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8 Diciembre 2022, Puebla, México.

Las constructoras de presas de San Juan Tepulco al rescate de la Malinche /  Sergio Mastretta

Naturaleza y sociedad /Sociedad civil organizada /Ciudad | Reportaje | 21.JUL.2022

Las constructoras de presas de San Juan Tepulco al rescate de la Malinche / Sergio Mastretta

 

De pie, sobre la presa que han construido, las tres mujeres nos contemplan. Por la firmeza de su mirada asumo que ellas resguardan la montaña, la fábrica del agua.

Contra el país que se desgarra por la desigualdad, la injusticia y la violencia, y con la misma fuerza de una cargada de agua tras la borrasca en el monte, contemplo en la fortaleza de la tierra y las mujeres de la comunidad náhuatl de San Juan Tepulco un país que sobrevive y se reinventa desde la acción civil organizada. En los meses más álgidos de la pandemia, ellas han logrado cumplir con los términos del proyecto “Restauración de ecosistemas para la conservación y restauración de suelos”, que como parte del Programa de Conservación para el Desarrollo Sostenible ha financiado la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas en este rincón de la Malinche, han realizado. 

El suyo es un proyecto campesino comunitario en búsqueda del respaldo de la metrópoli poblana, una ciudad que no sabe que de no hacerlo simplemente no tiene futuro.

La historia de estas mujeres es la de un posible cambio histórico en el comportamiento que como sociedad tenemos con el agua. Reconocer con ellas el grado extremo de la pérdida de los montes por la depredación ambiental como fórmula cotidiana de la vida moderna. Impulsar con ellas una política estratégica de Estado para la recuperación de las cuencas en México. Respaldar su iniciativa de conseguir en lo inmediato el financiamiento de su proyecto a través del programa de Pago por Servicios Ambientales por la empresa Agua de Puebla, la concesionaria privada que adminstra el agua potable en esta ciudad. Asmilar, también, la importancia de la alianza entre las comunidades campesinas, los centros de investigación de las universidades y las organizaciones de la sociedad civil. El camino más directo para lograr que las instituciones del Estado cumplan con su trabajo.

 

 

1

 

Las tres mujeres nos miran desde la presa de gavión que han construido con sus propias manos. Leticia, su hermana Paola y su tía Juana, junto con otras nueve compañeras, levantaron en los meses más álgidos de la pandemia veinticinco represas a base de geo-costales rellenos de tierra, quince fajinas hechas con matorrales a la manera de lombrices de cuatro a seis metros de largo y dos severas presas de gavión en la barranca de Las Ortigas, o Tzitzicasltatlatl, en una microcuenca al sureste de la Malinche.

 La Matlalcuéyatl, como la llaman ellas.

Las veo acarrear las piedras en carretillas hasta lo alto de la quebrada, desbarrancarlas una por una hasta el fondo, armar la cadena de brazos femeninos para llevarlas al punto en el que armarán la pared escalonada, acomodar a cada una en su sitio, las grandes, las medianas, las pequeñas, la retacería para cerrar hasta el último hueco en el encierro de la reja, uno por uno levantar los bloques hasta que el paredón de cinco metros esté listo para aguantar el aluvión del monte. Las dos presas de gavión.

Allá va cada quien con su pala para rascar en el banco de tierra más cercano, ahí mismo, o más lejos, palear y palear, acarrear con la carretilla, rellenar los costales, uno por uno, cincuenta, cien, doscientos. 350 en total. Unas rascan, otras palean, alguien más acarrea, y entre todas rellenan. Y se cansan y se intercambian, y se ríen y se cuentan historias, y trabajan sin reparo alguno. Un día y otro más para amontonar con orden el armatoste de piedras con la idea de armar la trama que de frenar el agua, de contener la tierra que arrastrará el torrente. Las veinticinco pequeñas represas de geo-costales, y una más grande, en abanico, sobre la que cruzará un camino.

Verlas en estas imágenes de los años 2020 y 2021.

 

Escenas de la construcción de las obras de conservación

 

Fotografías cortesía de María Teresa Peral Rascón.

 

El orgullo manifiesto un año después

 

Fotografías de Mundo Nuestro.

 

Las constructoras: Juana, Leticia, Paola, Guadalupe, Roberta, María Isabel, Juana, Porfiria, Basilia Mena, Rufina, Catalina, Guadalupe, Victorina, Gumersinda…


Y los hombres que las ayudaron: Constantino, Pedro y José Roberto.

