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24 Julio 2024, Puebla, México.

La compleja trama de Puebla Ciudad Episcopal en el análisis de Montserrat Galí / Francisco Vélez Pliego

Cultura /Ciudad /Universidades | Ensayo | 4.SEP.2023

La compleja trama de Puebla Ciudad Episcopal en el análisis de Montserrat Galí / Francisco Vélez Pliego

Prólogo del libro

Mundo Nuestro.  El doctor Francisco Vélez Pliego ha escrito este prólogo del libro "Estudios acerca de una Ciudad Episcopal. Puebla, siglos XVII a XIX", obra pstuma de Montserrat Galí Boadella, fallecida en días pasados en esta ciudad de Puebla.

  

La forma en que nos acercamos a leer la ciudad está siempre sobredeterminada por la formación disciplinaria de los investigadores que nos aproximamos a la polivalente historia de las ciudades; este prólogo busca dar cuenta de una forma de leer a la ciudad de Puebla y sus transformaciones, propuesta por la Dra. Galí en un periodo determinado que abarca básicamente los siglos xvii y xviii.

A manera de pequeño preámbulo habría que decir que la descripción de las sociedades humanas, desde enfoques disciplinarios diversos, refieren en mayor o menor medida una visión en donde el territorio contribuye a definir alguna característica de la propia sociedad o de su desarrollo. Norbert Elias,1 por ejemplo, señala:

 

[…las] transformaciones de la organización social operada durante los últimos 10,000 años en muchos ámbitos de la humanidad son comparativamente muy grandes. En este periodo de tiempo, en muchas sociedades, los pueblos se desarrollaron y convirtieron en ciudades, estas en Estados urbanos, estos en Estados territoriales, en Estados dinásticos, pequeños y grandes, y finalmente, en estados nacionales e industriales […];

1 Norbert Elias. La sociedad cortesana, Fondo de Cultura Económica, 1982, p. 27.

 

El texto que nos ocupa refiere precisamente al papel de una de las instituciones de la monarquía española que tuvo un lugar preponderante en la conforma-ción material e inmaterial de sus posesiones en el continente americano, a saber, los obispados.

Las relaciones entre territorio y sociedad son dinámicas, por su naturaleza, involucran procesos sociales, culturales y económicos que se traducen en formas particulares de producción material y apropiación del territorio. Esta producción y apropiación se ha ido construyendo históricamente a partir de las formas en que social y jurídicamente se sustentan las formas de propiedad del territorio, en cada país, de conformidad con sus tradiciones culturales y costumbres jurídicas, las cuales, a su vez, son expresión de los pactos sociopolíticos derivados de sus estatutos fundacionales, como resultado de guerras de conquista, de procesos de colonización, invasiones, entre otras formas de ejercicio de dominación militar, política y económica, las cuales transformaron y configuraron el control de amplios territorios; en ellos, los asentamientos humanos se constituyeron jurídica y políticamente en ciudades-Estado, en Estados-monárquicos, en Estados-nación.

El conjunto de normas jurídicas e instrumentos de carácter social, político y cultural se conforman en las diversas sociedades en relación con la problemática de los procesos que se materializan en el territorio y que configuraron elementos del mismo en las instituciones que los rigen. Los actores de estos procesos son múltiples y enmarcan las relaciones de poder a partir de las cuales los habitantes de estos territorios establecen una multiplicidad de relaciones que son objeto per- manente de negociación y eventual conflicto que involucran directamente las di- versas formas espaciales –pueblos, villas, rancherías, ciudades–, todas ellas, formas materiales y simbólicas de existencia de esas sociedades.

El territorio en este sentido es soporte de una compleja y multivariada gama de relaciones cuyos referentes tienen un contenido político específico y sobre el cual la sociedad mantiene consensos y disensos2 en cada etapa de su historia, por ejemplo, en la actualidad, la dimensión territorial de la noción de soberanía o la de autonomía, la diversidad de formas de organización político-administrativa de los Estados contemporáneos: provincias, condados, municipios; las diversas formas de propiedad (privada, social y pública), los derechos que cada una de estas formas, tutela las responsabilidades del Estado en la protección de estos derechos su regulación y anulación.

