonces decidió enviar a Atlixco al general O'Horán para cortar el avance hacia Puebla de la partida reaccionaria del general Márquez.

La mañana del 4 de mayo muy temprano, antes del amanecer, el general O'Horán salió rumbo a Atlixco con efectivos de las tres armas. Al llegar a San Gregorio Azompa, cerca de las 11 de la mañana se encontró con 50 jinetes que el traidor Márquez había enviado de exploración a Cholula, hubo un intercambio de tiros y cuando los republicanos se desplegaron para envolver al enemigo, éste emprendió retirada hacia Atlixco en donde estaba concentrada el grueso de su fuerza. Los jinetes de Márquez fueron perseguidos por la caballería del general Carbajal comandados personalmente por el general O´Horán. Al llegar al puente sobre el río Alseseca ubicado un poco antes del rancho de Los Molinos, los traidores intentaron sacar ventaja de la profunda barranca en cuyo fondo corre el río, pero a los gritos de “Viva México” y “Mueran los traidores” los republicanos ganaron las mejores posiciones. Los traidores nuevamente emprendieron la retirada hasta llegar a Atlixco en cuyas inmediaciones Márquez pretendió presentar resistencia, pero las fuerzas republicanas lo obligaron a retirarse rumbo a Izúcar dejando abandonadas varias piezas de artillería y algunos pertrechos más.

            Los hombres de O’Horán ocuparon Atlixco y hacia las 6 de la tarde el jefe de esta división rindió el parte de guerra tanto al general Ignacio Zaragoza, comandante del Ejército de Oriente como al General Santiago Tapia, gobernador y comandante militar de Puebla. Este parte de guerra dio cierta tranquilidad a Zaragoza, suficiente para concentrar su atención en el ataque francés, fue así como el triunfo de Atlixco coadyuvó a la epopeya del 5 de mayo.

 

Tercera Estrella: La acción decisiva del Batallón Reforma

 

A las seis de la mañana del 5 de mayo de 1862, Ignacio Zaragoza con su austero uniforme de paño gris, sin adornos y con las gafas redondas que lo hacen parecer más un oficinista que el comandante del Ejército de Oriente, recorrió a caballo las líneas defensivas, iba repitiendo a gritos un mensaje que a veces no se escuchaba: “Ellos serán los primeros soldados del mundo, pero nosotros somos los mejores hijos de México”. Zaragoza había establecido su cuartel general en el templo de los Remedios, desde ahí dirigiría la defensa de la ciudad.

 

Modesto Arreola (1837 .1864)

 

            A las nueve de la mañana el ejército francés apareció por la garita de Amozoc, se detuvo por espacio de hora y media, decidieron tomar café antes de atacar la ciudad. Eran 5174 efectivos organizados en un batallón de 700 infantes de marina, un batallón de cazadores de Vincennes, tres regimientos de zuavos, un contingente de cazadores de África y el 99 Batallón de Línea, además llevaban artillería de montaña, obuses y artillería de marina. Todos eran profesionales de la milicia, entre ellos se contaban veteranos de la guerra de Crimea y de las batallas de Magenta y Solferino. Los oficiales, jefes y generales eran graduados de la academia militar de Saint Cyr. La infantería portaba armas Lafaucheux y Treuille muy superiores a los rifles de chispa de los mexicanos que alcanzaron fusil, los demás se defenderían con lanzas y machetes. El coronel francés Valaz hizo un reconocimiento del terreno hacia el fuerte de Guadalupe acompañado de un escuadrón de cazadores de Vincennes, desde su posición no alcanzaban a divisar el fuerte de Loreto.

            A las 11:45 inició la batalla, Negrete ordenó el disparo de dos cañonazos de advertencia, las campanas de las iglesias de la ciudad repicaron indicando a la población el comienzo de las hostilidades. Los franceses avanzaban en tres columnas, la primera formada por dos batallones de zuavos; la segunda la componían un batallón de marinos y una batería de montaña, la tercera columna la constituían un batallón de marina que debería apoyar el avance de los zuavos que no tenían una visión clara del Fuerte de Guadalupe semi-oculto por barrancas. La artillería francesa era ineficaz, Lorencez ordenó su avance, pero esas barrancas les impedían una buena colocación de los obuses, después de hora y media, agotaron la mitad de sus municiones y no habían logrado causar ningún daño. El ataque de la artillería francesa había resultado un rotundo fracaso. Lo mismo sucedió con la mexicana, primero por el poco alcance de los cañones nacionales y segundo porque lo quebrado del terreno, de algún modo los había favorecido pues hasta ese momento los atacantes eran prácticamente invisibles.

            Zaragoza cambió su plan de defensa, ordenó que Berriozábal reforzara los fuertes y se desplazara hacia allá al paso veloz, los lanceros de Toluca se colocaron a la izquierda, los franceses se dirigieron de manera frontal sobre los fuertes, los zapadores de la brigada Lamadrid fueron enviados a ocupar el barrio de Xonaca evitando que por ahí ascendieran los enemigos hacia el fuerte, el batallón Reforma de la misma brigada fue enviado a auxiliar en la defensa de los fuertes cuya resistencia estaba cada vez más comprometida.