 

VIDEO “LA HICIMOS EN TIEMPO DE LOS ELOTES”

 

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Por la mañana, el biólogo Pineda ha explicado a la comunidad reunida en un salón de la parroquia de San Juan Evangelista los objetivos del proyecto. El más concreto es el de la retención de la tierra en la barranca, y para allá iremos al rato para evaluar que las técnicas aplicadas con la piedra y los costales han logrado su cometido. El más complicado es el del desarrollo de un sistema de manejo integral de las subcuencas en toda la redondez de la Malinche.

Es el mediodía del lunes 18 de julio. Subimos por una de las barrancas que descargan los escurrimientos de la Malinche para analizar el comportamiento de las obras de conservación que la comunidad de San Juan Tepulco ha realizado en los dos últimos años en ella. El grupo de campesinas y sus compañeros ejidatarios de la comunidad de San Juan Tepulco acompañan al equipo de académicos de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Autónoma de Querétaro, encabezado por el Doctor en Biología Raúl Francisco Pineda López, y la especialista en Desarrollo Comunitario María Teresa Peral Rascón, la primera impulsora de este proyecto, en la inspección del estado que guardan las represas tras las últimas dos temporadas de lluvia. La caminata trepa por el lomo derecho de la barranca de Tzitzicasltatlatl que cae desde los 3,700 metros sobre el nivel del mar hacia la falda baja suroriental de la montaña. El que me encuentro es un bosque perturbado desde hace tiempo por la economía campesina. Atravesamos maizales entrelazados con manchones de encinos para finalmente encontrar las represas en el fondo de la cañada.

 

La Malinche, la cuenca y la microcuenca

 

El bosque perturbado, en Puebla, cercano a la extinción. 

 

La microcuenca en San Juan Tepulco.

 

Tzitzicasltatlatl (Las Ortigas), la barranca intervenida

 

Las imágenes dan cuenta del recorrido, pero son incapaces de ilustrar la complejidad de esta historia. Pienso en ello mientras Leticia y sus compañeras prueban que al monte no se sube nada más para contemplar la naturaleza. Ellas caminan y recolectan yerbas y frutas: sus denominaciones náhuatl se atropellan en el oído, pero retengo el zacatetzitzi para el coraje, el chichicaxtle para el alivio de las parturientas y el dolor de riñones, y logro probar las moras silvestres para el simple disfrute de la vida. Mis ojos no son capaces de reconocer las cualidades mágicas de las plantas, avanzo a ciegas por la cañada mientras se me cruzan por la cabeza términos y categorías como las de cuenca, subcuenca, microcuenca, biodiversidad, pago por servicios ambientales, agua, suelos, comunidades de aprendizaje que el Doctor Pineda ha dejado caer en la reunión por la mañana. Camino y constato lo difícil que es mirar y entender la montaña, valorar su enorme capacidad para producir agua. Y la indolencia de la ciudad, lo lejana que queda de la Malinche que tiene en sus narices, su mortal apatía frente a su problema capital, la carencia de agua. En la banalidad de la política la sociedad avanza a ciegas al abismo.

Me seduce, sin embargo, la compleja historia que guardan estas mujeres constructoras-recolectoras de La Malinche.

 

Tzitzicasltatlatl, la planta que da nombre a la barranca de Las Ortigas. Por su sonido españolizado, chichicastle. Urtica dioica, según la identifica CONABIO, "es una planta ruderal, que aparece ocasionalmente en las orillas de parcelas en las partes templadas de México. Tiene pelos huecos con una punta en forma de gancho; cuando entran en contacto con la piel, se rompen; entonces el pelo tiene forma de jeringa e inyecta acetilcolina y algunas otras sustancias, que causan dolor urticante (de allí se deriva la palabra). Es desagradable, pero, salvo en algunas personas alérgicas, no hace daño."  Foto de Mundo Nuestro

 

Rosa, recolectora (Foto de Mundo Nuestro)

 

Leticia Chávez terminó la secundaria. Ahora es una joven madre dedicada al campo. Se da tiempo de elaborar artesanías a partir del ochochal que recoge en el monte. En el camino platica y me descubre dos pistas que alumbran a la realidad social de San Juan Tepulco. Una abre el profundo abismo de la desigualdad que sufren las mujeres campesinas:

“No podemos hacer solicitudes para apoyos –me dice--, no aparecemos como ejidatarias, los certificados están a nombre de los hombres, nuestros papas, nuestros maridos, nuestros hermanos.”