2 De acuerdo con Sartori, la característica definitoria general del consenso es un compartir.

 

Para el periodo que ocupa el libro de la Dra. Galí, las tensiones subyacentes y los conflictos sociopolíticos que, derivados de la preeminencia de las corpora- ciones religiosas y su papel en relación con las poblaciones originarias al menos durante buena parte del siglo xvi, generaban (respecto a los otros protagonistas de la conquista y que se va a expresar de diferentes maneras, particularmente con los otros componentes de la Iglesia católica, el clero secular y su propia estructura jerárquica) funciones doctrinales e importancia económica que van a protagoni- zar agudas controversias.3

Al respecto consultar entre otras obras: Ramírez Jesica, 2013, Fundar para debilitar. El obispo de Puebla y las órdenes regulares 1586-1606, en Estudios de Historia Novohispana, 49, julio-diciembre 2013, pp. 39-82.

 

Las ciudades son, en este sentido, expresión cultural de la sociedad, y como tales contienen formas sociales de construcción simbólica del poder y su ejercicio; en este sentido, las ciudades y sus formas de representación son testimonios de la historia social y política de los pueblos. Las características materiales de una ciudad y sus múltiples contenidos simbólicos sintetizan una información variada respecto a la forma en que la sociedad concibió y resolvió físicamente, en un mo- mento dado, desde aspectos relacionados con el entorno físico natural de sobrevi- vencia de los grupos humanos que se apropiaron y transformaron ese territorio en el contexto de las relaciones de poder existentes como su ulterior transformación. Una lectura compleja de las diversas expresiones materiales que contiene la ciudad y las prácticas sociales vinculadas y que la configuran pasa necesariamente por las visiones cosmogónicas de sus élites dominantes y sus referentes simbólicos en los que se expresan sus valores; también están contenidos y representados en los hechos históricos que marcan la memoria colectiva de los grupos sociales que la configuraron, sus conflictos individuales y sociales.

Bajo este enfoque, la lectura de la ciudad es el conjunto de elementos de carácter morfológico particulares de un sitio y que abarcan, desde el entorno geográfico del mismo hasta el trazo urbano, la disposición de sus calles y avenidas, su perfil físico, entre otros; pero al mismo tiempo son sus elementos simbólicos expresados en la superposición y coexistencia de estilos arquitectónicos que se manifiestan en sus inmuebles construidos a lo largo de la historia, en el complejo de las narrativas construidas a través de sus expresiones artísticas, obras conmemorativas y prácticas sociales.

La lectura de cualquier ciudad, en un enfoque de esta naturaleza, es siempre entonces un intento por reconocer, en los rasgos físicos de la misma y en las expresiones culturales que contiene bajo diversas formas: pinturas, esculturas, acervos documentales, efemérides conmemorativas cívicas y religiosas, entre otros aspec- tos significativos distintivos del lugar, los que expresan esta relación entre cultura y territorio, materializada por sus grupos sociales, sus relaciones de poder, a través de una multiplicidad de evidencias. Este es desde nuestro punto de vista la compleja propuesta de lectura de la ciudad de Puebla a la que nos invita la Dra. Monte- serrat Galí en este libro estructurado en seis partes y 26 capítulos.

 

La ciudad de Puebla, una ciudad episcopal

 

A partir de 1492, con la llegada de los españoles a la hoy América se modificaron las condiciones del crecimiento del comercio, su dinámica y características, al incorporarse nuevos territorios, sus bienes y productos, pero también las relaciones de poder entre las monarquías europeas, auspiciando las condiciones de transformación económica en el tránsito de las sociedades feudales al mercantilismo y al capitalismo.

El oro y la plata extraída de las posesiones españolas fueron bienes centrales en la expansión del comercio,4 sin embargo, la ocupación e integración territorial de las nuevas posesiones de la monarquía para organizar la vida económica, social, política y cultural de estos nuevos territorios, incluye en los diversos momentos a lo largo de tres siglos, por lo menos, a diversos actores que juegan papeles particulares en estos esfuerzos, al menos, como señala Del Paso y Troncoso en la presentación de su comunicación al XVIII Congreso de Americanistas,5 la forma en que estaba integrada la administración del territorio de la llamada Nueva España, era, por decir lo menos, compleja y confusa. En este esfuerzo de comprensión, algunos de los actores que en particular resultan relevantes son, por un lado, las órdenes mendincantes6 como parte del proceso de ocupación territorial y gestión, incluida la labor de evangelización a partir de 1523 y, por otro, el clero secular.