            Modesto Arreola, teniente coronel y comandante del batallón Reforma, integrado a la brigada Lamadrid, rechazó junto con sus hombres a los zuavos que habían logrado escalar los muros del fuerte de Guadalupe y estaban ya penetrando en él. En el momento más álgido del combate, cuando los zuavos al mando del comandante Morand, soldados de élite franceses escalaban los muros del fuerte de Guadalupe, este joven militar neolonés logró modificar el rumbo de la batalla. Este héroe casi desconocido de la batalla del 5 de mayo tenía veinticinco años de edad, a la cabeza del batallón de Rifleros Reforma marcó un punto de inflexión en el curso del combate, así lo constatan los partes de guerra de los generales Ignacio Zaragoza, Miguel Negrete, Felipe Berriozábal y Francisco Lamadrid.

            Modesto Arreola inició su actividad militar en las milicias de Nuevo León donde conoció a Mariano Escobedo y a Ignacio Zaragoza quien fue novio de su hermana Victoria Arreola. Liberal por convicción, combatió durante la Guerra de Reforma bajo las órdenes de Santiago Vidaurri y más tarde, su comandante fue Santos Degollado. Arreola fue nombrado comandante del Batallón potosino de Rifleros Reforma, conocía muy bien el uso táctico de los rifles Sharp y Mississippi. Al llegar a Puebla, su unidad fue integrada a la brigada del general Francisco Lamadrid.

            Después de dos cargas fallidas sobre el fuerte de Guadalupe, el conde de Lorencez intentó un obstinado tercer asalto. El segundo Regimiento de zuavos conocidos como los Chacales de Orán y los Cazadores de Vincennes, con un arrojo fuera de serie alcanzaron el foso del fuerte de Guadalupe. Echando mano de las escaleras que ellos mismos cargaban, comenzaron a subir por el parapeto. El corneta de órdenes Roblet logró escalar el muro y parado en él dio el toque de carga. El fuerte era defendido por el batallón de Michoacán, estaba formado por soldados con apenas dos meses de reclutamiento, al ver que los zuavos penetraban en el fuerte, se replegaron corriendo y en total desorden se refugiaron dentro del templo, el coronel Arratia, su comandante, persiguió a los que huían, mató a tres con su espada y obligó a los demás a regresar a la defensa del fuerte gritando que los franceses estaban flaqueando. Cuando los zuavos coronaban el parapeto del fuerte, apareció oportunamente el Batallón Reforma, los rifleros de Arreola sorprendieron al invasor por su costado derecho y con fuego cerrado a quema ropa los abatieron en su totalidad. Los cadáveres de más de treinta franceses cayeron al foso del fuerte, el capitán Gautrelet, perteneciente al segundo batallón de zuavos cayó desde lo alto del muro, quedó semi-sentado dejando visible el pecho de su uniforme lleno de medallas y condecoraciones, ahí quedaron los recuerdos de Crimea, Magenta y Solferino.

            En el parte de guerra del general Francisco Lamadrid se lee: “El Batallón Reforma, de la manera heroica que acostumbra, se batió en el cerro de Guadalupe con su valiente comandante, Modesto Arreola, a la cabeza”. Con esta acción se rechazó de manera definitiva la tercera y última carga francesa. De no haber sido así, los zuavos habrían tomado el fuerte de Guadalupe, seguiría el de Loreto y finalmente la derrota del Ejército de Oriente.

 

La Cuarta Estrella: el aguacero que puso fin a la batalla

 

Para los pueblos originarios de Mesoamérica, uno de los dioses más importantes era Tláloc, el dios del agua. A la llegada de los españoles, este dios fue sustituido por dos santos: San Isidro Labrador y en San Juan. Hay quienes consideran que es la dupla Tláloc-Chalchitlicue cristianizada en estos dos santos. Las fiestas agrícolas mesoamericanas se convirtieron en festividades católicas, solo había que cambiar el nombre y la figura, los frailes franciscanos convencieron a la población de que era lo mismo, pero bajo un nuevo nombre.

 

Zuavos combatientes en la batalla del 5 de mayo

Historia de las unidades de Zuavos (1830-1920) - Archivos de la Historia |  Tu página de divulgación

Zuavos del ejército francés. Participaron en sus guerras entre 1830 y 1920.

 

            Las fuerzas de Zaragoza ya habían detenido con éxito tres cargas de los franceses que intentaban tomar el Fuerte de Guadalupe. A esa altura de la batalla, la caballería mexicana, situada a la izquierda de Loreto, arremetió con fuerza contra los zuavos, así se impidió que organizaran un nuevo ataque. Los franceses tuvieron que retroceder. Lorencez intentó realizar un asalto más, pero en ese momento Tláloc entró en acción. Se desató una fuerte granizada que hacía imposible el avance de la infantería invasora; además, luego de dos horas de fuego de artillería, las fuerzas francesas habían consumido con muy pobres resultados gran parte de su dotación. La infantería no había logrado conquistar ni conservar ninguna posición ventajosa; sólo les quedaba admitir la derrota en ese día que coincidió con el primer aniversario de la muerte del emperador Napoleón I en la Isla de Santa Elena.