La otra apunta a una contradicción difícil de entender para quien vive junto a la montaña que produce gran parte del agua que se extrae de los pozos en la ciudad de Puebla:

“Todos aquí tenemos que comprar pipas de agua, y ya cuestan 600 pesos –me sorprende con una noticia inimaginable si se piensa que esta comunidad está al pie del bosque--. Lo que pasa es que se roban la bomba del pozo que surte al pueblo, no le dejan nada, se llevan todo, y no ha pasado una vez, son tres o cuatro veces las que nos dejan sin agua.”

Y luego me deslumbra con otra noticia: en su casa viven cuatro personas. Compran una pipa de agua de diez mil litros y la hacen rendir hasta seis meses. Para reflexionar en ello a la hora del próximo regaderazo.

Leticia también es recolectora. Ella y Paola se detienen en un quiebre de la cañada. Ciego como se puede caminar por un bosque, yo pasé sin ver las frambuesas. Rubus idaeus la denominará un botánico, y dirá que es nativa de Europa, pero ahí está, feliz al sol de la media tarde en el fondo de esta cañada. Leticia la planta en mi mano, Paola ya saborea la suya.

 

Leticia, constructora, recolectora, artesana (Foto de Mundo Nuestro)

 

Collar de ocochal elaborada por mujeres campesinas en San Juan Tepulco. (Foto cortesía de la familia)

 

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El pueblo de San Juan Tepulco está en la cuesta que trepa a la Malinche, a un kilómetro de la autopista Amozoc-Perote. Indígena por donde se le mire: en el porte de los rebozos y delantales de las mujeres, en el laberinto de sus calles de adoquines resecos, pelonas, sin un árbol que las asombre, en los altavoces que anuncian entrega de un programa próximamente en la Presidencia. Una explanada sin árboles separa el edificio de la presidencia auxiliar del templo de San Juan Evangelista que, ese sí con un cuidado jardín, aparece reluciente en su piedra y ribetes amarillos, mirando al oriente. Para dar idea de la fuerza que todavía tiene el catolicismo en la comunidad han añadido una techumbre de 30 por cuarenta metros en un costado con la sacristía al fondo. Aquí no se asolea la feligresía del evangelista. A las diez de la mañana hay movimiento en el templo: la bendición de dos cruces de difunto a cargo del párroco de Acajete Herminio López. Flores y rezos al sol que le pega de frente a San Juan. Mujeres por todos lados, en la bendición de las cruces y en la organización de la visita a la barranca intervenida con las represas.

 

Templo de San Juan Evangelista.

 

San Juan Tepulco es una junta auxiliar a 3.5 kilómetros al este de la cabecera municipal de Acajete. Se puede echar un vistazo en las cifras de INEGI a la realidad social y los cambios ocurridos en esta comunidad en el arranque del siglo:

De 7,081 habitantes en el año 2005 pasó a 10,288 en el 2020.

Cerca de dos mil familias ven partir a los hombres jóvenes albañiles todos los días. Los mayores y las mujeres se dedican al campo.

Siete personas de cada diez tienen menos de 30 años de edad.

La población indígena bajó de 83.7 a 73.9 por ciento entre 2010 y 2020.

Una clínica de Bienestar con un médico, una doctora y una enfermera, dos consultorios particulares y un dentista. Y paren de contar-

El analfabetismo entre las mujeres bajó del 21.5 al 4.12 por ciento entre el 2010 y el 2020.

La escolaridad promedio es del quinto de primaria. Hay dos preescolares con 321 alumnos y 16 maestros; dos primarias con 1,104 alumnos y 28 maestros; una telesecundaria con 454 alumnos y 16 maestros; una preparatoria.

Hay 2,074 viviendas, 1,936 de ellas están habitadas. 5.31 habitantes es la ocupación promedio. Hay 436 viviendas con tres o más ocupantes por cuarto. 350 viviendas tienen piso de tierra. Viviendas con agua entubada: de 39.16% en 2010 a 80.11% en 2020. 358 viviendas no tienen excusado. 258 viviendas no cuentan con drenaje. Tres de cada diez viviendas cuenta con refrigerador. 8.5 de cada 10 tiene televisión. 16 de cada cien tiene lavadora. 8 de cada cien tiene automóvil. En una de cada cien viviendas hay una computadora o laptop. En 2.7 de cada cien viviendas hay internet. Y uno de los datos más relevantes: en ocho de cada diez viviendas se cuenta con celular.