4 Ver al respecto, Vilar, Pierre,1972, Oro y moneda en la historia (1450-1920), Arial, Barcelona.
5 Del Paso y Troncoso, Francisco, División Territorial de Nueva España en el año de 1636, 1912, en XVIII Congreso Internacional de Americanistas, Historia Colonial, Londres, Memoria, Anales, T. IV-32, p. 251.
6 No es el propósito de este prólogo introducir las implicaciones territoriales de dos bulas papales que autori- zan la salida de la península de integrantes de las órdenes para la evangelización de las poblaciones originarias que habitan las nuevas posesiones: la Alias Felicis dada por el papa León X el 25 de abril de 1521, y la Exponis Nobis Nuper Fecisti (Omnimoda) del papa Adriano VI, otorgada el 10 de mayo de 1522. Es un hecho que, con la llegada de los primeros frailes franciscanos al territorio de la Nueva España, a los que les siguieron dominicos y agustinos, se inicia esta vertiente, a la cual se sumarán nuevas órdenes religiosas y el clero secular, este último, con sus propias formas de organización, jerarquías y atribuciones emanadas del papado y la mo- narquía española. Las distintas corporaciones y estructuras religiosas, de hombres y mujeres, las actividades que van a desplegar integran un complejo proceso material e inmaterial que incluyó: la construcción de con- ventos y misiones; en algunos casos, actividades económicas a través de unidades de producción como los ranchos y las haciendas; de servicios de educación a través de colegios, o de salud a través de hospitales; en su conjunto forman parte de la expansión territorial de la monarquía a través de núcleos de población nuevos o reestructurados que configuran los nuevos territorios.

Una de las consecuencias de estos conflictos en las relaciones de poder entre los actores en el vireinato es la superposición de jusrisdicciones, Consejo de Indias, Audiencia, provincias, obispados, reinos, entre otras demarcaciones, y sus respectivos integrantes o representantes, virreyes, obispos, Cabildos, gobernadores, capitanes generales, entre otros, a los que concedían privilegios, tomas de decisiones políticas, económicas y simbólicas. En el enfoque propuesto por la Dra. Galí, una de las que, junto con las provincias eclesiásticas, contribuyó a la ocupación y gestión de los territorios hasta las reformas borbónicas que estructuraron las intendencias, fueron los obispados, los cuales, a partir del Concilio de Trento, pasaron a ocupar un papel central y dominante en el devenir de las sociedades virreinales.

De acuerdo con De la Torre Villar, la Iglesia novohispana se organizó en los siguientes obispados: “Carolense o de Tlaxcala-Puebla (1519), México (1530), Oaxaca (1535), Valladolid de Michoacán (1536), Chiapas (1539), Guadalajara

(1548), Yucatán (1561) y Durango (1620)”, (De la Torre Villar, 2013: 471). En el caso de Puebla es significativo por su extensión y relevancia. De acuerdo con Del Paso y Troncoso, este obispado, originalmente fue denominado de Tlaxcala y, posteriormente, fue trasladada su residencia a la llamada ciudad de los Ángeles:

(…) por lo cual fue llamado más tarde Obispado de Puebla de los Ángeles. También pasaba de mar a mar, teniendo en el Norte la costera veracruzana desde Alvarado a Tamiahua, y en el mar del Sur la costa de Ayutla, ó de la provincia marítima que antiguamente llamaban de <>, en el actual estado de Guerrero. Comprendía lo siguiente: (1º) Los Estados actuales de Tlaxcala y Puebla. (2º) Casi todo el estado de Veracruz, menos Cantones septentrionales: Tatocoyuca y Ozuluama, pertenecientes a la mitra de México: tres Cantones del Sudeste completos: los Tuxtlas, Acayúcan, Minatitlán, y además, una parte del Canton de Cosamoalapán, administrado todo ello por la Mitra de Oaxaca. (3º) Los tres distritos de Huaxuápan, Tzicalayoápan y Xiuixtlahuácan (hoy, Justlahuaca) del Estado de Oaxaca. (4º) Los cinco distritos de Allende (Ayutla), Álvarez (Chilapa), Guerrero (Tixtla), Mortelos (Tlapa), y Zaragoza (Cuamuchitlan) en el Estado de Guerrero (Del Paso, 2012: 267).

Puebla fue fundada el 16 de abril de 1531,7 concebida como un asentamiento que ofrecía un espacio en el que pudieran vivir aquellos españoles que, no habiéndose beneficiado con repartimientos, buscaban una forma de satisfacer sus necesidades económicas y sociales. Tal como lo señala la doctora Galí (p. 3), un aspecto esencial relacionado con establecer en Puebla la sede del obispado implicó otorgar a sus obispos residentes jurisdicción sobre un amplísimo territorio y, por tanto, la construcción de iglesias y parroquias y numerosas obras materiales vinculadas a las actividades del clero en aquellas poblaciones en las que dichos templos fueron edificados.