            El capitán Gustave Niox que más tarde llegaría a ser general, fue uno de los cronistas de la Segunda Intervención Francesa del lado invasor. En su libro Expédition du Mexique 1863 - 1867, obra que publicó en 1874, narra la tormenta que se desató sobre el campo de batalla y que obligó a Lorencez a ordenar la retirada. Describe cómo las dos compañías de cazadores franceses que se encontraban al pie del Cerro de Guadalupe, se vieron envueltas por una nube de jinetes mexicanos. Las compañías se formaron en un cuadrado demostrando una enorme sangre fría y a pesar de padecer pérdidas significativas no se dejaron amedrentar. En esta crónica Niox reporte que Lorencez en su informe dice que estas dos compañías hicieron una defensa tal, que no podía dejar de admirar a los que avanzaban bajo el fuego de Guadalupe y a los cazadores que sin sorprenderse del número de enemigos que los rodeaban, mataron o dispersaron a los jinetes que se precipitaron sobre ellos. El general Lorencez se disponía a lanzar dos compañías de zuavos que tenía en reserva cuando de pronto se desató una terrible tormenta, llovían enormes granizos, las pendientes de los cerros se volvieron tan resbalosas que los hombres apenas podían caminar, todo lo que tuviera ruedas se atascaba, cañones y trenes con provisiones, armas y explosivos. Eran las cuatro de la tarde. La imposibilidad de mantener la lucha por más tiempo era evidente, el general Lorencez no tuvo más remedio que ordenar la retirada. Los batallones franceses se agruparon al pie del Cerro de Guadalupe, recogieron las pertenencias que pudieron y tomaron una posición que les permitiera prevenir cualquier movimiento ofensivo del enemigo durante la evacuación de los heridos que fueron transportados a la Hacienda de los Álamos. Estaba casi oscuro cuando se completó esta operación. Las tropas retrocedieron por etapas sin ser atacados; a las nueve de la noche se establecieron en un vivac. El general de Lorencez pensó por un momento en renovar el ataque en otro punto, pero tuvo miedo de exponer a su ejército debilitado y desmoralizado a un nuevo fracaso, abandonó ese proyecto y decidió retroceder hasta Orizaba.

 

Consecuencias de la batalla del 5 de mayo

 

 Ese día, la división del general de Lorencez perdió 476 hombres, una cifra considerable tomando en cuenta el número total de efectivos franceses que atacaron los fuertes poblanos. Los servicios médicos reportaron 345 soldados entre enfermos y heridos. Según el informe del General Zaragoza, los mexicanos tuvieron 83 muertos, 132 heridos y 112 desaparecidos.

            Zaragoza estaba muy decepcionado de gran parte de la ciudadanía poblana por el poco apoyo y las manifestaciones de júbilo cuando un sector de la sociedad de disponía a recibir a los franceses lo que se comprueba con los telegramas enviados por el triunfador de esa memorable batalla al Ministro de Guerra:

 

Puebla Mayo 9 de 1862. –Recibido en México á las 11 horas 58 minutos de la mañana.

–E.S. Ministro de Guerra. –El enemigo pernoctó en Amozoc y aun á las 7 de la mañana estaba allí. –Nuestra caballería lo hostiliza constantemente. En cuanto al dinero nada se puede hacer aquí porque esta gente es mala en lo general y sobre todo muy indolente y egoísta; sin embargo, acabo de mandar ver al Sr. Cabrera. –Hoy no he podido completar ni para un día de socorro económico, que importa $3,700 porque solo tiene la comisaría $3,300. La fuerza está sin socorro desde el día 5 y casi sin rancho.

 –¡Qué bueno sería quemar a Puebla! Está de luto por el acontecimiento del día 5. Esto es triste decirlo. Pero es una realidad lamentable. –Estoy preparando mi marcha sobre el enemigo; pero acaso no lo pueda verificar oportunamente por falta de recursos. ---I. Zaragoza.

 

Los dioses cobraron el tributo por su colaboración en el triunfo del Ejército de Oriente. Ignacio Zaragoza murió a causa del tifo el 8 de septiembre de 1862. La fuerza combativa francesa llegó a tener treinta y ocho mil efectivos de los cuales se contaron alrededor de siete mil muertos, cinco mil de ellos a causa de enfermedades y accidentes. Por el lado mexicano fueron más de treinta y dos mil hombres los que murieron en la defensa de la patria combatiendo al invasor francés, muchos de ellos ejecutados por algún pelotón de fusilamiento, por el lado de los traidores combatientes para la causa imperial, solamente fueron cinco mil seiscientos los vende patrias que perdieron la vida. Cálculos aproximados arrojan una cifra de trescientos mil mexicanos muertos en total, incluyendo civiles e inocentes.  La Segunda intervención francesa estuvo plagada de combates entre dos facciones con ideologías opuestas por lo que no sería equivocado llamarla la Segunda Fase de la Guerra de Reforma.

 

Referencias

 

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