Hay una centena de establecimientos comerciales de toda índole: tendejones, misceláneas, tienditas, pollerías, pulquerías, y lo que se necesite de materiales de construcción, forrajes, fotografía y video, dulcerías, panaderías, sonideros, purificadoras de agua y etcéteras. Ninguna pasa de los cinco empleados. No hay, que reconozca INEGI, propiamente una empresa en San Juan Tepulco.

Y dos iglesias: la católica del santo San Juan y la Iglesia de la Luz del Mundo.

 

3

 

Por la mañana, el proyecto de conservación de la microcuenca en el territorio de San Juan Tepulco es explicado por Raúl Francisco Pineda López, un biólogo de 66 años de edad con una trayectoria larga en la tarea que se ha dado de impulsar la recuperación de las cuencas de los ríos en México. Con un doctorado en la Universidad de Exeter, Inglaterra, y como académico en la Facultad de Ciencias Naturales en la Universidad Autónoma de Querétaro, es el creador del Centro Regional de Capacitación en Cuencas, y desde ahí se entiende su presencia en Matlalcuéyatl.

 

“Restauración de ecosistemas para la conservación y restauración de suelos” / El proyecto

 

 

 

Así lo presenta el equipo de trabajo de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Autónoma de Querétaro: Se inició la colaboración en el año 2020 con la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, en particular con el Parque Nacional Malinche, el Ejido de San Juan Tepulco, la organización internacional TECHO, en el proyecto: “Restauración de ecosistemas para la conservación y restauración de suelos”, como parte del Programa de Conservación para el Desarrollo Sostenible, de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas. Como parte de los resultados más destacados de este proyecto, se estableció una Unidad de Conservación de Suelos, Agua y Biodiversidad (CONSABIO) de 39 hectáreas que servirá como demostración de las ventajas de los trabajos de restauración desde un enfoque de cuencas.

 

 

Reunión de trabajo en un salón anexo al templo de San Juan Evangelista. El Doctor Raúl Francisco Pineda expone los detalles del proyecto de conservación. Asisten al Doctor Pineda sus compañeros de la UAQ, la bióloga Clara Margarita Tinoco Navarro y el antropólogo Carlos Dorantes. Están presentes en la reunión las mujeres constructoras, las autoridades del ejido, los fiscales del templo, el párroco Herminio López, el equipo del regidor de Agricultura en el ayuntamiento de Acajete. Y para coordinar la reunión, María Teresa Peral Rascón, Licenciada en Derecho y Ciencias Sociales egresada de la BUAPm especialista en Desarrollo Comunitario,  quien ha impulsado desde su inicio el proyecto.

 

Apunto en la libreta las líneas principales de la presentación del Doctor Pineda.

“Tenemos algo que decir –afirma de entrada--, veinte años de trabajo de profesionistas, gobiernos y comunidades en el propósito de manejar mejor el territorio en el que vivimos y dejarlo mejor para nuestros hijos.”

Retener el agua, conservar la tierra. La idea es simple, pero solo la comprenderemos si logramos construir una perspectiva integral de la cuenca. Generar una cultura de cuenca. La exposición del doctor Pineda se alumbra con ejemplos vividos por su equipo en los últimos veinte años, particularmente en Querétaro. Los conceptos de diagnóstico, análisis, planeación, organización, alianzas, educación permean su discurso.

Y sigue: El agua no se manda sola, forma parte del suelo y el bosque. Tenemos que pensar entonces en nuevas formas de relacionarnos con ella. De lo contrario no habrá futuro. Tenemos que hacer algo en forma integral desde la biología, la antropología, la ingeniería forestal. Tenemos que pensar desde la perspectiva de la cuenca. Pensar en la relación que existe entre los que viven arriba de la cuenca y los que viven abajo. Pensar en la complejidad del territorio, en la historia, en la cultura de los pueblos que lo habitan. Pensar en el agua, en el suelo, en la biodiversidad de la cuenca, en los servicios ambientales que genera. Sólo así será posible una planeación integral que desde la conservación impulse proyectos concretos de desarrollo comunitario: pago de servicios ambientales por las ciudades que tienen agua por la montaña que la produce, vivienda sustentable, cultura y educación para la sustentabilidad.

 Y su eslogan: conservar produciendo, producir conservando.