La propuesta de ciudad episcopal que abre el enfoque de la doctora Galí, cuyo análisis histórico y uso del concepto está ampliamente referido en el capítulo 2, se sitúa en el marco de las reformas aportadas por el Concilio de Trento a las funciones y responsabilidades de los obispos. Dentro de los seis puntos esenciales enunciados en la introducción (pp. 3, 4), podemos destacar las decisiones de los

7 Tomamos como referencia de la fecha de la fundación institucionalmente establecida por el ayuntamiento, cuyo Cabildo, con motivo de la celebración de los 400 años de la fundación de la ciudad, nombró una comi- sión de especialistas que determinara el sitio y la fecha de la primera fundación de la ciudad aprobando en su momento el dictamen presentado al mismo (programa arhimp, 1995: 8). Las evidencias documentales y materiales de la misma continúan siendo polémicas; una de las últimas publicaciones es: Reynoso Citlali, 2020, “Arqueología del siglo xvi”, en Revista Cuetlaxcoapan, año 6, núm. 24, pp. 20-27.

 

obispos y los Cabildos eclesiásticos en las configuraciones urbanas y regionales del virreinato. Por otro lado, la continuidad de las mismas, a lo largo de por lo menos el periodo de estudio que abarca el trabajo, plantea la necesidad de analizar las huellas materiales de las agendas políticas, doctrinarias, estéticas, sociales de dichas instituciones, así como lo que estas buscaban imprimir en las mentalidades de sus contemporáneos.

Cobra particular relevancia, desde el punto de vista metodológico, la distin- ción que hace la doctora Galí entre dos aspectos de esta actividad relacionados con “el mecenazgo” y el “patrocinio”, lo que permite, a su vez, distinguir entre aquellas acciones que forman parte de las responsabilidades propias de las funciones en el ejercicio del cargo y aquellas que le permiten adentrarse en la comprensión de los actores específicos. Apoyada en una amplísima revisión de fuentes primarias y bibliográficas abordará las acciones de los obispos, particularmente de don Manuel Fernández de Santa Cruz y don Juan de Palafox y Mendoza, poniendo de manifiesto sus particularidades culturales en el ejercicio del poder episcopal.

En segundo lugar, el papel del propio espiscopado en el mejoramiento de las finanzas de la propia ciudad y, por tanto, de las posibilidades de su desarrollo,8 particularmente, en la promoción de obras de infraestructura, puentes, caminos, lugares para el abasto, entre otras decisiones y apoyos del episcopado a dichas acciones. Asumiendo este aspecto como subyacente por cuanto a la capacidad financiera de la institución y sus obispos, Galí revisará, en primer término, las obras emprendidas por Fernández de Santa Cruz durante los 22 años que estuvo al frente del obispado, pasando revista a la intensa actividad desplegada mediante una multiplicidad de acciones: vitrales, herrajes, decoraciones, hasta edificaciones, como lo fueron las mejoras y nuevas construcciones en los siete conventos de monjas existentes en aquella época, sin faltar las obras cumbres del obispo: la conclusión de las torres de catedral y la construcción de la capilla del Ochavo en la catedral de Puebla.

8 Al respecto, véase Cervantes, Francisco (2019). La Iglesia en las hipotecas y el ordenamiento urbano, 1570- 1590. En La iglesia en la construcción de los espacios urbanos, siglos xvi al xviii. Puebla: iih-unam, icsyh-buap, 101-130.

 

Esta revisión no sólo busca hacer evidente la cantidad de obras patrocinadas por el obispo sino aproximarse a una comprensión más compleja de las mismas a través de una interpretación que ilustra las características personales de Fernández de Santa Cruz, principalmente a través de una lectura e interpretación de docu- mentos biográficos y panegiristas de sus contemporáneos, así como inventarios y Constituciones emitidos. En este orden de ideas quisiéramos destacar en este prólogo, para ilustrar esta idea, la forma en que se aborda una de las obras emblemáti- cas de Fernandez de Santa Cruz, la capilla del Ochavo. Después de dar cuenta de los enfoques y las interpretaciones relacionadas con el propósito de este espacio, emprendiendo un análisis de tres vertientes relacionadas con el mismo, aborda los aspectos simbólicos relacionados con su arquitectura a partir de un análisis comparativo con algunos ejemplos de la península ibérica; en segundo lugar, los usos y funciones que el mencionado espacio ha tenido desde su construcción; fi- nalmente, los inventarios que en distintas épocas se realizaron para dar cuenta de las distintas obras contenidas en el mismo.

Espacio construido en uno de los momentos cumbres del barroco en Puebla, Galí pasará revista a sus constructores, Carlos García Durango y Juan de Barahona Guerrero, nombrado maestro mayor de la catedral en virtud del fallecimiento del primero, quien concluirá la construcción del lugar. De la misma manera, por lo que se refiere a las obras de arte contenidas en el Ochavo, nuestra autora revisa de manera acuciosa el origen de las mismas a partir de los posibles aportes que en su origen pudo haber tenido la capilla, considerando la donación inicial del obispo Diego Osorio Escobar, así como de colecciones que podían provenir de los prebendados, contextualizando y analizando las trayectorias de benefactores, artistas y constructores. Se contribuye así a una mejor comprensión del espíritu del lugar, sus rasgos específicos e influencias artísticas; de acuerdo con Galí, es un espacio destinado sobre todo a exhibir la cultura y el buen gusto del Cabildo.

Por lo que se refiere a la morfología de la ciudad, además de la iniciativa atribuida al obispo Julián Garcés para la fundación de una ciudad con las características políticas y sociales que hemos comentado, la misma fue diseñada, más allá de la leyenda, en un segundo momento o fundación, a partir de una traza en damero formada por elementos rectangulares, uno de los cuales sirve de plaza mayor y en torno a la cual se agruparon la catedral, el ayuntamiento y las casas de los principales. Esta propuesta morfológica se facilitó al implantarse en un extenso valle circundado por imponentes volcanes, el Popocatépetl, la Iztaccíhuatl y la Malinche, proporcionando, además de una belleza natural significativa al sitio, un conjunto de condicionantes fisiográficas para el aprovechamiento del entorno natural de la ciudad, con abundantes materiales de construcción y fuentes de agua.9

9 Esta morfología, al parecer, es una de las experiencias que contribuyeron a institucionalizarse como mo- delo del urbanismo español en las Reales Ordenanzas de 1573 y en las Leyes de Indias de 1681; sin ser determinante, hay una evidente correspondencia entre la traza de la ciudad de Puebla y estas normas; al respecto, ver por ejemplo el análisis de Illades, Lilián (2008). Legislación, Traza y Cabildo: Puebla de los Ángeles. En Norma y espacio urbano, ciudad de Puebla, siglos xvi-xx. Puebla: icsyh-buap.

 

A diferencia de otras ciudades, Puebla se desplanta en medio de un área de im- portantes asentamientos indígenas: Tlaxcala, Cholula y Cuautinchan. Sin embargo, su trazo no fue afectado por la existencia de emplazamientos urbanos preexistentes y, por tanto, la localización de sus elementos componentes no estuvieron condicionados por la distribución de funciones previas.

Galí, igual que en el caso de Fernández de Santa Cruz, ofrece, mediante un extenso y minusioso análisis las obras del obispo Palafox y Mendoza al frente del obispado (1640-1649),10 la descripción e interpretación de sus patrocinios, des- tacando las implicaciones sociales, culturales, religiosas y políticas de sus acciones, subrayando su amplio bagaje cultural, claramente contenido en las obras que constituyen su biblioteca personal y que dona a los colegios. En este contexto, la autora enfatiza la importancia de la terminación de la catedral de Puebla y su consagración, como una pieza material y simbólica de primer orden en la consolidación del desarrollo de la ciudad, pero, sobre todo, su significación para la implantación en la Nueva España de la agenda emanada del Concilio de Trento.

10 A pesar de las dificultades para documentar las aparentes 50 fundaciones palafoxianas, en virtud de que el acceso al archivo diocesano del arzobispado no puede ser consultado, a través de otros acervos documentales, como los archivos notariales y de las Actas del Cabildo, la autora identifica obras de particular relevancia.

 

Con este enfoque analiza las modificaciones al proyecto original de la catedral, sus características arquitectónicas y las soluciones constructivas en el rediseño de la misma aportadas por Juan Gómez de Transmonte, en particular, la elevación de la nave central, la solución del crucero y sus consecuencias desde el punto de vista ambiental y simbólico, modificando con ello la propuesta original de Francisco Becerra, pasando revista a las posibles influencias y modelos de las catedrales pe- ninsulares. La imponente presencia física de la catedral, en el contexto de la traza de Puebla, aunada a la construcción de los colegios y el palacio episcopal que ocupan la manzana adyacente a la de la catedral, constituyéndose en su conjunto en elementos dominantes del espacio urbano central y subrayando la preminencia de la iglesia en el imaginario colectivo.