Teresa Peral resume el momento que vive el proyecto: tiene que ser comunitario, se tienen que involucrar los distintos grupos, debe verse como el mecanismo de reconstrucción del tejido social. Y qué hacer ahora, que sigue.

Los asistentes participan.

El Comisariado Ejidal, un hombre ya mayor, recientemente nombrado como tal: “Tenemos que aportar nuestro trabajo, poner todo nuestro esfuerzo para que este proyecto siga.”

El regidor de Agricultura del ayuntamiento de Acajete, Raúl Díaz Barranco: “Si no hacemos algo, nuestros hijos la van a sufrir. Siempre buscamos responsables, pero debemos mirarnos a nosotros mismos. Lo principal, la concientización.”

El párroco Herminio López: “Vivir la fe significa que no nos podemos quedar en palabras, tenemos que actuar en la asistencia social, en la promoción del desarrollo, en la organización. No se trata de darle a la gente, sino en lograr que pueda hacerlo por sí misma. Debemos ver este proyecto como uno comunitario, no particular.

El ingeniero que representa a la empresa Agua de Puebla también toma la palabra: "Venimos como invitados. Queremos conocer directamente lo que están haciendo ustedes. Nosotros estamos trabajando en el área del Izta-Popo, junto con la empresa Volkswagen. De ese lado de la ciudad están los pozos principales que abastecen la red, en Nealtican. Creemos que el objetivo es muy bueno, quremos apoyar proyectos como este, reforestación, presas de gavión, brechas contra incendios. Ya hubo en Puebla un proyecto en Canoa apoyado por el Soapap, hace muchos años, pero no tuvo continuidad. Ojalá se puedan replicar proyectos como este."

Luego escucha laidea que le hace un ejidatario: "Sería bueno que con dinero que ustedes recaudan en la ciudad de Puebla se apoye a las comunidades..."

La idea queda en el aire.

Yo hago una pregunta simple: ¿cuál es el estado actual del proyecto?

Responde el Doctor Pineda: “Está en una etapa de reorganización, de búsqueda de financiamiento para lograr su continuidad.”

 

5

 

En el recorrido constatamos la devastación que producen las tormentas sobre la barranca. Aquí y allá encontramos los cuerpos enormes de los pinos los pinos y los encinos que se desploman desde el borde superior de la cañada, perdida la consistencia de la tierra en la que enraizan. Unos han muerto y dan paso al festejo de vida que arrastra la pudrición de la madera. Otos resisten recargados contra los paredones pelados, a la espera de una nueva cargada que los arrastre. 

 

Fotografías de Mundo Nuestro.

Vale así la explicación del propósito de las represas.

 

VIDEO: "LA HICIMOS EN TIEMPO DE LOS ELOTES"

 

En la evaluación del comportamiento de las presas se analiza lo ocurrido en una de las presas de gavión en la que el golpe del agua logró escarbar en uno de los extremos el paredón contra el que se recargaron los bloques de piedra. Lo explica Constantino Machorro, quien como Comisariado Ejidal impulsó en el año 2020 la realización del proyecto con los investigadores de la universidad queretana.

 

VIDEO: ANÁLISIS DE COMPORTAMIENTO DE LA PRESA DE GAVIÓN

 

Lo que sigue para esta barranca y para la montaña entera es la aplicación de un programa estratégico del Estado para esta montaña generadora del agua en Puebla. Lo tiene claro el científico que ha impulsado desde la academia y la organización de los institutos de investigación en los que participa: una política pública que plante los llamados Pagos por Servicios Ambientales como un proceso de justicia social desde las ciudades para los pueblos de la montaña.

 

VIDEO: JUSTICIA SOCIAL PARA LOS PUEBLOS

 

El recorrido pasa por la represa de geocostales construída en forma de abanico. El grupo se reune en el borde superior para la fotografía que les solicito como testigo final del reportaje. El abanico, en su forma, quiere abarcar el espacio, batirlo en el aire, contener el sofoco que nos envuelve.

Contemplo con detenimiento sus rostros. Y me abanica su orgullo.

 

Foto de Mundo Nuestro.

 

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Las mujeres de San Juan Tepulco, ahora mismo, hoy jueves 21 de julio, estarán en sus actividades cotidianas. Tal vez en la labranza de la milpa, con la mirada en el cerro, siempre en búsqueda de la nube, la pasajera en vuelo al sur o la que se hospeda en la cumbre de Matlalcuéyatl y anuncia el agucero. En su corazón contienen y resguardan la montaña.