La atracción que ejerce Palafox y Mendoza en nuestra autora es innegable y en buena medida se relaciona con la vinculación del obispo con el arte; aquí se distinguen dos momentos, el primero se refiere a la puesta en valor, socialmente hablando, de la familia del prelado antes de su promoción al frente de la diósecis de Puebla y, en un segundo momento, a partir de su nombramiento. De acuerdo con Galí, esta visión del papel del arte, en tanto que rasgo distintivo del rango de quien lo promueve, como su función simbólica y, por tanto, su inserción en las acciones derivadas de sus responsabilidades doctrinales, didácticas y rituales, van a marcar la intensa actividad del prelado en el obispado a lo largo de su vida.

Con esta mirada, nuestra autora, además de resaltar sus preferencias y gustos ar- tísticos previos a su nombramiento a partir de correspondencias con la familia, profundizará en la intensa promoción de Palafox, ya como obispo de la diósecis, mediante la fundación de templos y capillas; de los colegios tridentinos, resaltando el de San Pedro, cuya portada considera como modelo de la arquitectura promovida por él. La extensa nómina de artistas y sus obras, destacando, entre otros, su particular relación con García Ferrer y el maestro Juan Gutiérrez de Padilla y sus decisivas influencias, además de las edificaciones, las relacionadas con retablos, esculturas, pinturas, obras musicales, todas ellas analizadas en el texto y en las que destacan las realizadas para la catedral. El amplio conocimiento de los estilos y corrientes esté- ticas que nuestra autora tiene del arte virreinal y sus influencias respecto a lo que ocurre en la península le permite una rica descripción de las obras y sus autores, a la vez que explora las diversas vinculaciones de ellos con el obispo Palafox.

Quisiéramos detenernos brevemente en la atención que nuestra autora presta a lo largo del texto a dos obras emblemáticas de la catedral, nos referimos al retablo de la capilla de los Reyes y el tabernáculo construido para la consagración del templo. En ambos casos, además de la valoración propiamente artística de los diversos elementos que ambos tienen, la lectura iconográfica le permite reafirmar la preeminencia de la agenda derivada del Concilio de Trento en la narrativa simbólica de ellas, al mismo tiempo que las considera como ejemplos claros de la introducción del barroco en la nueva España, aportando innovaciones en el uso y tratamiento de algunos materiales, como es el caso del ónix, el manejo de la cantera gris, los mármoles, estucos, madera estofada, entre otros.

El análisis de las acciones del obispo Palafox hechas por nuestra autora abarca un extenso número de materias. Por ejemplo, revisa los impresos que se realizan por encargo del prelado; aquí destaca tres aspectos, en primer término, el fortale- cimiento de la hipótesis de que el impresor Juan Blanco de Alcáçar puede ser el introductor de la imprenta, auspiciado precisamente por el prelado. En segundo lugar, el análisis del propósito o importancia que el obispo concedía a la posibilidad de imprimir los diversos materiales relacionados con su cargo, ordenanzas, sermones, constituciones, material relacionado con la liturgia y actos conmemorativos; de esta manera, resalta los intereses del obispo, los cuales no se circunscribían a los rituales religiosos. En tercer término, la relevancia de los impresos como medio de difusión de las ideas con propósitos políticos, culturales y doctrinarios.

Un momento cumbre de las acciones de Palafox y Mendoza es la consagración de la catedral, tanto por lo que significa como meta personal en la carrera política y eclesiástica del prelado, como por la enorme importancia para la ciudad. En este sentido, Galí analizará de manera detallada el programa, el conjunto de eventos y actos litúrgicos, incluido el programa musical y el repique de campanas, reafirmando el programa tridentino en las ceremonias programadas, en el discurso iconográfico de los espacios conmemorativos: el retablo principal; el altar mayor con su tabernáculo y el coro, sede del Cabildo.

Es un hecho que la localización de la ciudad de Puebla en el camino de acceso al valle de México desde el puerto de Veracruz facilitó su consolidación, al propiciar una inmediata vinculación a través del comercio de sus productos, la cual se extendió rápidamente hacia el sureste hasta Centroamérica y hacia ambas costas. Convertida en sede del obispado y consagrada la catedral, se fortaleció su influencia social, política, cultural y religiosa. Como paso obligado de los productos europeos y orientales, así como de la salida de productos de la Nueva España hacia la península, su influencia económica y capacidad de difusión se vieron acrecentadas rápidamente. Por estas razones, desde los primeros años de su fundación y particularmente en el periodo que aquí se estudia, la ciudad de Puebla se convirtió en una de las principales de la Nueva España, acrecentándose su rivalidad con la capital del virreinato.

Por otra parte, Galí analiza, en su propuesta de aplicación del concepto de ciu- dad espiscopal, las agendas de los obispos, resaltando confluencias y divergencias pero, sobre todo, la relevancia de sus conductas como modelo social y de familia. En este sentido, el palacio episcopal se analiza no sólo como edificación sino como el espacio que alberga a un modelo de familia cortesana y cristiana: una corte episcopal. La composición y tamaño de la familia episcopal, tanto para el obispo Palafox y Mendoza como para Fernández de Santa Cruz, se asocia esta compren- sión de la presencia significativa de los representantes de la Iglesia y la monarquía condensados en sus figuras.

En el mismo orden de ideas, nuestra autora abordará aspectos como el de la promoción de la beatificación del fraile franciscano Sebastián de Aparicio en el contexto de la significación de la presencia de santos y reliquias para las ciudades que las albergan. La ciudad episcopal y los patrocinios que encabezan los obispos constituyen un universo extenso que no se circunscribe a la edificación de templos, equipamientos urbanos de diversa naturaleza, entre ellos, los colegios ya mencionados, los de acopio de granos (trojes) para la administración del diezmo, los de atención de la salud, entre ellos el Real Hospital de San Pedro, su botica y jardín botánico; este último, bajo el patrocinio del Cabildo catedralicio, a través del canónigo Ignacio Antonio Doménech, aportará, a finales del siglo xviii, significativas propuestas de mejoramiento del funcionamiento de este hospital. El universo abarca también las relacionadas con el espacio público de la ciudad para mejorar las condiciones de bienestar de sus residentes; en este sentido, su propuesta de empedramiento de las calles, aunque no se realizó en su momento, y la fundación del cementerio de Xonaca como medidas de higiene necesarias para el bienestar de la población.

Las ciudades, como bien nos recuerda nuestra autora, son escenarios de r presentación con una enorme presencia en la vida cotidiana de sus habitantes; bajo esta perspectiva será revisado en el texto que comentamos la sonoridad de la ciudad. Un lugar especial a lo largo del documento ocupará este ámbito, que va desde la importancia de la capilla de música de la catedral encabezada por Juan Gutiérrez de Padilla en la época del obispo Palafox y Mendoza, incluido la adquisi- ción de nuevos instrumentos musicales en este periodo; pasando por el establecimiento del coro de infantes con Fernández de Santa Cruz; además de un capítulo específico en el que la Dra. Galí revisa las aproximaciones disciplinarias que sobre este tema se han venido desarrollando sobre los sonidos de la ciudad contenida en múltiples espacios urbanos y contenidos, para el periodo que aborda el libro, a través de múltiples expresiones: actos litúrgicos, procesiones, festividades, consagraciones, rituales, eventos funerarios como los que en particular son revisados relacionados con las honras fúnebres de los obispos, la festividad de Corpus Cristi, procesiones, consagraciones y multiplicidad de actos que ocupan el espacio público y en los que la plaza central; todo ello juega un papel principal como lugar de integración social, política y cultural; un lugar de modelación de mentalidades. La creciente importancia de las actividades económicas y sociales de Puebla alcanzaron, durante el siglo xvii y la primera mitad del siglo xviii, un punto culminante. Este auge económico, y sin lugar a dudas la nómina de artistas y sus obras asociadas a los patrocinios episcopales, auspiciaron una riqueza decorativa propia de la región, entre otros, mediante el uso intensivo de los azulejos como elementos decorativos propios del estilo barroco poblano, alcanzando dentro del mismo una singularidad que distingue a la ciudad hasta nuestros días. La técnica de talavera de la reina, cuyo proceso de mestizaje pasó por las manos de los indios que cons- truyeron materialmente la ciudad, produjo una enorme variedad de mayólica que pronto pasó de los elementos utilitarios a recubrir cúpulas y torres de templos, fachadas de edificios civiles y religiosos, mezclándose con el tabique y provocando una particular combinación de colores que ponen en valor los elementos decorativos de la arquitectura civil y religiosa.

En la sexta y última parte de la obra que comentamos, Galí abordará el declive del régimen en el que se asentó y desarrolló el virreinato durante los siglos xvii y xviii, y el ocaso de la ciudad episcopal. Hacia la segunda mitad del siglo xviii en que la región del bajío cobró importancia, en particular por el desarrollo de sus actividades agropecuarias aunado al declive de la minería y a las transformaciones promovidas por las reformas borbónicas, la ciudad va a conocer cambios materia- les y simbólicos significativos.

Nuestra autora empezará esta parte del texto analizando el papel de las cam- panas, función y significado, en el mundo cristiano, en particular, en el caso del virreinato, su relevancia vinculada al Patronato Real, institución que le permitía a la corona tener una injerencia directa en los temas religiosos y la administración eclesiástica. Después de una revisión de los antecedentes del uso y función de las campanas en el occidente europeo en distintos momentos durante el periodo medieval a través de numerosas reglas y manuales, en el caso novohispano por las contenidas de manera general en el III Concilio Provincial Mexicano, destaca como característica singular el hecho de que este objeto sonoro deba ser consagrado preferentemente por los obispos y, por tanto, sujeto a un ritual específico, adoptarán con este carácter desde el punto de vista simbólico un papel significativo en los rituales eclesiásticos y en la liturgia, en el caso que nos ocupa la preeminencia concedida a las catedrales en la reglamentación del uso de las mismas.

Con esta mirada en mente, Galí ilustrará el cambio de mentalidades que se está produciendo a finales del siglo xviii, en el seno de la propia Iglesia, haciendo referencia a las recomendaciones de los obispos Biempica Sotomayor y Pérez Martínez, ocurridas en un lapso de 30 años de diferencia y reafirmando la percepción del proceso de secularización que como tendencia se estaba produciendo en la vida pública.

Para revisar el uso de las campanas en el contexto del virreinato, nuestra autora observará lo ocurrido en momentos emblemáticos, particularmente relacionados con los rituales fúnebres monárquicos, deteniéndose en particular en las circunstancias que rodearon las relacionadas con la noticia de los fallecimientos de Carlos IV y su esposa, los reyes padres de Fernando VII, así como de la muerte de la propia esposa de este último, María Isabel de Braganza, particularmente relevantes por el contexto en el que estos acontecimientos se producen, cuando los aires de independencia barruntan en la atmósfera en la Nueva España, contrastando estas circunstancias con las expresiones y actos que en el caso de la ciudad de Puebla se organizaron al respecto, incluidos el repique de campanas en señal de duelo.

Un segundo aspecto que será analizado por nuestra autora para significar el cambio de mentalidades que se está produciendo en el virreinato, va a ser ilustrado a través de las implicaciones de la sustitución y consagración de los tabernáculos de la catedral. Bajo un análisis comparativo, el primero de ellos un objeto destruido, pero reconstruido en el imaginario a partir de los testimonios de quienes lo ponderaron al momento de su consagración y quienes cuestionaron su supervivencia y promovieron su sustitución, particularmente el obispo Biempica Sotomayor; el segundo, un objeto existente hasta la actualidad y que muestra no sólo la ruptura en el gusto de las élites poblanas y su adopción del neoclásico como corriente estética dominante y símbolo del avance de las mentalidades alimentadas por la Ilustración claramente representados entre otros por la participación de Doménech para su realización.

La transición que se está gestando desde finales del siglo xviii y principios del siglo xix nuevamente resalta la importancia de los obispos como figuras políticas clave, revisando el papel jugado por el obispo Antonio Joaquín Pérez Martínez, nombrado sucesor del obispo González de Castillo por Fernando VII, y su papel como asesor de Iturbide. El segundo de ellos, el canónigo Pablo Vázquez, simpatizante de las corrientes independentistas, obispo de Puebla (1831-1847) en el que se constituye el Estado-nación, primer diplomático del México independiente.

La obra de Monserrat Galí es en su conjunto un aporte significativo a la comprensión de la compleja articulación entre las obras materiales contenidas en una ciudad episcopal, sus discursos simbólicos, los procesos de constitución de sus imaginarios, creados y recreados en sus rituales, en los espacios conmemorativos consagrados, en los espacios públicos. La centralidad del poder político en las relaciones de poder de los obispos, para el periodo de estudio, queda claramente evidenciada, pero también las particularidades del ejercicio de ese poder a través de la comprensión de los rasgos biográficos específicos de quien ocupa el lugar.

La riqueza del texto de nuestra autora nos permite un recorrido erudito en el uso de las herramientas conceptuales utilizadas, de las trayectorias biográficas de los obispos, de los artistas que contribuyeron a la materialización de las agendas políticas, culturales y religiosas de los prelados y en la descripción de las obras edificadas y las expresiones artísticas analizadas en este libro.

 

Verano del 2022 Casa de las Culturas Contemporáneas

Francisco M. Vélez Pliego